y Cornelio el acordeón.
Y los chinos de Cantón
comen arroz con palito.
Para muchos especialistas el Gran Salto chino no comienza con el Salto Adelante de la época de Mao. Ni con la organización de las fastuosas Olimpiadas del verano del 2008.Ni siquiera con la condición adquirida de banquero de Estados Unidos a cambio de la posesión de los Bonos del Tesoro. Tal vez algunos analistas consideren que la China se graduó de Grande cuando fue catalogada como "la fábrica del mundo". Otros pensarán que ese instante llegó con la reciente visita del "emperador comunista" Hu Jintao a Washington en donde fue recibido con honores especiales.
En verdad parece que China entró a las Grandes Ligas del concierto internacional en el preciso momento en que Barac Obama expresó "recordar nuestra respuesta al momento Sputnik de la URSS" y agregó "no podemos permitirnos el lujo de que Estados Unidos pierda la supremacía mundial".No es fortuito que lo haya dicho durante el Discurso Informe a la nación.De lo contrario Dios Bendiga América parecería una frase manida y el Destino Manifiesto perdería su valor ecuménico.
Existe un clamor universal para que China no se siga acercando y supere a Occidente en los parámetros que miden el desarrollo y la capacidad potencial para ser protagonista. A nadie parecía importarle su Poder de Veto en Naciones Unidas hasta que las etiquetas made in China coparon los mercantes y abarataron los precios por sobre una mano de obra tan barata que puede reinar en el olvido. Entonces muchos se dieron cuenta de los mas de mil millones de habitantes y del extraño control de la natalidad y de las aperturas controladas por los jerarcas de Beijing y de que toda la costa oriental de la nación es una desmesurada conurbación repleta de infraestructura competitiva y tan occidentalizada que el inglés parece haber superado la jerga que se habla en Hong kong y en Macao.
De improviso, China pasó de la rueda con patente al satélite sofisticado. De la inocente pólvora patentada al misil intercontinental con gránulos nucleares. Del estribo al corredor mecánico. De dominar El Camino de la Seda a imperar sobre la Autopista de los Textiles Sintéticos con embajadores que dejan pequeño a Marco Polo de vuelta de Catay y hacen colapsar industrias atávicas. Las Murallas, agrietadas y lonjevas, se repletaron de luz verde por donde pasaron los modernos Comodoros Perry para inundar de Holliwood y de NBA y de políticos románticos a tan vasta geografía que nada tiene que envidiar a los cuarenta y ochos estados continentales. El mundo sigue mirando al Lejano Oriente pero el encanto y la magia de Toyota se va desplazando a las Barbies fabricadas en la infinita Línea Industrial de Shangai. Y tal parece que los tiempos del último samurai y la leyenda del yudo han sido colapsados por la Opera de Pekín y el kárate y la anunciación de que el barrio chino de San Francisco muy bien podría reclamar su condición de etnia Han allende las fronteras.
Pero la China, salvo "honrosas" excepciones, sigue siendo la nación dinástica y opaca que todos han conocido hasta cierto punto. Con sus veintitrés provincias, sus cinco regiones autónomas, sus cuatro municipios especiales y sus dos "países" recién "adquiridos" de Reino Unido y Portugal, Hong Kong y Macao, por concepto de cumplimiento de tratados internacionales. Es cierto que hoy se jactan de tener uno de cada cinco habitantes de la Tierra. Pero cada país puede jactarse de lo mismo en términos de equivalencia.
Para los que teníamos resquemores del pasado de la China y nos parecía que los viajes del italiano eran mas literatura prerenancentista que realidad una tarde nos sorprendió el misionero jesuíta portugués Bento de Goes para asegurarnos que Marco Polo sí estuvo en Catay y que la China de entonces era la misma narrada por el comerciante. Se trata de una visión del siglo XVII y si bien hoy mismo puede parecernos un cuento de Disney, no importa, porque de lo que se trata es de venerar a la "segunda potencia".
Cuando los historiadores nos cuentan de las Guerras del Opio y de la ocupación japonesa de Manchuria da la impresión de que nos aburren.Por eso acudimos a Bernardo Bertolucci para deleitarnos con El último emperador dormido en la nostalgia de las dinastías y aunque sabemos que solo se trata del último emperador "clásico" preferimos saltar sobre Sun Yat Sen y quedarnos con la epopeya romántica de Mao Tse Tung, Robin Hodd de ojos razgados, bregando contra la "traición" del Duque Shou En Lai que sueña con Taipei.
China no olvida que cuando los desembarcados en Normandía tomaron Berlín en 1945 los soviéticos no estaban "cansados" y dejaron atrás los Campos Elíseos - es verdad que "resguardados" - para perseguir a los japoneses que huían de Manchuria, unidos al Mao de la Gran Marcha. Tampoco olvidan la "mano" de Hiroshima y Nagasaki. Pero saben que fue una acción coyuntural y todavía temen por alguna contaminación nuclear en los espacios cercanos a Japón.
La China que conocemos hoy es la misma China del Gran Salto Adelante que protagonizó Mao con su pértiga invicta cuando se dio cuenta que el modelo soviético no funcionaba.La misma de la Revolución Cultural, desbancando cabezas en la purga intelectual de los disidentes internos. La misma que heredó el "salvador" Deng Xiaoping tras la muerte del "gran conductor" en 1976.La misma que debió continuar "purgando" pasados y masacró a los estudiantes en Plaza Tiananmen ante la mirada atónita de Occidente cuando todavía era un país que trataba de vender productos a precio de costo. La misma que no tranza con Tíbet y el Dalai Lama y que asegura colaborar en el affaire étnico de Darfur, Sudán, en tanto sigue construyendo infraestructuras y buscando más petróleo y materias primas para sus factorías insaciables.
Parecía que era necesario la desaparición definitiva de la URSS para que China diera el gran paso adelante sin retroceso. En Beijing no querían nostalgias del "campo socialista" ni comercio con el CAME. Beijing aspiraba a fabricar, vender y negociar a lo grande. Y el Eldorado estaba en Occidente. Donde se consumía sin límites y el hedonismo marcaba las pautas. Sin que ello equivaliera a dejar el "socialismo de corte asiático ancestral" ni a entregar las riendas de un Partido Comunista mil veces clonado en los interiores de la Ciudad Sagrada.
La praxis china les llevó por el mundo sin distinción. Comprando y vendiendo sin descanso. Violando, a veces, concepciones éticas del comercio. El mundo era un gran mercado y si las potencias se debatían entre paneuropeísmos cansones, luchas contra terroristas venidos a más, reparaciones de coches de marcas por errores de fábrica y todo era una distraccion inexplicable, pues era la hora del despegue, agazapados en un protagonismo tenue. Pocos se dieron cuenta del reconocimiento a la propiedad privada en el 2007 porque hacía rato que China practicaba un capitalismo de estado inclemente e insaciable, cuidadoso en grado sumo de preservar los cimientos del Partido.En realidad los regímenes comunistas urgen de grandes vitrinas en las que restregar al resto del mundo los logros del "sistema". No importa que tras bastidores aún se camine sobre ruedas precristianas y se dispare con pólvora mojada y las Anacletas y los libros sagrados sean tomos que redactaron personas ajenas llamadas Confuccio, Mencio o Lao Tse.
No es un secreto el control absoluto ejercido por el Partido Comunista Chino en cada estamento de su Sociedad. Pero en tiempos de Globalización el concepto absoluto, que ya era difuso, se ha hecho baladí.En muchas partes del mundo se ha seguido guardando respeto por el Poder y las tradiciones pero se ha perdido el miedo. La gente sabe que necesitan un monojo de muertos para conseguir prebendas o cambios y están dispuestos a pagar ese precio.
Valdría la pena preguntarse qué va a pasar cuando el Caso Tibet se radicalice. Cuando los islamitas uigures y hui se convenzan que tienen que pasar del terrorismo a la acción global para buscar una independencia que su región de Xinjiang precisa sin alternativas. Porque nadie olvida que el Turquestán Oriental fue independiente entre 1934 y 1945 hasta que Mao se arrepintió. Pero, acaso Mao no estuvo equivocado en muchos giros de timón?.Cuando los productos made in China se pudran en los anaqueles aunque se vendan por debajo del costo. Cuando el gran por ciento de campesinos se canse de esperar paridad con sus coterráneos de las costas del Mar Amarillo, Oriental y Meridional, en donde realmente está la China que conocemos hoy, desfazada del Oriente interior, repleto de etnias y de hombres y mujeres de campo que nada saben de los productos internos brutos adulterados y siguen arando con vacas, viviendo en casas de barro y de paja y tratando de tener mas de dos hijos para que colaboren en la siembra de arroz en tanto el gran Río no se seque o contamine.
Porque China tiene que estar preparada para su Crisis particular, para sus fechas inevitables, para la contrapartida de sus satélites fosforecentes. Para la Europa enaltecida y para los fantasmas de Rossevelt, de Reagan y del próximo Barac Obama. Para cuando no sea la fábrica del mundo y tenga que comenzar a devolver los Bonos del Tesoro y tenga que vivir del mercado interno y tenga que gastar en lo que ahora gasta Estados Unidos y parte de Europa.Aún China no es un Imperio. Y si lo fuera no sería otra cosa que un Imperio Inmediato.
El reto principal para las democracias representativas es que se trate, por todos los medios, de que el Gran Ejército de Terracota no salga de sus aposentos sagrados convertido en Horda Oriental. Y de que la Gran Muralla siga siendo anaquel para turistas con sus rendijas venerables siempre dispuesta a ser transitada en ambas direcciones.
Aunque Hu Jintao siga dándoselas de Ultimo Emperador.
Enero 30 del 2011.
North East, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
No comments:
Post a Comment