No hay que exagerar.
El portador recibió el fax a las doce en punto de la noche en algún lugar de Neuquén.
Las mulas estarán en el Laberinto del Cóndor y son las tataranietas
de las que sirvieron a Pablo Neruda. El primer descanso será en el
Valle del Fresno. Dos horas después te recogerá el helicóptero del
Diputado.
Los dos jóvenes entraron al Sitio Hebreo para leer un artículo sensación de un periodista chileno de Puerto Month que aseguraba tener acceso a las últimas novedades bíblicas. En caracteres azules el título decía Libre albedrío o Fusta de Satanás. La chica dijo saquemos copia para estudiarlo en el Valle.
El labriego terminó de hacer leños con el penúltimo árbol de manzano que respetó la plaga y abrió el Diario en la página doce.
Fuentes cercanas al Cardenal aseguran que Jesús y María
Magdalena tuvieron dos hijos. El varón salió una mañana de un
puerto mediterráneo francés en una barca copiada de las que
repletaban las marinas galileas en época de sus padres y nunca
regresó. Un robot gemelo al que asegura desentrañará el
misterio del tesoro de la Isla de Juan Fernández será capaz de
definir el lugar exacto en el oeste de Puntarenas donde encayó el
pequeño Dios en la segunda mitad del siglo primero de Nuestra Era.
La caja de madera de ciprés venía en la segunda mula y fuera de alguna ventisca sin nieve y el acoso de dos águilas reales andinas el viaje había sido impecable. Cuando el portador desmontó la impedimenta y se estaba acomodando en la Posta final del Camino del Inca las aves bajaron en picada y destrozaron la caja con picotazos despiadados. La pistola sin credencial adquirida en los suburbios de Mendoza se trabó y el hombre vio como la serpiente se comía a las águilas, envenenaba a las mulas y se arrastraba lentamente hacia el norte. Extrajo su Notebook Sansung y envió el correo.
Ataque inesperado de águilas reales destroza caja con Anaconda que
se fuga al norte. Regreso al otro lado de Los Andes.
El Gerente General del Circo surinamés envió un comunicado urgente a todos los Diarios.
Circo Gullit suspende funciones por tiempo indefinido. Se devolverán
platas a compradores de boletos.
El labriego conectó los sistemas holandeses de riego subterráneo y se marchó del Valle. Sabía que automáticamente se detendrían diez horas después y todo el complejo de jardines quedaría irrigado por la próxima quincena.
Los cuatro padres despidieron a sus hijos en el helipuerto de Valdivia. Aconsejaron al piloto no volar cerca de Antuco y que no regresara mientras los chicos no quedaran acomodados en la casa. De modo que los primos hermanos y el ex piloto de un General Golpista vieron los restos de las águilas esparcidos en el patio de la Posta y la pila de trozos de manzanos arracimados en la trastienda de la residencia. El agua remolineaba en los jardines y toda la propiedad refulgía al centro de la primavera y ellos pensaron que no era posible haber encontrado mejor denominación para la mansión intramontana. Los Jardines Descolgantes de Fresnoconia. Las manzanas del único árbol estaban maduras y el arrollo fluía acompasado y las nubes bajas eran una invitación a meditar y la quietud de paraiso recobrado ponía a las melancolías en su punto más sutil y pensaron que valía la pena vivir.
El piloto llamó a los primos hermanos. Acababa de orinar contra un junco y le pareció notar un gran rastro extraño que se dirigía al norte. Optaron por seguirlo pensando que pudiera ser un Ovni caminero rezagado de la incursión a Talca. Medio kilómetro después las huellas terminaban en el tronco de un fresno tan grueso como una secuolla y subían hasta las ramas tras haber arrazado la corteza. Miraron al unísono. No había nada anormal. Cuando dieron la espalda al gran árbol un estruendo como de anuncio de terremoto sacudió las ramas acabando en un silbido tenebroso. Entonces la vieron agazapada en el tope, danzando sobre la copa como si esperara que ellos la encantaran con una flauta invisible. El piloto estimó que era una pitón voladora venezolana y pidió permiso para hacerla polvo con una ráfaga de la ametralladora del helicóptero. El chico dijo que podía ser una alucinación. La muchacha estuvo segura de que se trataba de la serpiente escapada en la Cordillera y que actuaría en el circo de Surinán. Pidió perdón por sus lecturas profanas y dijo que no podía ser casualidad que quedara un solo árbol de manzano en el jardín florido habitado ahora por una serpiente desocasional en tiempos en que las noticias místicas venían inundando gran parte de los medios informativos de medio mundo. Así que el ofidio se quedó adornando el Valle de Fresnoconia y el piloto despegó no sin antes escuchar la advertencia de la chica “no digas a nadie que no desapareció” y de blasfemar “qué agarrado es este Candidato, apenas me alcanzará la bencina para llegar”. De todas formas también faltaba un elefante y tres monos hindúes y uno de los payasos se había confesado seropositivo. El primo le dijo que para ser tan devota tenía demasiado información profana y ella contestó que laica y que, además, ya había perdido perdón por eso lo que era algo así como una especie de confesión a ultransa y que no podían casarse con una línea uniforme y debían ser buenos alumnos de ese Santo maravillosamente tolerante que respondía al nombre de Juan Pablo Segundo y que ella no se explicaba por qué no acababan de nombrarlo Juan Pablo Primero.
Cuando despertaron miraron el correo.
Es lo que faltaba a nuestro jardín.
Tus padres.
Aunque la aceptamos nunca aprobamos tu virginidad.
Tus padres.
En el correo de los padres había un mensaje escueto.
Haremos un monumento aéreo a San Cawín.
Sus hijos.
Por la tarde el chico pescó veinticuatro peces de una vez con un solo anzuelo y la chica llenó el canastillo con panes multiplicados y el vino de la bodega sabía a libaciones santas en el Monte de la Araucaria. Como la primavera apenas comenzaba a despojarse del rudo invierno se metieron al Jacuzzi y ella lavó sus pies y él le perdonó sus pecados y brotaron desnudos del agua hirviendo, cogidos de la mano y danzando como dos querubines limpios de pasiones. Cuando se acomodaron frente a la pantalla de la Motorola, pegados al fuego del hogar alimentado con troncos de manzano sintieron el golpeteo en el techo. Les pareció que algo se arrastraba lentamente como si no deseara romper el tejado. Decidieron dejarla en su ronda nocturna. Después, sus silbidos pautados serían música de fondo para la lectura del texto. Lee conmigo. No sé si debería. Hazlo, por favor.
Libre albedrío o Fusta de Satanás.
Especial para Promiscuo Press, New York.
Por su corresponsal desacreditado y medio oculto en el Grandioso Cotolengo.
Cuando los doce arqueólogos aficionados encontraron los manuscritos en la última catacumba del túnel inédito en Jerusalem quedaron de una pieza. Durante doce meses buscaron de sol a sol y estaban seguros de que el amárico de la época podía ser decodoficado con relativa facilidad. Se trataba de un manojo de antipapiros amarillentos conservados en un tarro ovoidal de piel de antílope abisinio. Estaba bajo veinticuatro capas de polvo y con el halón definitivo, se postraron. El polvillo cósmico olía a las alpargatas de Abraham según los estudios oftalmológicos de Plinio el Obeso. De modo que el Comando Arqueológico Internacional debió parar la investigación y partir hacia Alemania bajo la sabia dirección de un mongol famosísimo por haber descifrado un complicado texto de la Dinastía Ming concebido durante el Siglo de la Zorra y estampado en piel de camello vietnamita. Iban con pocas esperanzas. Los más renombrados conocedores bíblicos habían muerto afixiados durante el Holocausto y los pocos que se ofertaban por Internet eran tan incompetentes como los ingenieros de la NASA. Sería un verdadero milagro dar con el paradero dcl tataranieto de Von Schliemann que jugaba fútbol de Quinta División en Nuremberg y tenía fama de casi inabordable. Se comentaba que era dueño de casi todo el archivo de su pariente y que nadie lo superaba en el conocimiento de los vericuetos grecolatinos y en antiguedades judaicas. Estudiaba para Garzón de Túneles en Berlín y acababa de descubrir una partitura inédita para címbalo atribuida a Von Strauus. Las credenciales del pequeño Fhurer no pasmaban pero en tiempos de iglesias clausuradas y Cardenales pederastas no quedaba otra alternativa que roturar la tierra con tal stok de bueyes germánicos que por lo demás, eran los reyes de la Reforma Religiosa.
El mongol sobornó a un funcionario medio de Lufthansa y lograron abordar el último vuelo de prueba del Zairbús 122444. Tras una breve escala en Milán para asistir a las prácticas del Inter y ver con prioridad las maravillas del Fantasista chileno David Pizarro - el mongol, paciente de Enanismo, sentía un placer morboso por el talento de deportistas con baja estatura- y cenar spaguetti al horno, el monstruo alado multinacional los depositó en la Selva Negra de Baviera donde Schliemann Ultra Jr. tomaba su día de descanso en el gran Castillo Dracsilvano que le regaló una de las descendientes del Príncipe de Valaquia como premio tras haber cobrado un penal sin portero. El Jr. les solicitó doce días para estudiar y descifrar los antipapiros y les citó para una de sus playas contaminadas del alto Elba después de pedir dos semanas sabáticas al Club.
El surtido Team de Jóvenes Arqueólogos dejó meditando al Von y se marchó a la Catedral de Colonia. Les acompañaban doce nadadoras del Equipo Olímpico alemán que acababan de patentar el rezo que enloquecía a la juventud del siglo XXI. El rezo, que despojado de quejidos monacales y liturgia sacrosanta, había agregado una mediocre contorción pélvica y una voz monosílaba diciendo ay ay ay cuya protagomista acababa de ser acusada de plagio junto a su partenaire. La colombiana de ascendencia libanesa y el español que intentaba ser andaluz habrían de pagar por tan abominable hecho. Las sirenas germanas demostraron dos cosas en el traspatio de la Catedral. Que son duenas de michuchas de vaca y tan gélidas como las británicas. Y que después que las dos Alemanias se unieron tras el colapso del Muro de Berlín sería muy difícil que lograran sacarse de encima el Síndrome del Doping Adquirido en las piscinas de la parte oriental y por tanto, el irrespeto de sus colegas en el mundo olímpico. El tour continuó en Venecia. Alquilaron ua góndola gigante con techo de litio y pértiga de boro enriquecido y se fueron al Lido. Allí, sentados en el malecón del Canal, encargaron una Penúltima Cena Especial confeccionada con tallarines de Toscana y Pisco de Calabria escanciado en Santos Griales de titanio. El Gondolero, actuando de comensal trece, tuvo el altísimo honor de abrir el sobre lacrado que les acababa de enviar Schemelin jr. con toda la seriedad de un gentleman ario y con todo el peso de la carga genética del hombre que desenterró Troya para la Humanidad y que había tenido el tacto suficiente como para no esperarlos en el Bajo Elba.
En voz alta el Jefe Mongol leyó “Bienaventurados sean”. Los bendijo con la misma mano con la que recorrió el escenario. Telón de fondo con palacios vénetos fosforescentes y el impasibe fantasma de Marco Polo presidiendo el Cónclave. A uno de los arqueólogos le pareció que el fantasma era el mismo Dan Brawn pero no estuvo seguro. Con la misma voz gutural que debió mostar Gengis Khan después de desbancar sesenta mil cabezas en el camino de Occidente, continuó.
Queridos arqueólogos de última generación. Sé que carecen del talento
de nuestros ingenieros de Mercedes Benz y de Porsche pero admiro el
tiempo que me toman y el trabajo que emplearon en desentrañar estos
misterios de la Antiguedad Clásica. No cobraré en metálico por mi
labor pues ustedes saben que no lo necesito. Además, se está
devaluando mucho el euro y parece lejano el día en que volvamos a
contar con nuestro marco duro. Pero sí deseo, sin embargo, que el
primero de ustedes que tenga una hija arribada a la edad menstruante
me la envíe. No pido esto porque tenga ínfulas de musulmán con harén
ni porque sea el Gran Maestro de la Hermandad de los
Desvirginadores Bávaros sino porque experimento una debilidad
enfermiza por las náyades púberes. No es condición, por demás, y
conque respeten mi trabajo quedaría satisfecho. Dicho lo anterior
presten atención.
Se trataba de un Evangelio Apócrifo. De “otro” Evangelio aparentemente falso. Lo firmaba un rabino que aseguraba ser descendiente directo del Doctor San Lucas y con árbol genealógico que lo vinculaba con Moisés de Rojomar. En realidad, aunque él le llamaba “el último Evangelio” no era tal. Porque la única reminiscencia a los tiempos del Nazareno estaba relacionada con un mechón de cabello verdeazul que atribuía a la cabeza de San Juan Bautista cortada por la romana sin que el Galileo moviera un sermón montuno para impedirlo y que afirmaba era una de las sagradas reliquias del Mesías guardadas en la trastienda de José de Arimatea. El Evangelista tenía sus dudas. Por tanto, Schliemann Jr. le daba muy poco crédito. Además, hurgando en las redes de Internet encontró que en el siglo primero ningún tinte ponía el pelo verdeazul por lo menos al oeste del Tigris y era casi seguro que Juan era calvo pues las últimas investigaciones lo señalaban compitiendo en secreto en la lides de lucha libre que organizaba Gamaliel en la ladera derecha del Monte de los Olivos. En realidad debía tratarse de otro libro de Moisés. Pero muy curioso por contener elementos cómicos aunque el objetico del escritor fuera convocar a la reflexión seria. Parece que los mandamientos sagrados eran once y que el Señor de las Alturas solo pudo dictar diez. Dice el cronista que durante la redaccción del Código, ya Jesús- entonces un querubín angelicalmente bello y sin trazos humanos- importunaba constantemente a la primera versión de Padre Celestial. Lloraba todo el tiempo pidiéndolo uvas edénicas y manzanas permitidas, que papá Jeovah le ofrecía, más que para que degustara tales exquisiteces para que le permitiera concluir el Código Hebreo, tan complicado y que sabía siglos más tarde sería orden ecuménica en muchos lugares de su querida Tierra. Dios podía resolver el dilema del Dictado como el Dios que era pero prefirió probar al ciervo del canastillo nileño. Como hizo en la remota novedad con cierta pareja en cierto jardín. De modo que pensó “parirás tú trabajo con el dolor de tus manos”. Para ese entonces quien después se llamaría Jesús había roto tres megéfonos sacros, propinado doce sotanazos en la garganta de Joevah y lastimado sus cuerdas vocales y deshilachado veinticuatro túnicas de seda edénica. Y el cronista- en la fiel traducción de Schliemann Jr.- escribe “no enviaré el mandamiento once por tu culpa xebón, déjame quieto, hijo. Y más encima ese condenado viejo barbudo y pasoslargos es sordo de remate”. Por tanto el universo hebreo y el futuro mundo occidental se quedaría sin la regla undécima del famosísimo código. Finaliza Schliemann Jr. que aunque no puede traducir al cien por ciento uno de los textos, mojado y picado de polillas, considera que el Mandamiento Once pudiera ser “sí crucificaras”. Agrega el solvente geroglífero alemán que desconoce por qué los Mandamientos no son Doce si ello cimentaría la simbología numérica pero que trabaja precisamente ahora en una demostración general y terminal de que eran once y no doce las tribus del desierto. Con casi todo respeto y veneración sagradas.
Von Schliemann les había enviado otro sobre lacrado, pidiéndoles que lo abrieran si les parecía pues su contenido tenía muy poca relación con lo que acababa de hacer pero que tal vez para alguno de los arqueólogos fuera interesante. Estaba agradecidísimo por haber sido depositario de un documento secreto y anhelaba compartir misterios de la Antiguedad. Solo aspiraba que le devolvieran la traducción y le acreditaran en el momento de su publicación. A la docena de estudiosos les pareció. Pero optaron por no leerlo en los malecones de Venecia. Eligieron un coche herméticamente cerrado en el Desexpreso Oriente, colocaron una gran cruz de álamo en la pared que daba al Este y alguien leyó un ensayo relativo a la pasión del Señor que Schemeling le enviaba de urgencia por si les importaba. Era un papiro grecomiceno que una figura Alta del Vaticano le había vendido a Dan Brawn a cambio de que abandonara sus libros subversivos contra la Santa Sede, los cuales pretendían dejar a la Iglesia Católica más sola que Bin Laden el Día del Amigo. Dan había pagado con un gobelino de Tintoretto aparentemente auténtico que mostraba otra cara de la Pasión y doscientos mil dólares hondureños. El señor Brawn empezó a cumplir la promesa enseguida escribiendo La Conspiración, quizás buscando fondos frescos para cuando La Casa Blanca le pidiera aflojar y con el sueño de venderle un colalé blanco a Mónica Lewinski salpicado de tabaco cubano tal vez en un millón de dólares bolivianos. Schliemann no aclaraba cómo era que Dan le había pasado esos documentos pero en un pequeño borrador decía “no todo es compartible”.
Cuando el lector mongol se disponía a dar lectura al sobre lacrado otro emisario del Von llegó casi asfixiado con unas pocas hojas manuscritas y como no tenían apuro le dieron prioridad.
Notas y anexos para comprender algunas madrugadas de la
Creación.
El primer coito virtual fue experimentado por la Virgen María.
Pero San José pudo comprobar que ningún falo inalámbrico es capaz
de perforar un himen sionista. Solo la seguridad de que la telita
estaba intacta le convenció con la maravilla del embarazo galáctico.
María fue testigo del primer orgasmo sideral. Cuando José le regaló
su primero ella dijo “es menos rico pero más húmedo”.
Se desconoce qué tentó verdaderamente a Dios en una ordinaria
mujer de Israel. Pero al lado de la túnica sagrada en Milán hay un pedazo de
tela que dice "cámara de Dios, séptimo cielo", y si se mira con
detenimiento se puede ver una imagen adelantada de San Antonio y
dos labios divinos deleitados en el placer orgástico. Labios de
hombre- Dios. Y si se observa mejor se notarán unos ojos dormidos
y extasiados contemplando el torso de Satanás cuando no era Diablo.
Ojos de Dios Hombre. Dan Brawn trabaja con estos iconos
buscando algún Código pero aún no ha podido desenterrar el árbol
genealógico de Leonardo.
El periodista prefirió dejar a los doce arqueólogos en su vagón cerrado leyendo textos de última hora y decidió contar los detalles del sobre lacrado. Von Schemeling dejó una palabra sin traducir entre el cúmulo de las que se le resistieron. Y la había dejado literal en su documento. El Jefe mongol había agotado todas las posibilidades. Incursionó en la Internet Apócrifa y en los Borradores de la Nueva Enciclopedia Universal enriquecida con términos siderales. Recuerden ustedes que Dios apostrofó a Jesús con una palabra especial cuando el niño ángel le importunaba en el dificilísimo dictado de los Mandamientos a Moisés. La palabra era Xebón. Después que los arqueólogos se cansaron de malinterpretarla al Líder se le ocurrió enviarles un fax a los futbolistas del Inter de Milán. Por si acaso. Nada se perdía con probar. Las respuestas poco aportaron. Nadie sabía nada. El Líder repasó cada respuesta faxiada. Faltaban dos respuestas. De la Bruja Verón y de Fantasía Pizarro. Les telefoneó. Estaban en la Scala, donde se presentaba el último concierto de una de las amantes de Pavarotti. Pero los arietes no estaban dentro. Charlaban en las aceras del frente mientras tomaban una rara mezcla de mate y Pisco Control capaz de desgargantar a un dinosaurio. "Es ese loco de los papiros que vio las prácticas”. “Ah, sí”. “Qué le digo”. “Lo que vos querás”. “No sé ni chucha, poh”. “A ver qué me pase la cuestión”. El mongol le dio un anticipo. “Repítame la palabra, che”. “Xebón”. “Cómo así”. “Sabes qué querrá decir xebón, David”. “Por supuesto”. “Y”. “Webón, poh”.
El periodista incluía dos anexos. Teniendo en cuenta la preponderancia de esta información he decidido obviar los acontecimientos registrados en el Pequeño Cotolengo y su cura -otro menos- relicópata. Agregar que si bien al Cura Tato podríamos perdonarle sus erecciones porque la carne (no) es débil y debíamos premiarlo con visitas dirigidas a la cárcel de las chicas de Mekano, al asceta( o casto?) de Rancagua habremos de condenarle de manera inédita. Enviándolo, atado de manos, a la sección masculina de Play Boy, rama superdotados, con un gran cartel en su trasero “sin lubricantes, en su defecto, ripios”. Aunque solo fuera para poseer su cinturón de castidad. Para ellos, libre albedrío y que se cumplan los Mandamientos.
Entretanto los doce apóstoles rentaron una Capilla Sixtina en el sector budista de Jerusalem y esperan tener suerte con otros Evangelios Apócrifos de los que acaban de tener noticias y que serían cononizados por ellos y por una nueva generación cristiana que aparecerá en los valles himalayos el próximo Diciembre.
Ausente, la chica dijo quién será ese periodista. Buscaron los índices por geografías y no encontraron a ningún jornalero que tratara temas bíblicos sensacionalistas como no fueran algunos pocos que utilizaban seudónimos. Detesto los anónimos. A mí tampoco me gustan, pero recuerda que antes de nuestra Sagrada Biblia todo el misterio de la Creación era un anónimo descomunal. Aunque existieron, de seguro, fabuladores satánicos como este falso corresponsal desacreditado dándoselas de informado y profanando las sacras concepciones y las inviolables reglas divinas. No le demos crédito alguno al mediocre texto y quejémonos al sitio hebreo por publicar tales inmundicias. Pienso se trate de un texto bucanero insertado en tiempos de piratería y virus cibernéticos. No hemos leído nada. Nada. Pero, y qué con el desembarco del “hijo” en el Sur. Eso es otra historia y de momento dejémosla en el tintero aunque seguro será mucho mas estúpida y cobarde. Mientras existan tipos como ese falso periodista y fracasados como Dan Brawn siempre habrá lectores y misticistas esparcidos por el mundo como langostas egipcias. Sabes qué, se me ocurre que se lo podríamos enviar a nuestra tía compositora y futura arreglista del Himno Nacional y a nuestra prima satánica, les encantaría. Siempre habrá quien colapse la plaga, no le eches más bencina al incendio.
Otra vez se sintieron los arrastres en el techo y ahora se acabaron con un estruendo gigante de caída y la sutileza de algo que se aleja acompañado de un silbar tentador imposible de obviar. Los chicos salieron al patio y había luna llena y todas las constelaciones se unieron arriba en un arcoiris hermoso y los planetas brillaron como si fueran estrellas que indicaran de nuevo el Camino y los pájaros llegados de todo el Valle entonaron sus cantos proverbiales y ellos, tomados de la mano, siguieron el rastro del ofidio, desnudos en medio de la noche primaveral.
La serpiente se detuvo debajo del último manzano que dejó la plaga y levantó su cabeza y alcanzó una manzana madura y la mordió. Los chicos la miraban, atónitos, y comenzaron a tocarse sus cuerpos con la más seductora involuntariedad. Ella dijo tengo hambre y él que no tenía pero que comenzaban a dolerle las costillas. La serpiente se dio cuenta de que ella se chupaba los labios y la convidó. El chico dijo no aceptes porque es un fruto del árbol dicotómico. Ella contestó seamos agradecidos al bicho dadivoso, somos los únicos asistentes en el Valle a su función circense malograda. Te digo que no quiero y no deberías aceptar tampoco. No seas anticuado, primo, mira que al Santo Padre no le agradaría fueras tan malagradecido. Estás blasfemando. Cuando miraron al árbol se encontraron con una manzana delante de sus bocas y alla la tomó y mordió sin palabras. El se dio la vuelta para alejarse y sintió la risa serpentil y el codo presionado por las delicadas manos de su prima.No rechaces las ofertas, querido primo hermano. El se sobó las costillas y cuando se dio cuenta del error estaba mordiendo la fruta del Jardín de Fresnoconia que ella le tendía.
Estás desnudo- dijo ella.
Tú también.
Qué hermoso tu cuerpo.
Qué hermoso el tuyo.
Se me cayó la manzana.
Yo te la recojo.
Gracias, se te cayó también.
Qué miras.
Y tú.
Dónde está la serpiente.
Debe haber cumplido su parte.
Pudieras abrazarme.
Pudiera.
En la pantalla había una oración. Alabado sea el Señor. Sus padres.
Desde el jacuzzi ella le escuchó. Ven, mi amor. Desde su pieza ella respondió. Espera, voy a vestirme.
Septiembre 30 del 2005.
Providencia.
Santiago de Chile.
Luis Eme Glez.
Luis Eme Glez.
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