Maquiavelo.
La mujer frotó la yema de su dedo del medio sobre la piel de su axila.
_ Como las entrepiernas de Marilyn antes de
las golpizas de Di Magio.
_ Adoro las cosas impecables.
_ Cortesía de Laboratorios South Bay, querida.
_ Filial Sanhattan._ Tú lo has dicho.
_Tenías razón, tu dedo no me hizo cosquillas.
_ Porque es un dedo Diamonds._ Tú lo has dicho.
Lachy Cornejo giró como un marine y le dio la espalda. El ascensor estaba al final del pasillo y sabía que alguien lo esperaba. Caminaba como el último robot de Inquirer Machine Ltada. Debbie sintió el corrientazo a lo largo de la espina dorsal pero retomó el libro de su madre, convertido en silencio después que Mónica Lewinski abandonó Virginia Oriental. Amores imposibles era un buen antídoto contra los sueños estancados en el mar de las medusas sucias. Una noche, tras el último out de Los Marlins, Lachy le había dicho que su sistema genético, variante sexual, estaba diseñado solo para provocar orgasmos tremendamente selectivos. Entonces su clítoris se encogió como una lombriz de nieve y supo que sus nietos llevarían otro apellido en la remota verdad de porvenires.El as de bromas del latino podría ser una sorprendente luz en el túnel de su vida.
_ Por favor, bonita, no monitorees.
Vuelto desde la puerta observó el rictus amargo en la boca encantadora de Debbie Mac Wire.
_ Trataré_ jadeó.
En la calle, las torres de Sanhattan eran postal de ensueño recortadas en la cordillera nevada. Seis cuadras al Oriente, el Río murmuraba, cansado, su sinfonía de contaminaciones y las altas notas de la última inundación eran música siniestra en la noche de Mayo.
El Mercury esperaba frente al Pub. Dejaba de amanecer y todavía la ciudad reptaba entre sus sueños de melancolías perniciosas. Lachy lanzó un beso a las faldas del Este y se acarició los sobacos con pasión de oncólogo. Ni la mas mínima huella. Cicatriz cero. Conjunto nulo o vacío. Descartado Descartes. Piel de ángel. Como las nalgas de la Monroe antes de los honrones de Joe el Grande. Como la piel de Marlen Olivarri en la regia portada con rostro de la revista Cosas.Frotó sus manos en la interperie del invierno reciente. Con absoluta involuntariedad llevó su mano zurda allí, donde la tecnología primaria había puesto su toque preventivo. Vacunado contra todo flagelo estupefaciente. Se auscultó de nuevo. Pero con la mano derecha. Para respetar la Democracia, decidió.
_ A dónde, cubano?._ A donde sabes, hermano. Me dejó las llaves.
_ Nombre de Comuna con sabor a batallas
gloriosas.
_ Cuidado con la roja. Me gustan los poetas pero me quedo con los buenos choferes cuando se avecinan acontecimientos de alta intencidad.
_ Los choferes son como las Nanas. Lo saben
todo._ Proyecto Sanhattan Sex, confórmate.
_ No soy una Nana.
_ Tú lo has dicho.
La Comuna tenía nombre de batallas gloriosas y la calle tenía nombre de escritor famoso y las palmeras falsas le recordaban a los cocotales de su Patria y mientras abría la puerta metálica de la entrada una migaja de nostalgia aleteó su corazón. El aire cortante del invierno urgente se perdió en el acogedor encanto de la sala. Miró su cuerpo delgado en el gran espejo y antes de acomodarse el Giant neoyorkino hasta el borde de las cejas se encontró con la imagen del patio reflejada. El césped andaba como al descuido y la palma lloraba con lágrimas de pencas trashumantes. Le hace falta un jardinero y un divorcio menos, pensó.
En el refrigerador anidaban las cosas que Ella sabía le gustaban. Sus dietas mañosas eran poema culinario y el Madensa se ofuscaba de adivinaciones entre sus metales de rutina. Viven demasiado al Norte, por eso son tan regodiones, insistía. Te equivocas, querida, el "quimicoso" soy yo. Allá se come hasta piedras en la mesa del "invento".En la cama, medio hecha, el huevo frito con pan, el plátano maduro y el café desinstantáneo eran otro dolorosa invitación a la nostalgia. Le traían el olor de sus Sitios. Y casi le mata la morriña. Ese saudage de que hablan los gallegos entre fabada y vino tinto.
De modo que colocó en la cedetera el pasado perfecto de Rapahel Martos y observó el techo. Yo soy aquel que por quererte da la vida, el que te espera, aquél que sueña cada noche con tu amor.Apenas bajó el volumen cuando sonó el teléfono.
_ Jelou bonita._ Cómo estai?.
_ Bien, muy bien, a la raja. Desayuné,estoy en tu cama. No me permitas decir en "nuestra
cama", por favor. Escucho al Monstruo de Linares. La soledad es hermosa.
_ Te falta una respuesta._ Te falta una pregunta.
_ Te pusieron "eso"?.
_ Te faltaba esa pregunta, pero lo dije para
que no la hicieras.
_ Oh, el Gran secreto de triángulos, barras y
estrellas. Gracias, amor, por ser la
depositaria única de toda tu confianza.
_ Gracias por dejar que me masturbe con tus
dedos irónicos. Por lo demás, lo que fueres
sería por orden de Filial South Bay.Ahora,huéleme las axilas.
_ La "axila", querrás decir.
_ Quiero decir, muchacha.
_ Ya lo hago.
_ Qué olfateas?.
_ Nada de nada. Entonces está "instalado". Ah,mi hombre, mi suit buny de Indias, mi ramake de Superman.
_ Sabes que adoro esa mixtura de pasión e
ironías pero deseo dejarlo sentado.
_ Lo sé._ All for la ciencia, la lucha contra otra
especie de crimen organizado. Y si va
combinado con una pizca de placer, enhorabuena.
_ Me conoces.
_ Seguro, mujer.
_ Ya, chao, y mucha luky.
_ Ok, tú lo has dicho.Desde ahora cero
llamadas._ Ai nou. Oye, podís poner a Goreki?.
_ Seguro, espera.
Ella podía escuchar todas las baladas de la Década Prodigiosa que él eligiera siempre que las combinara con música folklorica chilena y terminaran oyendo a los grandes clásicos de la bell música que atesoraba en un mueble de araucaria chilota al oeste de la sala. Lachy jamás dejaba La Consagración de la Primavera, no tanto por degustar a Stravinski sino por disertar acerca de la enjundiosa obra del cubano Alejo Carpentier y discutir, por enésima vez, sobre el por qué ciertos Nobels estaban guardados en Vicuña y en Parral y en algún sitio de los tremedales de la Ciénaga pluviosa, y no en la sede de la Fundación en ciudad de La Habana.
Pero cuando descubrieron a Goreki la pasión fue tal que las colillas de Belmont y los fondajes ámbar de Pisco a la roca y los residuos de maní y papas de corte americano se acumulaban en la mesa de las cuatro de la madrugada sin competencia.Poco antes del alba, la sala de la casa en la Comuna con nombre de batalla gloriosa era una pequeña Scala.No seái malo, gallo, será un gran Teatro Municipal, decía, mientras Lachy picaba rodajas de limón al estilo Chilentino.
Lachy Cornejo la había conocido una noche del 2002 cuando Chilentino Brituentes le invitó a un carrete en Schiavetti con Santos Dumont, bajo la Virgen de Cerro San Cristóbal. Buscaba reconquistar amistades del pasado reciente, perdidas en los avatares imprevistos de la carrera por la vida.Cornejo siempre habría de recordar un par de cosas. Se estaba divorciando de su segundo hombre, olía como las cerezas antes de que la primavera las dorara y aseguró que tres cesáreas eran suficientes y había cerrado la fábrica de hacer guaguas.Pero era rubia, acababa de cumplir cuarenta y dos años y tenía dos ojos como esquirlas de piedra sudafricana sin pulir.
Uno de los hijos asesoraba a un gerente cibernético y andaba por algún lugar de California. Otro estudiaba Cine en la Costa y la bebita anidaba en la habitación más misteriosa del padre tratando de encontrar los hilos tenues que le regalaran la visión plástica sorprendente que buscaba desde que el sol se había desprendido de sus sueños.
Era una gran casa blanca al Poniente de la urbe y estaría a su disposición hasta las once de la noche. Ella regresaría después, cuando su celular musitara estoy camino al Barrio Rojo. Entonces la Amiga del Alma horadaría el espacio para juguetear con el compás de espera.
El Proyecto South Bay era la sencillez misma.Allí, en la playa anexada de la glamorosa ciudad estadounidense había debutado en secreto. Poco costoso y solo ejecutado por hombres comprometidos con el cumplimiento de la Ley, consecuentes en grado máximo con la labor ciudadana que realizaban.Después, un placebo de Texas agregó un detalle al Experimento. Si las cazadoras de machos aspiraban a un placer a medias, los conejillos podían dárselo en dosis superlativas sin dañarlas. Como dijo el poeta de Chicago " placer experimental provocado y honorario de cama inesperada con inusual deleite". Era algo así como una frase de Poe sin revisar pero había quedado en galeras penúltimas en alguna edición de Vogué. A la Comandancia del Proyecto le pareció bien si el "engendro rosa" no iba en desmedro de las cazadas y la fuerza y acción se descartaban. Por sugerencia de un pariente de Von Brawn hicieron más inteligente el chip.Chpdroide, bautizó uno de los bisnietos de Mark Twain.
Cuando uno de los canales de televisión privada de la Capital publicó una serie de reportajes de relación se destapó la alarma. Las cazadoras de machos proliferaban en calle Suecia como langostas patagonas.Entonces el Encargado de Asuntos Culturales de la Embajada norteamericana telefoneó a Nelson Mery. Sabía que Nelson andaba en plan de retiro a raíz del Caso Sexo Oral y aunque el pasado quemara sus entrañas podría sugerir a sus continuadores la aplicación del Proyecto South Bay en el país. Mery había compartido asados de ciervos lacustres con la Legación gringa, era su amigo y confiaba en la conducción legal del caso ahora que cualquiera soñaba con pescar en aguas revueltas como si residiera en Galilea.Además, estaba seguro que Ene Eme solo frotaba su pene en rostros hembras si había consentimiento en la otra parte.
La Embajada tenía un portador. El señor Nelson Mery pasó la información y Correa dijo sí. Insulsa estaba imbricado en su Agenda OEA pero tenía confianza total en sus subordinados. Tal vez porque continuar imitando forma parte de la idiosincracia de la nación austral y porque en verdad existe un interés real en el colapso de la macabra telaraña delictiva en cada una de sus aristas.
El señuelo que presentó la Embajada norteamericana al Ministerio del Interior era el autor de una carta política reciente en la que explicaba su interés por emigrar a Estados Unidos y las motivaciones que le llevaban a ello. Lachy Cornejo había agregado a la epístola su Expediente macabro rubricado por las autoridades de su país y aunque se sentía chantajeado por la Honorable Sede Diplomática estaba contra los violadores de la Ley, el trabajo era en verdad exitante y el premio consistía en el otorgamiento de la Visa estadounidense cuyo texto incluía el par de palabras mágicas "perseguido ideológico".
Lachy Cornejo era cubano, había llegado al país tres años antes y estaba dispuesto a todo si el final de la ruta estaba marcado por el Permiso de Entrada a los Estados Unidos.
El Mercury azul lo depositó en una de las arterias mas concurridas de Providencia. Lachy Cornejo enfiló hacia el Pub exclusivo. Tres cuadras al Oriente. A esa hora el hormiguero humano bien podía recordar a las calles de Tokio en hora pico o a las de La Habana cuando Luky Luciano y adláteres vacacionaban en el Malecón y todavía era prehistoria Allá. Sin embargo él destacaba por la incongruencia de su ropa y los pasos lentos, afectados, y la mirada buscadora de la media noche. Desde los ojos habituados a los trajes de invierno, el jean blanco de Donna Kuong, los mocasines café de Panamá Jack y la camisa floreada Lagarto de mangas largas y el pelo suelto, ofrecían una imagen extraña y un toque deshabitual en la zona rosa de la ciudad. Lachy Cornejo no era un payaso porque se sabía insertado en una sociedad indiferente, abismalmente ligth y cautivada por lo foráneo. Lachy era solo un turista caribeño, de piel blanca, con algo ajeno en su cuerpo, que andaba cazando una aventura programada en el corazón de Mayo.
Rompiendo aglomeraciones que transpiraban el smog de la sangre llegó a la sala donde bailaban cuerpos desinhibidos y los sexos eran mutaciones extemporáneas que hubieran encantado a Sigmund Freud. Ni él mismo, portador de chips genéticos con infinitas informaciones, hubiera podido disernir el ritmo que sonaba con aspavientos de apocalipsis en quiebra. Se trataba de una amalgama de Juan Luis Guerra, Dizzie Guillespie, Andy Montañez, Benny Moré, La Ley, Rubenstein, la salsa cubana intoxicada de Celia,Gloria, Willy y los vedados del interior de la Isla por las grandes disqueras y la libertad enjaulada, Basch, el merengue rioplatense y quizás el último cedé sin editar de Alberto Plaza.La gente danzaba sin orden, de manos levantadas, cogidos y liberados en el frenético fragor de la retahíla estridente. Encima,sobre el DJ, donde la capa de ozono es detenida por los techos abovedados, el humo conocido tras el olor prohibido adornaba el incipiente smog de la parranda y en los cubículos adyacentes las mesas secretas ofrecían la mercadería internacional con factura de La Legua.El éxtasis era absoluto dueño del carrete sofisticado.
Como un sonámbulo Lachy Cornejo recorrió la opaca geografía del Pub. Había desechado algunas voces ofreciendo amistad que musitaban "chico", "acere", "acoy", "consorte qué volá". Dejadas atrás, le recordaban el dulce acento que dejaron los gallegos en su entrampamiento con cada una de las etnias qué en Africa han sido. Había obviado otras insinuaciones de hembras de espanto porque las hembras del Proyecto South Bay no habían llegado y solo ellas eran capaces de activar el Animal de sus axilas. De "su axila", como dijo Ella en el celo inofensivo del alba inconclusa. Exigió un Papa Doble y un rubio desteñido con estilo de gaucho rosarino se lo preparó mientras vendía su agregado de receta vos sos cubano verdad seguro ché cho soy de achá guevara nuestro que estás en los cielos bienvenido gracias nene pedí nomas pibe que aquí no hay pelotudos lo que te dije ché.
Bordeando la una en punto el temblor del sobaco le hizo tamborilear sus manos sobre el mantel de la mesa sin acompañante. Los ensayos habían sido realmente sorprendentes. Allí estaban las dos mujeres. Parecían promoción de Ripley, soberanas potrancas navegando Sky con la suavidad de Bunny, desenfadadas y seguras con sus cabellos sueltos y la rara belleza que regala la seguridad y la inteligencia.Lachy las observó de reojo.Le daba la impresión de que se habían juntado para el desfalco dos razas nacionales. La morena, que habita hasta Talca, y la blonde rubia que pisa la yerba de Valdivia y los predios donde la inmigración oficial plantó sus huesos para pulverizar lo autóctono en aras del progreso. Amalgamada sangre de las Europas. Sincretismo inevitable en los albores de la nueva vida. Marlen y Cecilia. Macarena y Maruchy. Karen y Maipú. Ella y Ella.
Como un par de abejas trasnochadas caminaron lentas hacia él. Hacia donde el Instrumento las leía con sus fibras de vidrio adulterado en los metales que no son. Colimadas hasta el cansancio no podían evitar la flor de invierno que Laboratorios les había ofrecido como trampa macabra en la noche debutante. Creídas de que hacían su papel sin aditamentos accesorios, ejercitaron cada mirada furtiva con maestría de provocadoras sonámbulas. El las dejó acercar y en los dos metros se volteó. Hembras del minuto en que se hizo la luz. Dos postales de ensueño para la gráfica contemporánea.
Lachy Cornejo sabía que debía esperar la pregunta de ritual y tuvo la calma cinematográfica para recorrerlas de polo a polo con miradas aprobatorias y gestos de satisfacción. Las llegó a pensar desfazadas del Hampa. Como las cafeteras con piernas que en las mañanas se levantan para ir a la Universidad donde no es rector el Doctor Orozco y los créditos alumbran por su ausencia o compran el último bell seller para enterarse cómo se encamina a un niño sin padre, sin suficiente alimentación y con medio amor.En ocasiones adquirían el último éxito del Boom editorial.
Pero habían sido seleccionadas por el Proyecto SB. Cada máscara era tan interrogante como los cuellos de todos los cisnes que nadan su misterio en la laguna artificial del Parque del Recuerdo en la precordillera floridana.
Descomprimió su corazón y el segundo temblor axilar le avisó. La obra comenzaba. Un solo acto sin interrupción. Sin telón de fondo.Con seis millones de espectadores mediáticos en las plateas de los valles del Mapocho y del Maipo.
Para entonces el olor de las mujeres de Acá le acariciaba la nariz y una atmósfera de sutil seducción le colmaba como carpa cocida en los fuegos delirantes de los Jardines de Buin.El Aditamento de Laboratorios South Bay podía lograrlo todo.Excepto evitar una erección.
_ Estái solito?.
La voz callada era un cuadro de Monalisa antes de que Da Vinci la falseara.
_ Parece que estaba, poh._ Si querís podemos acompañarte, gallo.
La voz que había hablado se alisó el cabello con un gesto desoriginal y tomó el semivaso donde estaba el resto del Papa Doble.
_ Qué es?_ inquirió.
Lachy sabía que ahora tenía que dar una respuesta amplia y entregar su acento.
_ A ver, chica, es un trago que se hace en el
lugar donde nací, muy bueno para tomar con
boleros o salsa son.Pero hay que conformarse. Observen mis labios.
_ Bacardí o Havana Club?..
_ Así que son expertas?.
_ Algo se sabe, Gallo._ Eso me gusta chicas.
Mientras ellas miraban su boca él se colocó de frente. La mujer del vaso lo acariciaba como si masturbara a un plátano.
_ Para qué, poh?._ Bueno mami, para ver si algo desentona en mi boca.Ven algo fuera de lugar, extraño, no
sé?.
Se inclinaron para verla y sus pechos cayeron como dulces aerolitos de otro Espacio y se movieron con nerviosismo de vacantes.
_ Tenís la boca bien._ Oye, soi cubano?.
_ Si tengo la boca ok pues no habrá contagio.
Las invito a un trago.Ché,repite otro de lo
mismo, hermano.Si señoritas, soy del Caribe.
Ellas no habían participado en el desplume del Doctor cubano en Barrio Alto.Pero aunque no lo hubiera publicado la televisión sensacionalista, la noticia era comidilla en los círculos de la Nueva Ola.
_ Ya._ Ya.
El Papa Doble jugaba en sus bocas frutales y la humedad de sus labios le recordaba a las nubes indisciplinadas de las madrugadas suyas cuando era feliz y desde el cielo caía jugo de mango y tajadas de mamey, néctar de papaya y mermelada de guayaba en su lengua dominante y joven.Y él pensaba en conquistar la Luna montado en una yegua inglesa con motor Roil Roice y el Gran Proyecto South Bay no era infraproyecto ni en la cabeza privilegiada de Isacc Asimov.
De modo que el barman de Rosario repitió la dosis y él las dejó demorarse mientras recibían el trago e intentó no darse cuenta de como apenas se mojaban los labios en tanto celebraban el menjunge caribeño con paladar forzado de diosas delinquivas. El Animal de Axila era una verdadera maravilla de la ingeniería americana. Y ellas, dos vaquillas australes sin motor inglés y una Luna tan alejada que parecía de otra Tierra. Pero para él la Luna seguía cercana y cada uno de sus elíxires cosquilleaban su boca como en aquellas madrugadas en que pensaba era feliz.
_ Parecís millonario, cabro. Con tanta platapodís comprar el Pub e invitarnos toa la
noche, poh.
Treinta y seis meses era suficiente para conocer el chileñol.También la didáctica de Montesinos en La Cuarta le había ayudado.Los conocimientos amplios de Linguística Aplicada de Cornejo le permitieron asimilar el rumbo idiomático de los chilenos con relativa facilidad. Sin embargo las chicas hablaban con afectación y parecían gitanas. Como salidas de alguna ribera del Guadalquibir. Pensó que tal vez le hicieran un cumplido intelectual con la mención de su compatriota Juan Falcón que arrazaba en El circo de las Montini.
Lachy había sacado la billetera de piel de nutria que le regaló Debbie y estaba tan abultada como el vientre de la Bolocco en el octavo mes.Los billetes verdes, reales, eran irresistible tentación a un zarpazo de las plagiadoras. Y no era culpa del Banco Mundial. Ni de Izaguirre.
_ Al cambio actual soy un mino rico.650 pordólar.
_ Tenís dólare también?.
La masturbadora de bananos, evidentemente, había olvidado cómo sus ojos casi se salen de órbitas ante el sunami esmeralda.
_ Qué cubano no los tiene, muñeca?. Estoysacando el mínimo y la familia me los pasa
desde Mayami.
_ Soi un mino rico por partida doble.
_ Lo creís de verdad cabra?.
_ Los traís ahí, to juntaos?.
_ No, poh, cómo se te ocurre?. Los verdes
gringos están en la billetera.Querís verlos?.
_ Ya, poh.
_ Perdón, no debí preguntar al muerto si
quiere misa.Como no rieron, Lachy pensó que
la cita no estaba en sus wikipedias.
Lachy corrió el zíper de la gran billetera Karybux.La constelación verde taladró los ojos de las chicas de la media noche.El guión de PSB pulsó el instante.
_ Siempre caigo por aquí para toparme con
alguna chica que quiera divertirse.Me gusta
gastar la plata con minas ricas. Pero encontrarme con un par de encantos de su
clase es otro cuento.Son de la tele o hacen
comerciales?.
_ No, para nada.Somos dos mujeres comunes y
corrientes.
_ Pero no ordinarias, eh?.
_ Obvio, poh.Antes muertas que rotas.
La atleta del vaso le miró chupándose la boca.
Había transcurrido un lapsus._ Bailemos, poh.
_ Somos estudiantes de Parvularios, tercer
año. Y usté qué soi?.
_ Operador de Sistemas. Y trompetista.
_ Oh.
_ Siento no poder complacerlas.
_ Y?.
_ Tengo fractura en el tobillo y convalesco.
Pero puede ser otro día. U otra noche.
_ Cómo así?.
_ Traspiés en el Nacional. Y más encima
Cobreloa perdió.
_ Somos de la U.
_ Basta conque coincidamos en algunas cosas.
_ Cierto. Entonces charlemos y sigamos con el
drink, le parece?.
La mutación se llamaba ahora Lenguaje de Barrio Alto. E incluía el respeto.Drinkiar con usted, le parece.
_ Me parece._ Pero tragos nacionales, con todo respeto.
_ Tragos nacionales. Sin todo respeto. Pis
qué?.
_ Spirite o Ginger.
_ Gracias por no pedir Cola. Ché...
Antes de que ellas fueran al baño y el viera el fugaz movimiento de sus traseros enfundados en jeans de marca se había bebido unos cuatro combinados bautisados y estaba comenzando a simular la borrachera. No era mas que un aspirante a curado de copete científico. Todo era tan monótono. Sin trasvestis y sin el Chino Ríos y su tropa, sin Bomballet o Pasalaqua, sin el Negro Piñera o las amantes de Pinilla.
Así que decidió abstraerse del entorno.Eran las dos y treinta y debía provocar la ida o pedirla si no les urgía a las cazadoras de machos.Regresaron con el dúo de copas tocadas.Con las dos copas pócimas.Seguras de que el extranjero era el mayor gil de la nebulosa de Andrómeda.Quién dijo que los cubanos pasaban la escoba a la vera del Mapocho.Quién quería vivir de la nostalgia de los setenta.Acaso Silvio y Pablo no eran música empaquetada y Celia se moría de cáncer en Nueva York y Pancho Céspedes y Amaury Gutiérrez solo se oían en las emisoras compradas por las Casas Disqueras con sellos dudosos.Los cubanos podrían haber barrido Santiago en los años románticos. En el gótico, la escoba cambiaba de manos.No eran, además, tiempos de escobillones. Se trataba de épocas de clonaciones.Orishas, por ejemplo.
_ Podís darme...invitarme a un trago..convidarme...a esas dos copas. Quiero beber
en su honor. Son las minas mas exquisitas
que he visto jamás en esta ciudad en años,
se los juro. Y no es un cumplido fácil, no soy de esos, lo digo en serio,mamitas, muy
_ en serio.
_ Gracias.
_ Me encantan sus labios y sus cabellos. Sus
caderas amplias y sus muslos largos.Los
globos de sus tórax y el olor que exhalan.
Y me arrebata la manera como hablan el
español.
_ Y usté e el mino ma amoroso que hemo
encontrao en to Santiago. Usted es el Rey
de Calle Suecia.
Había un dispositivo en el chip que no alteraba el ego masculino. Lachy empinó el codo y les entregó las copas vacías. Estaba medio curado en la simulación perfecta.
_ Soi bueno pal trago._ Soy cubano, bueno para muchas cosas.
_ Sí?.
_ Sí.
_ Soi harto amoroso, sabís?.
_ Lo sé.
Cornejo apoyó los codos sobre la mesa. Dio un golpetazo de cabeza y entrecerró los ojos. Movió un pie y chocó las piernas de la rubia. Pidió otro trago. Las chicas no se cuidaron en bautizarlo por última vez. Lachy se despachó el sencillo y dijo son espectaculares y regias y medias minas y mijitaricas y ellas se rieron al fin y le acariciaron el pelo.
_ Con permiso._ Ya.
Las chicas se pararon y tuvieron una conversación privada. Porque ellas también tenían su libreto y la actuación no podía darse el lujo de contener fallos a destiempo.
Lachy sonrió. Testigo privilegiado de la ordinariez afectada y de la pueril estupidez de quienes consideran a la seguridad infalible. Así funcionaba la vida. Todo era una madeja de doble moral, juego de trampas, diatribas de honores y deshonores, increíble entramado de artimañas que cuando eran benévolas se llamaban morales en aras de una Cívica dudosa.Alguien tenía que izar la bandera de la victoria a toda costa aunque fuera en detrimento de una porción atrevida de la Humanidad.Lachy tenía por objeto conquistar la enseña y desanudar la soga para ningún cuello.
Tenían un apartamento propio. Podían ir a pie.Jamás habían tenido una experiencia de pareja con un solo hombre y estaban encantadas de vivirla. Lachy trastabilleó por entre la gente del Pub mientras las abrazaba por las caderas y les decía linduras y prometía instantes inolvidables en la cama tardía con voz de afectado por lo que ellas habían vertido en su vaso y en su copa. En la calle levantó los brazos hacia sus hombros, presionó sus clavículas, masajeó sus cuellos y bajó por los pechos hasta apoderarse de sus vientres túrgidos.Comenzó a frotarlos con la magia de sus dedos elegidos y cuando ellas estiraron el torso y contrajeron el cuerpo y se tomaron el aire necesario él supo que sus manos aún eran portadoras de pasiones aunque el amor se jugara en canchas prohibidas.
Dos árboles antes de que la luz se ofuscara y se hiciera una zona de oscuridad total Lachy Cornejo se dejó caer de rodillas. Estaba casi curado. Las mujeres tenían poco tiempo para desplumarlo y comenzaron la faena con precisión de brujas medievales. Cuando intentaban zafar la billetera, el auto se detuvo y tres hombres de civil se desmontaron.
_ Están detenidos. Hablen o no hablen, no
tienen derechos.
Una voz con acento anglo agregó monten altiro, con calma y sin aspavientos. Lachy se levantó, otra vez volvió a rodearles sus cinturas, les palmeó las nalgas y las besó en los ojos. Les sonrió con rictus de Valentino en el film que aun no se estrena y palmeó de nuevo sus traseros. Pero ellas no se dieron cuenta hasta que la Estación de Carbineros no aparecía y Lachy dijo las amamos chicas.
Treinta días después, la mujer que vendía celulares en uno de los Malls de la capital le visitó en su pieza provisional de Alto Las Condes. En la puerta había una bandera con barras y estrellas y otra con franjas y una solitaria estrella y otra sin franjas y una solitaria estrella. Lachy le hizo el amor de la única manera en que podía hacérselo y por última vez y mientras Ella prendía el Belmont exportó lo que se moría por brotar de sus otras entrañas.
_ Dijiste "las amamos chicas" y qué. _ Puedo ser breve, sin morbo?.
_ Te conozco.
_ Veamos. Quiénes integraban el trío de
policías anticazadoras de machos?. Dos
latinos probados en lo que puedes imaginar y un amigo del hijo del Encargado de Asuntos Culturales de la Embajada norteamericana,obviamente el del acento anglo.Por cierto,practicante aventajado de kárate y bastante probado también en lo que puedes imaginar.Con toda la delicadeza del Universo les tapamos los ojos con cintas de seda de la India y les atamos las manos con hilo de oro de Tailandia y esparcimos incienso vaticano por todo el auto y pusimos música monacal en tanto hacíamos el silencio de los corderos.Les pedimos no gritar porque no serían lastimadas y asi evitaríamos tener que sellar sus bocas con silicona azul.Diez
minutos antes de llegar al chalet del hermano del Senador retirado en la Precordillera colaboraron tras controlar sus nervios._ Wao. Dios mío, querido.Serás condenado en la más abrazante sección del Infierno.
_ Tú "no" lo has dicho, amor. Se trató de toda una sana orgía de cuatro contra dos y tu
imaginación no alcanzaría para calibrar los
aportes hechos al arte de amar esa madrugada
y todo el domingo. Algo así como un versión sintética y mejorada del Kamasutra, la realidad práctica del Cantar de los Cantares, la quitaesencia de las pasiones de Schezerada desazonada y cismática, el summun de las imaginadas hogueras horizontales de Kenita y Ban Ban,de Cecilia y Carlos Saúl, de Karen y Marcos, cada uno de los episodios Play Boy
reformados. Digamos, querida, la catarsis
del erotismo árabe turco potenciado con la
furia latina y la sutileza anglozajona.
_ ...si le besó hasta la sombra. Adoro tus
conceptos del morbo, Lachy Cornejo._ Tú lo has dicho.Solo quien viva su vida como un secreto puede decir que ha vivido de
verdad.
_ Y.
_ Hoy las chicas acaban de regresar de
Washington. Comandan el Grupo Operativo
que pretende y promete finiquitar ese tipo
de acto delincuencial en Santiago. Son
empleadas oficiales de la Embajada
americana, hacen part time en el
Ministerio del Interior, nuestras mejores
amigas y cobran en dólares y euros. Moneda
nacional para Cuenta Corriente.
_ Qué bien. Nos estamos civilizando. Manolito
Rodríguez graduado en Langely. Fanático de
las estadísticas tú, agrega algo, viejo.
_ Te sirve una disminución del 75 por ciento
en mes y medio?.
_ Me sirve...Hasta que las walkirias
encuentren otro método, supongo.
_ Proyecto South Bay Jr. dispone de varias
contrapartidas, descuida. Por lo demás,
deseo investigar a una pintora joven de
mucho talento e integrarla al Grupo
Operativo. Porque se aceptan vírgenes.
_ Desalmado.
_ Correcto. Como es amiga de la hija del
Doctor clonador de mariposas.
_ No fastidies, hombre. A ver, enséñame tu
pasaporte.
Lachy sacó el bicho sucio al que llamaba Vieja Perversa y Cawinera y se lo mostró. La mujer de las cuatro décadas jugó con sus folios inmemoriales y se detuvo en alguna pradera indeseada.
_ Te felicito._ Gracias, chiquilla.
_ Sacaré plata de algún lugar para ir a verte
a Mayami.
_ Lo sé.
_ No sé que voy a hacer sin ti pero ya lo
sabré.
_ No lo dudo, encanto. Tú sabes que yo si sé.
_ Cuándo partes?.
Lachy le enseño unos papeles parejos y bonitos en los que se imponía el rojo y el azul. Algún texto promocional decía American Air Lines.
_ Mañana. Así que esta es como una despedida.
_ Tú lo has dicho.Una pregunta.
_ Y mas también. El vuelo parte dentro de 27
horas.
_ Mejor dos.
_ Mejor. Acápite uno.
_ Usaste condón?.
_ No jodas.
_ Y entonces?.
_ Mejor "tres", verdad?.
Tomó su pubis castaño con todos sus dedos e hizo como si tratara de levantarla. Ella no se quejó. Entonces extendió la mano y el pulgar y el meñique se posaron en algún lugar de las caderas y descendieron juntas hasta la mina de lapizlazuli de Ovalle.En tanto Ella asumía que el Universo se le iba y cerraba los ojos y sus labios iniciaban el jugueteo de la espera Cornejo recordó la anécdota. Una de las tardes en que él no pudo llegar temprano de la Tienda
Ella se encontró con Flamenca en Seminario con Rancagua. La Bailaora le miró mientras, distraída, observaba a las palomas de Providencia picoteando migajas. Se acercó. Ven, que te leeré las Cartas.Nunca miré a una mujer que lo necesitara tanto. Le siguió como una autómata. Creía tanto en el Tarot como en la Biblia. Me estás volviendo agnóstica, decía cuando vagaban por los vericuetos de la Duda.
Detrás de Flamenca, era como dirigirse al Palacio del Asar.Escuchó retahílas de cosas. Pero se quedó con una. "Te enamorarás de un hombre al que dirás yo pudiera enloquecer por ti si lo quisieras". Como Flamenca no cobraba lecturas de Tarot si la cita no era conveniada, dio las gracias y bajó al primer piso. Lachy Cornejo abría la puerta de su pieza.
_ Acaso el Animal de mi axila no lo puede
todo?._ Excepto evitar una levantada.
_ Bueno, una erección es como el cáncer.
_ Ya. De modo que encontraste ese útero
disponible, esos ovarios fértiles, esas
trompas limpias, esa edad temprana y esas
interrupciones mínimas?.
_ Coño, qué lindo te quedó.En verdad,
paradisíaco._ No te burles. Y no digas coño. Dí chuta.
_ Chuta, qué regio te quedó.
_ De verdad existe?.
_ La encontré.
_ Puedo...
_ Adivinar?.
_ Sí.
_ Hazlo.
_ Debbie Mac Wire?.
_ Tú lo has dicho.
Mayo del 2004.
Santiago Centro.
Santiago de Chile.
Luis Eme Glez.
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