Cuando pienses
que tienes que encontrar
un sitio especial
para hacer el amor
entonces lo habrás matado.
Pero no habrás matado al
sitio.
Habrás
matado al amor.
Para Janys,- poco antes de que salga el sol.
Detrás de tu cintura reina un vacío donde me quepo todo
y la Nada es un enjambre de copihues deshojados
tan tiernos
como el adorable misterio de tu ombligo.
Pero delante de tu cintura late una selva negra
enmarañada en la adivinada magia de tu vientre
bosque reptante sobre fondo rosa
masticando el abismo donde te vibras toda.
Ahora la Nada es una curva sin fin
en que los sueños cantan sus notas envolventes.
Y ladras por tus labios la simpar eternidad de tu sonrisa
lluvia incorpórea translúcida
capaz de rebotar en tus muslos de recia catedral
columnas oceánicas del tiempo en que te mueres
tras los cristales del espasmo.
Hay una luz de sol atardecido en tu cintura
y una recua de abejas mordisqueando tu piel.
Una línea dorada se cierra sobre el rompeolas de tus nalgas
y te yergues como una mujer atropellada
en los viacrucis del placer.
El ánfora murió de envidia en tu cintura
y la guitarra bebió en tu cuerpo la savia de las formas
y te dio los arpegios exactos y el ritmo único y el diapasón
sublime de cada partitura.
Tu cintura cabe en mi puño desbordado
y mi puño desbordado se vive en tu cintura
de ballerina núbil.
La curvatura del Sol
el arco inabarcado de todo el horizonte
angostura del prisma
el beso hecho fuego hecho cama y hecho amor
en tu cintura de alegre transparencia.
Déjame entonces
transfigurar los cadenciosos cardenales de tu praxis.
Porque al norte y al sur de tu cintura
estoy de pie
apolíneo y esbelto
tremendamente duro
incomparablemente regio
anesteciado en tu centro de gravedad
con el carcaj de flechas listo a la caza del pez
mandoble yo maremoto sin control
y tú
fiera jadeante
comiéndote el último lucero despistado
con tus ojos de lava
y ambos al fin
mordiendo la descomunal hinchazón
de tus atuendos de carne almibarada.
La explosión de tus arterias,
Janys.
Providencia.
Santiago de Chile.
Febrero 11 del 2005.
Luis Eme Glez.-
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