Está bien. Me siento
frente a ti
en tu mesa caoba.
Tírame las cartas.Léeme el futuro.
Desmenuza mi vida por venir.
Desnuda cada una de
mis pasadas existencias.
Haz un maremoto de posibilidades
con esta pobre exhibición
de tiempos inexactos.
Bebe mi persona y decide
aunque mientas.
Esparce por tu mesa todos los
ancestros
europeos
indostónicos
eslavos
indígenas
americanos.
Intoxícame de ellos.
Propón. Opina. Contempla. Afirma.
Estés segura de.
Acataré tus juicios con disciplina
de monje carmelita.
Después te pagaré.
Te daré tu propina caribe.
Y estaré ante tus cartas
quirománticas
el resto de mis (tus) días.
Porque, querida, en un mundo
de magos
yo también soy gitano.
Para Ivón, - navegando las arenas únicas de su piel.
Desconozco los miedos porque tengo miedo genérico
como todos los mortales.
Pero hay un miedo Olímpico que me gusta tener.
El miedo que me nace de los sueños tremendos.
Ese miedo conque amanezco en la mañana
transpirado y feliz
revolcado en las sábanas blancas
abrazado a la almohada
con el llanto interior de los cautivos en la reja nupcial.
Cuando tengo ese miedo
me colma todo el valor del Universo
y debo actuar contra todas las mareas del otoño.
O sufrir contra todas las posibilidades
de cualquier negación.
Digamos que existe una mujer que colma mis espectativas.
Todas mis espectativas.
Dueña de una boca hermosa
sin aditamentos frutales de artificio
gerente absoluta de dos pechos
donde el mapa bastardo de la silicona
se quedó en el estercolero de la envidia.
Una mujer con trasero de piña pintona
y libre caída de sus montes hacia los valles
de sus corvas invictas.
Una mujer con piel de horizontes
ojos de gacela sobrada
hombros para lucir toda la gama de descotes
en las tablas exactas
plano vientre y ombligo lunar en el entresuelo del delirio
amplias caderas como si la boca del hombre y la maternidad
se fundieran para un parto de fuegos
en cada superficie calculada.
Una mujer difícil y orgullosa
prepotente y segura
tan sincera como las mariposas enjauladas
y las libélulas rotas.
Una mujer abierta a las exploraciones sin el mas pequeño pudor de madreselvas.
Inlocuaz y parlante si el instante amerita.
Coraza maleable
tras cuya pared se alberga tanta ternura contenida
que explota siempre en la mirada involuntaria
en la risa contenida
o en la promesa indócil.
El almanaque se durmió en sus ojos de esmeralda oscura
y su fantasma vaga entre los dígitos de la década tres.
Tiene la mujer un útero invicto
un vientre que jamás se expandio
dos pezones de virgen medieval
várices guardadas para el próximo año
antojos dormidos
un regazo núbil
y unas manos
que solo se retuercen en la caricia que no llega
jugueteando al futuro.
Transita semilleros de rutas la mujer
y parece que en cada estación un gran cartel delatara
sus disposiciones.
Pero la mujer no está en venta
aunque esté disponible.
Como todas las mujeres disponibles que no están en venta.
Para la mujer el summun de la vida pasa
( de momento)
por alcanzar orgasmos con baladas dulzonas
acaricar hampster y conejos bonsai
ver trotar a un perro en las veredas del cariño
y en su razón de sueños
hay una góndola que la traslada por los canales de Venecia
a ella sola
mientras el agua hace remolinos en su clítoris
y el remo pértiga del gondolero es una bestial invitación
al paroxismo que será.
La mujer desayuna en su mesa de laburo
como las hembras soberanas que tienen su tiempo de cocteles
en los caprichos.
Soñar a esa mujer no es difícil ni es temible.
Pero meter a esa mujer entre los sueños
encajarse en su carne
sentir dolor de sus pasiones
es una descomunal emboscada a la nostalgia.
Soñar a esa mujer
después del fuego de los sirios y de los sahumerios del dolor
soñarla en el abrazo y en la protección
soñarla en lo querible y en lo tierno
soñarla en el amor apoderativo y terminal
en el rito y la sombra
en la carne y la luz
en la cama y en la mesa
en el cajón de saltos y en el patio
soñarla viendo niños entre las brumas del mañana
soñarla en la eternidad de las pasiones
soñarla de esa manera misteriosa y sublime
en que soñamos al rocío
es el miedo supremo.
No se puede soñar a una mujer y a una diosa
a una fruta madura y a una abeja sedienta
al amor y a la vida.
El sueño solo es sueño si tiene la rara capacidad
de ser truncado.
Cuando el sueño es total deja de ser sueño
es despertar sin magia
sin razón de espectativas.
El sueño total implica compromiso
y vencer al temor de la única manera en que se vence al temor
en los escenarios de la vida.
Estoy mujer ante tu mesa cubierta y ante tus cartas blancas
escuchando tus diatribas contra un hombre sentado
bebiéndome tu piel en cada bocanada de atención.
Eres gitana pura
detrás de mi navaja mi cante jondo mi guitarra
y mis atuendos de taranto.
Porque soñé contigo sobre las plumas
de un colchón diferente
y soñé ese miedo tremendo que te cuento
ese miedoso sueño permitido
conque los hombres desnudamos el valor de los cruzados
y mordemos victorias sobre los campos de batallas inconclusas.
Te soñé mujer
y vas a ayudarme a despertar entre tus ojos
cerca de tu piel
metido en la temible madeja de tus cartas
borracho de tu pelo y de tus manos tejedoras de luces.
Ya sabes, Ivón.
Providencia.
Santiago de Chile.
Marzo 3 del 2005.
Luis Eme Glez.-
No comments:
Post a Comment