Friday, April 17, 2015

GGM: LAS FLORES NO HAN CAMBIADO DE COLOR.-


inmemorian


el gran estruendo me hizo sentar en la cama de la media tarde y cuando pensaba que estaba acomodado sobre el colchón amarillo el águila imperial rebotó contra la pared sur y cayó sobre mis rodillas y el golpe me lanzó de cabeza contra la toalla erótica y todavía estaba sumido en la somnolencia para el instante en que las astillas del vidrio de la ventana comenzaron a desmadejarse sobre la butaca y a repletar el piso de baldosas beige y a crujir como grillos sonámbulos escondidos entre los capullos de los almendrones y entonces abrí los ojos como abren los ojos los seres humanos que acaban de despertarse y me di cuenta de que lo que había sobre mis rodillas era un alcaraván amarillo que no se cansaba de chorrear sangre de alcaraván sobre mis muslos asombrados y lo tomé por sus alas rojas y lo deposité encima del velador para que me diera la hora exacta en que las rubias de la compañía bananera pasarían del otro lado de la ventana destrozada sobre todas las cenizas desprendidas de las frentes de los hijos del coronel y cuando al fin el carillón del bicho inundó mi habitación me levanté lentamente para mirar a través de la ventana astillada apoyado sobre la alfombra de vidrios azules y vi que no había nada especial del otro lado de la ventana como no fueran las plantas ornamentales de siempre y la pareja de al lado tratando de reparar su casa y entonces el alcaraván se posó sobre mi cabeza desgreñada y me dijo que en realidad era un gallinazo de primavera y se despidió volando toda la habitación antes de pasar por el hueco exacto que había en la ventana por donde cabía perfectamente con sus alas extendidas y cuando se perdió al oeste de la casa que reparaba la pareja de inmigrantes me percaté de que la ventana estaba intacta y de que no había esquirlas de vidrio ni sangre de gallinazo sobre el piso beige y decidí que no había nada mejor que hacer en ese minuto que salir al patio norte para comerme todo el aire que me estaba faltando desde que el gallinazo llegó para ocupar mi cama y en el patio había la misma mata de mango de toda la vida sujetando a los pocos mangos jóvenes que le habían dejado los vientos de marzo hasta que el cielo se cubrió de nubes amarillas y el ahorcado hermoso apareció levitando sobre la enredadera de flores amarillas de la ciénaga y sonriendo como si estuviera practicando un truco de magia amarilla y anunciando con su voz pausada que ya había pasado todo un año pero que todavía las mujeres hermosas eran capaces de levitar como él en la sombra de los frutales amarillos y me señaló con su dedo sanguíneo para el patio de la casa del este del paraíso desde donde una chica muy bella comenzaba a levantarse desde la polvareda amarilla del suelo hacia todos los infinitos permitidos mientras leía un libro de hojas amarillas que hablaba de un dentista y de un alcalde y me pidió que escuchara muy bien porque la voz de la madre tenía acentos irrepetibles y la voz de la madre dijo está bien remedios pero regresa algún día


Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Abril 17 del 2015.


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