Sunday, January 9, 2011

Entrevista con la Flamenca.-(1)

                               ...con el que pensé casarme....

El periodista se duchó temprano y salió al patio porque había sol y quería regalar a su piel un poco de  luz y un poco de calor tras los años de invierno que le habían convertido en un cuerpo lechoso casi muerto en la 
nostalgia de los pigmentos canela del trópico.
Pero ese no era el motivo principal.
La voz de Flamenca retando a la perra era una invitación para el circo interminable de la anécdota y sabía que solo bastaba incitarla para que se desbordara por el cause infinito de su historia. Estaba en la puerta de fierro de la entrada  sujetando a Muñeca mientras evitaba el hocico negro del gran perro de la calle. La perra no estaba en celo pero era una perra condenada a la cárcel del Comedor de la Residencia y sometida a cuidados de niña solitaria en casa de ricos.
Alguien llamó a Chabuca desde la calle y el pequeño inca pasó por el lado del periodista con un gato naranja acomodado en el pecho. El periodista recordó al último gato de la segunda casa de campo, quedado solo por error en la mudada e inencontrable después porque los perros fieras del primo Gersy dieron cuenta suya una noche de espanto.Con un toque de morriña lo detuvo.
_ Cómo se llama_ preguntó.
_ Garfield_ dijo el inca.
_ Suéltalo para que juegue con Muñeca.
_ Ahora no puedo.
El pequeño peruano pasaba gran parte de su tiempo frente al televisor y no tuvo que hacer muchos esfuerzos para saber por qué lo había bautizado así. Garfield, la película. La madre aceptó la invitación y pasó precedida del niño con su gato en el pecho.
_ Se lo regalaron_ dijo.
Al padre del periodista le encantaba acorralar gatos y azuzar a los perros contra ellos. Aseguraba que no existe perro, por muy feroz que fuera, capaz de atacar o morder a un gato si este podía mantenerse de frente. En tal caso solo se disfrutaba de un combate condenado siempre a las tablas. Le apasionaba, además, coger a dos gatos por la cola, levantarlos hasta la altura de su cintura y apretar  sus puntas entre la uña del pulgar y el índice. Los gatos gruñían y se abrazaban a dentelladas y él se moría de la risa antes de soltarlos  y gritarles gaaato. Era, también, un especialista en castraciones. Los metía en un saco grande y le cerraba la boca. Abría una rendija para sacar sus testículos y los cercenaba limpiamente con una hoja de afeitar y le rociaba petróleo cicatrizante. Cuando el felino salía como un cohete, sangrando, la familia se santiguaba, pero él, sonriendo, decía salió como un volador de a peso, no podrá preñar mas gatas pero les aseguro que engordará como un puerco, se volverá una jaquita.
_ Así que tendremos tremendos combates si no
  se hacen amigos_ le dijo a Chabuca.
_ No, si se llevan muy bien.
Cuando Flamenca se acercó él vio su cuerpo esbelto pugnando por salirse de la ropa y los pechos sin sostén regalando sus puntas entre vibraciones postreras. Pero no tuvo que motivarla. Porque en su biografía no podía faltar una historia de gatos.
_ Espérate, si lleva como tres días aquí y
  mi Muñeca no lo odia.
Flamenca se sentó del otro lado de la escalera que bajaba al patio parqueo y se acomodó el vestido bajo las rodillas. El periodista recordó los Videos  Curiosos de Animal Planet y miró a la perra que husmeaba, como siempre, el hueco del desague.
_ Lo malo es el olor_ dijo.
La mujer hizo un mohín para denotar su asco.
_ El pichís.
_ No, la caca es lo que huele a diablos.
_ Tendrán que acostumbrarlo a que lo haga
  fuera. La hediondez copará la casa.
_ Sí señora.
Observó el tejado del edificio de enfrente y se pasó la mano por el cuello. Inspiró con nostalgia. El sabía que ahí estaba el cuento gatuno.
_ Espérate milindo, si vieras lo que pasó con
  un gato que tuve cuando era lolita.
El se ladeó y cruzó los pies y le sonrió. Porque muy bien podía tratarse de una historia "salchicha".
_ Un gato ordinario, recogido en la calle. 
  Pero llegó a ser mi mascota. Creo que el 
  animalito, mas que mascota me consideraba
  su madre. Me celaba harto y no me perdía
  ni pie ni pisada. Un día se me ocurre
  convidarlo a un suculento bistec y el pobre
  animal casi se muere de un patatum, parece 
  que por las vitaminas. Sabes qué, pasaba que
  solo lo alimentaba con lechugas y no pudo
  asimilar el cambio de dieta. Recuerdo cuando
  se enfermó de tiña y no me atreví a decirlo
  por temor a que me lo mataran o botaran. Ver
  a mi hermano acariciándolo y luego pasando 
  sus manos por el cuerpo me hacía vivir con 
  gran complejo de culpa. Claro que se enfermó
  y cuando se peinaba soltaba los mostachos
  como si fueran jirones de lana podrida. 
  Cuando se lo llevaron en la jaula de la
  policía pensé que se me acababa el mundo y
  te juro que lo lloré como se llora a un
  familiar.
Ahora la Pitonisa miró a Muñeca que estaba tendida contra el muro del parterre. Y se transformó en la risa cómplice. El no la interrumpió.
_ Fíjate, milindo, como los animales saben.Te
  dije la manera como me celaba. Espérate, que
  una noche, mientras pololeaba en la sala mi 
  gato saltó al cuello de mi pololo y casi lo
  desgarra de no haber sido por la corbata.
  Me parece estar viendo la escena y te puedo
  jurar que no le hizo el menor daño. Qué 
  susto, Dios mío, algunos animales son así.
Entonces lo miró a él. Riendo como una mujer.
_ Ese fue otro de los pololos con el que
  pensé casarme.
_ Para mi cuenta es el cientoveinticuatro.
_ No tantos, milindo.
_ Háblame del cientoveinticinco.
_ Te conté del  hombre con el que un tío quiso
  vincularme?.
_ Tanto harén masculino me lo hace difícil.
_ En serio. Espérate. Un tío de Concepción y 
  su cuñado, aspirante de dandy.
_ Si te repites "podís" contarme otra.
_ Se trata de un tío de Conce por parte de mi
  madre, un tío de "clase". Juez de la Corte
  con solo treinta y seis años, creo que el
  mas joven hasta ese momento. Militar también
  aunque no ejercía. Sin embargo, como fue
  inscripto para ello, llegaría a General. 
  Casado con una excelente mujer del Sur que
  heredaría una fortuna amazada en los fundos 
  ganaderos y en los bosques inmensos. Cuando
  tenía once años me invitó a Concepción para
  que conociera el campo, montara a caballo,
  respirara aire de verdad y navegara.Ya era
  una mujercita que me empinaba para alcanzar
  el cuerpo que tendría después. Había un 
  cuñado como de mi edad, tal vez doce, y era
  otro de los herederos. Hombresito sin 
  grandes atractivos, poco recordable y harto
  presuntuoso. Contemporáneos al fin fue
  inevitable la cercanía y terminamos jugando 
  a estimarnos y a querernos. Regresada a
  Santiago solo se me había quedado en el alma
  su precoz masculinidad, su rudeza joven y un
  carácter que se me antojó de persona mayor.
  Sin embargo no fueron mas que unas
  vacaciones normales en el Sur con una tía
  política y unas primas que me miraban con
  afectación y me querían como se quiere a
  alguien a quien se dejará de ver por mucho
  tiempo. El cuñado fue un niño que un buen
  día sería un hombre rico y nada más.
Muñeca comenzó a sacar la tapa del tragante con su pata derecha. Acción que enloquecía a Flamenca porque el Maestro había asegurado que por debajo corrían guarenes gigantes y la pudrición tenía categoría de pantanal amazónico. El periodista le había aegurado que era solo un colector de agua de lluvia y un drenaje de la limpieza del patio. Pero ella, tan celosa como el gato de juventud, no lo creía, y veía en el hueco un foco de contaminación aftosa. Flamenca cuidaba a la perra con amor excesivo y a veces él pensaba que se trataba de una parte del pago del arriendo. Ella decía que no, que lo hacía porque nadie la atendía y la dueña se la dejaba  cuando se iba de carrete o para visitar a las hijas. Cuando regresaba y Muñeca la recibía con las patas abiertas la rabia le daba taquicardia.
_ No, Muñeca, no, salga de ahí a ver, vamos
  Muñeca.
La perra obedeció por fin y se fue a la puerta de la calle. No había perros vagabundos ahora.
_ Seis años después mi tío repitió la 
  invitación. Siempre me fastidiaba diciendo
  que llegaríamos a ser esposos y que él
  administraría la fortuna. Lo importante es 
  que lo decía en serio, siempre con un 
  billete detrás de su frente. Pero para que
  veas, milindo, jamás había sabido del hombre
  y apenas lo recordaba.
_ Con diecisiete años podrías haber postulado
  para Miss Concepción.
_ Muy buena moza de verdad. Herencia de 
  familia. Las vacaciones ahora consistían en
  un viaje a Antofagasta por mar y yo tomaría
  aires pacíficos durante miles de kilómetros
  tratando de evitar mareos, picadas de 
  pelícanos y cagadas de gaviotas sublimes. El
  Capitán del barco era su amigo y desde que
  zarpamos comenzó a cortejarme. Acepté el
  cortejo por cortesía y es cierto que también
  un poco por coquetería y chica chic, así que
  nos paseábamos por cubierta cogidos de la
  mano, mirando a los astros, escuchando
  sandeces de marineros prepotentes. Aún no
  sabía que mi pasión eran otros Capitanes. 
  Los del Fashion, los del Poder, los del 
  Aire. El intento de conquista terminó cuando
  mi tío se sintió aplastado y celoso y me 
  dijo que parara el juego porque allí nadie
  sabía qué era su sobrina y seguro ya 
  estarían pensando que el apuesto Capitán le
  estaba poniendo cuernos al viejo pelao. Lo
  dijo con una mezcla adorable de humor y
  seriedad pero el consejo orden frenó el
  flirteo y seguimos navegando con la carga de
  maderas, la tripulación y los pocos viajeros
  que iban a Antofagasta, a donde, por suerte,
  estábamos arribando. Allí estaba el cuñado,
  trabajando en cualquier cosa y buscando vida
  en tanto llegara la hora de la herencia. Yo
  creo que mi tío pensaba que yo sabía que
  estaba en el Norte aunque no descarto que
  haya intentado acercarnos ahora que 
  habíamos crecido lo suficiente como para 
  saber qué sentíamos. Maculino igual pero con
  ciertos encantos visibles y un aire de niño
  grande que me impresionó un poco. 
  Antofagasta fue una etapa de paseos y
  recuerdos de una infancia perdida en el ayer
  de Concepción, vista desde la perspectiva
  de un hombre y una mujer que debían tomar
  decisiones importantes porque el destino en
  forma de tío visionario los había juntado.
  Fue lindo recorrer el puerto y caminar por
  el desierto y oirlo decir que la ciudad 
  había sido de Bolivia hasta que los chilenos
  tuvieron que tomarla por patriotismo y que
  un día la abandonaría para dedicarse a los
  negocios que albergaba en mente después que
  la herencia pasara a sus manos de mago
  financiero.Pero la fugaz relación no pasó
  de una mano tomada, algún abrazo inofensivo,
  y la promesa de escribirnos con asiduidad
  de amantes urgidos e ir pensando en la real
  posibilidad del matrimonio. Todavía yo 
  pensaba que casarse era una cosa buena  
  y como  toda chica lo deseaba con furor.
_ O sea, regresaste sin compromiso alguno.
_ Exacto.
_ Ni siquiera un beso?.
_ No. Te dije que no era fácil.
_ Y entendí que eras fría.
_ Oye, espérate. Mi mamá y la familia 
  consideraron que no debíamos casarnos sin
  conocernos a fondo. De modo que pese a las
  cartas y a las llamadas y a las promesas de
  amor eternos me hicieron regresar a la 
  ciudad del Norte y conocerlo lo suficiente
  antes de tomar la decisión sagrada. Se lo
  hice saber y reservé en un hotel porque no
  pensaba pasarlo con él. Cuando llegué 
  ocurrió que había reservado el mismo hotel
  para mí y no nos quedó otra que echarnos a
  reír. Fue una semana con algo mas de 
  intensidad pero sin nada decisivo o
  comprometedor. Tomó las medidas para mis 
  argollas y fue a despedirme al aeropuerto
  como un caballero respetuoso y enamorado.
_ Estamos hablando de 1966 y me aseguras que
  eras tan anticuada.
_ Es la verdad, milindo.
_ Oías a Lucho Gatica y a Bob Dylan.
_ Y me encantaba bailar y vestir bien.
_ Te despidió en el aeropuerto.
_ Y cometió un error de primera magnitud que
  impidió que yo cometiera otro.
_ A ver.
_ Me dijo que solo ponía una condición.Que nos
  casáramos con separación de bienes.
El recordó el frustrado casamiento de Kenita
Larraín e Iván Zamorano.
_ No me gusta eso.
_ Imagínate. Simulé muy bien la parálisis
  que casi me siembra en los pasillos del
  aeropuerto y mientras él se despedía con
  saludos, besos al aire y protestas de amor, 
  yo hacía lo mismo tras la ventanilla pero mi
  boca solo formaba maldiciones y garabatos y 
  si hubiera sabido leer mis labios  habría 
  sabido a qué atenerse. Como era amiga del
  sobrecargo esperó por mi andanada de
  improperios. Me mataba la rabia y la 
  decepción, milindo. Quería una esposa regia
  sin compromiso de comparticiones. Como si me
  comprara, tú sabes.
_ Si.
_ Jamás contesté otra carta ni una llamada
  telefónica. Mutismo total. Y nadie podía
  preguntarme nada porque me volví una muda en
  ese sentido.
_ Te entiendo pero no comparto tu actitud.
  Podías haberlo planchado y ya.
_ No, preferí el odio y la indiferencia.
_ Está bien. Y él, qué hizo?.
_ Tal vez imaginó qué pasaba conmigo porque se
  limitó a enviarme un emisario de confianza.
  Quería saber lo que quieren saber todos los
  hombres abandonados sin explicación.
_ No se lo dijiste.
_ No.
_ Porque era un emisario?.
_ No. Nada mas le dije que no prefería hablar
  ni contestar. Y se fue.
_ Qué otra cosa puede matar al amor?.
_ No sé. Mas tarde lo mataría todo lo que no
  significara Poder.
_ De verdad?.
_ Te he contado de eso.
_ Claro.
_ Entonces murió abuela y nos reencontramos en
  el funeral.
_ Hasta que la muerte nos una.
_ No, espérate. Habían pasado meses y yo 
  seguía cambiando. Cuando lo vi sentí que se
  me salía todo lo de arpía que tenemos algunas
  mujeres. Lo saludé y se hizo el importante.
  Me quejé a la familia simulando asombro y
  mucho enojo. Pero aflojó la tensión y no 
  solo me saludó sino que se mostró muy 
  correcto y me pidió amistad. Aún no se había
  casado y andaba con un Poder otorgado por
  su madre- que lo tenía de la abuela- con el
  que estaba destrozando parte de la herencia
  sin que sus hermanos supieran. Sacaba plata
  de los bancos y compraba y vendía sin 
  restricción. A esas alturas buena parte de
  los grandes bosques de pinos, alerces y 
  araucarias no eran de la familia que soñaba
  con una bolsa de dos mil millones de la
  época.
_ Un verdadero crak de las tinieblas.
_ Espérate. Le acepté la amistad que me 
  ofrecía y estuve de acuerdo en que 
  saliéramos algunas veces. Estaba curada de
  tantas cosas, milindo, y como nada tenía que
  perder lo tomé como un reencuentro sin 
  sabor. Creo que ahora quería impresionarme
  porque me dijo que estaba haciendo grandes 
  negocios en Santiago, sin control, y me 
  enseñó un maletín café que contenía, juró,
  seis millones. Dijo que eligiera el regalo
  supremo.
_ El bestio y la bella. Piñera seduciendo a 
  Cecilia con sus pesodólares.
_ Fíjate que era verdad. Y por supuesto que 
  le tomé la palabra. Nos fuimos a una de las
  grandes tiendas por departamentos y me apoderé del
  preciado maletín y le dije que gastaría lo
  que quisiera y le dije más, que no se lo
  devolvería. Se quedó paralizado porque sabía
  no podía protagonizar una escena pública.
  Repetí mi amenaza y comenzó a transpirar. Me
  le acerqué con pose de heroína dura y le
  dije muy bajo "así podría quedarme calladita
  y no cawiniar algunas cositas que sé".
_ Ya chantajeabas desde entonces.
_ Espérate. Solo era una amenaza broma que
  buscaba destrozar su egolatría ante una 
  mujer que lo había dejado plantado en medio
  del mas absoluto de los misterios. Y para
  que veas, solo gasté noventa mil pesos en un
  abrigo durazno y le devolví el maletín. 
  Tenías que haber visto su cara al decir
  "gastaste tan poco".
_ Ya te digo, un crak.
Ahora la perra sacó la tapa del tragante y metió el hocico y casi se queda trabada y el edificio del frente estaba donde mismo pero ella navegaba en el océano del glamour.
_ Debes saber que no hay mal que por bien
  no venga. En la Tienda por departamentos
  se fijaron en mi rostro y pidieron mis
  medidas y dijeron que alguien quería verme.
_ Quién no vería a una manzana desbordada y
  mordible.
_ No, espérate. Es que mi figura era perfecta.
  Tanto como la de sus modelos. Me convertí en
  rostro de la Tienda y allí mismo se
  confeccioinaba la ropa con géneros que mi
  madre me enviaba de los Estados Unidos.Una
  casualidad me había llevado al fashion, como
  tú dices, y ello sería parte de mi vida en 
  los próximos años.
_ Debiste decir no hay bien que por bien no
  venga.
_ Quizás, sí. Pero no creas que fue fácil,
  milindo. Ser rostro de una Tienda 
  establecida equivalía a largas sesiones de
  ejercicios y de maquillaje, a filmaciones
  en la costa y en geografías especiales en 
  las que no pude escapar de insolaciones y
  resfríos y vivir días enteros grises, sin 
  sol o con lluvia.
_ Parte del costo de la fama.
_ Muy alto, sí señor. Me veía en las pantallas
  de los cines y añoraba ser una beldad de
  Holliwood y mi madre se maravillaba de lo
  que estaba logrando en Santiago.
_ En las pantallas de los cines?.
_ Espérate. Los comerciales no eran para
  televisión. Salían en los cines para la
  Cadena de Chilefilms Edelco. Recuerda que
  eran tiempos de pocos aparatos de tevé y la
  gente repletaba los cines. Eran comerciales
  de pantalla grande muy vistos.
_ Flamenca la del rostro y las medidas.
_ Oh, milindo.
_ Estoy pensando en cierto cuñado con amplios
  poderes para desplumar a sus hermanos.
_ Nos separamos de nuevo y cada quien siguió
  con su vida. Estaba en algo que me fascinaba
  y él también, siempre esperando que el
  Patriarca se fuera para el Barrio de los
  Callados.
El periodista sonrió ante el símil. No lo conocía y admitió era muy bueno. Se trataba del equivalente del Reparto Bocarriba en su país. Pero no dijo nada
_ Un buen día se murió el Patrón y la viuda 
  reunió a los cinco hijos y tuvieron su 
  llanto teórico y los hijos se dispusieron
  a esperar el botín estimado en 450 000 pesos
  per cápita. Pesos chilenos de la época. Pero
  la vieja hizo una escena digna de una gran
  Dama inglesa. Extendió su mano arrugada y
  venerable hacia cinco puntos de la mesa y 
  dejó una moneda de oro en cada sitio. Los
  hijos agradecieron el símbolo y siguieron
  sentados.Ella se paró y no regresó. Mucho
  después todavía sus hijos la esperaban con
  los codos cansados sobre el mantel. Ella
  retornó a su silla imperial de ciprés y dijo
  "nos casamos sin separación de bienes y él
  se fue primero".
_ Diría que más que una dama inglesa se trata
  de una mamma siciliana anunciando que solo 
  ha habido un cambio de sexo en la ruta del
  Padrino.
_ Era una mujer tremenda, difícil, y luego la
  conocería mucho mejor.
_ Como tú?.
_ No, yo seré difícil para el amor.
_ Hasta que alguien se proponga seducirte.
_ Espérate. Tendrían que esperar otra muerte.
  Mi tío siguió trabajando y ahorrando 
  mientras criaba a sus hijos en la opulencia
  y el decoro - que pueden ir de la mano-. Era
  una familia hacendosa y mi tía manejaba los
  asuntos muy bien con la confianza absoluta 
  de la vieja millonaria.
_ Parece un anticipo de lo que tenemos ahora
  en La Moneda.
_ No hagas esas comparaciones, milindo. Fíjate
  que la señora murió al fin y entonces sí
  pudieron acceder a los millones. Mi ex novio
  optó por el  dandismo y se compró un Jeep
  de último modelo y comenzó a gastar su plata
  en francachelas con mujeres de manera tal
  que alarmó a la familia y mi tía logró 
  convencerle de que le vendiera su parte en
  propiedades. Creo que era tanta la Fortuna
  que sus defalcos de la época en que tuvo
  el Poder apenas la horadaron.
_ Hay hombres muy diferentes que también
  acaban así, destruidos.
_ No, milindo, tú saldrás adelante.
_ No me refería a mí.
_ Sí.Un hombre loco en un Jeep provocando
  a la velocidad por un paisaje como el 
  nuestro acaba donde tiene que acabar. En 
  una quebrada.
_ Aún no existían autopistas ni las grandes
  carreteras concesionadas.
_ No seas irónico.Los años van segando vidas  
  y los buenos tiempos se quedan atrás, muy
  lejos, y el recuerdo se nubla y entramos
  en la recta final.
_ Esa es una frase escatológica por 
  definición.
_ Espérate, milindo, qué es verdad. Habíamos
  perdido contacto y casi lo perdimos todo con
  la muerte de mi tío. La señora heredó, y con
  los dividendos históricos mas las reservas 
  bancarias, puedes imaginar que volvió a
  empinarse y sus acciones se dispararon. Mamá
  siempre me pidió no dejar de verla y que no 
  la olvidara. Era una mujer mas o menos fría
  e indiferente pero consideraba que no tenía
  nada importante de qué quejarme. Prometí
  mantener el vínculo hasta donde fuera 
  posible. La primera vez que vino a Santiago
  después del deceso de la Mamma fungí como 
  especie de dama de compañía. Se mantenía en forma
  y no me pareció se diera aires de gran 
  señora. La veía como la tía de los tiempos
  del primer viaje al Sur, del crucero 
  marítimo, de los lutos prolongados. Solo que
  había pasado el tiempo y envejecía. Cuando
  desmontamos del taxi se bajó por su lado y
  dijo "paga tú, sobrina".Ahí terminó la
  relación y debes recordar cómo reaccioné
  ante las cartas del hermano años atrás.
_ Sí, como una yegua cerrera.
_ Está bien, pero espérate. Entre la orden de
  pagar el taxi con mi plata y la muerte de 
  mi ex, quedan noticias. Algo así como el final
  de esos libros semibiográficos o esas
  películas dinásticas en que los años rompen
  el pasado y la muerte se respira en cada
  página. Me lo contó ella misma durante uno
  de mis viajes en que llegué para consolar
  su soledad.
_ Qué ironía, querida Bailaora.
_ Sus hijas eran bellas...
_ Mal de familia.
_ Espérate, milindo, bellas de verdad, con esa
  belleza salvaje del campo que asegurará
  hijos fuertes, úteros sanos y dotes 
  suculentas. Una de ellas era un beldad, me
  atrevería a decir que superior a Cecilia
  Bolocco. Se casó con un italiano de esos
  narigudos, muy bien dotados y con toda la
  pasión meridional que hace perder el juicio
  a las mujeres. De modo que les nació una
  hija que le dobló en encantos y puedo decir
  que empezó a modelar antes de dar sus 
  primeros pasos. No podía salir otra cosa de
  una pareja tan linda.
Como cualquiera de los amantes de Shakespeare o del Bocassio serio, pensó el periodista.
_ La modelo, apasionada como su padre, se
  enamoró con una precosidad inesperada. Pero
  le tocó un tipo tan celoso que todo lo que
  te cuente sería para quedarme corta. Era un
  verdadero profesional de los celos. Imagina
  que la familia tuvo que secuestrarla
  literalmente y llevársela a uno de los
  fundos y esconderla detrás de un letrero
  aviso en la puerta de entrada que decía
  "propiedad en venta". Pero es ridículo 
  pensar que nadie puede esconder a una mujer 
  de un amante enamorado, posesivo y celoso.
  La encontró, claro, y se paró  al lado del
  letrero a esperar por los compradores con
  una sangre fría digna de algún antepasado
  peninsular cosanóstrico.Ahora, escucha,
  milindo, la parte grotesca y trágica del
  desenlace. El primer comprador nunca supo de
  donde le llegó el golpe que se convirtió en
  paliza y que estuvo a punto de matarle si
  no es porque decidió entrar por su mujer,
  enceguecido. La beldad estaba acostada, con
  la placidez del que se cree seguro tras una
  reja, lejos del germen de los celos pero con
  la normal abalancha de recuerdos íntimos
  coartados. Verla en la cama bastó para la
  compulsión. La pensó la amante que espera a
  su hombre y simula el sueño cuando es
  sorprendida por su esposo. Así funciona el 
  cerebro.
El periodista veía la escena en uno de los fundos. Podía ser una especie de casa de los espíritus visitada   por un Trueba sui géneris
o alguna versión del otro Sur para lo que el viento se llevó.
_ La estranguló hasta matarla, milindo.
_ Dejando un reguero de flores por la pieza y
  de  pedazos de belleza mutilada.
_ No seas tan poeta ahora, hombre. Cómo fue la
  palabra rara que dijiste ahorita?.
_ Quizas "escatológico"?.
_ Esa. No seas así.
_ Sobre tantas muertes tú seguiste viva y
  adorable.
_ Con caídas y levantadas espectaculares.
_ Conozco algunas.
_ Tú eres la única persona a quien le cuento
  estas cosas.
_ Sigues tramposa y embustera.
_ Es la verdad.
_ "Espérate", que no lo es.
_ Te conté la historia del pololo Capitán?.
_ Acabas de hacerlo.
_ Espérate, del Capitán del Ejército que fue
  Sargento Primero?.
_ Comienza y si la sé te detengo.
Entonces sonó el celuar del periodista.
_ Vengo enseguida, Bailaora.
_ Dí "altiro", por respeto.
_ Tómalo como tal.
_ No, Muñeca, no, venga, hágame caso, salga
  de ahí, no, que hay guarenes le digo, 
  Muñeca.
El la miró por entre la rendija de la puerta pero no salió. Pensó que no dispondría de tanto jugo para otra historia de pololos del ayer reciente.
_ Flamenca- dijo.
_ Dígame, milindo.
_ Parece que me llamarán de nuevo.
_ Bien.
_ Será después, te parece?.
_ Ya, poh.
La perra husmeaba el tragante pero ella miraba el edificio del frente con el cuello tomado y suspirando un aire enternecido.


Nota.
Flamenca es un personaje real. Aparecerá varias veces aquí. Cada una de sus palabras ha sido comprobada.La aparente intrascendencia de su vida es un homenaje a la trascendencia de la mujer chilena.


Febrero  10 del 2006.
Providencia.
Santiago de Chile.
Luis Eme Glez.



    






  

















 

  


 






 
 

1 comment:

  1. La Flamenca una entrevista,, amena,divertida,, retrospectiva, describiendo muy bien lugares y vivencias de algunas década muy bien lograda,,,

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