Tuve mujeres de las que dije
qué hermosos tus cabellos mujer.
Y eran mías las hermosas mujeres
y sus hermosos cabellos de mujer.
No tengo a esta
mujer
ni tengo a sus cabellos.
Solo que no se trata de una mujer
en el sentido
exacto.
Se trata de un árbol compacto
de follage prodigioso
con cuerpo de mujer.
Y os aseguro entonces
que asistí
a la magia del cabello más regio
a la casi sinrazón del pelo
orlando al delicado cuerpo de mujer
que os presento.
Deseo repetir
no se trata de una mujer con pelo
incomparable
de una cabellera espacial
de una primavera negra con un cuerpo.
Se trata de algo más.
De algo que está más alla
de toda razón de espectativas.
Para Ruth,- maravillado.
Me gusta tu nombre
no porque me regale reminiscencias bíblicas
ni porque marque con números tu signo personal.
Tu nombre no es fábula y también es sagrado.
Me gusta tu nombre porque tengo que pronunciarlo
con la lengua pegada al paladar
prendida en los molares
pronunciarlo tu nombre, digo,
con la boca entreabierta y los dientes lejanos
y los labios tendidos en óvalo suave.
Dulce nombre pequeño como los granos de polen
musical como el silbido del trigo en las quebradas.
Nombre hembra nombre trino nombre de carillón blanco
retumbando en los monasterios del amor.
Me gusta tu apellido porque rompe
todos los enigmas del idioma
y porque soy débil ante los seudónimos que no son.
Tu apellido, digo que me encanta
porque el sonido me sorprende como un estuche de besos
abandonado en el fondo del bosque.
Me gustan tu nombre y apellido porque sí.
Me gusta recordarte y eso es malo.
Me gusta temer de tu presencia y eso es malo.
No me gusta soñar contigo y eso es bueno.
No me gusta explicarte los posibles misterios de mis gustos.
Me gusta verte caminar apresurada
los interiores de la Tienda
con tus zancadas de siete millas
y tus saltos pausados
esos, mujer, con los que adelantas
a la duda del viento.
Te mueves de prisa y adelantas tu tiempo
y observas con tus ojos morunos en tu espacio medido
como si la vida se fuera tras el último paso de tu piso
y cada minuto fuera una batalla decisiva
donde alguien pierde o alguien gana
o alguien espera.
Me gusta que te acerques y me mires
porque me encanta el bajorrelieve de abanico de tu pelo
enmarcando tu rostro.
Me gusta que te alejes sin mirarme
porque me gusta esa jungla abandonada en tus espaldas
como rayos de un sol sin disciplina
oleaje oscuro y catarata virgen
mordiscos locos besando tu cintura
y la mitad de tu cuerpo perdido bajo la túnica de fuego de tu pelo.
Me gustan tus cabellos
ceñidos
recogidos
chascones
peinados en la tarde
libres al vacío
desordenados como las aves migratorias
sedosos como crisálida inocente
únicos como las lunas que nadie ha descubierto.
Tanto me gustan tus cabellos que no sé
si tienes cuerpo o si algo late o algo vibra al sur de tu pescuezo
si existe algo mas acá de esa selva compacta indescubierta
acariciable y sonora como las conchas del océano
que se aleja.
Pero no importa.
Siempre una mujer es algo mas que un cabello tendido en la luz
y que un cuerpo debajo
tejiendo una historia de sueños.
Mientras no pueda sacarme tus cabellos del alma
este poema es un parto inconcluso
y un orgasmo todo interminable
sin nombre
chascón como los huracanes del trópico
un poema intoxicado
con los adorables genes
que nacen en el ártico de tus ojos.
La noche se durmió en tu pelo,
Ruth.
Providencia.
Santiago de Chile.
Marzo 12 del 2005.
Luis Eme Glez.-
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