Tuesday, May 7, 2019

Leighs Acres, Fort Myers. (1).- La ciudad que no fue.



En Junio del 2010 ya mi amigo Onel Vega Chaviano estaba haciendo "over time".  Tenía suficientes contactos en toda la Florida como para siempre tener un viaje listo hacia cualquier sitio de los Estados Unidos. Ello le garantizaba "tiempo extra". De modo que sus vínculos comenzaron a servirle para conseguir trabajo a otros amigos choferes y a los amigos de estos. Ello constituía un plus a su salario. Poseía un dominio decente del inglés relativo a su  nueva ocupación. Me dijo que el maldito tiempo que le llevaba viajar por todo el país lo tenía hasta el hígado y que estaba pensando seriamente en dejar el trabajo. Tal vez decidiera vender el camión. O arrendarlo. En verdad su pincha "extra" marchaba viento en popa. Un segundo contratiempo estaba relacionado con la soledad de Mirelia. Leighs Acrees es un tanto campo raso,  medio infinito,  en donde las residencias están muy alejadas y la soledad es soledad de verdad. Ella debía pasar semanas enteras esperándolo. La situación se había complicado porque el negocio de vender comidas estaba en picada ese año e incluso ella tenía el carro "lunchero" parado y estaba listo para ser  vendido. Cuando pregunté "de modo que trabajan los dos", respondió "sí, aquí es así". Yo sabía que aquí "era así" pero desconozco aún por qué había pensado que ella  solo  hacía de ama de casa. El gran perro y alguna visita de su hermano Oricel - lunchero en Healeah y también dueño de una residencia en el lugar - era lo único que hacía soportable su soledad de espanto. Mi prima segunda Mirelia llevaba tiempo pidiéndole mudarse para Miami. Sencillamente había tocado fondo en Leighs Acres. De momento el plan consistía - de hacerse real - en vivir un tiempo en casa de Mario, su padre, hasta que encontraran un arriendo decente. Mi única información relativa a la gran propiedad de Onel tenía que ver con una frase que me soltó la noche de mi llegada. "Con mi hermano vendimos la finca de Homestead y cada cual compró una casa". Su hermano vivía en Naples, también en el campo. Nunca supe nada acerca la "finca de Homestead". Aprecié que también había podido comprar un viejo camión contenedor de catorce ruedas.
Pasé dos días redactando la historia de mi Viaje Chile-Argentina-México-Usa para mi hermana. Redactaba a lapicero. Lo hacía en una habitación que fungía de oficina y en donde había un gran colchón negro tirado en el piso.  Colegí que alguien debía dormir allí. Mis sospechas se harían realidad al tercer día. De modo que solo escribía, recibía llamadas de la gente que se iba enterando de mi llegada y salía al patio para mirar al Este sin fin o al patio para hacerlo hacia el Oeste, una pizca más finito. Los hijos de Onel - el mayor era del primer matrimonio con una peruana - dormían o jugaban con sus teléfonos celulares. Eran un par de chicos muy grandes y muy desarrollados. Onel y Mirelia dormían. Dormían demasiado y ella solo se levantaba para cocinar con la gracia suprema de su madre. Onel se la pasaba con su Laptop "consiguiéndole trabajo a los choferes". Desde la cama. Y yo escuchaba su inglés con acento de Yaguey... "Haz lo que te salga de la tranca, no me hagas caso, esta es tu casa", recalcaba. Agradecido, de todas formas me sentía un extraño. Onel era solo otro cubano emigrado que creía "vivir como viven los americanos". Por suerte, yo sabía de eso.  Jose El Traketiao llamó para decirme que pasaría a buscarme cuando yo decidiera salir para Miami y que quería que estuviera una semana en su casa de Naples. También llamó Maricel para avisarme que vendría a saludarme en cualquier momento. Monina vivía muy cerca de Onel. Trake volvió a llamar para asegurarme que "irás para la casa de Guillermo" y que Ningo Pasomalo "se encargaría de moverme por la ciudad para resolver el larguísimo procedimiemnto de Inmigración".  Debo confesar que ello no estaba en mis planes. Siempre había pensado que yo comenzaría mi estancia en Miami en la casa de Mario Fumero o en la de Carlitos Rodríguez. No solo porque ambos eran mis primos hermanos de confianza y me lo habían ofrecido cada vez que habíamos hablado pr teléfono sino porque el ofrecimiento me salvaba de pedir un favor. No obstante, Ningo era también mi primo y con él habíamos crecido en los tremedales de Plateros. Consideré que Trake se lo había pedido y que él había dicho que sí. De modo que lo agradecí. No dije nada a nadie. Se trataba del primer "caso resuelto". Además, era mejor estar en Miami que en Healeah. La mayoría de los Centros de Inmigración estaban allá. No importaba que Healeah, la ciudad de "los cubanos", formara parte del Area Metropolitana.
Una mañana me levanté más temprano de lo habitual y cuando entré a la Oficina del colchón negro me encontré con los hermanos durmiendo sobre él, en posición de zafarrancho pubertario. Por tanto yo estaba ocupando el cuarto de ambos en el ala noroeste de la casa. Me sentí mal. Onel no me hizo caso. Usted se calla, deje que esos manganzones duerman en el piso, me dijo. Respondí que para nada. Que esta noche cambiaríamos de sitio. "No joda, compadre, si la mitad de las veces se quedan dormidos en el sofá mirando mierda en sus teléfonos o jugando a boberías", agregó. Convencido, me dije que de todas maneras mi estancia no pasaría de una semana en la residencia burguesa de mi amigo Onel Vega Chaviano. De mas está decir que yo no podía dejar de pensar en su "residencia" proletaria de Yaguey. Pero alegrarme del bien de los demás es parte de mi diseño. Poco antes de acostarnos, Onel me dijo "mañana vamos al Publix". Ok, dije. Yo conocía el significado mas socorrido de la palabra Publix.

Mayo 7 del 2019.
Luis Eme González.
Swetwater.
Miami.
Usa.



























sa.

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