Sunday, February 22, 2015

DECATLONISTA TRANSEXUAL, OK. Y QUE?.(1).-




Tomado de Grandes Nostalgias.


En el verano de 1972 yo estaba de vacaciones en casa. Había acabado el Décimo Grado en la Secundaria Básica Mártires de Yaguajay, en Centeno, y me moría de desespero porque  no tenía maneras de ver por televisión las Olimpiadas de Munich, Alemania Federal. Era cierto que iba a contar con una cobertura excelente a través de Radio Rebelde pero todos los amantes del deporte de mi generación deseábamos tener imágenes en vivo del Gran Acontecimiento Deportivo Universal. Recuerdo que mis planes de ir a la ciudad estaban ceñidos a los viajes a la playa o quizás a algún juego de beisbol con el equipo del barrio, en el que acababa de debutar. Ya he dicho que en Plateros no había corriente eléctrica, que en casa no teníamos planta y que incluso ese año todavía no teníamos radio. De modo que me preparé para visitar la casa de Tía Celia en los horarios en que se trasmitieran deportes exclusivos en donde estuviera compitiendo Cuba. Para entonces mis visitas a casa de Los Gocéndez se habían convertido en protocolares. Digamos, boxeo, baloncesto o atletismo. Fuera del beisbol mis primos no eran fanáticos de los deportes. Así que pensaba tener acceso a su radio en caso de que estuviera libre en horarios estelares y en caso de que no me "diera pena" decirle a sus padres que si me dejaban oír "algo de las olimpiadas". El máximo interés de todos los cubanos amantes del deporte estaba dado por poder  asistir a cada pelea de boxeo del astro de los pesos pesados Teófilo Stevenson. Sobre todo cuando Estados Unidos había llevado a una "esperanza blanca" llamada Duane Bobick que esperaban destrozara al negro cubano antes del tercer round como lo había hecho en Los Juegos Panamericanos de Cali, Colombia, en 1971, cuando Teófilo era un bebé y apenas acababa de comenzar a tejer su leyenda. Por supuesto que yo no era la excepción aún cuando mi conciencia hacía rato que se estaba debatiendo entre el amor por los atletas patrios y el amor sin alternativas por los equipos  deportivos estadounidenses.
Entonces nos enteramos de que Luis Martínez acababa de adquirir un televisor soviético marca Krim, en blanco y negro. Algunos ni siquiera sabíamos que Luis tenía una planta eléctrica. Luego sabríamos que el televisor "ruso" había sido un "obsequio" del Gobierno Comunista por su condición de "obrero ejemplar". Lo que sí se conocía sobradamente era que Luis "el hijo de Emilio" era un comunista de cepa, un tipo muy serio al que muchos catalogaban de soquete y que estaba casado con una hembra soberana de "Los Prida". Yo no era amigo de Luis. Y sí lo era de sus hermanos Miguel - con el que había compartido el Sexto Grado - y de Armando, con el que había compartido algunos años en La Primaria. Su hermana Mirtha - una verdadera belleza campesina - era mayor que yo pero tampoco podía ser mi amiga porque me había pasado los seis años de la enseñanza primaria enamorado de ella como un ser platónico obnubilado con las primeras sensaciones de lo apolíneo. Luis tenía casa propia al lado de la de sus padres y era padre de dos jimaguas pequeños. No me atrevía, por tanto, a pedir la mediación de Miguel ni la de Armando para tener acceso al Krim y a las maravillas de Munich 72. Cuando Tery - que acababa de cumplir 9 años - se enteró de que un grupo de muchachos estábamos planeando visitar la casa de Luis sin su invitación y tratar de mirar al aparato desde la puerta de la calle me dijo que no entendía mi pena "si Luis no era nuestro hermano de milagro". Mi madre sonrió cuando oyó la frase célebre. Porque Emilio Martínez había sido aquel novio primero de Laniña que ella consideraba Dominga de la Rosa le habia "arrebatado" mucho antes de enamorarse de Rafael. Ni que Dios lo hubiera querido, apuntó mi madre y señaló a Tery con su dedo zurdo como para advertirle que hay cosas que tienen que olvidarse. Como terminó sonriendo los hermanos le acariciamos su dedo hermoso.
El patio de la casa de Luis Martínez se llenaba de gente cada vez que los  atletas cubanos tenían que pelear. Recuerdo que su esposa mandaba a entrar a los que cabían sentados en los muebles y en el piso de cemento y que los demás nos apelotonábamos en la puerta de la calle. Luis, por cierto, jamás presentó mala cara y entonces yo decidí ir otras noches en que el boxeo no fuera el plato fuerte. Las siete horas de diferencia con Europa Central hacían que los eventos de la noche se emitieran diferidos. Para entonces ya yo era la semienciclopedia deportiva que asesoraba a los amigos y a los primos, algunos de los cuales me acompañaron a ver otros deportes en las noche del verano. De esa manera pudimos asistir al bronce insospechado del Cuba de Baloncesto de la mano maestra de Pedro Chapé y a la plata de los hasta ahora invencibles norteamericanos a manos de los soviéticos, encabezados por los hermanos Serguey y Alexandr Velov, capaces de ganar el partido en los últimos tres segundo a través de un disparo espectacular desde el otro lado de la cancha del base Ivan Yedeshko que Alexander capturó debajo del aro para los dos puntos controvertidos que le darían el oro a los "bolos" 51 a 50. Recuerdo que el partido se terminó bajo protesta y que los americanos no quisieron la medalla de plata, la misma que todavía descansa en las vitrinas de la sede del Comité Olímpico Internacional en Lausana, Suiza, con la orden expresa de los protagonistas de que sus hijos tampoco la acepten jamás. Asistir también al fin de la hegemonía norteamericana en la carrera de los 100 metros planos en las piernas blancas de Valery Borsov ( que repitió en 200 metros) y la medalla de oro del decatlonista bolchevique Mikala Avilov. Y por supuesto a la paliza revancha que le dio Stevenson a la "esperanza blanca" americana Bobyck sobre el cuadrilátero de Munich. Estados Unidos repitió el tercer lugar por países, detrás de la URSS y de Alemania Oriental y algunos "entendidos" comenzaron a decir que la debacle era consecuencia del "empantanamiento de las tropas yankys en Viet Nan" porque cuando a una nación "le van mal las cosas en aspectos primordiales también le marchan mal en aspectos generales". Yo no compartía tales opiniones porque sabía que la URSS era un conglomerado de Repúblicas que competían juntas y que tenían como fin primero demostrar las "ventajas del sistema comunista sobre el capitalista" y sobre todo porque su cacareada masividad le llevaba a preparar atletas en deportes que no eran prioridad de los jarercas olímpicos estadounidenses. Lo mismo pasaba con la RDA, en donde se decía que algunos de sus representantes estaban haciendo trampas con sustancias prohibidas. La grandeza de Cuba - octavo lugar mundial en Las Olimpiadas de Munich - estuvo dada por la capacidad innata de sus atletas, también por la masividad desde la base y porque eran tiempos en que el Estado marchaba relativamente estable y había dinero y condiciones para preparar campeones. No obstante fue el boxeo - y lo sigue siendo - el mayor emisor de medallas doradas para el deporte cubano.
Recuerdo que algunas noches llegábamos a la casa de Luis - estaba en el alero del pichón de monte, al norte de la gran finca de su tío Justino Martínez, el Líder de los Testigos de Jehová, y al oeste de la del isleño Florencio Expósito - solo para ver noticieros deportivos y por si Luis deseaba ver algún que otro deporte. Así fue que tuvimos acceso a algunas de las pruebas de la competencia de Decatlón y yo me interesé especialmente por el representante americano Bruce Jenner. Las diez agotadoras pruebas del Decatlón no buscaban premiar a ningún atleta de manera individual. Cada ejercicio otorgaba puntos y la suma de ellos, al final de la jornada, era lo que daba el primer lugar y por tanto la medalla de oro. Por eso a los decatlonistas se les llama atletas integrales y al mejor se le llama el "mejor atleta del mundo". Bruce Jenner no pudo con el soviético Mykala Avilov ni con otros ocho decatlonistas en Munich. Quedó en el puesto 10. Muchos años después me enteraría de que el peludo americano había regresado a Estados Unidos para consolidar sus relaciones con Christie Crownover, su novia azafata que aceptó mantener la casa para que él pudiera entrenar ocho horas diarias  y prepararse para ganar la prueba del Declatón de las Olimpiadas de Montreal en 1976. Las tropas norteamericanas continuaban "estancadas" en el sudeste asiático, los soviéticos les habían dado otra paliza deportiva en medio de la Guerra Fría y como Montreal estaba muy cerca, del otro lado de la frontera, era allí en donde había que desquitarse. Por lo menos ganando pruebas atléticas que siempre habían tenido el sello americano.
Yo regresé a la escuela. Volví a mis predios de  La Secundaria en Remedios, que ahora se habían convertido en Instituto Preuniversitario en la Ciudad. Continué atesorando información deportiva. Pero debo admitir que no supe jamás de aquel yanky melenudo que había quedado en décimo lugar de la prueba de Declatón de las Olimpiadas de Munich, Alemania Federal y que se llamaba Bruce Jenner. Pero ganó dos veces el Campeonato Nacional de Estados Unidos - 1974 y 1976 - y el Abierto de Francia en 1975.
Mikala Avilov sabía que el décimo lugar de Munich estaba listo para competir en Montreal 1976. Pero no listo para entrar en el podio y mucho menos para vencerlo. Los soviéticos estaban listos para vencer a USA en su traspatio norte.
Bruce Jenner era, para entonces, alumno aventajado de la Escuela Atlética de San José, California.


Glosario mínimo con notas.

-Soquete....Persona seca, prepotente, que evita por todos los medios la charla y el contacto con los vecinos.
-Emilio Martínez....Como muchos campesinos cubanos, a los que la falta de corriente eléctrica en los campos les hizo mudarse a la ciudad, Emilio haría lo mismo. Hacer lo "mismo" equivalía a construirse o comprarse una casa en el pueblo, acomodar a la familia y regresar cada mañana para atender la finca o trabajar en labores de campo renumeradas. Cuando el transporte público quebró en Cuba, los campesinos tenían que viajar en bicicleta, en carretones tirados por caballos o en los medios estatales permitidos. Emilio mantuvo una especie de rancho donde había estado la casa familiar y hasta allí traía a algunas amigas desde Caibarién. Un mediodía, mientras mantenía relaciones sexuales con una negra de ensueño, murió de un infarto. La historia asegura que su erección nunca acabó y que hubo que enterrarlo en estado puro.
El viernes pasado falleció la mamá de mi amigo Luis García Tuero aquí en Miami. Celia Tuero era la esposa de Heriberto García, el hombre al que le dediqué una décima desde Chile a propósito de su deceso, en donde enaltecía su amor por la caza de venados. Celia tenía 94 años. Durante el velorio, el sábado por la noche en una gran funeraria de Miami, me encontré con personas a las que no veía desde hacía mas de treinta años, con los sobrinos de Luis, a los que no veía desde que eran niños 1979 y con el expreso político cubano Manuel de la Cruz, quien siempre estuvo dispuesto a ayudarme monetariamente para que pudiera salir de Chile. El fue quien me dijo que "los jimaguas de Luis Martínez" estaban en Miami. Nada, que no siempre hijo de gato caza ratón y que la doble moral será tan difícil de eliminar en la Nueva Cuba como la yerba mala en los campos olvidados. 

Westchester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
Febrero 21 del 2015.


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