El autoproclamado Estado Islámico puede hacerse recurrente en el colimador de cualquier analista del panorama internacional de hoy. Puede incluso llegar a causar adicción. He tratado por todos los medios de no caer en la tentación de llenar mis espacios cíber con sus andanzas galopantes entre las geografías de dos países que se desangran minuto a minuto en medio de una misma filosofía sujeta a remakes infinitos. Me prometí que solo si los Camelleros Sofisticados de Todos los Desiertos tomaban Palmira volvería a ocuparme de ellos, de sus ejércitos y de su Estado Islámico. Ya dije que no existía explicación alguna - por lo menos para mi mente saturada de relaciones internacionales - que pudiera sostener el hecho de que dos países supuestamente organizados y estables fueran incapaces de pulverizar a un ejército fantasma quedado entre las cenizas dispersas de Al Qaeda y echado a andar mediante los motores del pillaje por sobre la autopista del caos. Mucho menos si pensamos que Damasco y Bagdad bregan con el padrinazgo fiel de las dos mayores potencias mundiales. No importa que el Eje Damasco - Moscú esté relativamente combado y que el Eje Washington - Bagdad necesite de aceites lubricantes de mejor solvencia. Técnica y militarmente el Estado Islémico no debería existir. Al menos sobre tierra firme.
Palmira ha sido tomada al fin por el EI y por tanto yo tendría que volver a ocuparme del Estado Cuña. Caramba, y había tanto material histórico hermoso, tanto exotismo por entre los Caminos de la Seda y el reinado de Zenovia, en las grandes caravanas jadeando bajo su carga preciosa y bajo el sol inclemente y en el poliglotismo en la Babel del Norte mientras los bichos de lomo jorobado se levantaban para continuar su marcha por entre las avenidas que después habrían de ser ruinas gloriosas y material de primera mano para historiadores imparciales. Yo quería escribir sobre la impronta romana y sobre la ciudad arrazada en el 273 y reconstruida con la celeridad del viento. Del gran terremoto del 1089. De los otros Imperios que respetaron su pasado y veneraron sus ruinas clásicas. Yo quería escribir sobre la gallardía de la Unesco tratando de salvar lo más urgentemente salvable de las ruinas porque era imposible trasladar columnas y capiteles delante de las hordas que ya revisaban los calendarios porque nada de lo que hubiera en pie antes del 634 y posterior al último minuto en que el último mahometano salió de la región tenía valor alguno para sus cazadores de la jungla del Libro Sagrado. Yo pensaba escribir sobre el rosario de advertencias que hablaban de una ciudad llamada Ramadi que también estaba en la mirilla del EI, de que las razzias de la aviación coalicionista apenas afectaban a los yidahistas, de que no podíamos olvidar lo que pasó en Mosul y lo difícil que había sido reconquistar Tikrit. Yo planeaba escribir sobre los tantos días que demoraron las huestes del EI en llegar a Palmira sobre los arenales sin fin, bajo un cielo despejado hasta el insulto, detrás de los camellos salvajes que no sabían hacia donde coger delante de la maquinaria infernal de los conquistadores invencibles burlándose de los Sistemas AWACS fabricados por General Dynamics. Yo no pensaba escribir sobre lo que los yidahistas harían con la población contestataria de Palmira ni con las joyas no comercializables que encontraran debajo de los escombros porque ya yo había escrito sobre Nimrud y sobre Hatra.
Bashar Al Asad continúa librando una guerra civil en la mitad de lo que fue una nación llamada Siria. La otra mitad es la mitad del Estado Islámico. Si logra vencer a los rebeldes no habrá victoria porque la guerra continuaría en medio de un país destrozado en donde los cadáveres no cabrían si no fuera por el éxodo. Washington prometió no atacar Siria a raíz del affaire "armas biológicas" y solamente se limita a bombardear posiciones yidahistas en su territorio, sin su "consentimiento" y con alcances lamentablemente sobrelimitados. Bagdad no puede librarse de la dicotomía suní - chií y gobierna entre pérdidas de ciudades y reconquistas de barro mientras los kurdos llevan la voz cantante y victoriosa en una miniguerra mundial en donde no todas las partes combaten como el Dios de la Guerra manda.
De modo que ya estaba listo para escribir de nuevo sobre el EI cuando el Secretario de Defensa de los Estados Unidos Asthon Carter, me robó la primicia, Dijo que el Ejército Iraquí no quería combatir al Estado Islámico.
Sin otro comentario
queda de ustedes
Luis Eme Glez.
Westchester, Miami, Usa.
Mayo 25 del 2015.
Bashar Al Asad continúa librando una guerra civil en la mitad de lo que fue una nación llamada Siria. La otra mitad es la mitad del Estado Islámico. Si logra vencer a los rebeldes no habrá victoria porque la guerra continuaría en medio de un país destrozado en donde los cadáveres no cabrían si no fuera por el éxodo. Washington prometió no atacar Siria a raíz del affaire "armas biológicas" y solamente se limita a bombardear posiciones yidahistas en su territorio, sin su "consentimiento" y con alcances lamentablemente sobrelimitados. Bagdad no puede librarse de la dicotomía suní - chií y gobierna entre pérdidas de ciudades y reconquistas de barro mientras los kurdos llevan la voz cantante y victoriosa en una miniguerra mundial en donde no todas las partes combaten como el Dios de la Guerra manda.
De modo que ya estaba listo para escribir de nuevo sobre el EI cuando el Secretario de Defensa de los Estados Unidos Asthon Carter, me robó la primicia, Dijo que el Ejército Iraquí no quería combatir al Estado Islámico.
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Luis Eme Glez.
Westchester, Miami, Usa.
Mayo 25 del 2015.
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