Saturday, October 24, 2015

VACACIONES EN MIAMI. (1).-



Miami es infinito.
                           Turista de ocasión.



Durante meses Palma Niteli estuvo barajando la posibilidad de venir a visitarme a Miami. Cuando yo debía responder a su deseo generalmente la respuesta era "no" por una variedad de motivos. A veces no había respuesta y sí un silencio plúmbeo. En algún momento su hijo mayor consolidó su relación comercial con una Empresa China y comenzó a viajar a Asia. Sus tantas horas de vuelo se convirtieron en regalías de algunas Compañías de Aviación y el chico le dijo que tenía el pasaje asegurado, gratis, para el destino que ella eligiera. Enseguida me pasó la información. Otra vez le dije que no me era posible recibirla. Primero porque mis vacaciones ya tenían nombre y segundo porque no estaba en condiciones de asegurarle una estancia placentera. Para entonces ella estaba trabajando en su Jubilación Anticipada y transitando ciertos períodos de Licencias por Enfermedad. Depresiones prolongadas y problemas endocrinos crónicos la tenían visitando al médico con más frecuencia de la deseada. Hasta que las Giras de Juan Gabriel para el año 2015 incluyeron a Miami en su Hoja de Ruta. A veces, cuando yo visitaba Facebook, Palma Nitelli aparecía allí inundando los espacios de la Red Social con montones de fotos e informaciones del mexicano que en algún instante se hicieron abrumadoras. Yo sabía que recientemente se había convertido en una de sus fans más empedernidas pero nunca se me ocurrió calibrar que su devoción trasvasara los espacios rutinarios del Gran Parto Cyber de Mark Zuckerberg en Silicon Valley, California. Para mí Juan Gabriel es solo un baladista charro que posee una amplia gama de posibilidades en el universo de la canción en un país en donde casi todo el mundo nace con un gen interpretativo a prueba de mediocridades. Nunca he dejado de respetarlo como se respeta a un Divo pero en honor a la verdad puedo pasármela sin él, si descontamos las visitas ocacionales a sus temas clásicos o los intentos de calibrar la irrupción de algún nuevo trabajo discográfico. Palma Niteli lo sabía. Debo admitir que en algún instante asumí que en verdad un Gran Concierto en una Gran Locación de una Gran Ciudad es Otra Cosa.
Durante semanas envié correos hacia Santiago de Chile en donde le advertía de las grandes dificultades con las que se toparía en Miami. Dificultades que estaban marcadas por el hecho de que yo no tengo auto en una ciudad en donde probablemente todos son dueños de uno y en donde el transporte público es excelente si aceptamos que apenas existe y que transita con horarios estrictamente establecidos. Miami tiene una sola Línea de Metro que corre sobre las calles de la ciudad y que cubre apenas dos ciudades del Area Metropitana. Le conté que los taxis son tan caros que pueden arruinarte una billetera rebosante y que difícilmente te mueven hasta distancias que se llamen menos de veinticinco dólares. Le expliqué, además, que no tengo casa y que el dueño de la que habito me aclaró que solo puedo traer visitas a mi pieza - "eficience" le llaman aquí - de viernes a domingo. Finalmente le hice una lista de los gastos en que incurriría en los supuestamente cuatro días que estaría en la urbe. Porque la única posibilidad de que pudiera viajar era que se quedara en mi pieza el fin de semana  - yo haría una excepción para el jueves - y que regresara el próximo lunes a Santiago de Chile. Juan Gabriel estaría en el American Airlines Arena el viernes 16 de Octubre a las 9 de la noche. Palma Niteli restregó en mi pantalla que no le importaban para nada las condiciones en que tendría que pasársela en Miami. fuesen las que fuesen, y recalcó que recordara la manera supersobria en que habíamos compartido en Santiago sin que por ello el mundo se hubiera desbancado de su órbita. Había otros motivos técnicos por los que yo no deseaba que viniera ahora. Pero sobre ello no tuve necesidad de hablar.
Mis vacaciones de este año no contemplaban visitar Cuba. Ye he dicho en alguna parte los motivos que me impiden de momento viajar a Chile y a México. De modo que estaba barajando la posibilidad de comprar un Tour en Bus por la Costa Oriental y el Mediooeste de Usa, de hacer un Crucero por Las Bahamas o el Caribe Occidental e incluso no había descartado el megasoñado viaje a Andalucía, España, y esa quincena única de  flamenco, de toros, de arte, de costa y de río. Cuando Palma Niteli me ganó al fin la batalla del Viaje a Miami definió que ella podía asistir a cualquier Concierto de "Juanga" en cualquier lugar del mundo y que incluso ya había estado en uno de la capital de Chile pero que solo deseaba disfrutar del de Miami porque era la única posibilidad real que tenía de verme. No dijo "vernos" y yo agradecí la extraña bondad de la semántica aplicada. Cuando estaba cotizando entradas para el Evento le dije que de ello me encargaba yo siempre y cuando estuviera de acuerdo en que las posibilidades de ver a su Idolo de cerca eran idénticas a las que tenía Chile de salir de la Zona Telúrica Optima. Palma dijo que ojalá no tuviéramos que estar tan relejos del Chico de Juárez y agregué que yo podía llegar hasta cierta cantidad de plata y que si a ella no le convenía simplemente podía adjuntar la diferencia. Las entradas para primer piso y borde de escenario rondaban y se disparaban más allá de los mil usd e iban bajando de valor a medida que la distancia se hacía mayor. El American Airlines Arena tiene capacidad para 22 mil espectadores y es la casa del Equipo Profesional de Baloncesto Miami Heat. Alguien me había invitado a un partido de la NBA poco después de mi llegada a USA y aunque estábamos en la galería más alejada de la cancha me había parecido que Dwyane Wade estaba imantado a mis ojos y que podía pelotear fácilmente debajo de la malla todos los balones que se convertían en canastas. Juan Gabriel y su Piquete en Escena sobrepasaban a los diez atletas que compiten durante un partido de básquet con la salvedad de que sus movimentos son más focalizados. Finalmente Palma Niteli me imelió para decirme que adquiriera las entradas en el sitio que yo decidiera porque lo importante para ella era poder compartir conmigo y disfrutar de la actuación de su Idolo y aclaró que en caso de que yo no pudiera "soportar" tres horas de Concierto lo entendería. Dijo además que apreciaría el tiempo que yo pudiera dedicarle y que ya vería cómo se movería sola por la gran ciudad durante su corta permanencia. Entonces el "chino" le sugirió que prolongara el viaje a Miami porque "cuatro días era una verdadera webá".
Yo había planeado su viaje para cuatro días. Nunca para diez. Así que le participé que tenía que resolver por su cuenta para los seis días restantes y que solo podía contar con mi compañía en las noches y eso en caso de que pudiera viajar desde el trabajo o mi casa hacia donde estuviera ella y que tendría que calcular muy bien la manera de regresar a tiempo a mi Empresa. Yo sabía que la Embajada Americana en Santiago había eliminado casi todas las restricciones para los turistas chilenos porque Mily Dibán - que estaba de visita en Miami para ayudar a su hija Katy durante el proceso de convalecencia de su operación de palma de la mano - me lo había dicho. De todas maneras le advertí y le dije que esperaba que la nueva impronta "VIP" de su hijo pudiera resolver cualquier impedimenta que se presentara. Todavía ella trabajaba en función de solo permanecer en Miami el fin de semana cuando la Embajada Americana le dice que nada más necesitaba de su Pasaporte y de una dirección en la ciudad para obtener la Visa. Cuando me lo cuenta pongo el grito en el cielo. Eso es casi un "no" conservador en Estados Unidos. Me es imposible darle la dirección de la casa que rento por la sencilla razón de que aunque vivo aquí y pago religiosamente cada mes no es mi pieza. Los cubanos solo brindan su casa, y por ende sus señas privadas, a familiares o amigos íntimos invitados. Por otra sencilla razón: dar una dirección particular equivale a una invitación implícita a la persona y ello conlleva responsabilidad absoluta para el dueño de hogar en caso de que a la persona le ocurra algo. Y "algo" significa realizar carreras legales y erogación monetaria si es que el visitante no le exonera de su responsabilidad. De modo que tuve que explicarle los detalles y fui sincero al agregar que en caso de que algún familiar o amigo mío se arriesgara lo haría por compromiso y no deseaba comprometer a nadie en un país donde todo se reduce al temor de que haya que gastar plata no presupuestada y que no haya fondos suficientes o trabajo asegurado para enfrentar a los famosos bilts. Palma respondió que lo entendía perfectamente y que incluso se había informado un mínimo de ello a través de un programa de televisión que llevaba viendo desde hacía varios años emitido en Miami por Telemundo y conducido por la Doctora y Presentadora Cubana Ana María Polo llamado Caso Cerrado. Por tanto debió tratar de encontrar un hotel barato - le sugerí - en las inmediaciones del Down Town. Lo encontró con relativa facilidad en el número 6500 de  Biscayne Bulevard, Noreste de Miami, unas tres millas y fracción del Centro y por asociación del Miami Airlines Arena. Se trata del Hotel New Yorker, uno más de los resorts económicos que existen en un área en donde predominan los moteles a la vera de los grandes monstruos hoteleros del Gran Miami. Revisamos su Página en Internet y vimos que los hospedados hablaban discretamente bien de sus condiciones generales. En un final Palma Niteli solo necesitaba cualquier cosa ligh para pasar siete días porque yo no era propietario. Compré las entradas por Internet en Tícket Máster. Galería Oeste, en una fila de butacas azules desde donde Juan Gabriel podría verse como se vería a una paloma picoteando cosas en la calle desde el piso veinticinco del Bank of América. O sea, relativamente bien. Palma Niteli rentó el New Yorker para dos.
Preparé una Agenda Especial para cada día de su estancia en Miami porque ella tenía planes anexos. Mi Agenda solo incluía dos solicitudes de ayuda. Un amigo que trabaja conmigo me llevaría al Aeropuerto y mi tía me iría a buscar a Bayside, Down Town, sobre las dos de la tarde, para almorzar en su casa y nos trasladaría al hotel a cualquier hora del día. Uno de mis primos de Naples, costa del Golfo, tenía que recoger a un amigo que venía desde Ecuador en el Aeropuerto de Fort Lauderdale, Condado Browar, el domingo 18 a las seis de la mañana y me había prometido hacer todo lo posible por acompañarnos en su auto al Parque Nacional Everglades. Ocurre que no tuve valor para dejarla sola en Miami el resto de su estancia. De modo que cambié mis vacaciones para la segunda quincena de Octubre y de esa manera mi Agenda del 2015 se vio relegada al traspatio de la mesa de la computadora. Hasta nueva orden. Mantuvimos el contacto a través de la cobertura telefónica de FB mientras ella limaba detalles finales y le daba un toque de distinción a sus dientes. Mientras charlábamos - hacía poco más de cinco años que no lo hacíamos - me pareció que su voz sonaba potente y satisfecha, que sus alegrías no eran sobreimpostadas y que todo lo que salía de su boca eran palabras que hablaban de buena salud y de disposición top. Nada me alertaba de la condición física de aquella mujer que, según sus imels, se estaba muriendo de un montón de cosas, metida en un "pobre cuerpecito", acostumbrado ya a la soledad más horripilante.
Unos días antes de volar me preguntó que qué deseaba me trajera de regalo. Tal vez alguna polera de esas que te gustan "con letreros y comerciales", escribió. Contesté que nada de regalos porque estaba metido en una religión nueva que no me permitía recibir presentes ni mucho menos hacerlos. Excepto regalarle una entrada juangabrielosa como agradecimiento de aquella que ella me había regalado a principios del siglo XXI para ver a Rapahel en el Teatro Víctor Jara en momentos en que yo tocaba fondo por enésima vez en Chile. Palma dijo que le dolía mi apreciación de aquel instante. Pero nunca dije que se tratraba de una broma.
Sobre las siete de la mañana del día 14 de Octubre llegué a la gasolinera Shell que está en Calle Flager, esquina Avenida 87. Había caminado 23 cuadras desde mi eficience. Llamé a Alejandro del Perico enseguida, como habíamos quedado. Alejandro se apareció muy pronto y me dejó en el segundo nivel del Aeropuerto Internacional de Miami desde donde caminé hasta la Sala de Espera de Lan Chile. Ya había llegado el primer vuelo y el colombiano de Información me dijo que el segundo volaba correctamente y que no creía que mi amiga demorara más de una hora durante los trámites de entrada al país. Le presté el teléfono a un chileno "del norte de Chile" que había llegado en el primer vuelo para que se comunicara con la persona que debía venir a buscarlo, realicé una foto informal del Area de Espera y me senté en un asiento gris sin espaldar que se parecía a un cajón de apoyo de esos que usan los gimnastas para entrenar. Era un gran estancia,  estadounidensemente sofisticada, y la gente del primer vuelo salía constantemente con sus maletas de rueditas y sus vestimentas de verano. Una hora después lo haría Palma Niteli. Caminaba conduciendo una gran maleta rodante azul pálido. Vestía un pantalón oscuro imitación pijama, una blusa blanca holgada de cuello mao, una parca negra ligera, un sombrero alicorto beige de mafiosa en decadencia y unas zapatillas de colores chillones. De su hombro izquierdo colgaba un falso maletín Addidas anaranjado. Sus gafas no tenían muchas pretenciones porque se trataba de gafas necesarias. Palma Niteli se veía bien y caminaba expandiendo su mirada verde, buscándome. Me encontró altiro, le hice una foto, nos saludamos, me confirmó lo de la excelencia del vuelo y le dije que viajaríamos en Metrorraíl hasta el Down Town, que luego caminaríamos hasta Bayside para recorrer la zona exclusiva del embarcadero con sus galerías y sus tiendas, merendar y precisar algunos detalles relacionados con los tour por la ciudad hasta que mi tía fuera por nosotros.
Hacía poco más de cinco años que no la veía. Desque que fui a despedirme de ella a la casa de Piel Ferlizi abriendo Junio del 2010. Ahora estaba un tanto más delgada pero su piel rebosaba fortaleza, su cabello había vuelto a crecer gracias a las bondades del zinc entabletado y la pequeña cicatríz que había dejado la operación de cáncer controlable debajo de su ojo derecho había desaparecido. Vamos, dije. Queridaaaaa, no entoné. Pero, en términos de lenguaje claro, me parecía que no habían pasado nueve años desde los tiempos sublimes en que yo llegaba a la Terminal de Santiago con mi mochila lista y ella me esperaba para tomar el bus hasta San Fernando. Oh, estas redes sociales, pensé. Las largas escaleras mecánicas nos llevaban lentamente hasta la puerta en que debíamos dejarlas para enrumbar hacia el sitio en que el primer tren de aeropuerto nos conduciría gratis hasta la estación del tren stándar que llegaba hasta el Down Town.
Desde los raíles elevados la ciudad se veía hermosa.
E infinita.


Westchester, Miami, Estados Unidos
Luis Eme Glez.
Octubre 23 del 2015.

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