Habré llegado tarde al banquete
de aguas.
Pero eso quiere decir
que llegaré
temprano
al próximo banquete.
Y seré para siempre
soberano de tu mesa.
Para Karen.- enternecido.
Llegué tarde a tu mesa servida
y me alejé perplejo a descompartir
la Ultima Cena.
Me arrodillé ante al óleo para venerar
a la Sagrada Familia en su granja de amor.
Quité mi corona de caballero andante
poniéndola a secar al aire enrarecido
desnudando mi alma con lágrimas sinceras.
Me fui a llorar la triste desolación de los cadáveres
sin pañuelos de tul.
Caminé a resignarme sin poder olvidar.
Me metí en la gruta y acepté la piedra tapiada
como puerta invencible de la noche sin luz
el peso inclemente de tu estado incorpóreo
y del tiempo enjaulado.
Desde allí fuiste
Ruth y Judith, Raquel y la esposa de Lot
todas las mujeres de David
y cada una de las esquiladoras de Getsemaní.
Fuiste las hembras recolectando uvas y olivos
amasando los panes del rito y espolvoreando el trigo
de la ofrenda.
Fuiste la Samaritana y Magdalena
y todos los reflejos en los pozos sedientos.
También bendita y llena de gracia en la Ribera Occidental.
Dejaste de ser fuiste para nacer eres
pegada a la puerta piedra de la gruta.
Eres, pues, la semita idónea que añoró mi anhelo
los siglos por venir
la confirmada excepción de la regla en el desierto
eres la suma de todas las constelaciones
que me dieron la estrella del Naciente detrás
de las tinieblas del otoño
quien me bañó de luz a la media noche.
Eres la huella de las Eras
la única de las razones karmáticas
en que me estremezco.
La oveja que pasta cada arbusto
detrás de la sonaja del otro pastor en lontananza
eres flor abierta en la entrega del polen
para el libador posiblemente equivocado.
Yo no sé que eres porque lo sé muy bien.
Cuidado
porque estaré atento desde mi covacha pétrea
y cualquier atardecer habrá un vacío entre las rocas
una puerta destapiada
y un olor a panes horneados de improviso
por el camino de Damasco.
Y resucitaré al noveno día de entre los muertovivos
para gustar contigo
la cena interminable
sin apóstoles sin cáliz ni profetas oscuros
que nos canten o predigan.
Solos
abismalmente solos
en los arenales ardientes de la Tierra
solos
y el mesías real
y el medio hermano
que le ayudará a elevar los cánticos
del penúltimo sermón del monte.
Una cena de avellanas salvajes,
Karen.
Providencia.
Santiago de Chile.
Febrero 28 del 2005.
Luis Eme Glez.-
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