...enciclopedia…
Estaba esperando en la ventanilla cuatro de las oficinas de Western Union cuando ella lo llamó por quinta vez ese día.
_ Trae tu persona y tu encanto. Esa diferencia qué ciertamente marcas.
_ Creo ves demasiado televisión en estos días sacros.
_ Está bien. También caigo en la mística de los regalos pero solo lo hago para no quebrantar las reglas.
_ Si te presentas en la fiesta de la Natividad es porque deseas compartir y eso basta. Llevar tu vida a la Comunión.
_ Sé que estás pensando, muchacho.
_ Dilo entonces.
_Teoría inventado por los agarrados de todas las latitudes o por quienes esperan invertir en otros derroteros.
_ Pudieras ampliar.
_ Seguro son musulmanes.
_ No.
_ Hebreos.
_ Sí.
_ Dónde demonios estás que oigo que alguien te habla?.
_ No blasfemes en este día de aperturas.
_ El nos exorcisará, descuida.
_ Me convierten cien dólares en basura monetaria chilena.
_ Cincuenta y tres mil. Del Norte “revuelto y brutal”?.
_ De dónde si no?.
_ Entonces ven.
_ Espérame, porque yo prefiero quebrantar otras reglas.
_Oh, Dios existe. Todos tus intentos porque no te tenga fracasan.
_El último Censo arrojó gran aumento del Protestantismo . No estás preocupada como cordera de la sucursal vaticana?.
_ Cito tus palabras: “los Censos y las Cumbres y las Encuestas son la misma mierda”.
_ No me cites sin permiso y no blasfemes, mujer.
_ Acaso Jesús no iba al baño?.
_ Claro. Depende de las propiedades que tuvieran los doce. Y hasta debían ponerle una gran piedra delante.
_ No blasfemes, hombre.
_ Cuántas personas cristianas estarán en tu casa esta noche?.
_ Estás entrecomillando “cristianas”, verdad?.
_ Por supuesto.
_ Las de siempre.
_ Haz como en el 2003. Sal y compra regalos por quince mil. Que los Reyes Paganos están asegurados.
_ Me sobrará.
_ Entonces compra mis propios presentes.
_ Eres tan cínico y tan irónico y tan prepotente y tan drástico. No se cómo te asimilo. De todas formas tus regalos estaban. Chuta, mira que puedes ser Leo.
_ Me asimilas porque eres tolerante y se te va acabando lo de inquisidora. De modo que me quieres por “quebrantar las reglas”?.
_ Cuándo llegarás?.
_ A tiempo para cortar el cordón umbilical del Dios junior.
_ Nada te salvará del infierno, pequeño Lucifer.
_ Nos?.
_ Te espero.
_ Nos?
_ Te espero.
_ Nos?
_ Te espero.
_Entre el infierno y el paraiso hay una zona muerta. Ahí estaremos. Controlando el tráfico.
_ Discúlpame si te dejo. El gato rompió el pesebre.
La familia y los amigos de Miami conocían sus orgullos. Muchos estaban allá gracias a sus gestiones consulares y al poder de su pluma mágica. En los primeros años siempre le llamaron con promesas infalibles de sacarlo de Chile. El no había pedido nada. Pero en el fondo de su conciencia añoraba viajar porque en una sociedad de libre mercado- donde no había libertad y mucho menos mercado en los sentidos correctos- nada tenía que hacer. La sociedad chilena era una sociedad cerrada con todo el hermetismo del Clan de las Quinientas Familias. Penetrarla era tan difícil como interpretar los sueños y por tanto había dejado de soñar. En un lugar llamado La Moneda no había gobernantes sino clones simbólicos signados por la rutina y el cuento creído. Las riendas del Poder se conducían desde el Oriente de la capital y la palabra talento se había esfumado del diccionario desde que Bill Gates revolucionó al mundo con la Globalización de lo Fácil a la distancia de una tecla apretada. Bastaba con el suyo. Se sentía como Eugene de Rastignac en el París del ochoscentos y no perseguía amantes como no fuera para estimular al ego y dejar las aguas hirviendo en las teteras exigentes. La llamada del veinticuatro de diciembre le despertó al amanecer. Como siempre, el amigo floridano de Los Cayos le dictó un número y le dijo Happy Christmas y colgó. No le permitió negarse a la dádiva. Ni mucho menos hablar de pagos futuros. Una vez le había gritado, lleno de enojo cierto, “oye, comemierda, hasta cuándo te vas a creer el único cristiano no cristiano”.
Los signos ilegibles decían sobre cada superficie “de Lucho para” y de “alguien para Lucho”. Ella lo había hecho bien. Sin quebrantar las reglas. A la una de la madrugada la Navidad era un carrete más. Nadie había pronunciado una sola palabra relativa al espíritu navideño. El árbol de pino destellaba sin simular la cruz y el pesebre, arruinado por los juegos del gato, se moría de tedio en una esquina repleta de colillas de Belmont y de corchos de botellas de vino. Ella olvidó los villancicos prometidos y la música monacal estaba prestada en un convento carmelita. A través de las cortinas vieron los tres caballos enjaezados pero los hombres no llevaban las vestimentas esperadas ni dejaron regalos. La visión de los tres jinetes del Naviditsis hizo que el Físico depositara el vaso de Pisco sobre la mesita de centro y aplastara la colilla en el borde superior del pesebre.
_ Salgamos para ver la Estrella- dijo.
Afuera, en la calle vacía, la calma era chicha y el cénit tan oscuro como boca de lobo. En la madrugada de verano el científico agregó “tenemos que cambiar la Celebración si no hay nieve ni pastores ni estrellas redentoras”.
_ Alguien lo hizo en mi país _ recordó el Extranjero.
Al Occidente dos luces tintineaban con intermitencia y se movían al Sur.
El Físico quiso decir que los tiempos modernos exigían que los Reyes Orientales fueran dirigidos por satélites computarizados pero decidió no terminar la idea. Todos sabían que se trataba de un avión que abandonaba el Merino pero no era mala idea suponer que las estrellas podían haber sido dos si de todas formas cada nueva edición de la Biblia constituía una sorpresa y traía más enmiendas que las Leyes de la Concertación. El silencio cómplice era motivo de la consumación de la indiferencia.
_ Ojalá que no se lleve el espíritu navideño- dijo el Extranjero.
_ Quién- pregunto el Cuñado.
_ Cállate- le apretó el codo la Mujer Anfitriona.
_ El tipo de mi país- agregó el Foraneo.
La sobrina de la Mujer había regresado primero a la sala living. Miraba al árbol.
_ Dicen que el árbol del Vaticano es de pino auténtico de Austria- pensó en voz alta.
_ Por qué Ratzinger no lo mandó traer de Alemania?_ inquirió el Amigo, afectado de cáncer estacionario.
_ Quién es Ratzinger?- habló la Mujer.
La negación del espíritu navideño se complementaba con el desconocimiento secular.
_ El Papa Benedicto XVI- aclaró el Extranjero.
_ Cubano, podrías explicarlo?- preguntó la Hermana de la Mujer.
_ Podría dar mi opinión.
_ Dala entonces.
_ Quiénes integran lo que se denomina la Derecha de Chile?.
_ La UDI, RN, la Alianza.
_ Qué los distingue?.
_ El pasado como nostalgia y la promesa de un cambio como trampa.
_ El amor por todo lo que no sea comunista.
_ Pat Ratzinger o Benedicto XVI o el Papa actual es la Derecha Vaticana.
_ De acuerdo, pero qué pasa con ese gran árbol de pino austríaco que adorna la Plaza de Roma?
_ Beny Sixteen no es un Papa artista como lo fue Juan Pablo II. Es un Hombre Dogma, un Hombre Dios, un Ente Conservador que añora el Pasado y que espera arroparlo de Contemporaneidad. Solo puedo agregar que en algún momento y lugar supe que cuando viaja y lo cansan los vinos servidos en cálices especiales prefiere cerveza austríaca escanciada en grandes jarras de cristal de Bohemia y si puede elegir la locación opta por alguna taberna de Munich y tras una docena de sorbos sale con su comitiva entonando cánticos fieles con su cruz especial y con una rama invicta de pino de Zalzburgo.
Todos se miraron con los ojos semiabiertos haciendo el mohín de la duda con sus bocas golosas de la media noche. Más “buena” de la cuenta. Después que el Extranjero dijo “solo puedo agregar” nadie había entendido nada.
_ Sé lo que has dicho, amigo- remató el Físico-, y comparto tu opinión. Ojalá nadie haya grabado tus palabras con destino al Cardenal.
_ No importa si lo hicieran, estamos en democracia y eso incluye a la fe. Me gustaría le agregaran un membrete, un Bundestag con torres, campanas y atrios.
_ Qué dijo?_ el Físico se puso una mano en la oreja. El Extranjero repitió la frase. Seguía sin oír. La Mujer ordenó bajar el volumen de la cedetera. Ni las campanas del Big Ben le hubieran despavilado.
_ Es sordo de cueva y se molesta mucho si cree que alguien se burla, tengan cuidado- dijo la Mujer, y agregó “déjenme a mi”.
Al fin el Físico pudo escuchar su traducción y contó que su sordera no era nada comparada con la de su hermano, el hombre de los Caballos, capaz de viajar mas de cien millas en motocicleta sidecar con la mujer de su sobrino al lado sin oír que ella le gritaba que el fondo del sidecar se había destrozado mientras celebraban un acontecimiento familiar en el Norte del país. La Mujer le dijo que no hablara de esas cosas profanas en una fecha tan emblemática y él ironizó diciendo que tenía razón pues era de ascendencía judía y los judíos estaban a punto de ser estigmatizados también en relación con el nacimiento del Jesús, a menos que este Papa se ocupara del tema con seriedad.
La Sobrina recién estrenada de madre estaba mirando al niño del pesebre.
_ Se parece a Michel Bachelet- exclamó.
Ahora las miradas convergieron al lugar del Nacimiento.
_ No, creo que se da un aire a Sebastián Piñera- acotó la Mujer.
_ Quién hizo el trabajo artístico?_ continuó la Sobrina.
_ La Niña- respondió la Mujer.
_ A quién se te parece, periodista?- quiso saber la Madre de la Mujer.
_ A ambos y a muchos otros.
_ Voy a traerla.
Desde que miró al Niño Dios en el pesebre dañado por el gato el Extranjero supo que se trataba de una obra de la Hija. La “Niña” estaba por cumplir dieciocho años y el último semestre había combinado sus estudios medios con clases de plástica en la Universidad de Chile. Durante la espera en su casa, relacionada con el Proyecto South Bay Jr., él había podido tener acceso permitido a gran parte de sus bocetos. La prima logró sacarla de su madriguera binládica y se presentó en la sala trenzando el último mechón rafta con la misma ausencia del espíritu navideño. Ni miró al pesebre.
_Mi maestro es Da Vinci. Adoro los Códigos. El año próximo trataré de que el gato no lo dañe. Sigan mirándolo si quieren.
El Foraneo dijo “también se parece a Bob Marley” pero ella no volvió la cabeza y junto a la Madre se alejó con sus jeans bajo las nalgas sobre un cuerpo que a fuerza de yerbas y de lástima por todo lo “vivo” matado para la cocina podía convertirse en anoréxico. Como el cuerpo de tantos genios esclavos del cerebro.
Poco antes del alba comenzaron a preparar la despedida hasta la noche próxima. El marido de la Sobrina se acercó al pesebre. Parecía adorarlo.
_ Me pregunto quién sería el Abuelo de Jesús.
Quienes asistían al convite navideño se miraron como si la pregunta les pareciera una maravilla. Casi sentían envidia por no haberla pronunciado ellos.
_ Te referirás al Abuelo por parte de padre, verdad?.
_ Obvio.
_ Esa sí que es una buena pregunta para Lachy Cornejo- dijo el Físico.
_ Por qué siguen pensando que soy una Enciclopedia?.
_ No se trata de eso. Pensamos que eres agnóstico y solo los agnósticos saben.
_ Sí eres una Enciclopedia, querido_sonrió la Mujer- así que ofrécenos una “miniencíclica”.
El Hombre del Hemisferio Norte también sonrió. Sabía dos cosas. No era ningún sabihondo. Apenas una insaciable polilla de la Información. El resto, los no polillas, eran sabisuperficiales, sencillamente. Un hombre que no tenía mujer ni hijos y mucho tiempo pese a los handicaps de su condición de emigrado. Nada más.
_ No me encasillen en denominaciones, señores, por favor. La respuesta está en Los Evangelios.
_ No lo creo- dijo la Mujer.
_ En los Cuatro Evangelios?.
_ No he numerado Evangelios.
_ En cuál de ellos?.
_ De que Evangelios hablas, Caribeño?_ quiso saber la Amiga del Alma.
_De los Evangelios Apócrifos.
El marido de la Sobrina se le acercó para musitarle “no me soplís más webás, compadrito”.
Diciembre 24 del 2005.
Providencia,
Santiago de Chile.
Luis Eme Glez.
Luis Eme Glez.
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