...pasó con los poderes.
El periodista volvió a lavar sus bellas copas azules porque olvidó el detergente y notó que quedaron opacas. Se prometió que era la última vez que lo olvidaría. Quitó el lastre tradicional de la mesa y la vistió con el mantel de cuadros. Puso la botella de Champaña Nacional en el centro y esperó. Se trataba del Aguinaldo Patriótico que su Empresa regalaba cada año. Era la segunda occasión en que sus copas frotarían labios de mujer. Las había comprado para eso en un remate de cristalería en La Vega cuando una muchacha del Sur le dijo que tenía fobia por los vasos.
Flamenca, invitándose sola como siempre, prometió estar sobre las dos para ayudarlo a compartir el elíxir del ángel. La casa estaba sola este domingo y no tenía mucho interés en el fútbol italiano que televisaría ESPN Cable. Casi viuda de invitaciones y haciendo vida de ermitaña forzada al borde de las edades, la Flamenca siempre estaba dispuesta a arrimarse a todo carrete por muy improvisado que fuera. No tenía el menor reparo en decirle que si era con él el evento no solo la regresaba a sus buenos tiempos sino que la situaba en la senda de los nuevos. Vacunado contra el Ego él se limitaba a sonreír como haría Casanova poco después de la jubilación. Como no estaba bien del todo - no siempre son efectivas las vacunas- y había un hermoso verano en formación, la esperó en short y sandalias avellana. No era indiferente a sus halagos físicos, combinados muy bien con frases aleccionadoras relativas a ciertas características especiales que le atribuía. Estaba conciente que solo con egocrosis terminal podía no responder a una alabanza femenina. Porque así como las vacunas son falibles también lo es la autoestima ancestral.
Dijo “pasa” cuando sintió los toques tímidos en la puerta. Flamenca entró como si su pieza fuera un escenario y se rió con los labios apretados. Lucía un largo vestido con descote y ajustado excesivamente en la cintura de tanto por tanto. La silla estaba separada y luego de un largo modelaje se sentó. Sin hablar él vertió el primer río de Champaña en ambas copas, chocaron en un brindis sin voz y tomaron.
_ En algún lugar de mis dendritas brindé por los adorables meandros de tu cuerpo- dijo.
_ Yo brindo por ese ser tan especial que eres, milindo.
_ Gracias por tu brindis de excepción para un pobre paria del destino.
_ No siempre el Poder y el Glamour están amaridados con la Clase.
_ Dónde quedó Muñeca?.
_No vendrá esta tarde. La noté resfriada y agregué dos cucharadas de sedante en su almuerzo.
El periodista recordó a las mamás de su país vertiendo una cucharada de Benadrilina en la leche de sus niños cuando las perretas se hacían insoportables en la canícula de Agosto.
_ Me gusta esa perra. La extrañaré.
_ Muñeca te quiere. Ella también sabe.
_ Tiene buquet?.
_ Deliciosa, Milindo. Gracias por la copa. Me encanta el azul transparente.
Para Flamenca todos los tragos eran femeninos. El vino le sabía “exquisita”, el Pisco, “maravillosa”, el souer, “encantadora”. Pero, mujer excepcional al fin, tenía sus “excepciones”. La cerveza era, sencillamente, “fenomenal”. Esa manera de jugar con los géneros le recordaba siempre al Indiecito de la Molaja, que ofrecía sanaciones infalibles de todo tipo a través de la Radio Corazón previo pago de monedas conveniadas, cuyos femeninos eran proverbiales.
_ Por cierto, dónde se fabrica la Champaña chilena?.
_ Fíjate, milindo, que antes pensaba que se hacía en el Valle del Elqui y hasta en los valles de San Felipe y Los Andes. Oh, qué vinos más limpios y puros los de esa zona. Pero para que veas, nuestra Champaña sale del Fundo Primavera, Sagrada Familia, en Curicó. Puro Sur.
El periodista recordó su viaje a Los Andes a fines del año 2002. Había sido invitado por el Director del periódico electrónico wwwlosandesonline.cl para que conociera las instalaciones y al equipo de trabajo, así como montar la foto de portada para sus Comentarios Diferentes. La visita se convirtió en un tour por los valles intramontanos rodando entre viñedos sin fin hasta llegar a la taberna del amigo de Narbona, un árabe elocuente sin turbante que preparó la carne de cerdo con papas más exquisita que podía recordar fuera de su país y descorchó una botella especial “para el cubano” con mas de veinte años de tonel. No era experto catador pero le aseguró que si fuera cristiano no lo pensaría dos veces antes de comprometerse con el Corán. Todavía cuando visitaban una de las casas en donde vivió Gabriela al borde del Aconcagua y se persignaba a la vera de Santa Teresita de los Andes llevaba incrustado en el paladar aquel mar de sabores innombrables.
Flamenca repitió la dosis y lo miró. Supo que estaba lista y que esta tarde no habría fronteras que detuvieran a los jinetes de su pasado.
_ Agotemos, si fuera posible, “pololos”.
_ Tratemos, milindo.
_ Poco antes de tu affaire con el Dandy de Antofagasta hay algo mas dulce marcado por la hermosa ingenuidad y el contacto sano.
_ Puro platonismo.
Una buena variante para adjetivar amores capaz de remover al filósofo en su losa sagrada.
_ Andaría por los dieciseis, poco más. Un querubín translúcido, mejor para llevarlo colgado del cuello que para tenerlo como amante. Desconocía que el amor es mucho mas que un entrampamiento de manos y un beso casto en los encuentros y en las despedidas. Nos vinculamos porque yo estudiaba danza y él era hijo de un empresario artístico que manejaba varias Academias de Baile. Cuando el padre muere no hay nadie que pueda ocuparse del Imperio y él decide dar la cara pero no sabía ni jota de baile- ni “jota” ni polka ni mazurca- y ni tan siquiera mi afición lo había motivado de verdad. De modo que tuvimos que separarnos amigablemente cuando se fue por el mundo a aprender cómo dirigir un negocio redondo y a saber de ritmos y de movimientos. Lo volví a ver, poco después, mientras convalecía de hepatitis contagiada con agua común. Lo visitaba y cuidaba para disfrutar su cercanía. Me regaló su mejor libro de danza. Debo decir mejor que me lo “prestó” y yo me lo quedé. Había estado en Buenos Aires por el tango y la milonga, en Costa Rica por lo tropical y en Europa del Este por lo clásico. Todo un hombre culto y emprendedor. Tras otro lapsus nos reencontramos en el 2003. Pasaba por una Gran Academia de Baile y me detuve para mirar los créditos y vi su nombre. Las cosas de la vida, milindo, porque él estaba saliendo y casi chocamos. Nos reconocimos al instante y fue como bailar el baile que nunca ocurrió. Estaba idéntico y aunque dijo lo mismo de mí no le creí. Y entonces llegó la rutina, lo que tanto me pasaría después y sé les ocure a muchos. Una invitación a almorzar y un número telefónico. Y el cansancio por los “no está”, “llame después”, “perdón”, “por favor”, así por el estilo. Creo que se casó, que tiene hijos, y por supuesto varias Academias en Santiago y en otras ciudades.
_ Y tantas horas vuelo.
_ Sí señor.
Le pareció que cruzó los pies y volvió a estirar sus manos largas y delgadas hacia la copa azul. Sus manos de ríos viejos bañados por los innumerables afluentes de sus arterias viejas. Sus manos con la recua de pecas sembradas al borde de los almanaques.
_ Dejará de estar helado dentro de poco.
_ No importa, la estiraremos.
_ Quizás porque un buen trago está por encima de estados temperamentales?.
_ Si yo pudiera decir esas cosas.
_ Si yo pudiera “contar”esas cosas.
_ Sé que puedes contarlas también y alguna vez lo harás.
_ Es una afirmación casi letal._Empinó su copa_. Parece que tras el fracaso con el Dandy del Ganado y la Madera tuviste tu primera experiencia internacional.
_ Te refieres al brasileño?.
_ Al negro del balón de fútbol.
_ Recuerdos muy especiales, milindo. Fíjate que vivía con mi madre en altos de Paseo Ahumada y trabajaba en Turismo. Era el rostro de la Gran Tienda y estaba muy relacionada. Coincido en un hotel con tres brasileños negros muy guapos y desenfadados como la gente de Carnaval. Nos hicimos amigos enseguida y los invité a mi casa. Espérate, imagina lo que era compartir con negros en aquel entonces y más encima, ciudándome de mi hermano el militar , muy apegado a la Clase y a las Normas. Con mamá no, jamás tuve problemas con ella en ese sentido. Era harto liberal y su regalona por excelencia. Uno de los morenos se apellidaba Lima y otro Tamargo. Olvido el tercero. Pololeé con Tamargo. Y lo hice hasta el final, para que lo sepas, tú que eres tan morboso.
_ Aleluya- gritó.
_ Un buen día llamé a su hotel y me sale una voz desconocida. A qué no adivinas.
Aún no le había dicho que los brasileños eran futbolistas que estaban de gira por el país o en algún evento promocional.
_ Ese no es uno de mis dones, Flamenca.
_ Pelé, milindo. Conocí a ese fenómeno y lo traté por unos días. Realmente yo sabía muy poco de fútbol pero el nombre de Edson Arantes do Nassimento estaba en boca de todos y nadie olvidaba su participación en el Mundial de 1962 en nuestro país. Su Agenda estaba muy cargada y admito que fuera de algún contacto ligero puedo decir muy poco.
_ Precisaré si se trataba del Santos.
_ Tamargo me dejó por una modelo nacional al poco tiempo. Pero no me lastimó. En esa época pocas cosas me lastimaban y yo hubiera hecho lo mismo. Se trató, sin embargo, de instantes inolvidables, milindo.
_ Tamargo o “tadulce”?.
_ Ves?.
Como él no era asesino de neuronas y sí respetuoso de las coincidencias epocales jamás precisó nada en los archivos deportivos. Estudiante de Fabulogía estaba encantado de haber compartido con "alguien" que charló por teléfono con Ou Rey y respiró el aire de su entorno. Lamentó que Heminway no hubiera bajado a Chile y pasado por Santiago mientras buscaba en las costas peruanas el gran pez que necesitaba para filmar El Viejo y el Mar. Porque la niña de entonces posiblemente hubiera contactado al americano grande de los pantalones cortos.
_ Vulnerabilidad.
_ Desde que me explicaste el significado de esa palabrita, me encanta.
_ Lo estás ahora?.
_ No creo- rió_. Fíjate que estuve pololeando con un español encantador. Un asturiano del giro del Comercio, segunda generación. Al tipo no le interesaba para nada mi fanatismo por el baile nacional español. Estaba obnubilado por mis bondades físicas.
_ Mis ancestros son canarios y apenas bailo.
_ El gallego no objetó nada a mi frialdad forzada traducida en honradez conservadora. Me respetaba en exceso, siempre esperando por mi decisión final. Se acostrumbró a eso. Pensábamos casarnos en cualquier momento y yo había desechado a montones de pretendientes. Una tarde estaba sola y demasiado vulnerable esperándolo. Sabes, presa de la maldita primavera. Se dio cuenta de mi estado y calculó que algo me pasaba. Dijo que no, que esperáramos, que sería su mujer para toda la vida, que no rompiéramos el encanto que nos cobijaba. Palabras que no hubiera dicho Don Juan so pena de ser castrado por Zorrilla. Casi que lo despedí e hice una llamada. El Nuevo Varón se apareció con tragos pasados, una botella y no quería perder tiempo. Pero aparenté un enojo fortuito y lo eché de la casa. Por supuesto que no se marchó. Empezó a desnudarse y vi “aquello”. Era una cosa inédita para mí y sabía que tenía que asimilarla. Me harás tiras, le dije, con las ingles encogidas. Prometió tratarme con toda la dulzura del mundo y lo cumplió. Cuando se marchó no pude evitar hacer otra llamada. No me pienses ninfomaníaca, qué va. Solo era una mujer vulnerable, sin opciones. Le conté la verdad sin inmutarme y escuchó en silencio. Entonces rompió sus reglas y me poseyó sin discutir u opinar. Te juro que es la única vez que estuve con dos hombres el mismo día.
_ Y su “aquello”?.
_ Peor, milindo, peor. Pero para esa hora ya no me importaba la ternura. Además, mi “compañera” estaba como un bebedero de patos.
El periodista se movió en la silla y se apretó los testículos. Ella atacó de nuevo su copa azul.
_ Otro matrimonio trunco.
_ Otro, milindo, otro de tantos.
Flamenca levantó su bolso barato del piso y se lo puso sobre los muslos. Sacó un cassette. Se lo entregó.
_ Paco de Lucía, pónlo.
Alguna vez, cuando él acababa de mudarse, lo habían escuchado. Y ella había taconeado su habitación como en los tiempos en que Santiago era un espejo inmenso en el que podía mirar su garbo de bailaora debutante.
_ Poder, Fuerza.
_ Espérate, milindo. Mamá siempre enjuiciaba esa mi actitud superior. Consideraba que algunos hombres podrían tomarlo como una manera de burla pero no le hacía caso. En un final, técnicamente, nunca fui infiel. A través de mi hermano conocí a un recluta muy bien encachado y puedo asegurarte que me enamoré de él de verdad, como se enamora una mujer. Pero era un simple recluta que jamás podría seguir mi tren de vida, mi nivel de exigencias. No llegaba a mi Marca y no le acepté. Pero ocurre que el tipo fue enviado a la Guerra de Pakistán_ el periodista no tenía por qué ser el único fabulador_, trabajó duro y regresó con grados de algo, muy regio e importante. Coincidimos en un gran evento y me abrazó, eufórico, en público. Lo dejé hacer. Crecido a esas alturas del partido, tenía Poder y Fuerza. Pero era demasiado tarde ahora y mi corazón andaba en otros trajines. Lo rechacé de nuevo. Pero cómo me dolió, mi Dios.
_ Parece que había regresado con el arma en alto.
_ Solo que yo libraba otras guerras.
_ Tal vez en el Polígono del Diputado?.
_ No, milindo, no entres ahí que hay arañas de rincón. Hace veinte años que nos vemos y lo seguiremos haciendo y seguirán pasando cosas. Estoy en las sombras.
_ El Poder Real, los gringos y la nieve.
_ Oh, esos si fueron tiempos, milindo. Estuviste en Portillo?.
El periodista recordó a cierto Portillo sin mapas de sus días del Servicio Militar a donde llegó su padre, de milagros, un domingo de verano, cargado de comida, con una caja descomunal como si fuera un personaje de Mientras agonizo. Pero Flamenca hablaba del Centro de Invierno a la derecha del Paso de los Libertadores. Con Mily Dibán los planes se quedaron en eso porque solo para adquirir la vestimenta y el equipamiento se necesitaba vivir más arriba de Barrio Alto.
_ Mis ojos en la gráfica_ dijo.
_ No me parece Portillo tenga el nivel de Aspen, Colorado, Los Alpes suizos o Edmonton, Canadá, digamos. Pero es algo impresionante y muy valorado por los que saben de nieves. Mi hermano el Coronel nos invitó como agregadas a una regalía de su Regimiento. Solo que el Hotel era nada menos que la Boat del gringo Pourcell, un cuarentón muy galán y muy caballero pero diferentísimo al gallego de marras. Yo tengo treinta y nueve años en esa época y estaba en mi mejor momento físico. Pourcell comenzó el cortejo y se lo acepté. Era todo encanto y seducción. Nos pidió que nos fuéramos con él a un Hotel especial y sin pensarlo dos veces abandonamos el Cuartel General de mi hermano en silencio y nos dispusimos a disfrutar los dólares del halcón yanqui. Sabía el precio que tendría que pagar, pero sabes, miraba desde lo mas alto de la Pirámide. De alguna manera mi hermano se enteró, montó tremendo enojo, “berro” para tu “idioma”, y se apareció en un trineo de perros con aspavientos de buscador de oro en Klondique y se metió al Hotel y recogió todas nuestras cosas dejando un reguero de desperdicios en la nieve y acabó diciendo que había tenido que “rescatarnos” de las garras de Alfonso Capone. Mi hermano no era algo así como el padre que no tenía ni el marido que faltaba pero lo respetábamos. Así que regresamos a Santiago muy bajoneadas. No sabía que mamá me tenía reservada una de sus sorpresas exclusivas y que no me daría tiempo para hacerla cambiar de opinión. Una noche se llegó a mi cama y tiró un cheque sobre la sábana. Lee, me dijo. Cerré la revista de fashion y observé. Un cheque por doscientos cincuenta mil pesos de aquel tiempo. Había vendido un magnífico Cristo de bronce para que nos fuéramos otra vez a Portillo y alquiláramos por nuestra cuenta. Cuando fui a objetar- por lo demás, innecesario- se paró y me dijo “partimos mañana”. La gente inundaba la Estación y éramos libres, incluso de Pourcell. De modo que una noche me bajo a la Boat y unos negros americanos_ puedes oír “negros gringos”_ estaban haciendo jazz con la vocación de un desempleado de Nueva Orleans y la pasión de Amstrong. Me acerqué y pedí un flamenco. Nadie me oyó ni me prestó atención y me alejé sin dejar de escuchar aquel sonido brusco y plañidero pero muy sugestivo. De improviso uno de los negros me toma y comienza a zarandearme y a jazzear con sus pies y yo hago lo que puedo hasta que una cuerda rompe el ritmo y unos dedos razgan las demás y alguien golpea un cajón y el negro me deja sola en medio del lugar y todos me ven, entonces, como la Bailaora que siempre quise ser, triturando el piso tablao como gitana rubia oxigenada. Había un hombre pecoso, casi albino y de cabellos azafrán, observando desde arriba. Yo no puedo verlo pero mamá sí. Se acerca el colorín y tras sus alabanzas de rigor me ofrece un contrato para actuar por cuatro meses. Casi que en broma le digo que sí pero que por dos y hasta conveniamos un sueldo base. Y en un sitio donde parece que los eventos de placer se dan de a mes, pues él también promete “secuestrarnos” por ese tiempo y ya estamos listas para seguir el tour de los hielos cuando nos sorprende Míster Pourcell. Y gana la batalla de los “meses”, por supuesto. Esta vez no hubo interferidor ni trineo de locomoción colectiva. Fue todo un mes de verdad, a todo trineo- sé que no aceptarás diga “todo tren”- con un Pourcell incomparable y fenomenal, poco exigente, como si estuviera siempre en guardia, calmado, tal vez extraño. Su esposa, una Diva del Clan Rockefeller no estaba en Chile y sí su hijo de cinco años, para esa época un verdadero as del sky alpino. Pourcell no era nada del otro mundo en el aspecto físico pero llegaban cada gringos como para merendárselos crudos y no defecarlos. Nunca me he explicado por qué Pourcell no me pidió sexo si sabía que estaba lista para él. Tal vez esperó con otras y mejores intenciones pero ya se sabe que las oportunidades son hijas del número uno. El colorín esperó nuestro regreso y aceptó que me tomara el tiempo para los ensayos si el asunto sería en verdad tan profesional. Conocía al gran bailarín Jesús López, de Santiago, y estuvo encantado de ser mi partenaire y comenzamos los preparativos.
_ Me hablarías esta tarde de Portillo?.
_ Sí, pero si disculpas cualquier bache en mi memoria.
_ Dale.
_ Portillo es el más antiguo y prestigioso centro de esquí de Suramerica, Milindo. Desde allí se ve, imponente, el Aconcagua, con sus casi tres mil metros sobre el nivel del mar. Con qué Poder, Dios mío. Desde allí miraba los antiguos rieles del Ferrocarril Trasandino y el Camino de las Mulas, dejados atrás por la Carretera Internacional. Al Oriente, el país a donde mamá me llevaría alguna vez sin mi consentimiento. Milindo, yo patiné en Roka Jack, donde el francés Jean Claude Killy destrozó el récord mundial de los 200 km por hora durante los Mundiales de 1966. El Pelé de los hielos. El Gran Hotel Portillo está edificado sobre la Laguna del Inca en honor a la leyenda de Illi Yunqui y su amada Koraille, despeñada desde muy alto durante una nascu- fiesta-, cuyos ojos esmeralda le dieron el color a las aguas en donde está enterrada. Hasta 1960 Portillo fue una propiedad del Estado Chileno. La familia Pourcell lo adquiere cuando se decide privatizarlo. En 1961 Bob Pourcell y Dick Aldrich se hacen con la propiedad. Luego Aldrich vendería su parte para dedicarse a la política. Fidel Castro lo visitó durante su viaje a Chile. Henry escribió el libro Portillo, el espíritu de Los Andes y se dice que contiene fotos espectaculares pero no he tenido acceso a él. Creo que es el actual dueño.
_ Correcto. Comenzaste ensayos con Jesús López.
_ Te hablé de una hermana difícil que tengo?.
_ Difícil o envidiosa?.
_ Bueno.
_ Sí, pero sin entrar en detalles.
_ Puso el grito en el cielo. Logró convencer a la familia de que el plan era una inmoralidad y una deshonra y no debía ser aprobado.
_ Dios mío, qué puede una sola voz contra una madre liberal y una Bailaora empedernida?.
_ Pudo, Milindo, tanto que lo frustró todo. La pobre mamá nada dijo ante el mutismo familiar y conste que no llegó a oídos de mi hermano superconservador. Lamentablemente, a la hora de los duraznos, mamá flaqueó. Si deseas digo “la hora de los mameyes”.
_ Tranquila, está bien así. Son un par de frutas muy dulces y entiendo sean pronunciadas por tu boca de melocotón.
_ Gracias, precioso. Fíjate que en el 2003 volví a Portillo, esta vez como Promotora turística, y no pude encontrar a nadie de los Pourcell o de la Vieja Guardia. Tampoco supe del hijo, de quien no dudo haya competido en alguna Olimpiada de Invierno.
Sintieron el crac de la grabadora y el periodista dio vuelta a Paco de Lucía. De nuevo champanearon y él expresó que era hora del tour Habana.
_ Se trató de una escala breve en el camino de Miami. A quién no le fascina Cuba. Acaso no me fascinas tú, milindo. Tenía algunos minutos de son y de salsa y algunas horas de rumba. La invasión de ustedes desde que el Doctor tomó el Poder sorprendió a muchos cansados del merengue y de la cumbia y con las ruedas de cuecas perdidas en el más remoto Sur. La balada nunca estará en bancarrota, pero siempre es bueno respirar otros aires. Así que aparte de “enriquecer la raza” -te cito- puso a muchos a bailar en las calles y en las plazas y en los psajes. La Nueva Trova es música de poetas para oír y soy una mujer de piernas inquietas y manos voladoras. La escala en La Habana se mutó mes y medio - ves cómo en otros lugares se pasa “del mes”- y casi nos quedamos de no ser por nuestros compromisos en Estados Unidos. Sabes, milindo, tengo algo de cubana. “El trasero y los hombros”, pensó él. Mi abuelo Rencoret vivió allá por unas temporadas y hasta tenía un anillo de Conde y no tuvo esclavos porque arribó cuando ya habían abolido la esclavitud. Pero cómo nos hablaba de negras tetonas y rumberas, del coqueteo en los solares, de santerías y de brujos y babalaos. Nos enloquecía con sus cuentos cubanos. Hasta se hizo fanático de un equipo de pelota llamado Almendares. Debo haber salido a él en esta cosa del salero y la facilidad para conquistar a la gente. A la semana ya tenía muchísimos amigos y estaba aceptando el asedio de un enamorado de armas tomar. Atolondrantemente fogozo y muy difícil de controlar. Mamá organizó una gran fiesta con su gente de Lan Chile en un hotel del Centro. Confeccionó un anillo con ramitas y flores y le dice a mi enamorado que ese anillo “nos compremetía”. Una broma nuestra que el pobre hombre se creyó. Como en todas partes, conversaba, bromeaba, reía y bailaba con todos. No recordaba escenas de celo sonadas en mi historia de flirteos. Así que este “compañero” me saca de los brazos de alguien y me arrastra hacia un elevador. Sus besos alcohólicos no me sabían a nada. Apenas hablaba, histérico y desaforado, y comenzó a zafarse los pantalones. Como no podía escapar, nada mas atinaba a decir “qué te pasa mi amor”. Con el rifle listo se me pareció al Comandante afreciendo “algo” a los americanos. Intentó subirme la falda. Entonces habló. Dijo que tenía que ser suya esa noche porque mañana partía para la Sierra y posiblemente no nos veríamos jamás. Iba a preguntarle que si se libraba otra guerra en las montañas o si había otra zafra de los Diez Millones pero caímos al primer piso y expresé “ten calma mi vida, soy virgen, regresarás pronto, tenemos todo el tiempo del mundo por delante”. Al otro día pasamos el túnel y arribamos a Miami.
Cansado de decirle que eso era imposible el periodista desistió de dar explicaciones viales. Qué se puede contra una bailaora incontrastable que estaba segura de que el túnel de la bahía de La Habana conducía directamente a Miami.
Flamenca llenó la segunda copa hasta la mitad porque él interrumpio la acción.
_ No me conviertas en medio caballero, mujer.
_ Disculpa, milindo.
Hurgó de nuevo en el bolso. Extrajo la mano cerrada. Se la extendió.
_ Toma, milindo.
Le dio dos aretes en forma de hoja, semidorados y divididos por finas líneas de metal. Idénticos al corte central de una semilla de mamey colorado.
_ Remanentes de mis viajes a Estados Unidos y de envíos de mamá. Para que se los regales a alguien querido. Ese día te enseñare cómo envolverlos.
Pensó decirle que no cobraba favores pero se calló porque esa oración no le había dado buenos resultados en ninguna geografía. Además, le había comprado algunas poleras de su Baúl de los Recuerdos, sacadas a cuentagotas y casi siempre vendidas después de pedirle su opinión. No hizo otra cosa que pararse y besarle la frente y decir “gracias, bailaora”. Ella dijo que acababa de cumplir años y que estaba enojada porque la señora de la casa lo había olvidado casi con desprecio.
_ Cuando me dijiste que celebrabas con especial alegría el cumpleaños de tu madre pensé que cumplían el mismo día- dijo, como si se disculpara.
_ Espérate, jamás me olvido del suyo. Sé que no sabes, milindo. A propósito, te conté que mamá fue periodista?. -Para
él era una información inédita.-Escribía acerca de la Unidad Latinoamericana y era muy conocida en el Continente. Estuvo en Buenos Aires invitada por Perón y en Paraguay, donde fue recibida por Stroessner. De Asunción me trajo unos pañitos chandutis que conservo como algo especialísimo y que verás alguna vez. No podría decirte ahora para qué medio escribió y prometo revolver mi pieza porque seguro encontraré sus textos.
_ Extraordinario, Bailaora, qué hermoso. Somos colegas. Pasemos a “manipuladores”.
_ Aceptado, “manipulador”. Algún problema porque compita en tu “campo”?.
_ Ninguno.
_ Si bien no puedo contarte nada importante en ralación con lesbianas o prostitutas - cómo quisieras, malo- sí puedo hacerlo con gays. Para que veas, Milindo. Mi amigo Larraín era maricón nato. De esos que se atreven a casarse, tener hijos y un día le dicen a su familia que le gustan los hombres. Qué Dios me perdone, era un “hombre de verdad”. Salimos durante mucho tiempo y jamás se propasó. Porque él “podia”, tú sabes.
No fue un maravilloso bisexual porque no quiso. Era un muñeco pero mil veces más celoso que el cubano del elevador. Con la diferencia de que sus celos eran celos manipuladores. Quería controlar mi vida y se metía en todo. Mas webeador que una ladilla culera. Para su suerte cuando termina nuestra amistad ya tenía un buzo de cuerpo hercúleo a quien permitir le manipulara. Estando en Estados Unidos me enteré, por boca propia, de sus escándalos capitalimos, pero nunca supe los motivos que llevaron al pata de rana a escapar, nadando, desde la costa de una ciudad portuaria, hasta una corbeta anclada en alta mar. Eso fue comidilla de la farándula criolla durante meses. Sabes que Larraín es un apellido tan abundante en Chile como el González de ustedes. Y que hoy mismo copan páginas por docenas.
_ Nunca te puso a”volar”?.
_ Jamás. Siempre estuve_ y estaré_ muy bien definida, milindo. Lo que no quiere decir que enjuicie actitudes y no me atrevería a ser lanzadora de piedras.
_ Valoro tanto eso, querida.
_ Lo sé, milindo. Este caso es mezcla de Poder Manipulador. No hace mucho entrené a la ligera a un tipo de unos cuarenta años que tenía un pequeño gimnasio en una Comuna media. Le visitaba tres veces por semana pero quería que fuera los cinco días. Logró que aceptara cuatro pero cuando insistió de nuevo le dije que me iba. Para ese entonces había comprado una casita en la Playa y esperaba me alejara de lo mío y lo acompañara una quincena. Pese al Gimnasio y a los ejercicios no era nada fuera de lo normal y le fui sincera. No tenía Nivel, sencillamente.
_ Pamela Giles tiene la misma opinión que tú. Le arrebata el Poder y la Clase. No lo niega. Por eso quizás es feliz con su portugués de alcurnia.
_ Quién es esa?.
_ La periodista que escribió Fantasías sexuales de la mujer chilena y que fue retada por muchas porque ella “no era todas las mujeres chilenas”.
_ Ah.
_ Quién es Muñeca?.
_ Mi perra, poh.
_ Ah.
_ Eres malo, milindo.
_ Supongamos que los hombres que has citado como “relaciones” son apenas una muestra. No me interesa ahora el piloto de Aeroflot.
_ Bien.
_ Cuíntos abortos?.
_ Tres.
_ Costosos?.
_ Pagaban los donantes.
_ Anticonceptivos.
_ Siempre un gel americano infalible.
_ Hijos.
_ Una. Murió a los cuatro años.
_ Padre.
_ No. No pude elegir al que quería para tener a un hijo y opté por una segunda variante y no resultó. No insistí.
_ Te consideras una mujer de vuelta de todo en asuntos de alcoba?.
_ Ni por asomo. Só que hay cosas que ignoro y no fueron para mí entre cuatro paredes. Debo decir “no han sido”. Espérate, que el superdotado me lo hizo la primera vez medio vestida y luego me dijo “vas a la cama como si fueras una señorita”.
_ El Maestro.
_ Un amor si está cuerdo. Compartidor y decente. Una vez le hice un trabajo mental que me pidió para sanar a su hija y lo logré. No lo olvida y creo que cada vez que me convida lo hace como pago a una acción que no cobré. Dos tragos y es otra persona. Acosador y fresco. Sueña con casarse conmigo porque somos dos personas “que estamos solas” y le ha dicho a sus amigos del Mercado “esa señora buenamoza del bastón es mi polola”.
_ No lo aceptas porque no tiene Poder?.
_ No me hagas reír, milindo.
_ Qué le respondes?.
_ Que no estoy “sola”. No siempre el Poder lo es todo. Para cada cuota absoluta de Poder no podrá faltar una dosis interesante de química.
_ Dónde leíste eso?.
_ Jaja, milindo. Cuidado con mi Disco Duro.
_ Es verdad que estás “sola”?.
_ A medias. El Diputado me regaló diez lucas para un vestido.
El periodista calculó que solo quedaba champaña para llenar una copa, de modo que consideró llegado el momento de las picadas. Flamenca siempre tenía hambre forzada y le daba mucho placer convidarla con cualquier golosina. No le gustaban los lácteos ni las aceitunas, así que colocó estas con los cuadraditos de queso en un platillo aparte. Su platillo tenía vienesas fritas, chorizos en rodajas y tajadas de tomate maduro.
_ Sabes del por qué de la separación. Coge del mío.
_ Qué amoroso eres, milindo. Muchas gracias.
_ Es domingo, es un carrete con una rubia que baila flamenco y me está dando una entrevista ampliada.
Su sonrisa dijo “y tienes Poder” pero no su voz.
Mientras Paco de Lucía tocaba sin interrupción ellos mascaban pichanga y bajaban con pequeños sorbos de champaña. El periodista se preguntaba cómo sería el cuerpo desnudo de Flamenca. No por el temor a no encontrar las portentosas sinuosidades imaginadas sino por las posibles zonas de pieles flácidas, la celulitis y la fortaleza de la carne sobre las articulaciones. Qué color tendría su pubis. Cómo estaría la curva de la nalga convertida en muslo. Los bordes del ombligo. Las bolsas de los pechos tercermundistas a estas alturas de su vida. Los huecos de las caderas. La cervical. Las axilas libres. Qué demonios habría debajo de esos géneros americanos y excelsos hasta el orgullo y la porfiada convicción de originalidad. Cuando le preguntó la hora estaba empezando a preguntarse por qué le interesaba esa zona vedada que se regalaba del otro lado de la tela. No pudo responderse porque respondió las tres y cuarenta y seis.
_ Espérate, lo digo por la perra. Parece no se ha despertado.
_ Dájala dormir, mujer. Quizás sea un sedante de larga duración. A ver, yo digo una palabra y tú elaboras una historia acerca de tu vida.
_ Sea, milindo.
_ Calvicie,
_ Negocios familiares. Una receta estuvo a punto de hacernos ricos. Sangre de caballo fresca de Matadero con bencina inolora. Aplicada en conejillos de la familia y en amistades placebos, fue un exitazo. Vendimos algunas pócimas y en verdad ganamos bastante. Pero no había suficiente capital para agrandar el rubro.
_Recetas culinarias.
_ Prefiero decir “comidas”. Te he visto consumir mucho troncho de pescado entomatado. Excelente, porque me has convidado. Cada noche mamá comía una lata de sardinas con cebollas. Se lo participó a su médico cuando descubrió sus efectos y fue recomendado a sus pacientes como fortalecedor.
Durante años el periodista agotó stoks relativos. Pero más que por su condición “fortalecedora” lo había hecho porque era una comida barata que rimaba perfectamente con el arroz blanco. Un resolvedor de urgencias.
_ Parecidos físicos.
_ Tú mismo, milindo. Te pareces a un actor que trabaja en la comedia Tornillos y Tuercas.
Como él apenas veia televisión abierta no sabía de quién se trataba. Quizás Flamenca se refiriera al mismo actor del que hablaba Mary Lillo en el 2002. No recordaba su nombre pero sí su rostro.En verdad no andaban tan despistadas.
_ Molestias y o fobias.
_ No puedo soportar el olor a bencina. Aquí mismo me voy a la calle a esperar que los autos salgan. Por ese motivo vendí mi casa con todo el mobilario. Los celulares, porque destruyen el oído y hacen crecer la cabeza. El cigarro, porque da cáncer. La silla de ruedas porque me provoca rabia y puede hacerme llorar. Que no me respondan cuando llamo y sé que están ahí.
_ No quieres que te retrate y sabes lo que me interesa.
_ Las fotos pueden usarse para el mal. Pueden ocasionar celos a mujeres casadas con hombres con los que tuve alguna relación. Son misteriosas. No me gusta que me fotografíen ahora pero sabes que no me importaría regalarte fotos del ayer.
Su bolso era una pequeña Caja de Pandora, un recipiente de Mago con palomas. Recordó que le había prometido una cuando se la pidió para su colección Mujeres de Pared. Extrajo como seis. Algunas eran novedad. Siempre joven y sensual, optó por una de veintidos años donde baila flamenco con blusa ajustada y largo vestido con doble vuelo.
_ Demasiado obvia- rió.
_ Obviamente.
Mientras transcribía el periodista la vio junto a él. Recordó cómo fue capaz de romper el mutismo de la mujer ante la cámara. Y de colocar sus gafas ante sus ojos avellana. Otro de los detalles que no “soportaba”. Porque una mujer fabuladora siempre será presa del halago cómplice. Una foto de torso, en su edad, acompaña sus días en Santiago.
_ Píntame a mamá en síntesis.
_ Mamá regresó de Estados Unidos con suficiente plata como para comprar cinco apartamentos. Me ragaló uno y repartió los restantes entre los hermanos y familiares íntimos. Arrendó una pieza y vivió de su pensión. Siempre fuimos muy unidas y pasaba mucho tiempo conmigo. Cuando murió tomó mi mano entre las suyas y la apretó fuerte y me dijo “te ayudaré desde el más allá”. Pasé los últimos años de su vida con ella y es mi gran y único amor. Ignoraba que muy pronto tendría que invocar su ayuda prometida. Físicamente éramos idénticas.
_ En qué te consideras un caso perdido?.
_ Como chofer. Un desastre de marca mayor. Una verdadera calamidad. Imagíname una tarde por Bilbao conduciendo un auto prestado. Hay un semáforo cerca y no encuentro los frenos y comienzo a gritar. Invoco a todos los Poderes. Un conductor me escucha y puede ubicarme. Es una escena de película holliwodense. El tipo logra frenar su auto, apearse, meterse en el mío, frenarlo y hacerlo todo antes de que se prenda la verde.
_ La Mente, el Tarot.
_ Mamá leía la mente y tenía sus poderes pero la vida que llevábamos no exigía demostraciones extras. Tampoco había demasiado tiempo para aflicciones ajenas. Yo sabía que también los tenía y a veces lo había demostrado. No me creía su heredera en ese sentido. Después de su muerte debí acompañar a un enfermito por petición de un doctor amigo de la familia que combinaba los conocimientos hipocráticos con las ciencias ocultas y le iba muy bien. De alguna manera “opiné” acerca de cómo mejorar al niño y resultó. El Doctor me dijo “eres la Elegida” y me sugirió que “trabajara” porque mi mente era “un portento”. Le creí, porque aunque acabo de decir que no me consideraba heredera de mamá no había dejado de percibir ciertas anormalidades “normales” y ciertas cosas casuales, raras, si deseas. El Doctor tenía un "gran trabajo" para mí por el que me pagaría. Asociado con cuatro en un negocio del Ramo quería desbancarlos, quedarse con todo y conservar a una mucama muy codiciada por sus socios, tanto por su capacidad laboral como por sus atributos físicos. Conocía que estaba trabajando para ocasionar el mal pero era un mal plausible, el hombre era maravilloso y me atreví. Me pagó ocho mil pesos, lo mismo que cobraba por consulta y me tendió una lista de clientes de rango después de decir wao tras mis resultados mentalistas. Conste, milindo, que ya habían pasado mis tiempos pasarélicos y fashiónicos y arriba no había sol sino un gran espejo advirtiéndome. A partir de ahí hay un largo camino que pasó por la admiración, los grandes logros, los silencios, los contactos con mentalistas de alto vuelo, los acercamientos a Universidades para superaciones, de todo en el duraznal del Señor. El accidente me trajo a los bajos fondos, a la mente detenida y a las cartas de ocasión.
_ Eres algo así como una profesional con estudios truncos.
_ No tanto, milindo, pero digamos.
_ Accidente. Hermana. Dos palabras que me hielan la sangre.
_ No me exijas detalles. Solo créeme que fue ella. Si no bastara todo lo que sabes - lamentablemente no puede ser “tanto,” mi vida- déjame decirte que un día logré hojear su Diario y en la sección "Flamenca” había tal rosario de “deseos”, maldiciones y planes contra mi persona, horripilantes. Nada más.
_ El accidente solo logró quebrar tus pasos.
_ Eso la enfureció. Quería todo o nada. Y ejecutó un proyecto digno de la novelística inglesa del ochoscentos. Dije horripilante pero debo decir espeluznante. Ofreció al Doctor que me operaría la cadera el himen de su hija, una beldad que se preparaba para ser Miss Chile. No olvides nuestro mal de familia que produce bellezas a granel. El hombre debe haber engrosado sus arcas con algunos ceros y lavado la sangre de mi sobrina con agua bendita. Por eso cortó un tendón y no empató como debía, aparte de los daños colaterales en la zona afectada. Fueron, milindo, años de ejercicios, dolor, fisioterapia, sueños rotos, incapacidad, supremos esfuerzos mentales para tratar de pararme y dar mis primeros pasos contra todos los pronósticos, llorar a moco tendido, ser humillada en hospedajes, provocar lástima, no sé, Luchito, no sé.
_ Quiero detalles aunque te lastimen la memoria.
_ Oh, milindo, si me hubieras visto en la Clínica, muerta en vida, deshauciada, malviviendo de un lado en la cama maldita o bocarriba, tan desesperada que no podrías imaginarlo. Los doctores se paraban a mi lado a la hora de sus rondas y fruncían sus bocas y levantaban sus ceños diciendo “no” sin hablar. Sabía que estaban pensando que no caminaría jamás, que los imposibles no existen. Pero me dije lo haré lo haré y les aseguré caminaré caminaré. La Mente lo logró, milindo, la Mente Todopoderosa. Recuerdo a uno de los médicos exclamando fue un milagro un milagro, señores.
_ Porque la mente es milagrosa.
_ Lo es, milindo, lo es, puedes apostarlo.
_ Dios te salve, Bailaora.
_ Que lo haga para ti también si lo necesitaras, milindo.
_ Parece hubo una desviación del castigo respuesta.
_ Sí. Le pedí al poder de mi mente y a la omnipresencia de Jesús que mi sobrina recibiera un castigo ejemplar capaz de destruir sus sueños. No tuve valor para pedir nada terminal para mi hermana y además, mi sobrina corría con media sangre familiar. Ocho meses después murió de leucemia en una silla de ruedas, un vegetal.
El periodista vio la zaga macabra de las muertes pautadas en una familia donde la belleza suprema era algo tan normal como tomarse un vaso de agua fresca en la canícula de Febrero.
_ Mi Dios del Cielo, juro que no quería que muriera.
_ Te creo.
_ Por eso he tenido harto cuidado con mis “peticiones” posteriores.
_ Las Cartas. Es necesario estudiar para leerlas?.
_ Un poco. En mi caso fue un Legado Divino.
Flamenca pronunciaba frases para el bronce.
_ Predicciones.
_ Con toda exactitud el once de Septiembre.
_ “Pediste” algo?.
_ No. Solo lo “supe”.
_ Un resumen suscinto.
_ Las treinta lucas del Diputado fueron para pagar el arriendo. Tango cincuenta y ocho años, estoy viva y tengo esperanzas aún, paso hambre y ciertas necesidades, me queda ropa americana para vender y que me la paguen a plazos galácticos, mi pieza es un desastre pero no me cambiaré jamás porque aquí tengo la mejor amiga y es donde menos he sufrido, mis hermanos me abandonaron junto con gran parte de mis amigos, no tengo pensión por los motivos que fueran, no me importa el hoy ni me interesa el mañana y muy poco el pasado. Estoy con vida, por tanto, luego existo. Y te aclaro algo que sé volverás a preguntar, querido caribeño. Se trataba de mi hermana, desconocía los vericuetos legales, no tenía plata para un buen abogado. Por eso mi Caso quedó ahí. Y aunque insistas que puedo abrirlo, no lo haré.
_ Entiendo. El Diputado?.
_ Busca la Guía.
Intentó pararse para repetir a Paco de Lucía pero lo detuvo.
_ No, está bien ya con el Chico Guitarra Flamenca.
_ No era para eso_-mintió.
_ Recuerdas qué oíamos?.
_ “Obvio”, poh. El duende flamenco. 1972.
_Anota. Algeciras, Cádiz, Andalucía. Mamá portuguesa, mixtura con el jazz, incorporación del cajón afroperuano por urgencias de percusión para el flamenco.
_ Correcto.
El periodista abrió una de las gavetas de su aparador pedrovaldiviano y extrajo una lata de jalea de leche y una bolsa de papel de trigo para hornear. Remanentes del Aguinaldo Patriótico.
_ No es un regalo de cumpleaños.
_ Lo sé.
Los golpes en la puerta no eran propinados por puños humanos. Parecían arañazos.
_ Se despertó_ dijo.
_ Tu amor.
Se levantó para correr el pestillo. Muñeca entró oliéndolo todo con prioridad de Garfield. Decepcionada se restregó contra su ama y le puso el hocico en las rodillas al periodista.
_ Te quiere- dijo.
Le pelliscó la oreja derecha y la perra cerró los ojos y movió la cabeza como si algo le molestara. Igual a cómo hacían las perras de su Patria cuando el padre le enseñaba. Se paró. Flamenca se ladeó en la silla, se apoyó en la barra negra del respaldo y lo imitó. Le rodeó los hombros y sintió la piel inerte. Porque la vida es un poco de calor y otro poco de nadas.
_ Bailaora- dijo, mientras dejaba vagar su mano por la espalda y por las nalgas y por los muslos y se agachaba para recorrer sus corvas. Qué habría debajo de aquellos géneros. Acababa de sentir una fragilidad insospechada y un temblor profundo.
_ Bailaora- repitió.
_ Gracias por todo, milindo. Me sentí en un sitio que no es el Cielo.
_ Peor?
_ Por lo menos, Diferente. Por lo “más”, Unico.
Muñeca salió. Flamenca descongeló los músculos y dio el primer paso. Hoy no había traído el bastón.
_ Qué hora es?.
_ Casi las seis.
_ Tengo que llamar a un cliente.
_ Bailaora- insistió.
Abrió su mano en su espalda y el dedo pulgar frotó la piel de sus homóplatos por turno. La condujo lentamente hacia la puerta.
_ Lo publicarás?.
_ Por qué no?
_ Dónde?
_ Primera edición entre mis rodillas y mi ombligo.
_ No me nombres.
_ Flamenca.
La Bailaora se detuvo. Miró al techo abovedado.
_ Era un anillo de flores y de ramas y ella dijo que nos comprometía.
_ Pero él se iba.
_ Déjame salir, milindo. Fíjate que no siempre salgo ilesa de los elevadores.
Febrero 19 del 2006.
Providencia,
Santiago de Chile.
Luis Eme Glez.
Luis Eme Glez.
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