Thursday, December 9, 2010

Guitarra amanecida.-

                                      Poema 6.-


                                      Como si fueras mi carcaj
                                      te llevo al hombro.
                                      Te llevo en mis caderas
                                      como si fueras un gladiolo rojo
                                      perdido en el otoño.
                                      Como si fueras la copia de mi corazón
                                      te llevo en algún lugar innominado
                                      de mi tórax.
                                      Soy incólume viajero desandando
                                      las curvas de tu senda.
                                      Mis dedos de gurú juegan con tus
                                      cuerdas
                                      tensas
                                      en medio de la noche.
                                      Tus sonidos son como el balar de las 
                                      ovejas
                                      en el prado horizonte
                                      tras el plañidor de amores.
                                      Cómo podrías
                                      evitar que mis dedos pulsen
                                      los adorables trillos de tu gracia.




Para Irene,- atolondrado músico de tí.


Alguna vez vieron una guitarra en pie transitando el asfalto
una mandolina impúdica regando notas sublimes
en las autopistas del amor.
Una guitarra clásica desandando la vida cada amanecer.
Una caja de música hablando su angostura
de eco irrepetible.
Naufragando (la guitarra) en los ojos tan crédulos
del enrumbador de sueños.
Una guitarra viva
tan viva como la guitarra viva de Paco de Lucía
tan despiadada como la guitarra despiadada de Erik Klapton
tan ígnea como la guitarra ígnea de Jimmy Hendrix
tan peregrina como la guitarra peregrina de Leo Brower.
Vieron esa guitarra ceñida al centro
desde donde las curvas salen
como cometas despistados al vacío de nadas.
Una guitarra hembra en el mejor sentido.
Alguna vez la música de la carne se combinó mejor
para el oído atento y el cerebro presto
para el óptimo encanto de la vista
o aquel levantamiento espontáneo del músculo invasor
hecho hueso en el colapso de la guitarra sorprendida.
Cada arpegio es para el hombro angosto y la cadera justa.
Cada nota es un poema para el vientre plano y la pelvis recia.
Y la fugaz arquitectura de los muslos dóricos
frotándose eternamente bajo los géneros selectos
no es otra cosa que un gran parto orquestal
con solo de guitarra.
Cada sonido que pare desde su caja templada
(la caja es una caverna inmensa festonada
por negros guardabosques- "boca jadeante de espuma negra"-
tras cuya cortina se esconden
los misteriosos ecos del anhelo)
es  orden para el paso medido de gacela altiplánica
por sobre los matorrales del ensueño.
Cada extremidad barre la cadencia del deseo.
Ahora la guitarra es una cara que simula sufrir
con esa impiedad de las cantaoras de puna y patagonia
de poncho y primaveras
balando el dolor ancestral de las quietudes.
Pero en realidad es apenas postal inadvertida
enmascarada de Madonna (entiendan Boticelli)
y la boca expandida bajo el ojo dormido en la nieve caliente
se curva
adivinando al beso que se abre.
Al reverso de la guitarra
allí donde lo excelso se torna retaguardia
del otro lado de las lluvias
bajo los cocoteros
la magia se comió al durazno.
Al fondo lumbar la pera labra la perfección del ánfora sagrada.
Dos cerros empinados de suave performance
cobijan al camino cordillerano que tejió la división 
de cada asombro.
Las telas explotan
apuñaladas
por la savia de la carne indomable.
Tal vez no haya vocablos para enunciar la perfección
de un trasero esculpido.
Nombrarlo con el precioso lenguaje de las calles
de los bajos fondos
del detritus asfaltado.
Extasiarse en la postal de toda costa exhuberante.
Compararlo a la distancia de cualquier carnaval
de cualquier navidad
de cualquier noche buena
de cualquier año nuevo
e invasiones de azúcar y bananas
o intrincados laberintos del Africa Negra.
Es como redescubrir el Universo montado en un caballo
de alas cibernéticas
rompiendo las nubes que se oponen.
Porque tu culo es otra cosa
otra dimensión
un mundo paralelo
un caos extemporáneo
un volcán activo
un sunami sin medidas
una línea apaisada al centro de tu ritmo
un quiste adorable en algún lugar de la guitarra atrincherada
entre tus pliegues.
Tu culo, chiquilla, es de esas pocas cosas
intangibles
que no pueden pronunciarse
sin perder el equilibrio.
Déjame jurártelo
me estoy cayendo,
Irene.

Providencia.
Santiago de Chile.
Febrero 12 del 2005.
Luis Eme Glez.-
















        
                                                 

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