E MAIL: Renuncio.
Cuando el entrenador le dijo que podía llegar a ser el mejor tenista del país si lograba mejorar la potencia del saque y conseguía desplazarse con más velocidad hacia la derecha él le preguntó lo que tenía que hacer. El Viejo entrenador le bajó la vicera de la gorra hasta taparle los ojos con toda la confianza que le merecía su cariño y lo regresó a la cancha de arcilla. No has podido superar la sensación de que el contrario está mas cerca de lo que dicen las reglas. Lo mismo te ocurre con la línea demarcadora de la derecha y por tanto vas por la pelota con demasiada calma. No es que estés equivocado porque nadie está equivocado en la medida en que crea que hace las cosas bien. Un hombre solo asimila su error cuando cae vencido ante las demostraciones lógicas. Tienes una bola y una raqueta de marca registrada cortesía de Connors, una cancha excelente, un viento normal y eres joven y suficientemente fuerte como para golpear con la potencia del Feña. Pero no puedes hacerlo, por qué. Tienes que golpear sin piedad como si la pelota fuera tu peor enemigo. El chico recreó las mejores maneras de posicionarse de los más renombrados tenistas de la historia y cuando pensó que estaba listo sacó como si en el golpe le fuera su porvenir. El Viejo leyó la velocidad. Demasiado lejos aún, sentenció. Ponte en el mismo centro de la cancha. Golpearé a tu derecha. Corre a todo lo que te den las piernas. El joven pensó que había volado pero el Viejo repitió que estaba al nivel de una tortuga coja. No tienes que ir a un oculista, es solo asunto de percepción. Creo que tiene una denominación en Oftalmología pero no se trata de una enfermedad. Alguien me dijo que el hermano de Manolo Santana la padeció y como no pudo superarla el hermano se quedó con la gloria, la fama y el dinero. El chico dijo que había escuchado el diagnóstico y que ahora quería oír el tratamiento. Espérame afuera y déjame ser tu caddy.
El Viejo manejaba lentamente por la autopista concesionada y solo cuando la piedra chocó delante y rebotó contra el auto se dio cuenta que debía responder a su alumno. Si lanzaras con la velocidad de esos desalmados desde los pasos a nivel hasta el mismo Rodrick te envidiaría. El Viejo volvió la cabeza para sonreírle en el preciso momento en que el auto que los precedía frenó con brusquedad y tuvo que hacer un giro difícil a la derecha para poder seguir. Sin dejar de mirar al frente el chico dijo que tal vez debiera desplazarse a esa velocidad para lograr la envidia de Rafa Nadal. El Viejo agregó que todavía le quedaba la posibilidad de dedicarse al humorismo si fallaba el tennis pero que para eso tendría que buscarse a un entrenador del rango de Dino Gordillo. El Viejo se desvió antes del último puesto de peaje y el chico preguntó que por qué lo hacía. Para que te acostumbres al cambio de cancha porque no todas son de arcilla.
En la residencia del Viejo no había nadie si se exceptuaba la tierna imagen de un par de nietos zarandeando a un gato de peluche con dos raquetas de juguete. Le dijo que lo esperara en el porche y cuando regresó traía algunas revistas, unos pocos videos, tres dvd y una botella no retornable de Pepsi Cola. Quiero que vuelvas a la Costa. Estamos en pleno invierno, Viejo. Hablo de regresar a un lugar y no de estaciones del año. A qué. Tienes que volver a la playa solitaria de los lobos marinos y sus amplios arenales, al gran farallón donde tus padres hacen cancha y pelota vasca. Papá está en el extranjero con mamá. Y hacen bien, dile que te envíen una raqueta mejor que yo pongo las pelotas. Con las mías serían cuatro. Muy bien, tienes razón. Te llevaré cada mañana y te recogeré cada tarde antes de que caiga la noche. Llámalos para ver si pueden pagar tiempo extra. Estoy hablando de traslados a la playa y no de dividendos. Qué haré allá. Cambiar de aires y entrenar solo para que acabes de limar tus handicaps. Tú también podrías ver a Dino Gordillo. Lo veré cuando sea menester y hasta puedo decidirme por Coco Legrand, los grandes ven a los grandes. Te marcaré una cancha en la arena y tirarás contra el farallón hasta que logres la velocidad media para tu edad y hasta que puedas establecer la distancia correcta a que te espera el adversario. Harás lo mismo con la línea de la derecha. El Viejo lo observó por debajo del hombro y no supo si se trataba de otra broma pero no pudo evitar decir que en caso de que fallara el tennis y el humorismo aún quedaba la posibilidad de leer la Teoría de la Relatividad o la de tomar un curso acelerado con el inventor de robot Arturo. El Viejo expresó hablemos en serio, nuchacho. Tienes novia. El chico le enseñó sus manos. Dejaste de chatear como un chiflado. El chico le enseñó las yemas de sus dedos. Bien, si vuelves a mirar pornografía barata en el Cable o en videos o en revistas sucias de esas con las que siempre andas, si te sigues masturbando cada noche y sigues viendo una mujer en cada cosa que se mueva, puedes apostar a que perdiste a tu entrenador. Entonces dónde queda tu teoría de la adolescencia. Donde comienza mi teoría del tenista que tiene que llegar a ser campeón mundial juvenil el próximo año. Te refieres a modificar las urgencias de mi edad. El Viejo sirvió Pepsi y esbozó una mueca. No quiero seas un superdotado ni un genio mas allá de tu capacidad superdotada y genial para tenniar, muchacho. Seguro está insinuando que el talento se comporta hasta cierta edad para algunas actividades y que cuando se apaga uno puede acudir al otro talento, al que no se apaga nunca. Lo que estoy insinuando, pequeño genio universal, es que te deshagas de toda la mierda que sabes y te ocupes de mierdas menos nocivas. Cómo cuáles. Mira Play Boy erótico, Sky, a las parejas besándose en el Metro, mastúrbate cada cuatro días y si no acabas de traer a esa chica cyber te enviaré a una prostituta joven con certificado médico negativo a los seis días de comenzar tu nuevo entrenamiento. Trataré de asumirlo todo. Eres virgen. Pregúntele a… A quién, chiquillo.
El chico iba a decir a mis manos pero entonces entró alguien bailando una danza marroquí con versión amazónica y dijo hola, pá, y siguió hacia el interior de la residencia. No estoy solo, hija. Lo sé, pá, lo vi y es como si no lo viera y tienes que enseñarlo muy bien para que pueda verlo como veo a los otros sin volver la vista. Desde el fondo ella oyó que el chico dijo por qué no acabas de decirle que me lo enseñe todo de una vez y entonces ella regresó para decir la idea no es mala, sobre todo porque yo sé a qué distancia están mis rivales y me sé desplazar muy bien a la derecha. Como el Viejo no era ducho en adolescencias femeninas le palmeó las nalgas y ordenó vamos que tu abuela espera.
Cuando el chico fue a abrir la puerta del auto del Viejo, este lo detuvo. Le entregó un libro tosco, presillado, y con un texto en la primera página que decía Pato Cornejo, biografía no autorizada. No tienes algo del Chino. Te dije que nada de pornografía pura. Por qué no pudiste entrenar a Gildemaister. Bájate y te recojo mañana a las ocho treinta. Dime. De dónde rechucha crees que proviene este apellido impronunciable que me gasto. De Croacia. Y si De la Peña es un apellido muy pronunciable y castizo, cómo puedes hacerme preguntas tan tontas. No sabía que habías postulado a la Nacionalidad. El Viejo le pellizcó el cachete derecho y sonrió.Ves cómo no lo sabes todo, pequeño geniecillo universal. Quizás porque no se trata de cosas para adolescentes. El Viejo se enserió, le pasó la mano por delante y abrió la puerta. Bájate, pupilo. Abuela me preguntará por qué no te bajas para el té. Dile que estoy muy lleno de tetsicola. Tet lo diré, caddy. El chico se ladeó y sacó una pierna para bajar pero algo se la golpeó y se la reintrodujo. Una cabeza canosa apareció en la ventanilla y no permitió que el Viejo hablara y les alargó un par de vasos con una botella de bebida negra. Una botella es demasiado poco para dos hombres exahustos. El chico tomó su vaso y ella no dejó que el Viejo dijera nada y agregó es pepsi, dénse cuenta de que es más de la cinco de la tarde. El Viejo apuró su vaso de un golpe y aún escuchó a la vieja dama proferir no insista, señor, su genio va por otras derroteros. El Viejo giró en redondo. Por cuál de ellos. No sé, pero estoy segura que será por uno de los que sean para siempre. El Chico dijo que su apellido también era medio impronunciable pero que era una mortal y exquisita abuela y que no le quedaba mas remedio que tener sangre británica en sus venas chilenas.
En el porche estaba la nieta mayor del Viejo. Le enseñaste algo más aparte de tennis, pá. Yo solo enseño cosas que no sean duraderas. Tendremos que complementar las enseñanzas. Dejarás la danza. Enseñare Tantra. Qué es eso. El otro lado de los sueños. Voy a dormir. La chica que hacía danza norafricana telefoneó al chico que trataba de ser campeón mundial juvenil de tennis el año entrante. La única precocidad que detesto en ti es la precoz. Trataré de mejorar eso en un semana. Trata, porque estoy cansada de limpiar tus jugos irretenibles por todo mi cuerpo y entérate que debí rasurarme por tanto pelo engominado y tanto dolor al tratar de desenredarlos. Los míos igual No te afeites tú, por favor, basta con una niña grande. No vayas a hacer ninguna locura con esos vegetales, que te prometo lo resolveré. Date prisa entonces. Y el Viejo. Ya pegó la oreja en la almohada. La dama inglesa le arrebató el teléfono de la mano. Tampoco sexo PCS, respeta las órdenes, boy, y duerme.
La playa estaba en una península, de modo que él podía ver el mar como si fuera una boya en forma de barquillo y solo podía mirar el resto de la costa si caminaba en ambas direcciones los dos kilómetros de punta. Donde terminaba la arena comenzaba una muralla de rocas negras multiformes que se adentraban en el Océano y hacían piscinas naturales en las que descansaban cangrejos y se morían de viejas las conchas prehistóricas. Más allá del azul oscuro la imaginada visión de las geisas y los zampanes de Hong Kong quedados en su disco duro desde que las revistas competían con su tiempo deportivo y la estela de algún mercante ocasional.
Delante de su raqueta y sus pelotas el alto farallón eterno, liso como las nalgas de los niños, impecablemente cortado a pico sobre la arena con sus cien metros cuadrados y después otra vez la montaña irregular sin vegetación lanzándose sobre las arenas blancas casi en línea recta hasta donde terminaba la península y a él se le antojaba como el borde de una copa donde vertieran tragos telúricos sobre una mesa eternamente disponible. Arriba estaba la Base de empinar volantines de verano y al fondo de la península la explanada para parapente. El padre le había dicho que se olvidara de volar hasta los veinte años porque para esa época estaría listo en la escuela de Río de Janeiro y entonces terminaría su etapa diplomática en Brasil y que esperaba trabajar en la Cancillería y vería si era posible construir una casa en la Península. Recordó que ya su hermana era excelente parapentista pero su sueño estaba en la zamba y en la creación de una academia de Ballet Clásico en Santiago y pensó que ella tenía veintiún años y llevaba uno encima de la Línea Verde Atlántica carioca.
El nuevo plan de entrenamientos le había impedido ir de pesca con el amigo. De modo que el Chico estaba molesto. Durante todo el primer día el joven tenista que se preparaba para ser campeón mundial de cadetes se esmeró en realizar todo el programa que le había dejado el Viejo. Almorzó comida internacional extraída de las recetas de Fisiculturismo porque, aseguraba el Viejo, algo pasaba con tanto tallarín y tanta yerba, con tanta mayonesa y tanto caldo sin condimento, con tanta hambre literal que lo único que lograba eran lesiones repetidas e incontrolables, bajos rendimientos, apatías y talentos frustrados en los albores de carreras prometedoras. El Viejo ejemplificaba con otros deportes y decía que no era casualidad que Feña apenas se lastimara y que David Pizarro anduviera redy desde que llegó a Italia. Le había pedido a Iván Zamorano que redactara un tratado acerca de la manera en que había podido sortear los misterios de la dieta nacional y a Bomballet que dedicara un programa en TVO a sugerir recetas que fueran capaces de formar deportistas de altura. El joven genio recordó a su entrenador diciéndole tienes seis pies con diecisiete años y cuerpo de griego antiguo y fuerza de escocés marinero y no voy a dejar que te dicten pautas en tu país. El chico sabía que se alimentaba con un plato roca salido de las recetas más renombradas que se preparaban para los atletas de alto rendimiento a nivel mundial. Se había acostumbrado y gustaba de él y se daba cuenta de la fortaleza adquirida por su cuerpo y de la tersura de sus músculos queriendo romper la piel que le decían tu puedes ser el nuevo campeón mundial de cadetes. Cuando el Viejo pasó a la hora exacta le juró que solo había leído diez páginas de la biografía no autorizada de Pato Cornejo y le mostró el pene para que viera que no había cambiado de coloración. Cómo anduvo el mar. Un mercante muy lejos. Uvas de mesa para California y nosotros a consumir rastrojos, cortesía del Te Ele Ce. Tres gaviotas cansadas. Un trozo de poema para amanerados. Espero tú lo termines. Qué más, genio. Un sol inusual para como está el tiempo. Ensanchamiento de la capa de ozono. Cortesía de quién. De los que creen que el Planeta es suyo y no ven mas allá del día de su muerte. Dos cangrejos caminando hacia alante. No lo dudo. Vi algunos remolinos como a seis cuadras y creo eran ballenas o tiburones. No, eran las primeras apariciones de los lobos que llegarán mañana. Para ser entrenador de tennis eres bastante bueno para de todo un poco. Hay que ser polifacético, además estoy triste. Y. Esta tarde estuve en el velatorio simbólico de la hija de un amigo desaparecido político. Dolor. Si, titán, se suicidó ayer acabada de llegar de Europa y para que te asombres, desde este mismo farallón se lanzó, estando metida y amordazada en una Van militar, al Océano, con el chofer que la llevaba al Norte poco después del once de septiembre de 1973. Fue una fuga tan espectacular que trabajan en un guión para filmar una película. Mañana debo pasar a saludar a la anciana señora del pescador que la ayudó a sobrevivir, muy cerca de aquí, al sur. Haces bien, amigo. En esta vida es necesario cumplir con la mayor cantidad posible de razones. Y tu nieta. Tu promesa ascética incluye no preguntar por ella además de no verla. Se miró las manos y se apretó los genitales. Ni lo sueñes, muchacho.
Los lobos marinos no vinieron ni llegaron el segundo día ni el tercero. Cuando el Viejo midió la velocidad de los saques al cuarto día y la rapidez de sus desplazamientos laterales dijo que iba mejorando pero muy lentamente y no era descartable que hubiera que agregar otra semana. Recuerda que hay solo una semana de vacaciones de invierno. Desde cuando las vacaciones de los genios se miden en semanas. Desde que los genios dependen de los padres. Sacó un texto con tipos computarizados. Se lo entregó. Los padres de los genios saben que alguna vez dependerán de ellos. El chico leyó que la escuela autorizaba otra semana si el Viejo así lo decidía y notó que al final había una dirección cyber originada en Río de Janeiro. Crees que me haga falta. Sí, si no avanzas. Pero dices que estoy mejorando. Lo he dicho, pero estás mejorando como si fueras un tenista normal y tú no eres el Niko. O sea, que tengo que lograr resultados dignos del Chino. Del Chino de antes, del que estaba enamorado de la costarricense. Por qué no dices de la madre de su hija. Porque son palabras impronunciables. Pero me llevarás el sábado a las canchas de arcilla. No, el sábado vendrás a descansar con mi nieta, además, el portero de las canchas está ingresado. Y cómo así. Lo picó una araña de rincón. Y eso que le dijiste que no abandonara su oficina ovalada. Es muy porfiado. Pero son dos porteros. El otro está detenido. Por qué. Le acusan de tener escondida a la gata Luz en Valparaiso. Parece hay una campaña contra murciélagos y arañas. Qué sugieres, genio universal. Estás insinuando que soy ecologista. Para nada, sé que lo eres y no está mal. Pudieran presurizar con vacunas las cuevas de los murciélagos y hacerte caso a ti y al hombre del acento caribeño que dijo en una encuesta para televisión que las arañas de rincón se acabarían en Chile cuando se decidan a fabricar casas redondas. El Viejo le aplaudió. Tendré que tomar en cuenta lo que dice de ti la Dukesa de Yorkshire. No me parece mal para alguien que no lee ciertas revistas, no mira cierta televisión y pasa la vida en un pote de cristal superconservador. Ves cómo no lo sabes todo, geniecillo nacional. No me rebajes la categoría, por favor, y no pienses que creo en la respiración artificial cuando le es dada a una señora de pie y abrazado a su cintura. Evidentemente serás de otros derroteros. Qué pasó con la prostituta joven. No confié en sus hemogramas. Y en los fabricantes chinos de látex. No, confío en que mi nieta pueda tener de nuevo su lindo pubis y gaste menos en champú. Puedes enrojecer. Es esa alimentación mixta. Los lobos llegarán el sábado. Y entonces qué eran los remolinos. Las lágrimas de Juvenal Olmos. Por qué el sábado. Porque los lobos marinos también tienen sus propios derroteros.
Durante el regreso el Viejo captó las miradas de soslayo del chico. Dime lo que quieras, hijo. Crees de verdad que podré lanzar tan duro y desplazarme como quieres. Te lo respondo cuando pase a recogerte el sábado. Estoy leyendo la historia del niño que enloqueció de amor. Y el libro sobre Patricio. Lo acabé el lunes. Todos los libros son buenos aunque para un tenista genial debieran haber libros más especializados. Busca en la Biblioteca algo de los Hermanos Grimm. Lo leí todo cuando andaba por los doce años, ya no leo esas cosas. Disculpe, hombre. Qué te falta aún, ratón de librería. La versión árabe de La Caperucita Roja, murciélago de automóvil. La Roja. No clasifica. Claro, qué manera de demorar estos semáforos. Por qué los lobos vendrían el sábado. Te lo dije. A qué hora llegarán. Poco antes que yo. Tengo sueño.
El chico iba leyendo la versión árabe de La Caperucita y no habían hablado una sola palabra desde que salieron de Valparaiso. Pero el Viejo se percató de que no pasaba las paginas. No dices que se trata de una versión moderna. Lo dije. Y por qué no pasas las hojas, no la entiendes. Porque esta traducida por Osama Bin Laden. Entonces tiene que estar “trucidado”. Me rindo de momento, Viejo. Entonces pregúntame. No es necesario. Por qué. Abuela me dijo que estará tomando aire hoy en la Península y que hacía mucho tiempo no conducía. Para tener sangre inglesa no es tan flemática. Padece de asma y debe estar segura que no le faltará el aire en la costa. El Viejo dijo me rindo de momento y dejó que él abriera la puerta. Llegarán muy pronto. Por qué no te bajas y miramos a la mar. No, llegarán poco antes que yo. Que “yo” o que “nosotros”. Si entrenara a algún otro prospecto, te pondrías celoso. Para nada, Viejo. Tomo nota. Pero prohíbale soñar sueños destenizados. Qué palabras, mi Dios, pensó, de dónde diablos las sacará.
La abuela estaba sentada en el auto del yerno cuando el Viejo llegó. Dile a esa mocosa que se apure. Se lo diré, Madame, descuide. La chica se acercó y tiró un gran traje rojo en el asiento trasero y ordenó partir. Su Alteza le preguntó que para qué un vestido tan inmenso y tan caro en un día gris de pocas horas. Bailaré una danza revolucionaria, Su Majestad. La ironía cariñosa no era suficiente como para que la abuela parara los títulos de nobleza. Qué métodos ejecutarás. Muhamed Al Subhita y el Gades moro. Recuerda que los embarazos precoces también son abundantes en Noráfrica. Y usted qué métodos usa para lograrlo. Agregado inglés a marisco de Calcuta para la última versión de Viagra. Respete, soy una niña, cómo va su asma. Siempre me vuelve por las tardes en la costa, no puedo evitarlo, baja tú sola, muchacha, que me duelen las piernas. Tendrá que endurecerlas para cuando reciba respiración artificial de pie. Tendré. La chica dejó el vestido sobre una de las piedras negras de la rompiente y se desnudó. Caminó hacia la playa donde el tenista genial se acodaba sobre la arena y miraba al oeste. Allá no había otra cosa que un horizonte amorfo. Qué haces con ese short. Nada, te esperaba. Y ocurre que llegué. Entonces me lo saco. Se paró sin mirarla. La conocía tanto que la sabía de memoria. Ella le conocía igual, pero era bailarina y era mujer y observó su raqueta, esperanzada de que hoy sí pudiera contenerse. Para qué trajiste ese traje sangre. Para los lobos. Qué sabes de los lobos. Abuelo me habló de su llegada segura. Te rasuraste. No podía jabonarme por tanto enredo. Pareces una guagua grande. Lo sé, te gusta. Me gustas tú porque hablo de gustos y no de dimensiones. Podremos hoy. Cuando lleguen los lobos. Lograste las metas que te puso abuelo. Creo que ayer tal vez, pero no midió y le dije que me parecía que sí. De todas formas quiere que estés la otra semana. Sé que no. Por qué. Tú verás. Me besarás. Me faltan algunas páginas. Y qué hago yo. Bailar, que eres un verdadero genio de la danza en formación. Cuándo llegarán los lobos. Por qué no le dices “marinos”. No sé, no me acostumbro. Sí sabes. Ella lo besó en los hombros y se fue. Cuando lleguen me avisas. Mira tú también. Lo haré, amor.
Los primeros lobos aparecieron como a las cinco y los dos los vieron al mismo tiempo. Cuando ella se acercó para verlos de cerca se zambuyeron y cuando emergieron ella seguía allí esperando pero se volvieron a sumergir y al salir todavía la chica estaba en el mismo lugar. De modo que los lobos se marcharon y regresaron como tres veces hasta que él le dijo que se pusiera el vestido rojo y entonces la manada ejecutó una danza con lobos antes de bajar al fondo del mar y en la superficie solo quedó un lobo café veteado tendido en la arena con aletas cola y largas orejas marinas y una hermosísima boca hocicada de lobo marino cebado con el postre del plancton del fondo. El gran lobo les miraba entontencido y se lamía los belfos y cuando él fue a abrazarla el lobo gruñó y haría eso hasta que ella no se desvistió y entonces el resto de los lobos sumergidos salieron y les rodearon y fueron cerrando el círculo y emitiendo lánguidos gruñidos y él sintió una erección violenta y ella dijo ahora sí que no te correrás y él, no, crecí, amor, seguí las órdenes y dominé las reglas y entraré en ti lentamente para que sientas el fuego en flor y mi savia demorada lo justo al centro de tu anhelo.
Diez orgasmos después ella agonizaba de dicha y él no se daba cuenta del nuevo entrenamiento sin programa. Solo se detuvo para seguir moviéndose dentro suyo y ella colaboraba por orgullo hasta que la salvó un gruñido general de lobos que miraban al camino que descendía por la roca escarpada. Allí había una pareja y el hombre abrazaba por las caderas a la mujer y besaba su boca mientras hacía señales con las manos indicando a los chicos que no pararan. El joven tenista, que no había extraído su raqueta de aquella bolsa rasurada, reinició la danza pero los lobos gruñeron de nuevo hasta que él no se despegó de la chica y le ordenó vestirse con la falda roja de la danza revolucionaria. Para qué. Los lobos sabrán. El lobo mayor pidió a sus congéneres que abandonaran la playa y se dirigió, aleteando la arena, a donde el hombre comenzaba a desnudar a la mujer. Rgresó al mar. Pero antes de meterse se detuvo y bajó a la mujer. Rgreso a media noche- dijo. El agua se abrió para que saliera una loba tras el gruñido del lobo mayor. Caminó contoneándose hasta donde el hombre se ponía el pantalón de buzo. La loba le ofreció la aleta y lo trajo hasta donde estaban los chicos. Se tendió de espaldas. Sin decir nada el hombre se desnudó y acarició el vientre de la loba. A la media noche, qué les aproveche. La chica fue a decir algo acerca de las orejas de la abuela que se alejaba pero de pronto se vio pintada de rojo intenso y a la loba pintada de rojo intenso y vio al chico y al abuelo sin colores definidos, brutalmente erectos e intentando entrar en las hembras y cuando lo hubieron logrado le pareció oír la voz quebrada de la abuela gemir ahg desde las aguas y el chico dijo igual que la versión árabe de La Caperucita.
Al otro día el entrenador pasó un mensaje escueto a Río de Janeiro. Renuncio. Recibió otro a los veinte segundos. Gracias por todo, aplique segunda opción. Un minuto después tecleó un mensaje al Quisco. Nicanor, la respuesta es sí. Dos minutos después recibió el mensaje desde la playa. Bolaños llega por la noche. Un minuto más tarde escribió pero si Bolaños está muerto, Maestro. Veinte segundos luego el mensaje respuesta llegó. Hablo de una antivida y no de un hombre. Por la noche el Viejo le dijo a la abuela que se lo dijera ella y la abuela dijo hueles a pescado y el Viejo dijo tú también y la abuela dijo dice tu padre que regreses a la escuela el lunes y la voz llegaba con sonido de marejadas y le pasó el teléfono al Viejo para que le dijera algo al futuro genio de las letras y cuando el Viejo iba a decir alguna nadería escuchó la voz de la nieta gritando oye, webón, me la echaste afuera otra vez.
Octubre 22 del 2005.
Providencia.
Santiago de Chile.
Luis Eme Glez.
Luis Eme Glez.
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