Friday, February 11, 2011

TERREMOTO.(3).-

Tomado de "Postales de Chile".


Le pedí a Juan el peruano que cambiara el dial de la vieja radio de la Fábrica. Radio Romance estaba pasando éxitos de la Década Prodigiosa pero en pocos minutos Sebastián Piñera iba a tomar poseción como nuevo Presidente de Chile en el Palacio del Congreso en Valparaíso. De modo que buscó Radio Bío Bío.Había una pléyade de estadistas e invitados de alto rango en la ciudad de la Costa y Michelle Bachelet se preparaba para entregar una batuta por la que su Concertación luchó a media máquina embrujada por errores imperdonables en el desgaste de los años.
Con el inca y Mario Alhambra trataba de enrumbar mi vainera lastimada en sus micrones hechizos mientras hablábamos de huracanes en Cuba y terremotos en los países del Cono Sur.
Dije que prefería seiscientos huracanes tipo Katrina que medio terremoto con la intencidad del Grande. Mario trató de burlarse del bagaje nervioso que me había quedado desde Febrero 27 en el preciso instante en que las lámparas del techo iniciaron un baile misterioso como si infinitos carillones sonaran para una manada de náyades. Me paré enseguida y sentí el piso balancéandose. Mario se puso serio y el pequeño Atahualpa dijo "está temblando".
La radio Bío Bío lo confirmó instantáneamente.Era el medio día del 12 de Marzo del 2010.
Qué sabía Chile y el mundo a esas alturas acerca del terremoto del Febrero 27?. Todos los Institutos Sismológicos de las costas del Pacífico, los organismos chilenos y la Nasa coincidían con los genios de San Francisco. El resto del Planeta, dependiendo de las opiniones de los científicos, no se despegaba de los medios de comunicación.
El pequeño porciento de la Duda se estrellaba con las sabihondas disertaciones de los especialistas, capaces de apabuyar al affaire nacional relativo a la sarta de errores increíbles cometidos en un país que se decía potencia informática y que por poco sucumbe ante la fuerza devastadora de un sunami anunciado.
A esas alturas conocíamos que el sismo abrió a las tres de la madrugada con treinta y cuatro minutos y diecisiete segundos. Que duró dos minutos cuarenta y cinco segundos y que según la Escala de Mercalli sacudió la Tierra con potencia de 8,8 grados. Que su epicentro estuvo en el Océano Pacifico, a cuarenta y siete punto cuatro kilómetros de profundidad entre las localidades de Curanipe y Cobquecura, unos ciento cincuenta kilómetros al noroeste de Concepción.
En un mundo signado por las estadísticas se nos dijo mucho más. Se trató de la peor tragedia desde la hecatombe de Valdivia 1960 y se consideró el tercer terremoto mayor de la Historia, treinta y una veces superior al de Haití y con un despido de energía ciento setenta y ocho veces mas grande que la que pudieran expeler cien mil bombas de las lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en Agosto de 1945.
Como si los sabihondos estuvierann traduciendo del Calendario Maya nos inundaron con mas información. El Eje Terrestre se inclinó ocho centímetros. Tres grandes ciudades se movieron al Oeste desde sus sitios eternos.Concepción, 3.04 cm.Santiago de Chile, 27,7 cm. Buenos Aires, 4cm, pese a estar a mas de 1500 km del epicentro. Todo lo anterior provocó un acorte del Día Universal en 1,26 microsegundos.
Los gentiles habremos de aceptar estas apreciaciones aunque no las compartamos del todo y mucho menos las percibamos.Pero son, sin duda, un gran caldo de cultivo para los agoreros del fin del mundo. Los herederos fieles de quienes siempre estuvieron cazando eventos catastróficos para desempolvar profesías.
Hasta la mañana de la Toma Presidencial no había podido dormir una sola noche completa desde la madrugada del 27 de Febrero. Me duchaba, cenaba y me tiraba en la cama vestido y con zapatos a ver lo último que tenía la tele en medio de imágenes estremecedoras y cifras mortales y números económicos escalofriantes. Las ciudades estaban arrazadas en sus centros históricos y el adobe nada pudo hacer ante los estremecimientos bíblicos. Puentes destrozados, autopistas partidas en dos  y en tres y en cuatro, rajaduras indescriptibles en la tierra de cultivo, edificios inclinados y gente evacuando. El llanto se amaridaba con el optimismo y aparecían banderas patrias salvadas de milagro que eran usadas como emblemas indelebles y los niños daban conferencias en televisión cantándole al futuro mientras las familias rezaban a la mar por la devolución de sus deudos comidos por la furia del sunami. Los barcos anclaban en las avenidas y las residencias de los ricos y las covachas de los pobres nadaban la maratón del dolor en las playas putrefactas. Todo el país parecía convocado por Don Francisco y los camiones no descansaban en sus viajes al Sur por carreteras partidas y puentes colapsados. Se aseguraba que Chile había retrocedido veinte años y que parar al país de nuevo costaría treinta mil millones de dólares. Los xenófobos decían que Alan García hablaba solo y persignándose musitaba "gracias, Señor, por esta ayuda". La hermosa aureola del insistente Sebastián Piñera en la ruta de La Moneda comenzaba con peluzas de gato negro.
Me levantaba a las seis de la mañana, casi muerto de sueño, dando traspiés hacia el lavabo. Apenas un pestañazo en espera de la próxima réplica. Y el corazón desbocado y el condenado salto en el estómago como duende maldito. No podía concebir que la casa resistiera otro sismo por muy ligero que fuera. Consideraba suficiente haber aguantado Valdivia 1960 y el terremoto de los ochenta que casi devasta a la Comuna de Conchalí. Y las miles de réplicas con gradaciones de respeto. Era cierto que la recorrimos metro por metro y no pudimos descubrir un solo razguño o cuarteadura. Pero no nos confiábamos.
Sin embargo Santiago apenas fue lastimada pese a lo que poco a poco salía a la luz pública.Si acaso otra "demanda" a las Constructoras por no haber respetado las normas antisísmicas. Y reubicar a los residentes de zonas antiguas de la capital que colapsaron desde sus basamentos de adobe.
Sin tiempo para ubicar lugares de desastre me hice una foto en una casa que estaban desmantelando como recuerdo forzado de un evento que me marcaría por siempre. Para suerte de la realidad alguien me dijo que aunque no la derrumbaban por daños "colaterales" también había sufrido caída de aleros y estremecimientos de paredes.
Aunque trabajábamos en una nave con esquineros de hierro fundido, muy amplia y de una sola planta, los vaivenes raros del piso como en ondas malignas y la música de las lámparas nos sacó del interior al gran patio del este.Mientras tanto, en el Palacio del Congreso en Valparaíso, los invitados ilustres se estremecían de espanto. Alvaro Uribe se mandó a correr. Cristina Fernández casi se desmaya. Rafael Correa y Evo Morales miraban al techo como si se tratara de un Cielo traicionero en la hora del cambio de mando.Michel trastabilleó afuera del Palacio. Alan García, dándoselas de hombre de zonas telúricas, filosofó "es un honor estar en un movimiento sísmico en Chile". Solo el Príncipe Felipe, de España, aunque un poco nervioso, dijo "si los chilenos están calmados, yo también".Tal vez nunca se hizo mejor cumplido a la ecuanimidad de una nación acostumbrada a los altibajos de la Tierra.
Sebastián Piñera tomó poseción y se ciñó la Faja. Sin poder imaginar la madeja de sorpresas que le depararía el porvenir. Los ilustres invitados regresaron a sus países para contar "las imágenes de televisión son nada para lo que vivimos allí".
Recuerdo que un diplomático cubano narró para el diario Juventud Rebelde, de La Habana, sus impresiones del terremoto en un tercer piso, con su mujer y dos niñas. Me pareció que lo había relatado yo mismo. Y nuestro Coco, que defendió Para vivir, de Pablo, en Viña del Mar, se quedó con las ganas de llevarse el Premio Gordo. Porque el Jurado, en votación póstuma, decidió que lo merecía la italiana Simona Galeandro con el tema Volare de Modugno y Miqiacci.Casi nadie compartió la decisión pero algunos pensaron que tal vez Chile, en la ruta de los Tratados de Libre Comercio con medio mundo, tuviera otro bajo la manga de Berlusconni.
Yo seguí trabajando con harinas y confettis. Preparaba mi viaje a los Estados Unidos. Hasta que pude partir vía Buenos Aires- Ciudad México- Reynosa- Mac Allen- Fort Myers. Pero ese es otro terremoto y todavía nadie ha podido gradarlo en ninguna esacala.
Hoy mismo aún me despierto en la noche con cualquier ruido demorado, creo que tengo taquicardia y me parece que no he controlado una presión arterial descubierta en Junio del 2010 tan alta que podría matar a un brontosaurio.Porque parece que los terremotos nacidos en las entrañas de la Tierra no han de tener la prioridad sobre los transitados en plena superficie.
Sin embargo solo puedo conciliar el sueño cuando me pienso en las colinas del Este de la Bahía de Talcahuano y miro allá, donde el Huáscar se balancea invicto, donde la isla se resiste a ser sepultada, donde la infraestructura se recupera, donde ya no está el barco en medio de la calle y donde el cliente sigue vendiendo productos con harina burlándose de mis profesías anunciadas en la ventanilla derecha de un camión.


Febrero 12 del 2011.
North East, Miami, Fla, USA.
Luis Eme Glez.

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