Tomado de Grandes Nostalgias.
El niño estaba jugando con el gato en el comedor de la casa. Chicho no paraba de tratar de coger la punta de la pita que el niño halaba hacia arriba cada vez que el animal estaba a punto de atraparla entre sus pezuñas. El niño se moría de la risa porque Chicho saltaba debajo de la pita y cuando caía sobre la tierra del comedor ya la pita estaba otra vez encima de él como cinco pulgadas. La punta de la pita tenía una pluma de gallina capirra amarrada y el niño pensó que con tres o cuatro pasadas más podía convertirse en una escoba de barrer comedores porque la tierra batida quedaba licesita debajo de la pluma. El gato estaba cansado porque cuando no saltaba corría tratando de agarrar la pita que el niño halaba delante de él. Deja de joder a ese gato, muchacho, que se va a emborrachar con tanta vuelta y le va dar una sirimba, dijo Laniña desde el vano de la puerta que daba a la cocina. Si nunca se ha emborrrachado, mami, las plumas de gallina no emborrachan, dijo el niño y ambos se dieron cuenta de que Chicho había comenzado a dar volteretas sobre el mismo lugar y había perdido el interés por capturar a la pita. Ahora verás cómo se cae de un lado, falso veterinario de gatos amarillos, agregó la madre. Chicho disminuyó la frecuencia de sus círculos sobre el piso de tierra y se deslizó sin control hasta chocar contra la pata de la mesa. Qué te dije, la madre se metió en la cocina y el niño escuchó el ruido que hicieron los cubos al chocar cuando ella los despegó del banquito de madera. Está bien, mami, ya le dio la sirimba pero no se va a morir por otra borrachera si nunca lo ha hecho. Anda, acompáñame a buscar dos cubos de agua a casa de Mary. Déjame llevar a mí el Número Ocho de ordeñar. Está bien, cógelo, pero no lo arrastres por el camino, échatelo al hombro. Sí, mami, ya lo sé.
La primavera había hecho crecer mucho a las yerbas de modo que la madre y el niño tuvieron que caminar sorteándolas, pateándolas y separándolas para no perder el rumbo. Todavía el camino estaba enfangado y al niño le encantaba resbalar sobre él con sus pies descalzos. Deja de resbalar en el fanguero, niño, que te vas a caer y acabarás de desgraciar los fondillos de tus pantalones, la madre lo cogió del brazo libre y lo haló tras ella. Mami, hoy estás insoportable, qué, es que no tienes cigarros amarillos o qué. Déjate de falta de respeto, culicagao, que te voy a dar un sopapo por la cabeza y te voy a mandar de regreso a la casa, o es que no te das cuenta que ya a tu pantalón no le cabe ni un zurcido más en el culo. Entonces lo que tienen que hacer es comprarme uno nuevo. Si ya sabes que lo tienes, muchacho atrevido, pero solo lo estrenarás cuando se te acabe ese. Como el niño había oído esta frase otras veces no dijo nada. La madre abandonó el camino y dobló a la derecha. La mata de chirimolla estaba hermosamente enfollajada y la de limón mostraba sus primeros frutos de temporada. Pon el cubo ahí, le dijo al niño. El niño colocó el cubo sobre el brocal circular de cemento del pozo de Mikel mientras la madre ataba la soga al asa del suyo. La madre se subió al brocal y comenzó a deslizar la soga entre sus manos, con el cubo amarrado, hasta el fondo del pozo. El niño apoyó las palmas de sus manos sobre el brocal y miró el viaje del cubo por entre el redondel perfecto de la zapata de piedras que había hecho Antonio Elcarpintero. Mami, para qué sirve esa zapata de piedras aparte de escachar a los cubos cuando chocan con ella. La madre sonrió. Para que la tierra no se suelte y caiga sobre el fondo tapando a los manantiales. Por eso es que el pozo del río siempre está tupido y lleno se solapas. Por eso mismitico, Pablo Anacleto, y no me preguntes por qué el pozo del río no tiene zapata porque sabes muy bien por qué. Porque sería por gusto, si de todas maneras cuando el río crece o la derrumba o se la lleva. Por eso mismo. El niño vio como el cubo chocaba contra el agua cristalina del pozo de Mikel y escuchó los golpes inevitables contra las puntas de las piedras. La madre dejó que el cubo se ladeara sobre el agua y le dio un tirón a la soga para que se hundiera. Entonces se acomodó un poco más sobre el centro del brocal y comenzó a halar el cubo que otra vez chocaba contra la punta de las piedras y cuando llegó arriba le faltaban como cuatro pulgadas de agua. La madre lo colocó sobre el brocal y lo cogió por el asa y por el fondo y lo levantó sobre el cubo Número Ocho para vaciar el agua. El niño se dio cuenta de que el agua que se había perdido en el camino no era tanta como para que el Cubo Número 10 no pudiera llenar al Cubo Número 8 de ordeñar. La madre repitió la misma operación con el Cubo Número 10 y cuando lo hubo regresado hasta arriba lo colocó al lado del Cubo Número 8 sobre el brocal. Enrolló la soga en círculos que pensaba idénticos y la puso sobre el lado sur del brocal. Ven, le dijo al niño, vamos a ver si Mary tiene un poquito de zambumbia.
Mary sabía que Laniña y su hijo estaban sacando agua del pozo porque los había visto cuando venían por el camino enfangado. Así que había puesto la lata de pera con zambumbia sobre la plancha de zinc del fogón para que se calentara mientras su amiga llenaba los cubos. En el momento justo en que el niño pasó su pierna derecha sobre el durmiente de la cocina escucharon la voz de Mikel desde el cuarto matrimonial al norte de la casa. Mikel voceaba muy alto y echaba maldiciones a personas que el niño no veía. Hasta que los muchachos comenzaron a salir por todas las puertas de la casa a cuanto le daban las patas para esconderse en las ranflas del río, debajo de las matas de coco y de las de limón, detrás de la casa de Tite y hasta en la manigua que había entre las palmas que se elevaban cerca de la frontera de la cerca del Hombre de la Ciénaga. El niño oyó clarito cuando Mikel gritó "estos muchachos de mierda no lo dejan dormir a uno el mediodía, coño, un día los vay a reventar a patadas por el culo". Mary y Laniña se miraron, aprobando. El niño se preguntó qué cosa tan mala habrían estado haciendo los muchachos que Mikel les había prometido reventarlos a patadas por el culo. El niño reconoció algunas de las caras que corrían. Pelenchoeldebeto se había metido debajo de la mata de chirimolla, Pedritoeldebelillo se había escondido detrás de una mata de coco indio y cualquiera podía verlo sin ninguna dificultad e Ignacioeldepepe se había sentado en el banco de madera del comedor como si acabara de llegar desde su casa en el faldeo de la loma. Leonardoellindo, Muricometierra y Kelementeculocaliente se metieron en la cocina y el niño les observó preguntándose si también Mikel les rompería sus culos a patadas aunque fueran sus hijos. Ya Mikel les ha dicho como mil veces que no jueguen balines cuando está descansando en la cama, les recordó Mary. Es que los muchachos vienen a esta hora y no hay ningún terreno que no tenga yerbas para jugar balines, explicó Kelementeculocaliente. Pues que vengan a otras horas o júntense todos para guataquear un pedazo de tierra debajo de los cocos o váyanse a casa de Justino, qué carajo, y no crean que a mí también no me joden la vida con tanta bulla al mediodía y eso para no hablar de cómo me dejan el piso de la sala. La zambumbia alcanzó para todos. Laniña se empinó su tasa de metal azulado abollada en el fondo de un tirón porque la zambumbia de Mary era agua de culo. Laniña nunca la criticaba porque sabía que Mary sí que le sacaba todo el sabor al café y por tanto lo que quedaba de borras era un polvo estrujado con gusto a nada. La tasa abollada en el fondo se le parecía al niño al tibor de su casa. Diez minutos después, cuando Mikel había comenzado a roncar de nuevo, todos los muchachos regresaron al piso de la sala de Mary y el niño escuchó como Pelenchoeldebeto preguntó que "a cuánto el Plante". No, si cuando yo lo digo, no tienen un rastro de verguenza, dijo Mary, cuando Mikel le rompa el coco a uno ya veremos si siguen con ganas de jugar balines al mediodía. Laniña se echó a reír. Déjalos, chica, si solo son muchachos, le dijo. Muchachos, preguntó Mary, muchachos dices, oye, que son tarajalludos hasta con pelos en el culo y ya debían de estar buscando novias o trabajando. Oye, que tú Leonardoellindo tiene novia. No lo creas, son amores de niños a escondidas, los Gucende son muy buena gente pero cuando se trata de entregar a su hija rica a un muerto de hambre como nuestro hijo eso otra cosa. No creo que a Adolfina le importe ese noviazgo. A mí tampoco me lo parece porque ella sabe muy bien de donde viene, a los que le importa de verdad es a Pablo y a Pedro, su amistad termina donde empieza el noviazgo. Tú que sabes, mujer. Yo sí sé Niña, yo sí sé. El niño sabía que las mujeres estaban hablando de la bella Aracely y sintió celos porque él estaba enamorado de la muchacha que le contaba cuentos de La Tía Tata mientras lavaba la loza en el platón cuadrado de metal de la cocina en las noches cálidas. El niño tomó agua fresca de la tinaja pero ahora no oyó la frase célebre de Gaby "ahí viene el pato a beber agua" porque el abuelo estaba descansando también y tenía un sueño tan profundo que no lo hubieran podido despertar ni doscientos muchachos jugando balines con pólvora detonante en su interior. El niño se dirigió a la sala de Mary. La sala estaba llena de muchachos. Hasta Licheladebelillo estaba jugando con los muchachos. Aly se comía las uñas mientras miraba el juego desde la puerta que daba al cuarto matrimonial. El niño se dio cuenta que todos estaban de pie excepto un jugador que estaba agachado, limpiando la tierra con el dorso de su mano de golpear al balín. Oye, Ratoncomehilo, no eches el balín palante, tramposo de mierda, dijo Kelementeculocaliente. Quién pinga te dijo que lo estoy echando palante. Lo estoy viendo, dejas de hacer trampas o te vas para casa del carajo. Tú estas ciego. Ciego está tu abuela por parte de madre. Vamos, acaben de discutir que Mikel se va a despertar otra vez, dale Ratoncomehilo, acaba de tirar el condenado balín, ordenó Leonardoellindo, al que le tocaba tirar después. Me cago en Dios cabrón, coño, y en la madre de todos, carajo, la voz potente de Mikel volvió a salir del cuarto matrimonial. El niño sintió el golpe de su mano sobre la colchoneta y supo que Mikel se había parado de la cama y que esta vez sí que golpearía a algun jugador de balines. Pero él no se movió del muro de cemento que hacía de zapata del ala occidental de la casa. Cuando Mikel llegó a la sala estaba sin zapatos y desgreñado y vio que ya no quedaba ni un solo jugador de balines. Así que se dirigió a la cocina. Cuando vio al niño de Rafael no dijo nada porque sabía que el niño solo era un espectador. Dónde se metieron, preguntó a su mujer. No sé, siempre se los traga la tierra. Que vayan a jugar a casa de Belillo o al patio de la escuela, si los vuelvo a ver jugando aquí te juro que los voy a reventar y no me importa lo que digan sus padres. El niño vio cómo Mikel cerró el puño de su famosa mano zurda y lo levantó haciendo un ángulo de 45 grados en la zona del codo. Los haré picadillo, repitió, y dijo "niña, no tienes un cigarro ahí". No, aquí no, vete por la casa a buscarlo. Mándamelo con tu hijo. Qué va, para que me "lo revientes sin que te importe lo que digan sus padres". Mikel esbozó una sonrisa. Es que me vuelven loco con la bulla, Niña, loco de remate. Recuérdame que también te mande dos tapones para los oídos porque sabes que volverán a jugar. Voy a tener que poner a Pedrón de guardia. No me digas, si tú sabes de sobra que a Pedrón también le encanta tirar su ñatecito. Me van a volver loco estos miserables, loco de verdad. Déjalos que jueguen, hombre, tú también fuiste muchacho. Cuando yo fuí muchacho no había balines, lo que había era mucho fuetazo por las nalgas y mucho corte y guataquea de caña. Dentro de veinte años habrá otras cosas que hacer, descuida. Vamos, que yo lo busco. Mikel cogió el cubo Número 10 y lo llevó hasta la casa de Laniña. Cinco por cinco, gritó Aly cuando el trío iba por la mitad del camino. El niño se volvió. 25 cagues, dijo. Laniña le dio un Veguero a Mikel y el marido de Mary regresó enseguida porque tenía miedo de que los muchachos regresaran a la sala mas allá de que ya no pensaba seguir durmiendo la siesta. El Hombre de la Ciénaga estaba subiendo la ranfla del río sobre Perica. Mikel descubrió su sombrero de jipe y se detuvo. Dejó el camino enfangado y se dirigió a su encuentro. El Hombre de la Ciénaga llevaba un gran saco de dos quintales apoyado en su pecho, lleno como hasta la mitad, sobre el pescuezo de la yegua. Y eso qué es, preguntó Mikel. La azúcar de este año, la tuya está en casa de Celia, la trajo Bicho en el camión esta mañana. Ah, está bien, la buscaré después, dame un cigarro ahí. Qué, lo quieres como cigarro de repuesto. Mikel se dio cuenta de que se estaba fumando el que acababa de darle Laniña. No, es que esta basura con el tractor de la reforma agraria en la caja es pura paja. El Hombre de la Ciénaga le entregó un Veguero. Eso es lo que fabrican tus amigos comunistas. Ya me estoy dando cuenta del descaro de esta gente, no creas, no se me olvida cuando dijiste en casa de Gucende la noche del 2 de Enero de 1959 que esto era comunismo y que sería una mierda. Bueno, déjame seguir, pensé que ibas a botar esa "mierda de cigarro" y encender el mío. No, creo que algo le sacaré a esta paja. Mikel regresó a su casa por el camino del cocal y el Hombre de la Ciénaga a la suya por el otro camino del cocal. Laniña le ayudó a bajar la saca de azúcar prieta. Más dulce de coco, más aguazucaconlimón, más dulcedepapaya, más mermeladadeguayaba.....Déjame terminar, mami. Dale, termina. Más lombrices por el culodelniño. Espero que este año no te vuelvan a caer, ya tengo tres pomos de Uricida Cuba por si acaso. El niño se estremeció al recordar a las lombrices saliendo de su culo y él cogiéndolas con la mano y halándolas para que acabaran de salir, con aquel tremendo olor a mierda que les impedía servir como carnada para pescar biajacas. El padre le quitó el paño a Perica, lo colocó sobre el puntal del comedor y se dirigió hacia la mata de aguacates morados para amarrarla. El niño le siguió. Papi, le dijo, quiero que luego me consigas algunos balines. El padre lo miró de arriba abajo. Qué, quieres que Lagata te zurza a patadas por el culo en la sala de su casa. No, solo que quiero algunos balines, si no sé ni jugar. Veremos si te consigo algunos por Caibarién, eso sí, quiero que aprendas y practiques aquí en la casa. Está bien, solo consíguemelos. Déjame ver tus dedos. El niño le mostró los dedos de su mano derecha. El padre se los miró primero y después se los acaricio. Se miró sus propios dedos. Tienes los dedos y las uñas cortas de tu madre y no los dedos y las uñas balineras mías, pero a mí no me gusta jugar balines, es un juego de comemierdas. El niño aceptó que sus dedos y sus uñas no eran tan largos pero pensó que posiblemente fuera porque era muy chiquito todavía. Cuando quiera jugar le diré a Kelementeculocaliente que me juegue. Tienes muy buenas uñas, hijo, no me hagas caso, dijo el padre, pero la idea no es mala.
El niño nunca supo de donde su padre sacó aquellos primeros balines que adornaron la lata de leche condensada vacía que fungió como primer recipiente. Eran como veinte e incluían un balín más grande que el niño sabía los muchachos llamaban Bolón y que no se usaba en el juego porque era demasiado grande y cualquiera podía "matarlo", además de que había que tener una superuña para hacerlo rodar con suficiente velocidad sobre la tierra. Los balines eran unas peloticas redondas de cristal blanco como del tamaño de una guayaba movía y tenían figuras de diferentes colores en su interior con la formas más variadas. Al niño se le antojaban mitades de tajadas de mamey colorado y hasta flores de bolloenegra e incluso a veces se le parecían a la forma de la luna cuando su padre decía que la luna estaba de cuarto menguante. Al niño le encantaban sus balines pero tenía mucho de miedo jugar con ellos en la sala de Mary porque estaba seguro de que los perdería todos el primer día. Tenía la esperanza de aprender a jugar algún día como Frankeldebelillo para cuando empezara la escuela dentro de pocos meses porque sabía que en el patio de la escuela se echaban tremendos partidos de balines y que allí se batían algunos de los muchachos que lo hacían los fines de semana y en vacaciones en la sala de la casa de Mikel. A veces los balines no estaban parejitos y el niño sabía que entonces se llamaban "descascarados" y que a los jugadores no les gustaba que se usaran durante el juego porque eran tan difíciles de conducir como las semillas de mate y porque a todos les encantaba la belleza de los balines chinos o la de los viejos balines americanos que eran de los que él tenía. El niño se pasó semanas enteras practicando en la sala del comedor de su casa y una tarde se dio cuenta de que jamás sería un gran jugador de balines. No tenía suficiente puntería, continuaba con el miedo de siempre a arriesgar Tiros al Frito o al oponente que no fueran seguros y ni siquiera había podido dominar la perspectiva de lanzar el balín hacia la Raya de modo que cayera más cerca que el de los contrincantes. Creía que no se trataba de sus dedos ni de lasuñasdelamadre sino de ese temor extraño que siempre lo colmaba ante la oscuridad y ante las broncas de los primos en los campos de las fincas. No se trataba de que tuviera miedo a perder los balines en un juego limpio. Se trataba de que no se atrevía a jugar porque no confiaba en sus posibilidades de victoria. Tampoco le temía a los golpes de sus primos o amigos ocasionales. Le temía a no poder defenderse como lo hacían otros. Así que cuando estuvo seguro de que sus posibilidades serían cero ante los profesionales de la Sala de Mary y cuando consideró que ya había dominado perfectamente todos los secretos y las reglas sagradas del Juego de Balines se fue a la sala de Mary y le dijo a Kelementeculocaliente que le daba sus balines para que le jugara y que si ganaba podía quedarse con algunos. Kelementeculocaliente casi nunca tenía balines porque se los prestaba a los que iban perdiendo de manera que cada día tenía que empezar con otros préstamos. Kelementeculocaliente era el único que estaba en ese caso, aparte de que al niño era el jugador que más le gustaba y en el que más confiaba porque jamás perdía y porque jugaba con una seguridad tan soberana que el niño llegó a pensar que esa capacidad debía tener que ver con la frialdad de su sangre. Kele andaba por 16 ó 17 años pero parecía un hombre hecho y derecho y tenía uñas cuadradas y largas y potentes como las de su padre. Había aceptado encantado el pedido del niño. El niño le dio 15 balines. Los pleítos de Mikel a la hora de su siesta jamás se acabaron porque jamás se acabaron los juegos de balines. Pero el niño nunca se levantó de la zapata occidental de cemento de la casa de Mikel cuando Mikel salía de su cuarto como un demonio a cortar cabezas y a romper culos y Mikel jamás le amenazó con sus palabras tenebrosas. El niño pensaba que estaba chantajeándolo en silencio con los cigarros que sus padres le daban cada vez que necesitaba picarles un Veguero pero no se confiaba y sabía que alguna vez también le tocaría a él.
El Juego de Balines - de "bolas", también le llamaban algunos muchachos - se juega en un espacio de unos veinte metros cuadrados sobre una superficie de tierra lo más lisa posible. Pueden jugar cualquier cantidad de jugadores siempre y cuando los balines en disputa quepan en el Frito. El Frito es un aro marcado en la tierra con cualquier superficie rayante. Generalmente se usaba una lata de pera con el fondo o la tapa colocados sobre la tierra semihúmeda. La marca dejada era sencillamente perfecta y en ella podían caber cada uno de los balines del promedio de jugadores. Como la Sala de Mary era muy blanca debido al cocó que ella utilizaba para barrerla el Frito quedaba fantásticamente hermoso y duraba casi todo el juego. Cada jugador deposita en el Frito la cantidad de balines estimados para "echar la Mano". Generalmente la Mano comienza con uno percápita, luego con dos y puede dispararse para el final del juego cuando los jugadores se han reducido solo a los grandes ganadores. Por tanto para seis jugadores con Mano de a dos hay doce balines en el Frito. Entonces cada jugador tiene que lanzar su Tiro - su balín de juego más hermoso - hacia una Raya también marcada en el piso con el objetivo de tratar de quedar lo más cerca posible de ella porque el balín que más cerca quede de la Raya es el que tiene la prioridad de ser lanzado primero hacia los balines del Frito. Lo que era ciertamente una gran ventaja. A veces en la Sala de Mary no se hacía la Raya porque los muchachos optaban por considerar Raya a la zapata de la casa y entonces había algunos especialistas que lanzaban sin chocar contra la zapata para que su balín no rebotara tanto y otros que trataban de hacer que su balín quedara en el mismo alero de la zapata. Cuando cada quién hacía su Tiro hacia la Raya comenzaba el verdadero Juego de Balines. El primero lanzaba su balín contra el Frito tratando de golpear a los balines y sacar la mayor cantidad posible. Si lograba sacar al menos uno tenía derecho de seguir intentándolo con sus dedos hasta que fallaba y entonces le tocaba tirar al segundo en el orden y el balín del primero quedaba en la última posición a la espera de que el resto hiciera sus movidas. Los balines que se había "llevado" el tirador se llamaban "cagues" y los perdía cuando su Tiro quedaba en medio del Frito y debía volver a la Raya y empezar desde cero o cuando otro jugador lo "mataba" golpeando su Tiro con el suyo. El matador le decía "caga" y el matado salía del juego. Había varias maneras de lanzar el Tiro desde la Raya. Algunos optaban por Rodadas, buscando mayor seguridad en el choque contra el Frito aunque ello implicara menos balines sacados. Otro lanzaban al Tiro en arco, de modo que el balín llagara al Frito por el aire y ello les daba la posibilidad de un mejor golpe y por tanto más balines sacados. Ese Tiro se realizaba por debajo del brazo y se llamaba Bajitate. La otra variante era el Bombazo. Un Tiro por encima del brazo, con tanta fuerza que si lograba impactar al Frito provocaba una gran estampida de balines y la consiguiente quebradura de algunos. Los lanzadores de Tiros podían lograr una gran zancada desde la Raya - sin despegarse - y lanzar lo más cerca del Frito posible. Cada jugador podía decidir hasta dónde quería llevar su juego. Algunos conseguían dos balines del Frito y ello les bastaba porque eso significaba el próximo Plante y si veían que no tenían posibilidad de ganar más pues se dedicaban a cuidarse de las uñas de los rivales para mantener lo conseguido. Eran los jugadores de las "tablas" eternas, llamados pendejos y cuicos por los que siempre querían ganar a toda costa. Estos eran incapaces de llevarse el último balín del Frito porque deseaban perseguir a los dueños de cagues hasta matarlos y hacer que les entregaran todos su balines. Los dueños de cagues también huían del cazador o decían "me levanto" para indicar que preferían volver a la Raya y comenzar de nuevo. Entonces el cazador se "levantaba" detrás o lanzaba su Tiro tratando de colocarse lo más cerca posible de donde imaginaba caería su balín. Pero como el muchacho de los muchos cagues no quería perderlos y solo deseaba que el contario se llevara el último cague del Frito para que se acabara la Mano se quedaba cerca de la Raya o lanzaba hasta los límites del terreno. Quedaba tan lejos que el Tiro del cazador era infructuoso aunque se tratara de la potencia de la uña de Leonardoellindo, de la precisión de Frankeldebelillo, de las rodadas impecables de Kelementeculocaliente o del riesgo temerario de Pelenchoeldebeto con sus ñates casi exactos. Los jugadores tenían que agacharse para poder lanzar sus Tiros. Ponían el borde inferior de la mano sobre la tierra y colocaban el dedo del medio sobre el lado inferior del dedo gordo, inmediatamente después del inicio de la uña. Con esta posición de disparo el Tiro salía con mucha potencia y hasta se podía escuchar el Pissk de la uña y de la yema del dedo del medio al frotar al dedo gordo. Leonardoellindo era el especialista en este tipo de lanzamiento llamado Ñate y en más de una ocasión quebró el Tiro del perseguido. Cuando lo que se buscaba era una rodada lenta y segura el dedo que frotaba al gordo era el índice y entonces los fenómenos eran Muricometierra y Pedritoeldebelillo. Kelementeculocaliente podía hacer cualquier cosa con sus Tiros y por eso casi nunca perdía. Como el lanzamiento tenía que hacerse desde el lugar exacto en que hubiera quedado el balín los jugadores velaban con mucho cuidado al lanzador porque muchos de ellos preferían limpiar la tierra con el dorso de la mano para acomodar el balín y con ese pretexto echaban el balín hacia delante buscando acercarse al Frito. Ratoncomehilo era un experto en ello y también decían que Eliseo Cabrera, el papá de Amaury, lo hacía al descaro si el juego se desarrollaba en su casa. Cuando algunos jugadores se cansaron de tener que soportar a los pendejos que se la pasaban huyendo cada vez que se cargaban de cagues a alguien se le ocurrió - el niño nunca supo si el Sistema fue inventado por un balinero de Plateros o importado - poner una Raya de Pase. Vale decir cuadricular el terreno de juego con una marca inviolable. El juego tenía que desarrollarse dentro de las nuevas fronteras y todo aquel que las violara tenía que devolver sus cagues al Frito. El Nuevo Estilo se impuso un día, definitivamente, y entonces el juego se hizo más legal, más serio, más profesional y por ende se ahorró mucho tiempo. Kelementeculocaliente jamás perdió los balines del niño - aún cuando lo prestaba como si fueran suyos - y para el instante en que comenzó el primer grado tenía casi cincuenta balines que se unieron a los setenta y seis que le regaló su primo Raúl una tarde en que fue a casa de Tiaestela con su padre y Raúl se había subido por una escalera enana al piso de tablas de palma del rancho de desahogo y había bajado con una bolsa de tela azul grizáceo llena de balines americanos. Había algunos balines blancos y completamente transparentes, de aquellos que nadie quería usar en el juego y que se llamaban bolinchinches. El niño había oido decir que el isleño Florenciopingaecaballo, cuando deseaba cogerse a una mujer decía "la voy a hacer bailar como a un bolinchinche" pero nunca le encontró la relación como no fuera dejarla "en blanco" con su tranca gigantesca.
El niño se atrevió muy pocas veces a jugar balines por su cuenta. Lo hizo con Cagatrillomayor en el patio sur de la casa en donde la única tierra que había era la del borde del durmiente y la del camino que llevaba hacia la casa de Mikel. Con Cagatrillomayor prefirió empatar después de las primeras derrotas y el primo segundo siempre se ponía muy bravo cuando el niño no quería seguir jugando porque estaba seguro de que tarde o temprano Cagatrillomayor lo rucharía. De nada valieron sus prácticas repetidas en la tierra del comedor de la casa. No servía para el juego de balines. Era tan malo como para cazar pájaros con tirapiedras. Así que tuvo que aceptar que su fuerte era la pesca en el río y prefirió guardar sus balines como reliquia de los tiempos hermosos en que Kelementeculocaliente al menos le mantenía la misma cantidad. Pasarían meses hasta que se decidiera a jugar por su cuenta debajo de la mata de ateje de Pepesiverio, en el patio de la escuela, en el patio de la Tienda de Juanito y en el patio de Ofelia, debajo de la mata de mamey amarillo. Pero siempre fue un jugador muy conservador al que solo le interesaba no perder demasiados balines o ganar algo y encontrar cualquier pretexto para abandonar el juego. En realidad lo que más le gustaba del Juego de Balines - y le gustaba mucho - era jugar de mentiritas con sus primos Gersy y Felipito en el patio de la casa de Cuso. Porque cuando el juego acababa cada cual recibía sus balines y la palabra ganador no existía en las tardes oscuras. Era algo así como cuando se jugaba a la Lotería con granitos de maíz porque nadie tenía dinero y entonces la gente perdía el miedo a que la policía los sorprendiera jugando con monedas. Años después el padre le compraría, como regalo de Reyes Magos - ya no había luturgia de cama encantada - una gran caja de cartón que contenía 100 hermosos balines chinos con Bolón, los que el niño guardó como si se tratara de un tesoro.
Generalmente los juegos de balines siempre estaban acompañados por broncas fabricadas por los muchachos mayores. Antes de abrir el juego o después de que se acabara, cuando los perdedores estaban que echaban chispas, los primos grandes cuqueaban a los más chicos, provocándolos para que se fajaran. Los muchachos siempre estaban locos por caerse a golpes y muchos de ellos se hacían los guapos. Comoquiera que el niño no era un jugador stándar de balines y como posiblemente fuera, junto con Pitín, el más pequeño de los espectadores, casi nunca se veía metido en las fajazones de los mayores. Lo que no significaba que pudiera escapar de ellas alguna vez. El niño no tenía sangre de pleítero y desde entonces prefería el uso de las palabras para dilucidar cualquier problema. Lo que era un gran error en medio del coto de caza de unos primos segundos que tenían la sangre caliente de su abuela Eufemia y ni un solo gramo de los intelectuales Ferrer. Había dos maneras empleadas por los más grandes para encender el orgullo de los más chicos. Una de ellas era la frase célebre "a qué no te atreves a mojarle la oreja" a tal o cual muchacho. Lo que significaba que el aludido tenía que meterse uno de sus dedos en la boca, ensalivarlo y tratar de introducirlo en una de las orejas al objeto. Este se preparaba para recibir al mojador con los puños listos porque sabía que aunque aquel no quisiera fajarse lo iba a hacer para no ser tildado de "gallina o de mujercita". La bronca podía durar unos diez minutos y los razguños nunca eran de gravedad más allá de algún ojo amoratado o de algún corte en la boca. Cuando los padres se encontraban se decían algunas palabras ligeramente fuertes pero terminaban por aceptar que se trataba de "cosas de muchachos". Otra de las maneras clásicas era la "otra" Raya de Pase. Después de preparar el ambiente para que dos niños se comenzaran a odiar y a retar, los mayores trazaban una raya en el piso y les decían que "ninguno de ellos se atrevería a cruzarla" porque entonces el otro "le caería a piñazos". Muy pronto los dos se toparían en alguna parte del espacio delimitado y se repetiría otra de las fajazones de rutina. El niño nunca olvidaría las tres escenas que lo incluyeron y las dos a las que asistiría en los patios de la casa de Mikel antes de comenzar el Primer Grado. El niño siempre fue un niño llenito de brazos y en verdad poseía cierta fuerza adquirida mientras ayudaba a su madre en los quehaceres domésticos y junto a su padre en las labores de campo. Jamás se consideró un chico guapo y solo cuando no le quedó otra alternativa se fue a los golpes con sus primos segundos. No era cobarde pero a veces pensaba que estaba en el límite. Sus grandes broncas eran con las letras que le enseñaba su madre y frente a ellas siempre salía victorioso. Porque no les temía. Frente a ellas se sentía muy lejos del límite.
Había tres primos de su edad. Pitineldebelillo, Manolitoeldemanuel - que ya se había mudado para Mayajigua - y Guillermoeldepepe. Los mayores trataban por todos los medios de respetar la edad de los boxeadores y era muy difícil que provocaran a los primos mayores para que se fajaran con los más pequeños. Podían hacerlo como excepción. Guillermoeldepepe - Guille Cagatrillomenor - se la pasaba molestando al niño y convidándolo a fajar, pero el niño no le hacía caso porque no veía motivos para ello y además no se trataba de una pelea patrocinada por los mayores. Para Guille el niño era un gallina. Para el niño Guille era un comemierda. Guille tenía tendencia a gordo y podía tener unas cuantas libras más que el niño. El niño no le temía por la sencilla razón de que fajarse con él nunca había estado en sus planes. Hasta que Guille cometió el error de mojarle la oreja en un mediodía de provocaciones y entonces el niño reaccionó como lo haría cualquier niño con la oreja mojada. No se podía dejar pasar una ofensa de tal categoría porque ello te dejaría marcado para toda la vida. La pelea se desarrolló en el comedor de Mary y terminó debajo de la canal en el lado sur. El niño le dio tal cantidad de golpes a Guille que el hijodepepe estuvo a punto de pedir que parara la paliza. El niño tuvo mucho cuidado de no golpear su cara y solo se limitó a sonarlo en cualquier parte entre el pescuezo y la cintura. La pelea terminó cuando la madre del niño - avisada por Mary cuando la vio en el pozo - se lo arrancó de las manos a Guille, que al fin había acabado por abracarlo por el pescuezo y trataba de golpearlo, infructuosamente, con las pocas fuerzas que le quedaban. Nunca más Guillermoeldepepe invitó al niño a fajarse y terminaría por convertirse en uno de sus mejores primos amigos. Para el niño la paliza propinada a su primo segundo debajo de la canal del comedor de Mary solo había sido una casualidad y por supuesto ello no lo convirtió en un chico prepotente ni mucho menos en un guapito de pacotilla. La segunda pelea tuvo que ver con Pitineldebelillo. Pitín era muy buen amigo del niño y siempre conversaban mucho cuando la madre lo llevaba a los juegos de Lotería en su casa los domingos. Pitín era un gran hacedor de casillos de coger palomas y estaba aprendiendo con ventajas el oficio de hacer hornos de carbón con su padre. Era un niño tímido y flaco que apenas hablaba con su familia. Pitín venía mucho por la casa de Mary pero no estaba interesado en el juego de balines, de modo que se la pasaba caminando alrededor de la casa y mirando a los pejes en el río. Una tarde de sábado, cuando se acabó el juego de balines, los muchachos lo vieron del otro lado de la ranfla del río en donde estaba tratando de conseguir una yagua para deslizarse. Alguien lo llamó pero Pitín dijo que no le daba la gana de venir hasta la casa. Eso es porque le tienes miedo a Luis Manuel, agregó. Quién, yo, preguntó Pitín en voz alta, Luisma y yo no nos fajamos. No te fajarás tú, porque él si que se faja y hasta puede romperte los dientes, no es verdad Luisma que Pitín es un gallina. El niño no respondió a la pregunta. Fajarse con Pitín era lo último que hubiera podido alojar en su mente. Además, pensaba que fajarse con él sería un abuso porque Pitín no tenia carne ni para una carnada de coger biajacas. Pero Pitín cometió el error de pensar que el silencio del niño significaba su aprobación de que él era una gallina. Si crees que soy un gallina pasa para acá y veras lo que te va a pasar, hijo de puta, gritó. El niño lo miró desde el patio este de la casa y no podía creer lo que acababa de escuchar. Te vas a dejar decir hijo de puta por ese palillo de diente, punzó uno de los primos grandes. Los hermanos mayores de Pitín no decían nada porque les parecía imposible de creer que los muchachos se fueran a fajar. El niño no fue capaz de analizar el instante y se mandó a correr por la ranfla oeste del río y subió la otra con velocidad aterradora. Pitín lo estaba esperando sin posición de combate y el niño deseó que se echara a reír y los dos se fueran para su casa a tratar de levantar un horno con bienvestidos de la cerca de Justino. Pero Pitín levantó los brazos y le tiró un tarrallazo que le rozó la cabeza. El niño se cegó. Cuando terminó de golpear a su primo amigo Pitín le dio la espalda, llorando, y se encaminó a su casa por la vereda oriental del río. El niño tampoco le había golpeado en la cara pero sí le había dado algunos pescozones en la cabeza. Cuando los primos mayores estaban aplaudiendo desde el patio de la casa de Mary, el niño decidió no regresar y se fue por la vereda norte del río hasta la ranfla de la palma del Paso. Iba llorando y diciendo para sus primos segundos, muy bajito "hijos de puta ustedes". Nunca se recuperó de aquella andanada de golpes propinada a un muchacho tan diminuto que ademas era su amigo especial y solo cuando comenzaron la escuela primaria fue que volvieron a hacer buenas migas. La tercera bronca no fue una bronca clásica. Se trató de una apuesta. Cagatrillamayor era como tres años mayor que el niño, de modo que a nadie se le hubiera ocurrido echarlos a pelear. Cagatrillo era guapo de cuna. El niño había oído decir que en la escuela era una especie de gallito padre al que todos los demás niños respetaban. Cagatrillo era un niño flaco lleno de huesos largos, muy fuerte, con una coyunturas salientes que siempre estaba mostrando. Decía que al que sonara con ellas no le quedaría ni un diente sano. El niño no era su amigo porque era un muchacho mayor y jamás había pensado que tendría nada que ver con él. Un mediodía Kelementeculocaliente le pidió a su madre que se hiciera un buen jarro de limonada. Kele quería hacer que dos muchachos se fajaran y que el que ganara se tomara - como premio - el vaso de limonada con agua fesca del pozo de Mikel y limones jugosos de la mata del río. Cagatrillomayor había sido el escogido para el pleíto pero los dos que eran de su edad - Pelenchoeldebeto y Pedritoeldebelillo - no quisieron fajarse porque dijeron que tenían cortaduras en las manos y ampollas en los pies y eso les haría vulnerables a los puños de Cagatrillomayor. Entonces Muricometierra se volvió hacia el niño del Hombre de la Ciénaga. Sé que tienes fuerza y a lo mejor eres bueno para fajarte al abracao, dijo. Se me da igual con El Pato, lo mismo a los puños que al abracao, expresó Cagatrillomayor. Cometierra sabía que el niño siempre se desvivía por un jarro de aguazuca con limón. El niño dijo que no se fajaba porque Cagatrillomayor era más grande que él y Cagatrillomayor le dijo que entonces "se amarraba una mano". El niño insistió en su negativa hasta que Cagatrillomayor le dijo que era "un pato cobarde" y que tenía "peste en el culo". El niño sonrió y le preguntó "peste yo", y agregó " peste tienen tú y tu hermano en todo el cuerpo porque se pasan el día cagándose en los trillos por ahí y no se limpian el culo". El Hombre de la Ciénaga les había puesto el nombrete. Fue como si Cagatrillo mayor hubiera recibido un corrientazo en la frente. Se abalanzó sobre el pescuezo del niño y lo abracó con fuerza. El niño reaccionó metiéndole la pierna derecha entre las suyas y no se dejó tumbar. Lo agarró por la cintura y le metió la cabeza en el pecho con un golpe sonoro. Movió su pierna derecha hacia delante y la dobló detrás de la pierna zurda de Cagatrillomayor y volvió a golpear su pecho con la cabeza y lo empujó con sus dos manos por la mandíbula. Cagatrillomayor cayó sobre el patio oriental como si fuera un saco de papas y el niño se escarranchó sobre su barriga. El público comenzó a aplaudir y a burlarse del derrotado. Te encontraste con la horma de tu zapato, culosucio, alguien le dijo. Salte de arriba de mí, Patodelaflorida, que ahora nos vamos a fajar de verdad, gritó Cagatrillomayor tratando de salirse de debajo del niño. No, bombón, nadie se va a fajar con Luisma, perdiste y él se toma la limonada, le dijo Leonardoellindo y pidió "Luisma, quítate de arriba de ese apestoso y vete a la cocina donde está tu limonada". El niño se levantó y se dirigió a la cocina. Iba mirando por el rabillo del ojo porque no se confiaba de un muchacho que tal vez hubiera sufrido su primera derrota y nada menos que a manos de un culicagao como él. Se tomó medio jarro de limonada a cuncún y cogió un machete que había debajo de la mesita del molino de moler café porque escuchó que Cagatrillomayor estaba tratando de escapar de los apretones que le estaban dando sus primos. El niño se apareció en el patio. Llevaba el jarro mediado de limonada. Coge la mitad, Ignacio, que hace mucho calor y te caíste porque resbalaste, dijo. Cagatrillomayor se tranquilizó como si hubiera sido hipnotizado por las palabras y por el gesto del niño, cogió el jarro de limonada y se lo tragó de un tirón. Me voy, que tengo que mudar a la puerca, dijo el niño. La gente lo premió con un aplauso unánime y Cagatrillomayor no tuvo otra cosa que hacer que escurrir el jarro para tomarse hasta la última gota de limonada. El niño no tuvo ni una sola pelea más antes de los seis años y siempre creyó que las había ganado de casualidad. Asistió a dos como espectador. Cuando Pedritoeldebelillo dijo estar curado de sus ampollas y cortaduras los muchachos planearon la pelea que le debía a Cagatrillomayor. Pedritoeldebelillo dijo que de todas formas él no se fajaba con nadie de su familia y les pidió de favor que no insistieran. Cagatrillomayor tomó su punto de vista como una manifestación de cobardía, le dijo que lo que pasaba era que él era un gallina y se acercó haciendo clok clok y batiendo sus manos, como si fueran alas, para mojarle una oreja. No me mojes la oreja que no quiero pegarme contigo, le advirtió, separándole la mano de su cara. Cagatrillomayor esquivó su brazo y logró rozarle la naríz con su dedo índice ensalivado. Pedritoeldebelillo le tiró un piñazo que lo cogió por el tronco de la oreja. Cagatrillomayor se puso en guardia y los muchachos se dispusieron para ver la pelea del siglo entre dos primos hermanos que tenían la misma edad y mas o menos la misma constitución fisica. Pedritoeldebelillo acomodó a Cagatrillomayor en su lado oriental y comenzó a lanzarle trompadas a la cara que siempre daban en el blanco sin que por ello fueran contundentes. Cagatrillomayor no podía reaccionar ante tanto golpe ininterrumpido y no le quedó mas remedio que recular hasta la ranfla occidental del río, bajar de espaldas por ella y llegar al lecho medio seco del río. Pedritoeldebelillo lo volvió a acomodar de modo que ahora Cagatrillomayor tendría que recular hacia el norte por el lecho del río. Los muchachos se situaron en el lado occidental del río y caminaron por él en la medida en que los peleadores se desplazaban hacia donde el río hacía un ángulo de 90 grados buscando al pozo de Mikel. El niño prefirió mirar la pelea del siglo desde el lado oriental del río e hizo lo mismo que sus primos, desplazándose mientras los fajadores se peleaban en el fondo del río. Todavía Pedritoeldebelillo tenía ganas de joder a Cagatrillomayor, de modo que lo reacomodó en la esquina de la palma real y lo hizo recular al este. Cuando llegaron al pozo los muchachos y el niño estaban arriba observando la que iba a pasar. Cagatrillomayor se dio cuenta de que el pozo le quedaba a sus espaldas y comenzó a mirar de sosquín para evitar que los golpes ligeros de su primo lo hicieran caer por la boca del tablado de palma del pozo. Los espectadores hicieron silencio. Cagatrillomayor sintió las tablas debajo de sus pies y trató de girar hacia el sur para evitar el hueco del tablado. Los golpes de Pedritoeldebelillo se detuvieron. La próxima vez que quieras fajarte conmigo te voy a sonar de verdad y luego te voy a tirar al pozo con una piedra colgada del pezcuezo para que no pueda salvarte ni la Negra Andrea, le dijo. Entonces le dio la espalda y regresó por el lecho medio seco del río. Los primos mayores hicieron lo mismo por el borde superior. Cagatrillo se sentó sobre el montículo de tierra que había en la porción oriental del pozo. Tenía los ojos aguados. Se dio cuenta de que solo era invencible frente a gente que no fuera de su familia. El niño no se había ido y lo estaba observando desde la ranfla sur del pozo. Cagatrillo lo vio. Qué carajo estás mirando, le preguntó. Nada, estoy tratando de encontrar una buena piedra para Pedritoeldebelillo. Cagatrillomayor se paró como si hubiera obedecido a una orden superior y caminó en dirección al niño. Qué gracioso, le gritó. El niño no se movió de su sitio. Cagatrillomayor continuó caminando hacia él. Déjalo quieto que solo está jodiendo contigo, la voz del padre les llegó desde el montecito de guamases que había en el lado norte del río, lo que pasa es que tú no eres Ferrer, agregó. El niño esperó a que llegara a su lado. Vamos a comernos unas cañas que tienes que estar muy cansado. No estoy cansado. Sí lo estás, has caminado mucho de marcha atrás delante de Pedritoeldebelillo por el fondo del río. No me sigas jodiendo. Vamos a llamarlo a él también porque aparte de caminar lo mismo que tú fue el que tiró los golpes. Cagatrillomayor se tuvo que echar a reír. Por eso tu papá dice que yo no soy Ferrer. Por eso mismitico. Su segunda pelea como espectador fue muy especial. A veces Licheladebelillo jugaba balines con sus primos varones y era de las que no le gustaban las trampas y por cualquier motivo metía tremendo berrinche. Licheladebelillo era de la edad de Aly y siempre andaba descalza y con el pelo crespo desgreñado. Tenía los pies muy grandes y sus manos parecían manos masculinas. El niño pensaba que eso se debía a que Licheladebelillo le ayudaba al padre a trasladar los sacos de carbón desde la loma hasta la casa. Siempre andaba con su hermana Teresanarieporrón y muchas veces venían a su casa a tomar zambumbia. Pero para Licheladebelillo el niño era solo un primo segundo menor de edad. Un mediodía Liche se cansó de las trampas que estaba haciendo Pelenchoeldebeto. Pelenchoeldebeto adelantaba a su Tiro cada vez que limpiaba la tierra debajo de su mano. También separaba su pie de la Raya cuando le tocaba lanzar y aunque su balín se hubiera pasado de la Raya de Rase decía que era mentira porque alguien se lo había sacado y quería seguir en el juego. Cuando Licheladebelillo se hartó de su comportamiento lo empujó por el pecho y lo tiró contra la pared del cuarto de Pedrón. Pelenchoeldebeto se echó a reír porque no le daba importancia a los golpes de ninguna hembra. De qué carajo te ríes, tramposo de mierda, le espetó Liche. De nada, tú eres la única que protesta, aquí todo el mundo hace lo mismo. Era verdad y por eso casi nadie había objetado su juego. Tú eres el más descarado de todos, agregó. Cállate la boca, vejiga, y juega y si no te gusta vete para casa del carajo. Pelenchoeldebeto dijo esto mientras estaba agachado tratando de acomodar su Tiro para lanzarlo contra el Frito. Licheladebelillo lo cogió por su mata de pelo y lo levantó en vilo con su mano de cortar leña y con la otra le sonó una bofetada que se oyó en toda la casa. Pelenchoeldebeto no podía creer lo que le estaba ocurriendo. No te reviento la cara porque eres una hembra, dijo, frotándose el lado lastimado de su cara. Sí, no me digas, gallinita quícara, yo soy la que te va a reventar la tuya y te juro que se te quitarán las ganas de andar desnudo por ahí enseñando tu pichita de pollo. Pelenchoeldebeto la miró como si la considerara una chica loca y se agachó de nuevo para reiniciar su juego. Licheladebelillo lo volvió a levantar por el moño y lo volvió a golpear en la cara con más fuerza. Entonces el nudista se le enfrentó pero ella no le dio tiempo a reaccioanar. Lo arrinconó contra la pared del cuarto de Pedrón y le dio una de las mayores tundas de golpes que el niño había presenciado en su corta vida. Solo cuando los demás jugadores consideraron que Licheladebelillo podía acabar matando a Pelenchoeldebeto fue que se lo quitaron. Pelenchoeldebeto tenía la cara amoratada y ya se le estaban comenzando a hinchar los labios. De nada le había servido la potencia probada de su muñeca "sumariada". El juego de ese día acabó con el final de la bronca. Mikel había dejado que las cosas pasaron con la esperanza de que una tunda de esta categoría podría acabar con el juego de balines a la hora de su siesta. Por supuesto que se equivocó. Se trató de la última vez que Pelenchoeldebeto vendría a jugar balines a la casa de Mikel. Poco después terminaría por hacerle caso al Negrito de Luz María y ponerse al fin un pantalón sobre su desnudez de antología.
El día en que su primo Rauleldenene le había regalado la bolsa con 76 balines americanos le había dicho que estaba seguro de que tenía otras dos bolsas llenas de balines en el cuarto de desahogo y que se las daría también cuando las encontrara. Eso no ocurrió nunca. Pero al niño no le importó.
El prefería las ligas coloradas de Tata.
Y los anzuelos del Puerto. (1).-
(1). Glosario mínimo.
# - Ruchar........Dejar sin nada, "pelarlo".
# - Azúcar del Central....Cuando se acababa la Zafra Azucarera el Central le regalaba cierta cantidad de azúcar a sus "colonos". Bicho era un chofer de camión de Yaguajay que "tiraba" la caña de los colonos para el Central o Ingenio.
Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Enero 24 del 2006.
Mary sabía que Laniña y su hijo estaban sacando agua del pozo porque los había visto cuando venían por el camino enfangado. Así que había puesto la lata de pera con zambumbia sobre la plancha de zinc del fogón para que se calentara mientras su amiga llenaba los cubos. En el momento justo en que el niño pasó su pierna derecha sobre el durmiente de la cocina escucharon la voz de Mikel desde el cuarto matrimonial al norte de la casa. Mikel voceaba muy alto y echaba maldiciones a personas que el niño no veía. Hasta que los muchachos comenzaron a salir por todas las puertas de la casa a cuanto le daban las patas para esconderse en las ranflas del río, debajo de las matas de coco y de las de limón, detrás de la casa de Tite y hasta en la manigua que había entre las palmas que se elevaban cerca de la frontera de la cerca del Hombre de la Ciénaga. El niño oyó clarito cuando Mikel gritó "estos muchachos de mierda no lo dejan dormir a uno el mediodía, coño, un día los vay a reventar a patadas por el culo". Mary y Laniña se miraron, aprobando. El niño se preguntó qué cosa tan mala habrían estado haciendo los muchachos que Mikel les había prometido reventarlos a patadas por el culo. El niño reconoció algunas de las caras que corrían. Pelenchoeldebeto se había metido debajo de la mata de chirimolla, Pedritoeldebelillo se había escondido detrás de una mata de coco indio y cualquiera podía verlo sin ninguna dificultad e Ignacioeldepepe se había sentado en el banco de madera del comedor como si acabara de llegar desde su casa en el faldeo de la loma. Leonardoellindo, Muricometierra y Kelementeculocaliente se metieron en la cocina y el niño les observó preguntándose si también Mikel les rompería sus culos a patadas aunque fueran sus hijos. Ya Mikel les ha dicho como mil veces que no jueguen balines cuando está descansando en la cama, les recordó Mary. Es que los muchachos vienen a esta hora y no hay ningún terreno que no tenga yerbas para jugar balines, explicó Kelementeculocaliente. Pues que vengan a otras horas o júntense todos para guataquear un pedazo de tierra debajo de los cocos o váyanse a casa de Justino, qué carajo, y no crean que a mí también no me joden la vida con tanta bulla al mediodía y eso para no hablar de cómo me dejan el piso de la sala. La zambumbia alcanzó para todos. Laniña se empinó su tasa de metal azulado abollada en el fondo de un tirón porque la zambumbia de Mary era agua de culo. Laniña nunca la criticaba porque sabía que Mary sí que le sacaba todo el sabor al café y por tanto lo que quedaba de borras era un polvo estrujado con gusto a nada. La tasa abollada en el fondo se le parecía al niño al tibor de su casa. Diez minutos después, cuando Mikel había comenzado a roncar de nuevo, todos los muchachos regresaron al piso de la sala de Mary y el niño escuchó como Pelenchoeldebeto preguntó que "a cuánto el Plante". No, si cuando yo lo digo, no tienen un rastro de verguenza, dijo Mary, cuando Mikel le rompa el coco a uno ya veremos si siguen con ganas de jugar balines al mediodía. Laniña se echó a reír. Déjalos, chica, si solo son muchachos, le dijo. Muchachos, preguntó Mary, muchachos dices, oye, que son tarajalludos hasta con pelos en el culo y ya debían de estar buscando novias o trabajando. Oye, que tú Leonardoellindo tiene novia. No lo creas, son amores de niños a escondidas, los Gucende son muy buena gente pero cuando se trata de entregar a su hija rica a un muerto de hambre como nuestro hijo eso otra cosa. No creo que a Adolfina le importe ese noviazgo. A mí tampoco me lo parece porque ella sabe muy bien de donde viene, a los que le importa de verdad es a Pablo y a Pedro, su amistad termina donde empieza el noviazgo. Tú que sabes, mujer. Yo sí sé Niña, yo sí sé. El niño sabía que las mujeres estaban hablando de la bella Aracely y sintió celos porque él estaba enamorado de la muchacha que le contaba cuentos de La Tía Tata mientras lavaba la loza en el platón cuadrado de metal de la cocina en las noches cálidas. El niño tomó agua fresca de la tinaja pero ahora no oyó la frase célebre de Gaby "ahí viene el pato a beber agua" porque el abuelo estaba descansando también y tenía un sueño tan profundo que no lo hubieran podido despertar ni doscientos muchachos jugando balines con pólvora detonante en su interior. El niño se dirigió a la sala de Mary. La sala estaba llena de muchachos. Hasta Licheladebelillo estaba jugando con los muchachos. Aly se comía las uñas mientras miraba el juego desde la puerta que daba al cuarto matrimonial. El niño se dio cuenta que todos estaban de pie excepto un jugador que estaba agachado, limpiando la tierra con el dorso de su mano de golpear al balín. Oye, Ratoncomehilo, no eches el balín palante, tramposo de mierda, dijo Kelementeculocaliente. Quién pinga te dijo que lo estoy echando palante. Lo estoy viendo, dejas de hacer trampas o te vas para casa del carajo. Tú estas ciego. Ciego está tu abuela por parte de madre. Vamos, acaben de discutir que Mikel se va a despertar otra vez, dale Ratoncomehilo, acaba de tirar el condenado balín, ordenó Leonardoellindo, al que le tocaba tirar después. Me cago en Dios cabrón, coño, y en la madre de todos, carajo, la voz potente de Mikel volvió a salir del cuarto matrimonial. El niño sintió el golpe de su mano sobre la colchoneta y supo que Mikel se había parado de la cama y que esta vez sí que golpearía a algun jugador de balines. Pero él no se movió del muro de cemento que hacía de zapata del ala occidental de la casa. Cuando Mikel llegó a la sala estaba sin zapatos y desgreñado y vio que ya no quedaba ni un solo jugador de balines. Así que se dirigió a la cocina. Cuando vio al niño de Rafael no dijo nada porque sabía que el niño solo era un espectador. Dónde se metieron, preguntó a su mujer. No sé, siempre se los traga la tierra. Que vayan a jugar a casa de Belillo o al patio de la escuela, si los vuelvo a ver jugando aquí te juro que los voy a reventar y no me importa lo que digan sus padres. El niño vio cómo Mikel cerró el puño de su famosa mano zurda y lo levantó haciendo un ángulo de 45 grados en la zona del codo. Los haré picadillo, repitió, y dijo "niña, no tienes un cigarro ahí". No, aquí no, vete por la casa a buscarlo. Mándamelo con tu hijo. Qué va, para que me "lo revientes sin que te importe lo que digan sus padres". Mikel esbozó una sonrisa. Es que me vuelven loco con la bulla, Niña, loco de remate. Recuérdame que también te mande dos tapones para los oídos porque sabes que volverán a jugar. Voy a tener que poner a Pedrón de guardia. No me digas, si tú sabes de sobra que a Pedrón también le encanta tirar su ñatecito. Me van a volver loco estos miserables, loco de verdad. Déjalos que jueguen, hombre, tú también fuiste muchacho. Cuando yo fuí muchacho no había balines, lo que había era mucho fuetazo por las nalgas y mucho corte y guataquea de caña. Dentro de veinte años habrá otras cosas que hacer, descuida. Vamos, que yo lo busco. Mikel cogió el cubo Número 10 y lo llevó hasta la casa de Laniña. Cinco por cinco, gritó Aly cuando el trío iba por la mitad del camino. El niño se volvió. 25 cagues, dijo. Laniña le dio un Veguero a Mikel y el marido de Mary regresó enseguida porque tenía miedo de que los muchachos regresaran a la sala mas allá de que ya no pensaba seguir durmiendo la siesta. El Hombre de la Ciénaga estaba subiendo la ranfla del río sobre Perica. Mikel descubrió su sombrero de jipe y se detuvo. Dejó el camino enfangado y se dirigió a su encuentro. El Hombre de la Ciénaga llevaba un gran saco de dos quintales apoyado en su pecho, lleno como hasta la mitad, sobre el pescuezo de la yegua. Y eso qué es, preguntó Mikel. La azúcar de este año, la tuya está en casa de Celia, la trajo Bicho en el camión esta mañana. Ah, está bien, la buscaré después, dame un cigarro ahí. Qué, lo quieres como cigarro de repuesto. Mikel se dio cuenta de que se estaba fumando el que acababa de darle Laniña. No, es que esta basura con el tractor de la reforma agraria en la caja es pura paja. El Hombre de la Ciénaga le entregó un Veguero. Eso es lo que fabrican tus amigos comunistas. Ya me estoy dando cuenta del descaro de esta gente, no creas, no se me olvida cuando dijiste en casa de Gucende la noche del 2 de Enero de 1959 que esto era comunismo y que sería una mierda. Bueno, déjame seguir, pensé que ibas a botar esa "mierda de cigarro" y encender el mío. No, creo que algo le sacaré a esta paja. Mikel regresó a su casa por el camino del cocal y el Hombre de la Ciénaga a la suya por el otro camino del cocal. Laniña le ayudó a bajar la saca de azúcar prieta. Más dulce de coco, más aguazucaconlimón, más dulcedepapaya, más mermeladadeguayaba.....Déjame terminar, mami. Dale, termina. Más lombrices por el culodelniño. Espero que este año no te vuelvan a caer, ya tengo tres pomos de Uricida Cuba por si acaso. El niño se estremeció al recordar a las lombrices saliendo de su culo y él cogiéndolas con la mano y halándolas para que acabaran de salir, con aquel tremendo olor a mierda que les impedía servir como carnada para pescar biajacas. El padre le quitó el paño a Perica, lo colocó sobre el puntal del comedor y se dirigió hacia la mata de aguacates morados para amarrarla. El niño le siguió. Papi, le dijo, quiero que luego me consigas algunos balines. El padre lo miró de arriba abajo. Qué, quieres que Lagata te zurza a patadas por el culo en la sala de su casa. No, solo que quiero algunos balines, si no sé ni jugar. Veremos si te consigo algunos por Caibarién, eso sí, quiero que aprendas y practiques aquí en la casa. Está bien, solo consíguemelos. Déjame ver tus dedos. El niño le mostró los dedos de su mano derecha. El padre se los miró primero y después se los acaricio. Se miró sus propios dedos. Tienes los dedos y las uñas cortas de tu madre y no los dedos y las uñas balineras mías, pero a mí no me gusta jugar balines, es un juego de comemierdas. El niño aceptó que sus dedos y sus uñas no eran tan largos pero pensó que posiblemente fuera porque era muy chiquito todavía. Cuando quiera jugar le diré a Kelementeculocaliente que me juegue. Tienes muy buenas uñas, hijo, no me hagas caso, dijo el padre, pero la idea no es mala.
El niño nunca supo de donde su padre sacó aquellos primeros balines que adornaron la lata de leche condensada vacía que fungió como primer recipiente. Eran como veinte e incluían un balín más grande que el niño sabía los muchachos llamaban Bolón y que no se usaba en el juego porque era demasiado grande y cualquiera podía "matarlo", además de que había que tener una superuña para hacerlo rodar con suficiente velocidad sobre la tierra. Los balines eran unas peloticas redondas de cristal blanco como del tamaño de una guayaba movía y tenían figuras de diferentes colores en su interior con la formas más variadas. Al niño se le antojaban mitades de tajadas de mamey colorado y hasta flores de bolloenegra e incluso a veces se le parecían a la forma de la luna cuando su padre decía que la luna estaba de cuarto menguante. Al niño le encantaban sus balines pero tenía mucho de miedo jugar con ellos en la sala de Mary porque estaba seguro de que los perdería todos el primer día. Tenía la esperanza de aprender a jugar algún día como Frankeldebelillo para cuando empezara la escuela dentro de pocos meses porque sabía que en el patio de la escuela se echaban tremendos partidos de balines y que allí se batían algunos de los muchachos que lo hacían los fines de semana y en vacaciones en la sala de la casa de Mikel. A veces los balines no estaban parejitos y el niño sabía que entonces se llamaban "descascarados" y que a los jugadores no les gustaba que se usaran durante el juego porque eran tan difíciles de conducir como las semillas de mate y porque a todos les encantaba la belleza de los balines chinos o la de los viejos balines americanos que eran de los que él tenía. El niño se pasó semanas enteras practicando en la sala del comedor de su casa y una tarde se dio cuenta de que jamás sería un gran jugador de balines. No tenía suficiente puntería, continuaba con el miedo de siempre a arriesgar Tiros al Frito o al oponente que no fueran seguros y ni siquiera había podido dominar la perspectiva de lanzar el balín hacia la Raya de modo que cayera más cerca que el de los contrincantes. Creía que no se trataba de sus dedos ni de lasuñasdelamadre sino de ese temor extraño que siempre lo colmaba ante la oscuridad y ante las broncas de los primos en los campos de las fincas. No se trataba de que tuviera miedo a perder los balines en un juego limpio. Se trataba de que no se atrevía a jugar porque no confiaba en sus posibilidades de victoria. Tampoco le temía a los golpes de sus primos o amigos ocasionales. Le temía a no poder defenderse como lo hacían otros. Así que cuando estuvo seguro de que sus posibilidades serían cero ante los profesionales de la Sala de Mary y cuando consideró que ya había dominado perfectamente todos los secretos y las reglas sagradas del Juego de Balines se fue a la sala de Mary y le dijo a Kelementeculocaliente que le daba sus balines para que le jugara y que si ganaba podía quedarse con algunos. Kelementeculocaliente casi nunca tenía balines porque se los prestaba a los que iban perdiendo de manera que cada día tenía que empezar con otros préstamos. Kelementeculocaliente era el único que estaba en ese caso, aparte de que al niño era el jugador que más le gustaba y en el que más confiaba porque jamás perdía y porque jugaba con una seguridad tan soberana que el niño llegó a pensar que esa capacidad debía tener que ver con la frialdad de su sangre. Kele andaba por 16 ó 17 años pero parecía un hombre hecho y derecho y tenía uñas cuadradas y largas y potentes como las de su padre. Había aceptado encantado el pedido del niño. El niño le dio 15 balines. Los pleítos de Mikel a la hora de su siesta jamás se acabaron porque jamás se acabaron los juegos de balines. Pero el niño nunca se levantó de la zapata occidental de cemento de la casa de Mikel cuando Mikel salía de su cuarto como un demonio a cortar cabezas y a romper culos y Mikel jamás le amenazó con sus palabras tenebrosas. El niño pensaba que estaba chantajeándolo en silencio con los cigarros que sus padres le daban cada vez que necesitaba picarles un Veguero pero no se confiaba y sabía que alguna vez también le tocaría a él.
El Juego de Balines - de "bolas", también le llamaban algunos muchachos - se juega en un espacio de unos veinte metros cuadrados sobre una superficie de tierra lo más lisa posible. Pueden jugar cualquier cantidad de jugadores siempre y cuando los balines en disputa quepan en el Frito. El Frito es un aro marcado en la tierra con cualquier superficie rayante. Generalmente se usaba una lata de pera con el fondo o la tapa colocados sobre la tierra semihúmeda. La marca dejada era sencillamente perfecta y en ella podían caber cada uno de los balines del promedio de jugadores. Como la Sala de Mary era muy blanca debido al cocó que ella utilizaba para barrerla el Frito quedaba fantásticamente hermoso y duraba casi todo el juego. Cada jugador deposita en el Frito la cantidad de balines estimados para "echar la Mano". Generalmente la Mano comienza con uno percápita, luego con dos y puede dispararse para el final del juego cuando los jugadores se han reducido solo a los grandes ganadores. Por tanto para seis jugadores con Mano de a dos hay doce balines en el Frito. Entonces cada jugador tiene que lanzar su Tiro - su balín de juego más hermoso - hacia una Raya también marcada en el piso con el objetivo de tratar de quedar lo más cerca posible de ella porque el balín que más cerca quede de la Raya es el que tiene la prioridad de ser lanzado primero hacia los balines del Frito. Lo que era ciertamente una gran ventaja. A veces en la Sala de Mary no se hacía la Raya porque los muchachos optaban por considerar Raya a la zapata de la casa y entonces había algunos especialistas que lanzaban sin chocar contra la zapata para que su balín no rebotara tanto y otros que trataban de hacer que su balín quedara en el mismo alero de la zapata. Cuando cada quién hacía su Tiro hacia la Raya comenzaba el verdadero Juego de Balines. El primero lanzaba su balín contra el Frito tratando de golpear a los balines y sacar la mayor cantidad posible. Si lograba sacar al menos uno tenía derecho de seguir intentándolo con sus dedos hasta que fallaba y entonces le tocaba tirar al segundo en el orden y el balín del primero quedaba en la última posición a la espera de que el resto hiciera sus movidas. Los balines que se había "llevado" el tirador se llamaban "cagues" y los perdía cuando su Tiro quedaba en medio del Frito y debía volver a la Raya y empezar desde cero o cuando otro jugador lo "mataba" golpeando su Tiro con el suyo. El matador le decía "caga" y el matado salía del juego. Había varias maneras de lanzar el Tiro desde la Raya. Algunos optaban por Rodadas, buscando mayor seguridad en el choque contra el Frito aunque ello implicara menos balines sacados. Otro lanzaban al Tiro en arco, de modo que el balín llagara al Frito por el aire y ello les daba la posibilidad de un mejor golpe y por tanto más balines sacados. Ese Tiro se realizaba por debajo del brazo y se llamaba Bajitate. La otra variante era el Bombazo. Un Tiro por encima del brazo, con tanta fuerza que si lograba impactar al Frito provocaba una gran estampida de balines y la consiguiente quebradura de algunos. Los lanzadores de Tiros podían lograr una gran zancada desde la Raya - sin despegarse - y lanzar lo más cerca del Frito posible. Cada jugador podía decidir hasta dónde quería llevar su juego. Algunos conseguían dos balines del Frito y ello les bastaba porque eso significaba el próximo Plante y si veían que no tenían posibilidad de ganar más pues se dedicaban a cuidarse de las uñas de los rivales para mantener lo conseguido. Eran los jugadores de las "tablas" eternas, llamados pendejos y cuicos por los que siempre querían ganar a toda costa. Estos eran incapaces de llevarse el último balín del Frito porque deseaban perseguir a los dueños de cagues hasta matarlos y hacer que les entregaran todos su balines. Los dueños de cagues también huían del cazador o decían "me levanto" para indicar que preferían volver a la Raya y comenzar de nuevo. Entonces el cazador se "levantaba" detrás o lanzaba su Tiro tratando de colocarse lo más cerca posible de donde imaginaba caería su balín. Pero como el muchacho de los muchos cagues no quería perderlos y solo deseaba que el contario se llevara el último cague del Frito para que se acabara la Mano se quedaba cerca de la Raya o lanzaba hasta los límites del terreno. Quedaba tan lejos que el Tiro del cazador era infructuoso aunque se tratara de la potencia de la uña de Leonardoellindo, de la precisión de Frankeldebelillo, de las rodadas impecables de Kelementeculocaliente o del riesgo temerario de Pelenchoeldebeto con sus ñates casi exactos. Los jugadores tenían que agacharse para poder lanzar sus Tiros. Ponían el borde inferior de la mano sobre la tierra y colocaban el dedo del medio sobre el lado inferior del dedo gordo, inmediatamente después del inicio de la uña. Con esta posición de disparo el Tiro salía con mucha potencia y hasta se podía escuchar el Pissk de la uña y de la yema del dedo del medio al frotar al dedo gordo. Leonardoellindo era el especialista en este tipo de lanzamiento llamado Ñate y en más de una ocasión quebró el Tiro del perseguido. Cuando lo que se buscaba era una rodada lenta y segura el dedo que frotaba al gordo era el índice y entonces los fenómenos eran Muricometierra y Pedritoeldebelillo. Kelementeculocaliente podía hacer cualquier cosa con sus Tiros y por eso casi nunca perdía. Como el lanzamiento tenía que hacerse desde el lugar exacto en que hubiera quedado el balín los jugadores velaban con mucho cuidado al lanzador porque muchos de ellos preferían limpiar la tierra con el dorso de la mano para acomodar el balín y con ese pretexto echaban el balín hacia delante buscando acercarse al Frito. Ratoncomehilo era un experto en ello y también decían que Eliseo Cabrera, el papá de Amaury, lo hacía al descaro si el juego se desarrollaba en su casa. Cuando algunos jugadores se cansaron de tener que soportar a los pendejos que se la pasaban huyendo cada vez que se cargaban de cagues a alguien se le ocurrió - el niño nunca supo si el Sistema fue inventado por un balinero de Plateros o importado - poner una Raya de Pase. Vale decir cuadricular el terreno de juego con una marca inviolable. El juego tenía que desarrollarse dentro de las nuevas fronteras y todo aquel que las violara tenía que devolver sus cagues al Frito. El Nuevo Estilo se impuso un día, definitivamente, y entonces el juego se hizo más legal, más serio, más profesional y por ende se ahorró mucho tiempo. Kelementeculocaliente jamás perdió los balines del niño - aún cuando lo prestaba como si fueran suyos - y para el instante en que comenzó el primer grado tenía casi cincuenta balines que se unieron a los setenta y seis que le regaló su primo Raúl una tarde en que fue a casa de Tiaestela con su padre y Raúl se había subido por una escalera enana al piso de tablas de palma del rancho de desahogo y había bajado con una bolsa de tela azul grizáceo llena de balines americanos. Había algunos balines blancos y completamente transparentes, de aquellos que nadie quería usar en el juego y que se llamaban bolinchinches. El niño había oido decir que el isleño Florenciopingaecaballo, cuando deseaba cogerse a una mujer decía "la voy a hacer bailar como a un bolinchinche" pero nunca le encontró la relación como no fuera dejarla "en blanco" con su tranca gigantesca.
El niño se atrevió muy pocas veces a jugar balines por su cuenta. Lo hizo con Cagatrillomayor en el patio sur de la casa en donde la única tierra que había era la del borde del durmiente y la del camino que llevaba hacia la casa de Mikel. Con Cagatrillomayor prefirió empatar después de las primeras derrotas y el primo segundo siempre se ponía muy bravo cuando el niño no quería seguir jugando porque estaba seguro de que tarde o temprano Cagatrillomayor lo rucharía. De nada valieron sus prácticas repetidas en la tierra del comedor de la casa. No servía para el juego de balines. Era tan malo como para cazar pájaros con tirapiedras. Así que tuvo que aceptar que su fuerte era la pesca en el río y prefirió guardar sus balines como reliquia de los tiempos hermosos en que Kelementeculocaliente al menos le mantenía la misma cantidad. Pasarían meses hasta que se decidiera a jugar por su cuenta debajo de la mata de ateje de Pepesiverio, en el patio de la escuela, en el patio de la Tienda de Juanito y en el patio de Ofelia, debajo de la mata de mamey amarillo. Pero siempre fue un jugador muy conservador al que solo le interesaba no perder demasiados balines o ganar algo y encontrar cualquier pretexto para abandonar el juego. En realidad lo que más le gustaba del Juego de Balines - y le gustaba mucho - era jugar de mentiritas con sus primos Gersy y Felipito en el patio de la casa de Cuso. Porque cuando el juego acababa cada cual recibía sus balines y la palabra ganador no existía en las tardes oscuras. Era algo así como cuando se jugaba a la Lotería con granitos de maíz porque nadie tenía dinero y entonces la gente perdía el miedo a que la policía los sorprendiera jugando con monedas. Años después el padre le compraría, como regalo de Reyes Magos - ya no había luturgia de cama encantada - una gran caja de cartón que contenía 100 hermosos balines chinos con Bolón, los que el niño guardó como si se tratara de un tesoro.
Generalmente los juegos de balines siempre estaban acompañados por broncas fabricadas por los muchachos mayores. Antes de abrir el juego o después de que se acabara, cuando los perdedores estaban que echaban chispas, los primos grandes cuqueaban a los más chicos, provocándolos para que se fajaran. Los muchachos siempre estaban locos por caerse a golpes y muchos de ellos se hacían los guapos. Comoquiera que el niño no era un jugador stándar de balines y como posiblemente fuera, junto con Pitín, el más pequeño de los espectadores, casi nunca se veía metido en las fajazones de los mayores. Lo que no significaba que pudiera escapar de ellas alguna vez. El niño no tenía sangre de pleítero y desde entonces prefería el uso de las palabras para dilucidar cualquier problema. Lo que era un gran error en medio del coto de caza de unos primos segundos que tenían la sangre caliente de su abuela Eufemia y ni un solo gramo de los intelectuales Ferrer. Había dos maneras empleadas por los más grandes para encender el orgullo de los más chicos. Una de ellas era la frase célebre "a qué no te atreves a mojarle la oreja" a tal o cual muchacho. Lo que significaba que el aludido tenía que meterse uno de sus dedos en la boca, ensalivarlo y tratar de introducirlo en una de las orejas al objeto. Este se preparaba para recibir al mojador con los puños listos porque sabía que aunque aquel no quisiera fajarse lo iba a hacer para no ser tildado de "gallina o de mujercita". La bronca podía durar unos diez minutos y los razguños nunca eran de gravedad más allá de algún ojo amoratado o de algún corte en la boca. Cuando los padres se encontraban se decían algunas palabras ligeramente fuertes pero terminaban por aceptar que se trataba de "cosas de muchachos". Otra de las maneras clásicas era la "otra" Raya de Pase. Después de preparar el ambiente para que dos niños se comenzaran a odiar y a retar, los mayores trazaban una raya en el piso y les decían que "ninguno de ellos se atrevería a cruzarla" porque entonces el otro "le caería a piñazos". Muy pronto los dos se toparían en alguna parte del espacio delimitado y se repetiría otra de las fajazones de rutina. El niño nunca olvidaría las tres escenas que lo incluyeron y las dos a las que asistiría en los patios de la casa de Mikel antes de comenzar el Primer Grado. El niño siempre fue un niño llenito de brazos y en verdad poseía cierta fuerza adquirida mientras ayudaba a su madre en los quehaceres domésticos y junto a su padre en las labores de campo. Jamás se consideró un chico guapo y solo cuando no le quedó otra alternativa se fue a los golpes con sus primos segundos. No era cobarde pero a veces pensaba que estaba en el límite. Sus grandes broncas eran con las letras que le enseñaba su madre y frente a ellas siempre salía victorioso. Porque no les temía. Frente a ellas se sentía muy lejos del límite.
Había tres primos de su edad. Pitineldebelillo, Manolitoeldemanuel - que ya se había mudado para Mayajigua - y Guillermoeldepepe. Los mayores trataban por todos los medios de respetar la edad de los boxeadores y era muy difícil que provocaran a los primos mayores para que se fajaran con los más pequeños. Podían hacerlo como excepción. Guillermoeldepepe - Guille Cagatrillomenor - se la pasaba molestando al niño y convidándolo a fajar, pero el niño no le hacía caso porque no veía motivos para ello y además no se trataba de una pelea patrocinada por los mayores. Para Guille el niño era un gallina. Para el niño Guille era un comemierda. Guille tenía tendencia a gordo y podía tener unas cuantas libras más que el niño. El niño no le temía por la sencilla razón de que fajarse con él nunca había estado en sus planes. Hasta que Guille cometió el error de mojarle la oreja en un mediodía de provocaciones y entonces el niño reaccionó como lo haría cualquier niño con la oreja mojada. No se podía dejar pasar una ofensa de tal categoría porque ello te dejaría marcado para toda la vida. La pelea se desarrolló en el comedor de Mary y terminó debajo de la canal en el lado sur. El niño le dio tal cantidad de golpes a Guille que el hijodepepe estuvo a punto de pedir que parara la paliza. El niño tuvo mucho cuidado de no golpear su cara y solo se limitó a sonarlo en cualquier parte entre el pescuezo y la cintura. La pelea terminó cuando la madre del niño - avisada por Mary cuando la vio en el pozo - se lo arrancó de las manos a Guille, que al fin había acabado por abracarlo por el pescuezo y trataba de golpearlo, infructuosamente, con las pocas fuerzas que le quedaban. Nunca más Guillermoeldepepe invitó al niño a fajarse y terminaría por convertirse en uno de sus mejores primos amigos. Para el niño la paliza propinada a su primo segundo debajo de la canal del comedor de Mary solo había sido una casualidad y por supuesto ello no lo convirtió en un chico prepotente ni mucho menos en un guapito de pacotilla. La segunda pelea tuvo que ver con Pitineldebelillo. Pitín era muy buen amigo del niño y siempre conversaban mucho cuando la madre lo llevaba a los juegos de Lotería en su casa los domingos. Pitín era un gran hacedor de casillos de coger palomas y estaba aprendiendo con ventajas el oficio de hacer hornos de carbón con su padre. Era un niño tímido y flaco que apenas hablaba con su familia. Pitín venía mucho por la casa de Mary pero no estaba interesado en el juego de balines, de modo que se la pasaba caminando alrededor de la casa y mirando a los pejes en el río. Una tarde de sábado, cuando se acabó el juego de balines, los muchachos lo vieron del otro lado de la ranfla del río en donde estaba tratando de conseguir una yagua para deslizarse. Alguien lo llamó pero Pitín dijo que no le daba la gana de venir hasta la casa. Eso es porque le tienes miedo a Luis Manuel, agregó. Quién, yo, preguntó Pitín en voz alta, Luisma y yo no nos fajamos. No te fajarás tú, porque él si que se faja y hasta puede romperte los dientes, no es verdad Luisma que Pitín es un gallina. El niño no respondió a la pregunta. Fajarse con Pitín era lo último que hubiera podido alojar en su mente. Además, pensaba que fajarse con él sería un abuso porque Pitín no tenia carne ni para una carnada de coger biajacas. Pero Pitín cometió el error de pensar que el silencio del niño significaba su aprobación de que él era una gallina. Si crees que soy un gallina pasa para acá y veras lo que te va a pasar, hijo de puta, gritó. El niño lo miró desde el patio este de la casa y no podía creer lo que acababa de escuchar. Te vas a dejar decir hijo de puta por ese palillo de diente, punzó uno de los primos grandes. Los hermanos mayores de Pitín no decían nada porque les parecía imposible de creer que los muchachos se fueran a fajar. El niño no fue capaz de analizar el instante y se mandó a correr por la ranfla oeste del río y subió la otra con velocidad aterradora. Pitín lo estaba esperando sin posición de combate y el niño deseó que se echara a reír y los dos se fueran para su casa a tratar de levantar un horno con bienvestidos de la cerca de Justino. Pero Pitín levantó los brazos y le tiró un tarrallazo que le rozó la cabeza. El niño se cegó. Cuando terminó de golpear a su primo amigo Pitín le dio la espalda, llorando, y se encaminó a su casa por la vereda oriental del río. El niño tampoco le había golpeado en la cara pero sí le había dado algunos pescozones en la cabeza. Cuando los primos mayores estaban aplaudiendo desde el patio de la casa de Mary, el niño decidió no regresar y se fue por la vereda norte del río hasta la ranfla de la palma del Paso. Iba llorando y diciendo para sus primos segundos, muy bajito "hijos de puta ustedes". Nunca se recuperó de aquella andanada de golpes propinada a un muchacho tan diminuto que ademas era su amigo especial y solo cuando comenzaron la escuela primaria fue que volvieron a hacer buenas migas. La tercera bronca no fue una bronca clásica. Se trató de una apuesta. Cagatrillamayor era como tres años mayor que el niño, de modo que a nadie se le hubiera ocurrido echarlos a pelear. Cagatrillo era guapo de cuna. El niño había oído decir que en la escuela era una especie de gallito padre al que todos los demás niños respetaban. Cagatrillo era un niño flaco lleno de huesos largos, muy fuerte, con una coyunturas salientes que siempre estaba mostrando. Decía que al que sonara con ellas no le quedaría ni un diente sano. El niño no era su amigo porque era un muchacho mayor y jamás había pensado que tendría nada que ver con él. Un mediodía Kelementeculocaliente le pidió a su madre que se hiciera un buen jarro de limonada. Kele quería hacer que dos muchachos se fajaran y que el que ganara se tomara - como premio - el vaso de limonada con agua fesca del pozo de Mikel y limones jugosos de la mata del río. Cagatrillomayor había sido el escogido para el pleíto pero los dos que eran de su edad - Pelenchoeldebeto y Pedritoeldebelillo - no quisieron fajarse porque dijeron que tenían cortaduras en las manos y ampollas en los pies y eso les haría vulnerables a los puños de Cagatrillomayor. Entonces Muricometierra se volvió hacia el niño del Hombre de la Ciénaga. Sé que tienes fuerza y a lo mejor eres bueno para fajarte al abracao, dijo. Se me da igual con El Pato, lo mismo a los puños que al abracao, expresó Cagatrillomayor. Cometierra sabía que el niño siempre se desvivía por un jarro de aguazuca con limón. El niño dijo que no se fajaba porque Cagatrillomayor era más grande que él y Cagatrillomayor le dijo que entonces "se amarraba una mano". El niño insistió en su negativa hasta que Cagatrillomayor le dijo que era "un pato cobarde" y que tenía "peste en el culo". El niño sonrió y le preguntó "peste yo", y agregó " peste tienen tú y tu hermano en todo el cuerpo porque se pasan el día cagándose en los trillos por ahí y no se limpian el culo". El Hombre de la Ciénaga les había puesto el nombrete. Fue como si Cagatrillo mayor hubiera recibido un corrientazo en la frente. Se abalanzó sobre el pescuezo del niño y lo abracó con fuerza. El niño reaccionó metiéndole la pierna derecha entre las suyas y no se dejó tumbar. Lo agarró por la cintura y le metió la cabeza en el pecho con un golpe sonoro. Movió su pierna derecha hacia delante y la dobló detrás de la pierna zurda de Cagatrillomayor y volvió a golpear su pecho con la cabeza y lo empujó con sus dos manos por la mandíbula. Cagatrillomayor cayó sobre el patio oriental como si fuera un saco de papas y el niño se escarranchó sobre su barriga. El público comenzó a aplaudir y a burlarse del derrotado. Te encontraste con la horma de tu zapato, culosucio, alguien le dijo. Salte de arriba de mí, Patodelaflorida, que ahora nos vamos a fajar de verdad, gritó Cagatrillomayor tratando de salirse de debajo del niño. No, bombón, nadie se va a fajar con Luisma, perdiste y él se toma la limonada, le dijo Leonardoellindo y pidió "Luisma, quítate de arriba de ese apestoso y vete a la cocina donde está tu limonada". El niño se levantó y se dirigió a la cocina. Iba mirando por el rabillo del ojo porque no se confiaba de un muchacho que tal vez hubiera sufrido su primera derrota y nada menos que a manos de un culicagao como él. Se tomó medio jarro de limonada a cuncún y cogió un machete que había debajo de la mesita del molino de moler café porque escuchó que Cagatrillomayor estaba tratando de escapar de los apretones que le estaban dando sus primos. El niño se apareció en el patio. Llevaba el jarro mediado de limonada. Coge la mitad, Ignacio, que hace mucho calor y te caíste porque resbalaste, dijo. Cagatrillomayor se tranquilizó como si hubiera sido hipnotizado por las palabras y por el gesto del niño, cogió el jarro de limonada y se lo tragó de un tirón. Me voy, que tengo que mudar a la puerca, dijo el niño. La gente lo premió con un aplauso unánime y Cagatrillomayor no tuvo otra cosa que hacer que escurrir el jarro para tomarse hasta la última gota de limonada. El niño no tuvo ni una sola pelea más antes de los seis años y siempre creyó que las había ganado de casualidad. Asistió a dos como espectador. Cuando Pedritoeldebelillo dijo estar curado de sus ampollas y cortaduras los muchachos planearon la pelea que le debía a Cagatrillomayor. Pedritoeldebelillo dijo que de todas formas él no se fajaba con nadie de su familia y les pidió de favor que no insistieran. Cagatrillomayor tomó su punto de vista como una manifestación de cobardía, le dijo que lo que pasaba era que él era un gallina y se acercó haciendo clok clok y batiendo sus manos, como si fueran alas, para mojarle una oreja. No me mojes la oreja que no quiero pegarme contigo, le advirtió, separándole la mano de su cara. Cagatrillomayor esquivó su brazo y logró rozarle la naríz con su dedo índice ensalivado. Pedritoeldebelillo le tiró un piñazo que lo cogió por el tronco de la oreja. Cagatrillomayor se puso en guardia y los muchachos se dispusieron para ver la pelea del siglo entre dos primos hermanos que tenían la misma edad y mas o menos la misma constitución fisica. Pedritoeldebelillo acomodó a Cagatrillomayor en su lado oriental y comenzó a lanzarle trompadas a la cara que siempre daban en el blanco sin que por ello fueran contundentes. Cagatrillomayor no podía reaccionar ante tanto golpe ininterrumpido y no le quedó mas remedio que recular hasta la ranfla occidental del río, bajar de espaldas por ella y llegar al lecho medio seco del río. Pedritoeldebelillo lo volvió a acomodar de modo que ahora Cagatrillomayor tendría que recular hacia el norte por el lecho del río. Los muchachos se situaron en el lado occidental del río y caminaron por él en la medida en que los peleadores se desplazaban hacia donde el río hacía un ángulo de 90 grados buscando al pozo de Mikel. El niño prefirió mirar la pelea del siglo desde el lado oriental del río e hizo lo mismo que sus primos, desplazándose mientras los fajadores se peleaban en el fondo del río. Todavía Pedritoeldebelillo tenía ganas de joder a Cagatrillomayor, de modo que lo reacomodó en la esquina de la palma real y lo hizo recular al este. Cuando llegaron al pozo los muchachos y el niño estaban arriba observando la que iba a pasar. Cagatrillomayor se dio cuenta de que el pozo le quedaba a sus espaldas y comenzó a mirar de sosquín para evitar que los golpes ligeros de su primo lo hicieran caer por la boca del tablado de palma del pozo. Los espectadores hicieron silencio. Cagatrillomayor sintió las tablas debajo de sus pies y trató de girar hacia el sur para evitar el hueco del tablado. Los golpes de Pedritoeldebelillo se detuvieron. La próxima vez que quieras fajarte conmigo te voy a sonar de verdad y luego te voy a tirar al pozo con una piedra colgada del pezcuezo para que no pueda salvarte ni la Negra Andrea, le dijo. Entonces le dio la espalda y regresó por el lecho medio seco del río. Los primos mayores hicieron lo mismo por el borde superior. Cagatrillo se sentó sobre el montículo de tierra que había en la porción oriental del pozo. Tenía los ojos aguados. Se dio cuenta de que solo era invencible frente a gente que no fuera de su familia. El niño no se había ido y lo estaba observando desde la ranfla sur del pozo. Cagatrillo lo vio. Qué carajo estás mirando, le preguntó. Nada, estoy tratando de encontrar una buena piedra para Pedritoeldebelillo. Cagatrillomayor se paró como si hubiera obedecido a una orden superior y caminó en dirección al niño. Qué gracioso, le gritó. El niño no se movió de su sitio. Cagatrillomayor continuó caminando hacia él. Déjalo quieto que solo está jodiendo contigo, la voz del padre les llegó desde el montecito de guamases que había en el lado norte del río, lo que pasa es que tú no eres Ferrer, agregó. El niño esperó a que llegara a su lado. Vamos a comernos unas cañas que tienes que estar muy cansado. No estoy cansado. Sí lo estás, has caminado mucho de marcha atrás delante de Pedritoeldebelillo por el fondo del río. No me sigas jodiendo. Vamos a llamarlo a él también porque aparte de caminar lo mismo que tú fue el que tiró los golpes. Cagatrillomayor se tuvo que echar a reír. Por eso tu papá dice que yo no soy Ferrer. Por eso mismitico. Su segunda pelea como espectador fue muy especial. A veces Licheladebelillo jugaba balines con sus primos varones y era de las que no le gustaban las trampas y por cualquier motivo metía tremendo berrinche. Licheladebelillo era de la edad de Aly y siempre andaba descalza y con el pelo crespo desgreñado. Tenía los pies muy grandes y sus manos parecían manos masculinas. El niño pensaba que eso se debía a que Licheladebelillo le ayudaba al padre a trasladar los sacos de carbón desde la loma hasta la casa. Siempre andaba con su hermana Teresanarieporrón y muchas veces venían a su casa a tomar zambumbia. Pero para Licheladebelillo el niño era solo un primo segundo menor de edad. Un mediodía Liche se cansó de las trampas que estaba haciendo Pelenchoeldebeto. Pelenchoeldebeto adelantaba a su Tiro cada vez que limpiaba la tierra debajo de su mano. También separaba su pie de la Raya cuando le tocaba lanzar y aunque su balín se hubiera pasado de la Raya de Rase decía que era mentira porque alguien se lo había sacado y quería seguir en el juego. Cuando Licheladebelillo se hartó de su comportamiento lo empujó por el pecho y lo tiró contra la pared del cuarto de Pedrón. Pelenchoeldebeto se echó a reír porque no le daba importancia a los golpes de ninguna hembra. De qué carajo te ríes, tramposo de mierda, le espetó Liche. De nada, tú eres la única que protesta, aquí todo el mundo hace lo mismo. Era verdad y por eso casi nadie había objetado su juego. Tú eres el más descarado de todos, agregó. Cállate la boca, vejiga, y juega y si no te gusta vete para casa del carajo. Pelenchoeldebeto dijo esto mientras estaba agachado tratando de acomodar su Tiro para lanzarlo contra el Frito. Licheladebelillo lo cogió por su mata de pelo y lo levantó en vilo con su mano de cortar leña y con la otra le sonó una bofetada que se oyó en toda la casa. Pelenchoeldebeto no podía creer lo que le estaba ocurriendo. No te reviento la cara porque eres una hembra, dijo, frotándose el lado lastimado de su cara. Sí, no me digas, gallinita quícara, yo soy la que te va a reventar la tuya y te juro que se te quitarán las ganas de andar desnudo por ahí enseñando tu pichita de pollo. Pelenchoeldebeto la miró como si la considerara una chica loca y se agachó de nuevo para reiniciar su juego. Licheladebelillo lo volvió a levantar por el moño y lo volvió a golpear en la cara con más fuerza. Entonces el nudista se le enfrentó pero ella no le dio tiempo a reaccioanar. Lo arrinconó contra la pared del cuarto de Pedrón y le dio una de las mayores tundas de golpes que el niño había presenciado en su corta vida. Solo cuando los demás jugadores consideraron que Licheladebelillo podía acabar matando a Pelenchoeldebeto fue que se lo quitaron. Pelenchoeldebeto tenía la cara amoratada y ya se le estaban comenzando a hinchar los labios. De nada le había servido la potencia probada de su muñeca "sumariada". El juego de ese día acabó con el final de la bronca. Mikel había dejado que las cosas pasaron con la esperanza de que una tunda de esta categoría podría acabar con el juego de balines a la hora de su siesta. Por supuesto que se equivocó. Se trató de la última vez que Pelenchoeldebeto vendría a jugar balines a la casa de Mikel. Poco después terminaría por hacerle caso al Negrito de Luz María y ponerse al fin un pantalón sobre su desnudez de antología.
El día en que su primo Rauleldenene le había regalado la bolsa con 76 balines americanos le había dicho que estaba seguro de que tenía otras dos bolsas llenas de balines en el cuarto de desahogo y que se las daría también cuando las encontrara. Eso no ocurrió nunca. Pero al niño no le importó.
El prefería las ligas coloradas de Tata.
Y los anzuelos del Puerto. (1).-
(1). Glosario mínimo.
# - Ruchar........Dejar sin nada, "pelarlo".
# - Azúcar del Central....Cuando se acababa la Zafra Azucarera el Central le regalaba cierta cantidad de azúcar a sus "colonos". Bicho era un chofer de camión de Yaguajay que "tiraba" la caña de los colonos para el Central o Ingenio.
Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Enero 24 del 2006.
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