Si el norte adivina al sur
soy tu quiromántico de piel.
Mujer, está lloviendo rojo entre tus labios
y como yo no soy Jim Kelly
no me permites bailar bajo la lluvia.
"Me desordeno amor me desordeno
cuando voy en tu boca demorada
y acaso sin saber por qué por nada
me desordeno amor me desordeno".
Donde termina
el cielo con el mar
no hay horizonte
porque tu boca es la línea única
de toda
certidumbre.
De todas las bocas tu boca es la que quiero.
Para Maritza,- en el alero de los sueños.
Sobre los tejados la lluvia es un quejido de fuegos.
Y tu boca es la nube y el agua es tu saliva
en esta madrugada en que te sueño.
Soy un hombre mordiendo las almohadas.
Quien baña las sábanas y convulciona
entre paredes cómplices.
Soy un pobre soñador
condenado a la fugaz geometría
en que te exhibes ardorosa y segura
con tus aros impolutos y tu voz de copihue
entonando la sublime alabanza
de la Sagrada Familia.
Tras el sueño eres una gacela desafiando
a los amantes que te sueñan
en esta madrugada de inviernos que anocheces.
Porque, mujer,
al fondo de mis párpados nada puedes hacer
contra la zarpa del animal onírico
que te tienta como duende encantado
y te cobija
indefensa y sonora como una luciérnaga virgen
abandonada al furor de los sueños.
Qué hermoso que estés y que no estés
en mi mundo incorpóreo y tenue
dibujada
en el requiem de la perspectiva.
Dentro de la baja noche
mi cuerpo se perdía todo
como si la gravedad
fuera dueña absoluta del instante.
Solo levitaba mi cabeza poblada de labios
libando los pastizales rosa del ensueño.
Mi boca (también la mía)
besaba con pasión de abandonado hombre
de los páramos.
En mis labios rodajas de damascos en flor
se fundían con las sandías del Edén
para un parto de néctares.
Cada hueso de nácar - esmaltado ámbar del otoño
impreciso-
sabía a playas solitarias
y la lengua vencida se dejaba navegar
por entre las olas revoltosas del placer.
Apenas mis manos sorprendidas
adheridas al cuerpo náufrago
sujetas al rostro cual hidra rebelde
presionando con ansias renovadas
las mejillas de polvo equinopcial
"tibias como la fiebre de los ángeles"
en la misma frontera de la cabeza levitante.
Succionar era el amor desde el sexo de arriba
morder era la gula que hubiera matado
al otro Pantagruel.
Sibarita noctámbulo
en cada traspiés del espacio habitado
amando a ciegas todas las sinrazones de la carne.
Detenido en tu boca perfecta
rozar las comisuras con las yemas
un arco de fuego en el abismo
de llamas envolventes
morir de nuncamuertes.
De pronto
se fundió mi cuerpo a la cabeza
y todas las humedades convidaron al sol
a un banquete de lluvias.
Cuerpo y manos y boca y la sinfonía de quejidos
y esos ojos acuosos mirando desde el fondo del cielo
dos esmeraldas como paraguas
en el borde del beso.
Yo besando la tibia madrugada de tu boca
despertando
como ejemplar caballero de la alegre figura
sin lluvia en el tejado ni quejidos de fuego
solo la luz en la ventana como un rayo burlón
y el día quemando al sur de mi garganta
donde debieron estar las otras geografías de tus besos
el Cosmos inalcanzable de tu boca
la sin par egolatría de tu rictus
la pagana familia
y un surtidor de savia en las ramas
del árbol que ahorita te soñó.
Perdido ( y encontrado ) al fin
en tu exquisita boca
de fruta desbordada,
Maritza.
Providencia
Santiago de Chile.
Febrero 12 del 2005.
Luis Eme Glez.-
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