Sunday, December 26, 2010

Hijo del salitre.-

              ...cuando una mujer 
                 no pueda...

Subíamos buscando altura para poder  efectuar la comunicación radial cuando Agatha cayó en el hueco. Se trataba de un hueco huella gigante en el que después metería los dos pies. Intentando salir soltó los prismáticos, resbaló y puso una de las manos en el borde de otra huella. Le alcancé para ayudarla a levantarse y vi otro hueco y cuando lo dije ella me detuvo.
_ Dos huecos es normal para una mujer pero más merecen cierta consideración _ dijo.
Como soy museólogo callé esperando su opinión especializada. Siempre he creído que la arqueología y la paleontología se acercan mas a los misterios de la codificación de documentos o a las copias en cera para la posteridad. La seguí en silencio. Era una mujer hermosa pero las coberturas de invierno me hacían recordar a la señora de Heyerdal al borde de los hielos. Durante unos doscientos metros caminó como lo haría Sherlok Holmes tras la marca de algún zapato conocido. Cuando se detuvo miró al  abismo a punto de helarse, se pasó la mano por la cara y se volteó.
_ Son huellas de algún Big Foot subecuatorial.
_ Podrías decir "parecen"?.
_ Son huellas humanas por la forma.
_ E inhumanas por el tamaño?.
_ Sí.
_ No existen noticias de Pies Grandes mas acá de lo pantanos de Texas.
_ Las noticias verdaderas siempre serán penúltimas noticias. Creo que estamos en presencia de "nuestro" Abominable Hombre de las Nieves.Pero esa es otra historia.
_ Y no lo que nos trajo hasta aquí.
_ No puedo comunicar.Almorcemos y después intentemos de nuevo.
Por primera vez en dos días se colgó de mi mano y caminó de manera que cada dos pasos pudiera caer en una de las huellas. En silencio traté de hacer lo mismo pero no pude. Pensé quejarme diciendo que lo sentía pero no quise oír "dos huecos es anormal para un hombre". Mientras preparaba el atún entomatado miré como la nieve iba cubriendo el fuselaje del viejo Boeing pintándolo de blanco inmaculado. Cuando ella mojó la última brizna de pan en la salsa del pescado no se veía el avión. Me sorprendió mirando hacia el lugar donde debía estar. Se volteó para buscar el objeto de mi atención.
_ Dónde está?_dijo, y gateando al revés se colocó junto a mí.
_ Se lo fue tragando la nieve.
_ La puerta esta ahí aunque las huellas se perderán.
_ Hasta que regrese el Abominable.
_ Mira.
En el lugar donde debía estar el avión un rectángulo de nieve desapareció hacia adentro hecho polvo dejando una puerta oscura que simulaba la entrada de una caja fuerte. Agatha se mordió el labio inferior y se recostó en mi hombro.
_ No tengo información relacionada con esqueletos o momias que puedan hacer eso-expresó._ Qué te parece?.
_ Tal vez por el vacío.
_ Una salitrera medio imaginada y un par de eventos interesantes.
_ Quieres que te bese aunque solo fuera para demostrar que no vivimos un espejismo nortino?.
_ No. Llevame, sí,a la cabaña.Dentro de una hora volveremos con la comunicación.
Acunada en mis brazos la trasladé y deposité sobre el colchón inflable y salí. El rústico camino de piedra por el que subíamos al avión estaba cubierto de blanco. Pero la ventana oscura estaba y no me parecía que fuera una ventana indiscreta. Tenía la esperanza de que asistiéramos a una nevada sencilla, de esas que sorprenden a casi cuatro mil metros de altura y enseguida se esfuman como si quisieran advertir que siempre estaremos en territorio vedado. La ventana me obligaba a observarla como si fuera un espejo mágico y se trocaran los papeles en otra leyenda narcisista de los hielos. Liberado del hechizo giré para meterme en la casa de campaña. Agatha me había negado el beso pero no podría evitar regalarme su calor aunque fuera con el pretexto de asesinar al frío. Cuando fui a encorvarme sentí el aleteo a mis espaldas. Una bandada de cóndores diminutos volaba hacia la ventana en formación de ataque. Poco antes de penetrar estiraban las alas y planeaban para introducirse en el avión. Miré al fondo para saber cuando acabaría el desfile en el instante en que Agatha me puso el mentón en el hombro.
_ Ahora llegarán los padres.
Pastoreando el rebaño alado dos grandes cóndores reales esperaban por el último vástago. Entonces alzaron el vuelo y se fueron al este. La ventana continuaba abierta.
_ Dónde andarían?_ le pregunté.
_ Aprendiendo a volar_ contestó, mientras me halaba al interior.
_ Tremenda madriguera_ agregué.
_ El Abominable Hombre de Nuestras Nieves es japonés.
Estaba buscando una respuesta broma cuando sentimos que el techo se levantaba y los soportes comenzaban a desprenderse de sus bases.Un estruendo de impulso nos dejó al aire libre. La casa de campaña voló hacia el norte y vimos como el par de cóndores la acomodaban en la entrada del avión y se marchaban planeando sobre nosotros.
_ Durmamos, porque es lo último que pasará esta tarde_ dijo Agatha, con tanta naturalidad que llegué a pensar que lo tenía todo planeado.
No soporto a las mujeres que despiden gases ni a las que roncan. Agatha hizo ambas cosas mientras yo recordaba al abuelo al fondo de mis ojos. Agatha parecía un foie grass preparado esperando por el horno. Yo también, pero se me antojaba que estaba embalsamado en plástico barato y no precisamente para que las generaciones futuras me desenterraran de la quebrada del avión. Agatha inspiraba el aire helado del interior de su Doyte haciendo un ruido de excavadora con desperfectos mecánicos y lo expiraba como si fuera una leona hambrienta botando gases sin contemplación. Desconcentrado de mis nostalgias jóvenes salí para tenderme en la base de la escalera rústica que llevaba a la puerta del avión. Me di cuenta que hacía menos frío y me dormí al instante. Mis lecturas de la interpretación  de los sueños y de tanto texto relacionado con los misterios del cerebro nunca me dijeron nada. No sé por qué soñamos ni entiendo la medida de lo recordado. Mucho menos soy capaz de disernir entre sueño de una tarde de invierno y recuerdos de un anochecer de cordillera. Me ocurren esos eventos y los asimilo o los detesto con tanta naturalidad que pueden parecer necesidades naturales específicas. Yo quería recordar al abuelo tres días antes en el fundo pero lo soñé tres días después en la quebrada del Boeing y al soñarlo lo estaba recordando en medio  del sueño.Ojalá haya por ahí algún manuscrito inédito de Freud que toque y analice el tema. Aunque solo fuera para ver como los editores se buscan la plata a costa de los genios. Lo que no quiere decir que acepte la denominación genio en el sentido estricto. Los genios existen en la medida en que el hombre siga siendo un ser ordinariamente racional. Entes de ese tipo somos abuelo y yo. Por eso existen personas como Agatha. Pero lo importante es que abuelo se paseaba por el sueño en el centro de los acontecimientos que nos habían llevado allí y solo se detenía para decirme en el porche de la casona familiar no olvides bajar a esa quebrada porque puede ser la salitrera fantasma bajando de Charaña al sur no creo pase de cincuenta kilómetros y está después del cerro con forma de león en reposo. En el sueño de la quebrada del Boeing yo le decía abuelo bajando al sur desde Charaña no salgo de territorio boliviano y él respondía el cerro aleonado está al oeste y lo verás desde el sur franco por ahí quieren a los chilenos. En el sueño del fundo abuelo aseguraba haber avistado desde el helicóptero una especie de torre punteaguda con dos edificios perpendiculares y una escalera tradicional que se elevaba hasta la cima de la torre. Estaba en una quebrada pequeña, rodeada de cerros pelados, muy profunda, y una de las ocasiones en que sobrevoló el sitio había nieve. Le prometí recorrer la geografía pero consciente de que tendría que inventar un buen pretexto a mi regreso.Especializarme en ciclos salitreros me costaba estos pedidos familiares. Pero cuando acepté para negarme luego aún Agatha no estaba segura de poder acompañarme.
Gran parte de los últimos tres años los había pasado realizando el catastro de las trescientas ochenta salitreras del Norte Grande y robando tiempo para integrar el equipo que debía presentar a la Unesco el Proyecto Sewell  para su posible consideración como Patrimonio de la Humanidad.Un personero importante con aspiraciones de integrar el próximo Ministerio de Cultura me había logrado una beca de dos meses en Nueva York para asistir a las conferencias del Museo de Cera de la Gran Manzana porque uno de los objetivos a mediano plazo en el Ministerio era construir un museo independiente que recogiera en cera la historia del salitre y del cobre en una nación que había vivido de ambos y parecía estar marcada por los frutos de la tierra para mucho tiempo.
Engaveté unos pocos documentos inéditos que me habían traído desde Concepción relativos al paso de Darwin por Huachipato camino a Chiloé, cuyos portadores aseguraban eran borradores de manuscritos del inglés luego vaciados en su monumental Viaje de un naturalista alrrededor del mundo, obra no publicada en Chile, y volé a Estados Unidos. Tantos libros y películas y artículos acerca del famoso museo me acercaron allí sin complejo de indio subecuatorial y no me sentí elefante en ferretería ni gato drogado en sala de espejos. Miraba a los elementos encerados como si fueran conocidos y les saludaba con mohínes de hombre de mundo. En verdad pensaba mas en el maravilloso libro de Meternik sobre las abejas qué en la cera que producían para solaz de los artistas. Esperaba asistir al partido de Rodrik en las canchas de Connecticut pero la rubia con pecas que impartía la conferencia terminó diciendo que las bondades del Museo de Cera neoyeorkino  era la nada misma si no se visitaba Londres, donde estaba la mata de la especialidad. Yo lo sabía pero calculaba que lo asimilado en la ciudad fuera suficiente y además no contaba con  viáticos para cruzar el Atlántico. La decisión me hizo  olvidar al Niño Malo de Omaha y como no había ya tenistas chilenos en competencia me fui al Central Park para correr un poco y preparar el retorno. Por la noche llamé a la persona que me había logrado la beca y a la mañana siguiente me dijo que regresara porque en realidad no encontraba la manera de adivinar fondos para que pudiera continuar a Londres. Sin embargo la visa tenía validez para otra semana y me recordó que si me gustaba el maní confitado no era mala idea comprar una bolsita en el Bronx y meditar sobre el Puente de Broklin. Intigrado telefoneé a Agatha que estaba trabajando con momias yucatecas en Veracruz y me soltó una andanada de garabatos tan espeluznantes acerca de mi estupidez que sin ripostar me fui al barrio, encontré al compatriota manicero, me presenté y después de una andanada de quejas a lata tendida me entregó un cheque en blanco y un paquete de bonos con garantía del Estado Chileno. Muerto de la risa me dijo que acababa de recibir un gran royaltie de los agricultores de Alabama a los que compraba el producto y promocionaba a pura voz en las calles de la City."De la Gran Babbylon Apple", musitó.
El aguinaldo inesperado me llevó a Inglaterra. Y casi volando de nuevo desde Heatrhow para no llegar a Maribonno Road NWSL 15 LR y Madame Tesaud Experience en horario punta entre la niebla de Londres, pude asistir,embelezado, a las excelentes charlas de los herederos de la  Tesaud y beberme, in situ, todo el entramado técnico a partir de la cera que permite el secreto profesional.En la despedida, tanto como el adorable fantasma de la artista gala y el adivinado halo  de la suntuosidad cortesana Luis XVI, la encerada familia Bekham parecía ser dueña de los aconteceres.En Hide Park los niños de Bruce Willis no querían maní americano y solo aceptaron cuando me acerqué a Demmy y le susurré soy chileno y ella le gritó al duro de matar qué era un regalo de Leonor Varela para los chicos.
La segunda visita conferencia nos llevó a Birmingham para mostrarnos el ciclo del carbón y aunque la casa Beatle se estaba reparando en Liverpool pudimos visitar Staford Von Avon y en verdad os digo que todos pensamos que el hombre adusto y encollado que se encuadraba en las paredes a la vera del Río era nada contra aquel que la gente de la Tesaud había encerado en sus aposentos. Finalmente el tour acabó en Gales para que conociéramos cómo se confeccionaban en cera las antiguas fundiciones de la Revolución Industrial.No hubo tiempo para tocar Cardiff: además, Tom Jones estaba en Las Vegas.Pero pudimos disfrutar de los castillos reales y sus propios museos de cera en los que un día serán inmortalizados los hijos de Lady D.
El manicero del Bronx continuó riéndose cuando regresé para devolverle los sobrantes verdes y me pidió euros acabados de imprimir en la City.Quiso saber el monto ahorrado."Suficiente para dos días en Cancún  con Aguy , una buena silla de ruedas alemana para el abuelo y el alquiler del trineo en la Cordillera"_dijo, golpeándome la espalda y haciendo un guiño cómplice. No me aceptó un Pisco Sauer en calle 42 porque Heraldo Munoz lo esperaba en Central Park para la minimaratón de rutina.
Agatha estaba ahora en Egipto y me dijo que si podía esperarla un día mas adelantaría el regreso a México pero que reservara en Baja California porque la costa atlántica azteca le traía malos recuerdos por su cercanía a Cuba. Ella siempre me  intrigaba y cuando yo quería saber me cortaba diciendo "te corté". Agatha llegó cinco minutos antes de la salida del vuelo de Lan y cuando esperaba oír lo siento dijo que de todas formas no esperaba acostarse conmigo.Respondí cómo está tu hijo mientras los pasajeros me empujaban hacia el túnel.Me volví buscando una respuesta pero la vi llorando y al leer sus labios me pareció entender bien,gracias.
Abuelo me gritó que prefería morirse antes que usar una silla de ruedas por muy alemana que fuera y que esperaba poder vivir muchos años para demostrar que un hombre debe arrastrarse con un bastón durante toda su vida y cuando caiga no tiene otra cosa que suicidarse.Así que empleó el obsequio del manicero del Bronx para suscribirse al Gran Universo de los 500 Canales y comprar cinco MP3 para los sobrinos, que pasaron la noche en el baño tras atragantarse con maní confitado de Alabama.
El Departamento de Arqueología Industrial decidió comenzar por Santa Laura y Humberstone porque eran las salitreras que esperaban para convertirse en Patrimonio de la Humanidad y habrían de ser el cuarto y quinto sitios sagrados por cortesía de la Unesco y la comisión encargada, después de Isla de Pascua, Valparaiso y las iglesias chilotas.Necesitaba a un arqueólogo y ahora no había nadie disponible.Mencioné a Agatha pero me  contestaron que había un acuerdo con la UNAM, inviolable, que incluía colaboración con Jordania e Irak.Dije que suponía ella estaba en la fase final del contrato y que me parecía le interesaría el tema de las salitreras esperando por la eternidad de la cera.Parece que Agatha seguiría para Guatemala y las selvas del Darién tras concluir sus compromisos en México.De modo que tendría que esperar por un español que llegaría en tres meses y que era curador de Altamira y director de uno de los museos de cera mas renombrados de  Cantabria. De todas formas telefoneé a Agatha y le conté. La rubia croata montó tremendo escándalo y contestó que se pasaba todos los contratos centroamericanos por donde yo sabía porque estaba cansada de comer tortillas de maíz fermentado y subir pirámides imbéciles y soportar la horrenda ardentía de los condenados chiles sin encontrar verdaderos motivos arquelógicos en las selvas del Itsmo. Dijo que sabría cómo regresar en una semana y que no aceptara al gallego por nada del mundo ya que nadie había demostrado de verdad que las pinturas rupestres no fueran obra de Picasso, al parecer posiblemente involucrado en los atavismos descomunales de Atapuerca. Agregó que no defraudaría a un hombre que podría haberla despreciado en aras de la promiscuidad compartida sin compromisos pero que jamás lo haría con alguien que le había roto el corazón en un aeropuerto basura preguntando por su hijo mientras ella llegaba tarde.Recordé sus ojos acuosos y sus labios hablando en la sala de espera y le pedí no hacer nada comprometedor en un mundo excesivamente profesional y serio y contestó que no aceptara al español porque ella llegaría de todas maneras.
Se apareció en Santiago una tarde plomiza de abril con un documento firmado por el rector de la Universidad de Monterrey en el que la liberaba de los trabajos en México por vacaciones y le eximía del viaje al Medio Oriente porque los acontecimientos geopolíticos de la zona habían parado de momento toda investigación arquelógica.Me preguntó cuándo partimos y dije que mañana. En realidad salimos una semana después. Convenció a su madre para que permitiera que su hijo se quedara con mis sobrinos en la casa de campo y le aseguró al abuelo que revisaríamos esa posible salitrera al oeste de Charaña.
Durante el vuelo al norte le dije que si estaba loca prometiendo a un anciano cosas incumplibles y me contestó que lo tomaríamos como un picnic camping después de tanta momia falsa y de tanto smog defesino.Además,insistió, detrás de cada león en reposo hay una manada de ciervos bíblicos esperando por los pastores del Edén.Para justificar su negativa a visitar la última salitrera en María Elena dijo que ya estaba hasta la cresta de Sociedades Anónimas sobre todo después del caso Colo Colo y que jamás iría a un lugar en el que seguramente no conocerían la cera y era comandado por una empresa llamada SQM, nomenclatura buena quizás para mediocres programas televisivos pero que a ella se le antojaba traducir como sálvese quien muera.Mi interés por recorrer María Elena se estrelló contra el valladar de su dictadura aún cuando no estaba en los planes inmediatos del Ministerio.Las oficinas conveniadas parecían molinos de viento en la Mancha Grande, estructuras gigantescas y vetustas en la mas descomunal soledad. Agatha dijo que estaba cansada de mis símiles literarios y aseguró que mas bien parecían despiadados petroglifos eclécticos sobre un mar de polvo volcánico donde el agua corría por su ausencia. Fui a decir que también me cansaban los suyos pero se adelantó callándome con el dedo clásico sobre la boca. Hice, en esta oportunidad, lo que aprendí en Londres y al pasar por Colchane compramos mercaderías brasileras y un par de chombas paceñas.Agatha no paró hasta encontrar una rayada con colores vivos y me preguntó cómo iba el presupuesto del manicero gringo. Aún había remanentes del royaltie sureño y dijo que por lo menos no se trataba, en esta ocasión, de lo que el viento se llevó.Quería la plata para comprar una bolsa de hojas de coca y seis pitos de marihuana paraguaya.No objeté nada porque sabía me diría que estábamos en territorio de no prohibición y que la yerba era obvia por su condición de raftafari y sus bondades terapéuticas.Me alegró que Agatha apenas supiera que Colchane era un sitio chileno en el altiplano andino, desinteresada, al parecer, de connotaciones filológicas. De modo que me sumí en una mudez de linguística aplicada y solo meses después lo sabría:quicha es un tipo de pasto.
Agatha es una de esas rebeldes sin causa y sin remedio que tenía que soportar a menos que la despidiera y no estoy preparado para cosas imposibles.
Estábamos a unos cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar y se anunciaba el invierno altiplánico con crecidas y deslizamientos cordilleranos. El único chileno en Charaña buscaba provisiones en Arica y solo después que les regalamos algunas marraquetas a sus deudos fue que nos creyeron y entonces el hijo mayor estuvo listo para acompañarnos hasta el lugar donde el camino doblaba hacia Occidente.El muchacho dijo que jamás habían traspasado el cerro del león reposando porque no había nada mas allá pero que estaba seguro de la existencia de un desfiladero por la derecha para seguir. Siempre que llegaron a la cumbre del cerro aleonado no vieron otra cosa que un abismo nebuloso encerrado entre montañas peladas. La gente del poblado cercano no sabía de ninguna oficina salitrera por esos lados.
El desfiladero se hizo camino sobre el lecho de un río seco y cuando entramos a la quebrada el espacio era perfectamente circular entre los cerros caídos a pico y no debía ser mayor que la pista de rodeo de Rancagua. Polvo desértico en el suelo, retazos de nadas y una sensación de haber llegado a algunos de los centros de la Tierra. Preparamos la casa de campaña, almorzamos y nos tendimos a esperar que se fuera la niebla. Estábamos en el fondo de un gran embudo y no veíamos ninguna posibilidad real de que allí, del otro lado del león en reposo, hubiera una salitrera fantasma. La noche nos aplastó con mas niebla y como no pudimos encontrar el camino de subida la comunicación radial volvió a ser infructuosa. Decidimos dormir y cuando Agatha se acomodaba el blusón miré la sombra de sus pechos pero antes de que pudiera cambiar la mirada dijo ni lo pienses aunque me mate la nostalgia por la visión fatal en el aeropuerto de Ciudad México.
La niebla desapareció a media mañana del otro día pero ni desde el lomo del león pudimos comunicar con Santiago. Evidentemente era una zona de señal cero. Regresamos para bojear y mirar. No me explicaba que pudo haber visto abuelo desde el aire en aquella furnia inmunda y misteriosa.Tal vez la alucinación de la muerte que sorprendería diez kilómetros después en los arenales calcinados del desierto. La muerte solo sorprendió al piloto porque abuelo salvó la vida después de arrastrarse durante quince días hasta un remoto puesto fronterizo donde los primeros auxilios se volvieron postreros y a cambio de la invalidez eterna contó cómo el helicóptero se había estrellado contra un pico nevado que no estaba en los mapas. Abuela decía, bromeando,  que con un poco mas de arrastre hubiera podido haber intentado llegar al Plano y allí tratado de venerar y pedir una manito al sitio donde fue encontrado el súbdito del Imperio Inca en 1954.
Agatha chocó con algo y al caer puso la mano sobre una especie de plancha de cemento. Se quedó pasmada y dijo mira al cielo. Unos cien metros arriba nuestro había un avión descansando sobre una base inmensa y cuando llegamos vimos que la base era como un helipuerto porque el avión cabía justamente y del otro lado el abismo era idéntico y al ala gravitaba sin moverse. No se trataba de escalones sino de piedras dispuestas al natural. Agatha me pidió subiera delante y tres o cuatro escalones antes de llegar a la puerta abierta miré las amplias letras y leí el nombre de la Compañía aerea norteamericana conocida y la marca de la aeronave. Era un Boeing de mediados del siglo XX pero el número se había borrado. La nave estaba intacta, con los colores tradicionales norteamericanos azul, blanco y rojo, y parecía que se disponía a despegar. Me di cuenta que le faltaba el tren de aterrizaje pero calculé que estaría en su lugar porque no pudo eyectarse en el instante del impacto forzoso. Agatha me ordenó entrar y terminé de subir los pocos escalones pétreos. Vi el pasillo entre los asientos y la pared que separaba la cabina de la tripulación. Impecable. Dentro era el pasillo alfombrado, las dos hileras de butacas con sus cueros caoba,los portaequipajes del techo y los lumínicos. A mi derecha estaba la puerta divisoria. Agatha me pidió revisar primero el pasillo. Ahora me precedió. Los cojines se ofrecían con una limpidez casi insultante y una soledad de claustro.Ni una brizna de detritus. Abrí la puerta del compartimiento de popa y me  paré apoyado en los marcos de aluminio sin hecharme atrás. Estaba en presencia de parte de "mi mundo" y del "mundo todo" de Agatha. De modo que la invité a seguirme.
Los cuarenta y seis cadáveres adultos estaban  de espaldas, sobre sábanas de arena y miraban al sur, envueltos en esteras de totora. Agatha dijo que le parecía como si tuvieran cuarenta siglos de sueño. Agregó que pisaba terreno firme y que estaba segura de lo que encontraríamos en la cabina de los pilotos.No toques nada, me pidió y la seguí.Los cuatro esqueletos estaban desnudos.Dos acomodados en sus asientos y otros dos cruzados contra la mampara divisoria. Agatha dijo son las aeromozas y se detuvo en el lugar de los cadáveres niños, detrás del asiento del piloto.Los infantes tenían máscaras pintadas con colores oscuros muy fuertes y solo eso los diferenciaba de los cadáveres adultos.La Caja Negra estaba en su sitio y sabía que solo era cosa de que los expertos la revisaran.Agatha me pidió mirar mejor los portaequipajes por si había mascotas preparadas y solo encontré seis grandes huevos con manchas café al fondo. No los toques, ordenó. 
Con la fogata de por medio me dio los titulares de una noticia que yo conocía. Pero ella era la especialista. Ahora que no había sitio para conservar las mas de mil quinientas momias multiétnicas encontradas en los últimos tiempos, estimaba que el avión era un excelente  lugar para ello y si bien no era la salitrera fantasma del abuelo bien poda ser el Museo Chinchorrero del Altiplano. Alguien había momificado los cuerpos de la misma manera en que lo hacían las culturas pescadoras recolectoras hacía mas de siete mil años. El trabajo era impecable y que ella supiera era la primera vez que seres humanos modernos y de otra cultura eran embalsamados con técnicas de artificio. Se trata, dijo riendo con melancolía, de un cementerio chinchorrero sin cruces o de mausoleos entre una armazón metálica sobredimencionada en la paganidad, un camposanto aéreo, una verdadera novedad y un misterio a resolver para gente que no tenga nada que ver con la museología clásica o la arquelogía no menos clásica.
Esperábamos tener mas suerte mañana con la comunicación radial y para ello pensábamos llegar hasta Charaña si era menester encontrar el lugar adecuado para captar la señal.Ahora nuestro mensaje debía mutarse. El vamos en camino era solo una pequeña frase del ayer cuando Agatha no había tropezado con los peldaños naturales.La frase a pronunciar era algo así como vengan con expertos aeronáuticos, el profesor Droguet y el abuelo de mi compañero.Porque, evidentemente, Agatha sería la redactora locutora del SOS sin urgencia.
En el sueño Agatha se levantó desde su lado en la fogata y se metió en la carpa y yo me quedé fumando un pito de yerba contrabandeado en la frontera.En la base de la escalera natural que subía hacia el Boeing Agatha me golpeaba las costillas y gritaba que habían pasado las dos horas y que no había nieve.
_ Subamos por los condoritos_ dijo, tomando la delantera.
_ Si la puerta está cerrada, Agatha.
_ Observa, dormilón.
Agatha me señaló al este. Sobre un acantilado dos cóndores flameaban una tela azul con rayas doradas. La sostenían del pico y aleteaban sobre el abismo en un juego de despegue imposible.
_ Mira al Boeing.
La puerta estaba libre, por supuesto.
_ Sígueme.
Los  condoritos diminutos dormían en los asientos. Recorriendo el pasillo nos dimos cuenta que había seis butacas vacías.El cuidado conque caminábamos era mas que silencio y fue roto por una orquesta de chillidos que sonaba encima.
_ Cuántos huevos contaste?_preguntó Agatha.
_ Seis.
_ Están rompiendo el cascarón.
Cuando bajamos el sol horadaba la arena y enseguida que subimos a la cima del león en reposo los cóndores nos sobrevolaron y fueron a dejar el techo de nuestras noches en el lugar de siempre. Intentamos la comunicación desde allí pero otra vez no pudo ser. Entonces retrocedimos hasta donde empezaban las huellas del Abominable para partir desde cero rumbo a Charaña e ir probando a medida que nos alejábamos. Había otra hilera de huellas idénticas pero no tenían mucho que ofrecernos, de modo que recorrimos unos metros en paralelo a ellas y cuando fuimos a doblar al este un remolino de polvo dejó al descubierto un gran escondrijo de fibras de totora y unos pocos utencilios pétreos.
_ Material descarnante, rearmante y 
ornamentante_ dijo Agatha, y agregó "de prisa que el asiático nos echó el ojo".
El camino del león en reposo terminó y aún no podíamos comunicar con Santiago.Ibamos a hacer el ángulo de noventa grados para tomar hacia Charaña cuando vimos dos cosas. A nuestra izquierda un simio gigantesco se acercaba, manoteando y golpéandose el pecho como un Kin Kong cordillerano. Al frente alguien venía pastoreando un rebaño de llamas. Observé que traía una escopeta y le pedí que disparara al aire. El hijo del compatriota lo hizo por reflejo ordenado, dos veces, y el Abominable se perdió en los espejismos del Altiplano.
_ Ustedes tienen totoras en el almacén?_ preguntó Agatha.
_ Qué se hizo la cosa?.El muchacho no quitaba la vista del sur.
_ Es un oso ruso que tratamos de adaptar. Contéstame la pregunta.
_ Ahora no.Siempre se desaparecen.
_ Para dónde vas con tus animales_ pregunté.
_ Iba.Regreso con ustedes porque aún me quedan tres cartuchos.
_ Me parece correcto. Regreso tu papá?.
_ No.
_ Pensé que me dijeron dos días.
_ Telefoneó anoche. Hay un concurso en Arica para elegir a una mujer reina de algo que se llama sunami y él no se lo va a  perder.
Agatha me miró y dijo con voz queda"son los espejismos fantasmagóricos de que nos habla Letelier".
_ Dice que se pondrá desnuda sobre el Morro hasta que llegue una ola enorme que arrazará con todo.
Le dije muy quedo a Agatha que le iba a preguntar algo.Está bien, pensó ella.
_ Y qué dice tu mamá de eso?.
_ Cuando una mujer oye todo el tiempo que le dicen que es igualita a la matrona de Evo Morales no tiene mucho que opinar.Aunque a veces le responda"está bien,Alvaro Salas,de frente Tierra" o "eres mas baboso que el agua del Titicaca".
_ Has estado en Arica?.
_ No.
_ Y qué grado de escolaridad tienes?.
_ No sé, dejé la escuela en el quinto básico.
Agatha le acarició el pelo hirsuto.
_ Hablas muy bonito, encanto.
El chico de Charaña no se inmutó.
_ Leo los libros que me manda.
_ Que te manda quién?.
_ El veterinario de Isluga.
Agatha volvió a mirarme pestañando y negando con su cabeza y mordiéndose los labios. El Altiplano es un asesino de neuronas. Medio kilómetro después el muchacho tuvo que disparar otra vez porque aunque no vimos al Abominable sentimos sus bufidos.
_ Puedes seguir pastoreando porque no vendrá más_ dijo Agatha, mientras sonreía porque se estaba comunicando al fin.
Esperé que hablara y cuando me dio el micrófono pedí otro especialista nacional en Hombres de las Nieves y dije que se comunicaran con Estados Unidos o con el departamento de National Geographic en Santiago.Nos ordenaron permanecer en la casa del chileno y aseguraron que llegarían mañana por la tarde.
Nos acomodaron en un cobertizo al fondo de la casa y después de comer Agatha llamó al muchacho.
_ Puedes quedarte con nosotros hasta la media noche?.
_ Por qué no?.
_ No tienen totoras ahora, verdad?.
_ Ya le dije que se perdían.
_ Correcto.Quiero que me prometas algo y que guardes silencio porque eres muy inteligente y las personas inteligentes nunca traicionan la palabra empeñada.
_ Usted también habla muy bonito. Dígame.
_ Gracias. A lo mejor yo he escrito los libros que"te manda"..._sonrió. El ladrón de totoras es el mono grande al que disparaste y roba por la noche.
_ No me dijo qué era un oso ruso?.
_ Fue una broma.Escucha, convence a tu papá de que cambie el sitio donde almacena las totoras y las asegure y verás que no se desparecen mas.Pero vela la última noche para que lo veas con tus propios ojos y no dispares que él se irá y no volverá.
_ Es una cosa así como el Yety del Altiplano?.
_ Algo así_ dije, y pensé en el gran Preceptor que debía ser ese Veterinario de Isluga.
_ Entonces quieren cuidarlo porque se puede extinguir y seguro llamaron a los que tienen que estudiarlo.
_ Exactamente.
_ El problema mayor es que puede morir de sed.
Después de haber citado a Alvaro Salas no me extrañaba que tratara de colar un chiste en medio de la seriedad de la charla.Seguro sería experto también en Coco Legrand.
_ Y - preguntamos.
_ Parece que tendrán que venir nuevos Presidentes para Bolivia y Chile.Daba la impresión de que el Acta de Charaña, firmada en 1975, entre Pinochet y Bánzer resolvería el impasse diplomático y la mediterraneidad de Bolivia. No lo logró.Desde 1960 se litigia por el uso del agua del río Lonca.Yetis y  humanos, todos corremos peligro.
Mirándome, Agatha asintió.
_ Oye, por qué no te la juegas en el Programa de Don Francisco Quién quiere ser millonario?.
_ La próxima temporada.Debo precisar algunos detalles históricos.Igual quiero arreglar la estación de ferrocarril antes.
_ Me parece muy bien.Por qué no aspiras a un cargo público cuando tengas la edad?.
_ Todo a su tiempo, sí.
El sabía que la conversación había terminado.
_ Y cuándo vendrán los de Santiago?.
_ Mañana.Pero vendrán a otra cosa y te llevaremos con nosotros.
_ Gracias.Esta noche no vendrá, verdad?.
_ Hay totoras?_ dije.
_ No será que se esconde de los ruidos en Parque Paddidi?_ preguntó.
Le miramos.El Abominable Hombre de Nuestra América.Habrá que conseguirle una beca en la Universidad Católica, decidimos.
_ Desde cuándo no ves al veterinario?_ inquirí.
_ Desde que vino el polaco con la motocicleta.No _ reflexionó_ en realidad desde que apresaron al hombre del maletín.
Era muy tarde y me caía del sueño. Así que me moví a mi colchón de totoras y dije hasta mañana. Agatha comenzó a reírse muy alto y pensé que recordaba al padre del chico en Arica y la cara que pondría la esposa cuando le habló de cierto parentesco aymara.Paró la avalancha hilarante para decir mira qué puedes ser imbécil.Cogió el farol y se sentó a mi lado.
_ Me río de las cosas de la vida. Cuando vi a lo cóndores flameando la bandera en el acantilado pensé en el cóndor herido por cazadores furtivos y por suerte salvado.Recuerdas de dónde llegó ese cóndor?.
_ Claro.
_ Por eso no quería descansar en Yucatán.Todo lo que me recuerde a Cuba me da rabia. La gente se va de las playas, los cóndores se  van de los riscos, los amantes se van de nuestras vidas porque un objetivo vale mas que una relación, los novios se van de un noviazgo seguro porque quieren experimentar hasta el cansancio y no les importa que sus
parejas les imiten.Todo se va.
_ El huevo de cóndor se fue a Cuba, el pichón de cóndor se vino a la Cordillera, alguien fue y lo hirió, alguien lo llevó a Santiago.
_ Mi amante cubano fue el cóndor que pasa, que pasó y se posó en Miami. Todo pasa.
_ Por qué nunca me preguntaste si ya estaba listo?.
_ Porque aprendí contigo a gozar de la promiscuidad y porque jamás me lo dijiste.
_ Cuando te llamé desde Nueva York estaba listo.
_ Cuando llegué tarde estaba lista.
_ No tuve amantes cóndores que se fueran tras ningún objetivo.
_ Porque tú no eras el de la rabia.
_ Qué buscas ahí?.
Agatha estaba hurgando en su bolso yucateco y vi que sacó una foto. Me la tendió. Tuve que acercarla a la pobre luz del farol altiplánico.
_ A quién se te parece?.
_ A ti.
_ Y a quién más?.
_ Sabes que siempre establezco parecidos por partes del rostro pero no conozco al padre.
_ Qué parte se parece a mi?.
_ La respuesta es vieja porque siempre lo supe.La boca y los ojos.
Agatha sacó otra foto del bolso yucateco.Me la tendió.
_ Quiero que mires el mentón, la nariz y la frente del abuelo.
Lo hice a la luz de un farol expirante.
Agatha extrajo una tercera foto del bolso yucateco. Me la pasó.
_ Deseo que mires el mentón, la nariz y la frente tuya cuando tenías dos años.
Yo sabía que me parecía al abuelo y se lo dije.
Agatha colocó las tres fotos sobre el colchón. La de su hijo en el centro.
_ Si encuentras alguna diferencia entre los mentones, las frentes y las narices de estas tres caras soy capaz de regresar sola y a pie hasta Santiago.
Agatha metió por enésima vez su mano en el bolso yucateco.Extrajo una lupa de alta fidelidad.
_ Encuéntrala_ dijo.
Las fotos pasaron por debajo del cristal de aumento.Mientras las observaba me pregunté qué clase de juego inducido se traía entre manos esta mujer con hobbies recientes relacionados con la plástica.
_ Lo que ocurre es que tú ves los parecidos por partes, es cierto, pero en caras de mujeres.
Tenía razón.Nadie me conocía como ella.Pero estaba intrigado con el rumbo de la charla. De un plumazo, frases y palabras como quebrada del león, avión en reposo, momias, Abominable, habían quedado en segundo plano.
_ Te acostaste con mi hermano?_ pregunté con tanta ingenuidad que ella se echó a llorar.
_ Si dices que estabas"listo" cuando la llamada desde Nueva York, por qué guardaste tu semen para el futuro lejano?.
Iba a decir que no poseía el don de los adivinos pero algo me iluminó.Acababa de meterme en "su" conversación.Dejó que revisara la carga del celular y que apretara los primeros números hasta que me detuve.
_ Continúa, si tenemos señal y el Abominable no se ocupa de interferencias_ ironizó.
_ Cómo lo hiciste?.
_ El día en que una mujer enamorada no consiga lo que quiere se acuesta con cualquier Abominable.
_ Así que lo dejaste con los primos?.
_ Con los varones de mentón, nariz y frente idénticos al abuelo.
Con Agatha no había nada que discutir.Tal vez ahora sí era una rebelde con causa. Temeroso de no poder soportar la emoción me separé y levantando la frazada le dejé su espacio. Cuando me tocó estaba ardiendo. Desde el fondo del beso una voz dijo " la cosa acaba de pasar hacia el lago" y como nadie respondió agregó "se va con el paliollama". Agatha jadeó "salitrero de mi alma" y lloró de nuevo un llanto rosa que me bebí con pasión de náufrago antes de entrar en ella.
Nos levantamos pasado el mediodía y vimos que el muchacho había colocado los primeros pilares del nuevo depósito de totoras. Como el padre aún no regresaba de Arica y la mamá y hermanos acababan de salir para el Floreo, almorzamos con el chico.Sobre las 2 y 30 nos avisaron que ya volaban hacia Charaña.Salimos a la pampa.El sol brillaba con ínfulas de Emperador y la Fata Morgana distorcionaba los rieles en el techo del mundo y las aguas del Lonca parecían convidar a los nuevos señores a un banquete de lluvias.Besé a Aggy al centro de la desolación.
_ ...japonés?.
_ ...los condoritos.
_ ...condoritos?.
_ ...son condoritos bonsai.




Febrero 17 del 2006.
Nuñoa, S. de Chile.
Luis Eme Glez.

































                    






       




 






































































 
















































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