Puedo quererte entre las sábanas
bajo la lluvia de las duchas
en cada pista donde el amor es cierto.
Pero tu lugar
está en la
ventana
mirando la lenta policromía de la vida.
En la ventana de Palacio.
Para Paola, intramuros.- en la Cordillera.
La exhuberancia puede ser la manifestación grosera
de lo que alguna vez fue
el porvenir de lo cotidiano hecho asombros
entre los lapidarios del pasado.
Puede mutarse ordinaria la exhuberancia
si no cabalga en boca de ecologistas que diserten,
por ejemplo,
de exhuberantes selvas tropicales.
Tal vez un bosque exhuberante - insisto, solo un bosque -
pueda encantar la vista del gran equivocado
en la función exacta.
Hablo de un bosque y aprecien
un vasto maremagnun de lianas y de hojas y de ramas
y de verde y de fauna
donde la lluvia se divierte en sí misma
copulando en la tarde.
Acaso un cuerpo no es un bosque ordenado
en el desorden de las formas
no es acaso el cuerpo una selva incógnita
en que pululan todas las alimañas del delirio
y se cuecen las energías del abismo.
Viva pues, la despiadada exhuberancia de los cuerpos.
Ahora bien, si la exhuberancia se sembró en un cuerpo hembra
entonces la selva es más que bosque
y más que enmarañada catarsis de misterios
ahora es perspectiva y equilibrio
cadenciosas curvas en la recta del deseo.
Idéntica amalgana de requiebros
como si cada ecologista depusiera defensas
tras las puertas tapiadas
y entre las felpas del amor.
Exhúbero y forestal cuerpo femenino
adorable body de horizontes.
Montaña cincelada por Miguel Angel
a partir de la primera baldosa de Florencia la Vieja.
Parto de Boticelli a horcajadas
sobre las bucólicas de Virgilio.
Enorme tortuga de Galápagos forjada en los talleres de
Mercedes Benz.
Descomunal Stradivarios tocado por los dedos de Bocassio.
Fabuloso contrabajo ciclópeo enternecido en las telas
del Goya de las Majas.
Dinosaurio hembra pisoteando los arenales prehistóricos
donde Le Corbussier imaginó la rara exactitud de
la belleza.
Ballena trotamundos tras la huella verdeazul del Poe cuerdo.
Gigantesco lienzo moldeado por las hormonas
del Mata inconquistado.
Cuerpo trabajado en los talleres donde Boticelli
regaló concavidades para la eternidad.
Mujer de cuerpo hembra trotando el espacio prohibido
para los cuerpos hembra
sin la exhuberancia
del diseño extra
exacto
en la brutal y efímera
sinrazón de los artistas.
Caído desde los montes en el llano de asfalto
el cuerpo se alarga y se ensancha todo
hasta donde la carne grita su voz atrincherada.
La piel alcanza la tremenda tesitura del pentagrama.
La mujer es un mapa(mundi).
En ella esta marcada la geografía
con el caleidoscopio incólume
y
cada continente es
una invitación a explorar la magia que se esfuma.
La carne es rosa
abruptamente saludable
porque le bañan los vinos de las parras elegidas
pero si queda el blanco inmaculado
el espectro es un sol irreverente
que se quema en sus labios
y nace una sonrisa tan obtusa
que Leonardo la hubiera tomado para su otra versión
de Mona Lisa.
El cuerpo hembra se mueve con la plasticidad de la columna
mientras se ríe
y hay exhuberancia en la dicotomía de la pose
en el momento primo
se desplaza gana baldozas deja atrás estantes y mesas de oficina
ruge se ladea tres cuartos
es ahora un línea invicta con el norte a trasluz
y la amazonia de su pelo maíz flamea como bandera victoriosa
asalta el infinito
como un albatros soñando el litoral sabido.
La mujer y su cuerpo exhuberante van hacia cualquier lugar.
Pero en los pasos del privilegio de sus pasos
queda una huella real ( entiéndase Realeza).
Solo entonces los gentiles
definen
que se trata de un porte único
de un regio andar involuntario
de cierta clase que anda mas allá de la noche de los tiempos.
Y los ecologistas
tomados en fraganti
acuden a sus textos genealógicos y a sus archivos
para recordar los siglos en que su interés supremo
les conducía a las iniciales de la Tierra.
Es un caminar de Casa de Westminster
Una mirada ausente de Casa de Escorial
Un aire de San Petersburgo
Una sonrisa Hohenzollem
marcada por la Selva Negra
Un vuelo sobre Versalles con escala en El Cairo
y todo el bagaje
de la
Cordilera Eterna.
Amo la exhuberancia incólume única trasnochada.
A los atardeceres abiertos
y al amanecer inabarcable
a la luna enigmática bajo la lupa sibarita
a las cosas que estrucan la monotonía de lo cotidiano
y son por sí mismas la otra alternativa de lo fútil
las concavidades amorfas y a los cerros que niegan
la cercanía de su aparente accesibilidad
las dimensiones anormales
porque lo normal se hace aburrido
en la diferente percepción
la carne desbordada
cuesta abajo como las peñas de Macondo
como aerolitos sin rumbo en el vacío
los besos de trincheras roídas
y el inmenso misterio que me brinda
el Todo Transgresor.
Adoro tu Clase, mujer.
La amo.
La venero.
Y en tanto no compartas
tu ritmo señorial
postulo
para Príncipe Consorte,
Paola.
Providencia, Santiago de Chile.
Febrero 19 del 2005.
Luis Eme González.
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