Saturday, September 13, 2014

QUINCE DIAS: TAMPOCO ES NADA. ( FINAL).-




La intención de este video es estrictamente artística. No "cultivo" cardos ni orugas ni rosas blancas: trabajo con ellas y con sus complementos.

No, Gardel, no se trata de que veinte años no sean nada. Se trata de que quince días es nada. Nada de nada. De improviso tuve que reempaquetar las pocas cosas que había traído desde Miami para mí. En verdad reempaqueté mucho menos porque una buena parte de ellas se convirtieron en regalos de último minuto.La otra vez me había marchado triste. Con una tristeza trunca, porque la verdadera tristeza se manifiesta cuando has coseguido lo que has venido a buscar y te das cuenta de que cerrar un círculo es más doloroso que abrirlo en la tierra mojada. Ahora había guardado mi Agenda con la convicción de que no quedaba nada por hacer y entonces sentí la necesidad brutal - la necesidad brutal es mayor que la "necesidad imperiosa" - de permanecer mas tiempo con mi familia y con la gente que te quiere de verdad y a la que quieres de verdad. con las personas que hablan con tu mismo acento y que sonríen con las mismas salidas. con quienes has respirado tu propio aire y con las que no has visto crecer o envejecer. Incluso mas cerca de los muertos ilustres.  Ua quincena después el dolor va menguando. Pero, para qué seguir engañándose: los dolores no menguan porque solo se agazapan como tigres cebados. Por suerte, se puede vivir con todos los dolores imaginables y una medianoche descubres que la palabra dolor es un agregado falso en el Diccionario de tu vida.
De nuevo detengo mi colección de cosas sociopolíticas relativas a la vida contemporánea de mi Patria. No estoy para desgranar rosarios de calamidades absolutas ni mucho menos para enjuiciar actitudes que tal vez no tengan solución ni para el instante en que los ojos de los culpables se cierren a la hora del crepúsculo. Entregué parte de mi vida tratando de demostar que algunas mentes estaban equivocadas. Pero existen espacios en donde todo intento de  hacer demostraciones es considerado tabú y las otras mentes medias están listas para suturar labios y encadenar lenguas. Basándose en su única ventaja disponible: la obnubilación ciudadana y la fuerza. De modo que allá Abajo - tan condenadamente cerca - queda mi pueblo o queda mi ciudad, desbaratada en cada viaje, chamuscada entre alta mar y tierra adentro. Ceñida entre las eternas condenas al bloqueo americano, la ineficacia, la indiferencia y el desgobierno, que se ha extendido hasta la Base cuando se pensaba que el desgobierno solo era cosa de la Superestructura. Déjenme decir, en aras del optimismo mas opaco, "quién dijo que todo está perdido?".
En casa de mi hermana no queda prácticamente nada material por resolver. Dentro de las paredes del Cementerio las cosas, al fin, están en orden.Tengo montones de planes para el futuro. Pero están "amontonados", en desorden y por ello dejan de ser planes. Ni sé qué será de mí cuando termine de redactar esta última nota, posiblemente intrascendente. Vivir al día ha sido mi constante en los últimos tiempos y parece que eso no cambiará de momento. Déjenme decir, en aras del pesimismo menos opaco, "quién dijo que todo está ganado?".
El sábado por la mañana vinieron algunos amigos y familiares que querían despedirse otra vez y en los espacios de tiempo que quedaban Juan Carlos preparó seis grandes macabíes que mi prima había acabado de comprar por orden mía. Preparar un macabí equivale a abrir el pez en canal y  en sacar su carne con una cuchara porque su carne es como una masa grizácea, casi blanca, que no necesita ser cortada. Caibarién, dicen, es una de las matas del macabí en Cuba y hay una cantidad inmensa de maneras de prepararlo. La pulpeta de macabí es el plato principal. Excepto cuando la pulpeta es preparada por testaferros comerciales o cuando nada mas te venden la masa sola y el pan barato envolvente se lleva todo el encanto. Ocurre que mi tío me había pedido que tratara de traerle unas libras de macabí y si fuera posible alguna masa de cangrejo. Le había dicho que eso era lo que sobraba en Caibarién y que ambas especies de mar estaban bastante desglozadas de las garras del mercado de divisas. Pero como mis tiempos problemáticos  andaban de cuarentena solo traería su antojo en caso de que no violara las normas aduanales de Estados Unidos. Me dijo que sabía de muchos cubanos que traían masa de macabí y masa de cangrejo sin ninguna dificultad. Vería, igual, lo que me advirtieran en el Aeropuerto de Santa Clara.
El chofer se apareció como a las once para decirnos que él no podía hacer el viaje pero que un amigo estaría frente a la casa a las doce en punto. Mi prima macabisera llegó como a las doce y me entregó una Memoria con todas las fotos de Los Quince de la Nieta para entregar a su familia en Miami. Yo había visto las fotos en la Laptop de Eileen y había celebrado el talento del fotógrafo, que fue capaz de crear una revista de glamour e insertar a la chica como si estuviera posando para una colección de ropa. La belleza real de Eileen me hizo recordar a la noche pasada. Había estado en casa de una de mis primas por la parte paterna, en el centro de la ciudad, porque le había prometido que pasaría el penúltimo día de mi estancia en Cuba con ellos. La velada se prolongaría hasta las once de la noche. Habían venido sus hijos y sus nietos y sus yernos y nueras, quienes nos ayudarían a consumir una excelente comida cubana que esta vez, por excepción, incluyó un par de  fantásticas cuberas - otro de los peces estrella del Panteón Marítmo Cubano - que pedí a Rosa friera en rodajas. Sin embargo, lo que yo estaba recordando en verdad mientras sujetaba la Memoria, era el genio avispado de la nieta de Magaly, la hermana de Rosa. Dos años antes me la habían presentado con el pie de foto de que era "un genio del trombón", que estudiaba en la Escuela Provincial de Arte, y que, además, podía cantar con amplias posibilidades y hasta tocar el piano. Aquella vez no pudo tocar para mí y entonces solo era una muchacha trigueña muy bonita cuyo cuerpo estaba comenzando a advertir de lo que podría ser capaz en pocos meses. De modo que toda la familia se trasladó hasta su casa, una cuadra al norte y cuando la saludé me di cuenta de que se había convertido en una mujer adorable. Muy simpática, con la soltura que dan las aulas y los escenarios, pronto descargó tres piezas de música clásica cubana con su viejo trombón, otras tantas al piano y terminó cantando una balada con back ground y haciendo un Karaoke con Laura Pousini.  Me quedé alelado. Tenía apenas dieciséis años. Su padre, que esa noche fungía como mánager, me dijo que había sido seleccionada entre las seis mejores trombonistas jóvenes de Cuba del curso que acababa de terminar. Así que la felicité. Cuéntale cómo te premiaron, le dijo. Con un viaje a Cádiz, Andalucía, para tocar con gente de mi edad y especialidad, también estuvimos en Madrid y siempre pudimos descargar algo allí en la capital de España, explicó. La volví a felicitar, alabé su belleza - un plus en su currículum para estos tiempos "diferentes" - y le susurré "los genios de la familia no son ni Pedro Luis, ni Pepito ni Digno.....ni yo (sonreí), querida: eres tú". Le arranqué la promesa de que para mi próximo viaje tocaría y cantaría durante una hora temas elegidos por mí y agregué que yo deseaba ser su presentador. Seguro, dijo, con autoridad de diva. Qué volá contigo, serás una showwoman, una genio multiinstrumentos o qué?, le pregunté. En realidad creo que podría hacer todo lo que has visto y oído pero lo mío es el trombón, expresó. Me volví al padre. No dejes que se enamore, por lo menos de alguien que le prohiba domar  y conquistar el cielo, agregué. Ambos se miraron y ella sonrió. La chica es mi prima tercera. El hermano de su abuela, pocos días después en Miami, me dijo que pensaba regalarle un trombón nuevo. Y que sí estaba enamorada y que incluso soñaba con venirse a los Estados Unidos.Wao.
Poco antes de la una treinta estábamos en el Aeropuerto Abel Santamaría. Visto bajo el sol es mucho más grande e "internacional" que el de Cienfuegos. Y más imponente. Estaba lleno de familiares y amigos que esperaban o despedían a los suyos. Le hice una foto a Elirá en los espacios del oeste en tanto Tery conversaba con un matrimonio como de mi edad en el andén de entrada. Osbel se mantenía en forma pero algunas arrugas de mas en su rostro me indicaban que me llevaba algunos años. Su esposa - prima segunda de la trombonista - sonreía tímidamente como siempre y apenas había cambiado en los últimos quince años. Había un chico joven y fuerte con ellos. Es mi hijo, pero no creo puedas recordarlo, vive en West Palm Beach, me dijo Barroso. Le tendí la mano. Sus años americanos hasta le habían robado el  parecido físico con sus padres. Y la chamita, pregunté, porque a esa diabla si que la recordaré siempre. La "diablita" estaba a unos metros y se acercó para saludarme, deshecha en sonrisas abiertas. Era el retrato de la madre, ya los había hecho abuelos y había sido mi alumna de Secundaria. Sus años cubanos no le habían robado el parecido físico con sus padres.
Parecía que este sábado sería un  día de grandes encuentros. Dos tardes antes uno de mis primos, a quien hacía casi veinte años que no veía, vino a Caibarién. Fito tenía ahora un Ford 54 y se estaba dedicando a "botear" a familiares de residentes en los Estados Unidos. Cuando supo que yo estaba en Cuba se llegó a mi casa para saludarme. Seguía tan gordo como siempre y destilaba salud porque había sido uno de esos personajes criollos que supo cómo triunfar en la Cuba esquilmada. Vivía en la ciudad villaclareña de Sagua la Grande. Me había dicho que a lo mejor nos reencontrábamos en el Aeropuerto el sábado porque su trabajo era formalmente informal. Así que llegó a la Terminal Aérea poco después que nosotros. Se acercó en compañía de dos o tres personas. Una de ellas era una mujer oxigenada, de cuerpo exhuberante y belleza en decadencia. Fue mi mujer, ahora somos amigos, viajará en tu mismo avión, me dijo. De modo que fuimos presentados. Vivía en Healeah. Prometí ayudarle con su equipaje y charlar en el interior. Observamos cuando despegó el Boeing 737 del hijo de Osbel. Quedé con Fito en que para mi próximo viaje sería él quien me recogería en el Aeropuerto y prometimos irnos para Plateros un fin de semana y compartir con la familia y con los amigos que habían animado nuestra infancia.Tery calculaba quedarse conmigo hasta que nos ordenaran pasar a las Salas de Espera. Pero le pedí que no lo hiciera. Porque, le recordé, no olvides que yo viajaré en el avión fantasma de la tarde - noche y nadie sabe si se repetirá la historia, además, para qué reventar al chofer con una espera inútil. Estuvo de acuerdo. Igual nos mandaron traspasar la Línea Roja enseguida que realizaron las pesquizas de rutina. Llevo dos paquetes congelados de pescado y un aguacate maduro para comérmelo en casa esta noche, algún problema, pregunté en el Buró de Declaraciones. El tipo me dijo que creía que no pasaría nada con el pescado pero que probablemente me decomisarían el aguacate. Así que me la jugué y no dejé el aguacate en su buró: era un "advocado" casi rojo, casi femenino, y aunque no me cuesta mucho deshacerme de cánones establecidos, igual me lo llevé. Cuando me despedí de Tery y de Elyrá les recordé que alguien tomaría fotos in situ para mostrarme en Miami acerca de cómo iban los detalles finales que redondearían la casa, que le pasaría un mensaje a su Androide nada mas llegar y que en el fondo desconocía cuando regresaría de nuevo a Cuba. Para lo primero se echó a reír. Para lo segundo dijo que "desesperaba" y para lo tercero expresó "te repito, diviértate, cuándo te tocará a ti". Me había confesado una noche, en casa, que la había dejado bien apertrechada para varios meses. Maldita mínima solvencia económica.
Qué creen, qué el avión llegó este sábado en tiempo?. Falso. Debía salir a las cinco treinta de la tarde. Pero los pasajeros - algunos de los cuales viajaban constantemente - se limitaron a esperar en silencio, sin protestar. De modo que no se repitieron las escenas de Miami de hacía una quincena. Hasta llegó antes un pequeño avión de hélice con paquetería. Charlé bastante con la ex de mi primo y a medida que se le fue desapareciendo el maquillaje con la caída de la tarde me percaté de que solo era un cuerpo esbelto de mujer pugnando por mantener la forma bajo un rostro  de piel blanquísima para el que había pocos remedios a estas alturas del calendario. A veces los funcionarios del Aeropuerto pasaban caminando por la Sala de Espera y decían, muy amables, que no tenían noticias del avión. Una señora dijo, como a las ocho y treinta, que su hija había confirmado, desde Miami, vía Internet, que nuestro avión ya estaba volando. Su hija la había llamado. Me quedaba un cuc en el bolsillo. Me fui al puesto de ventas. Con mi billete convertible pude comprar tres bombones excelentes. Chocolate exterior con núcleo de maní y de nueces. Le di uno a la señora de Healeah y otro a una mujer de media edad, que se había sentado frente a mí, y con la que estaba teniendo una breve charla relativa a la Compañía que controlaba al avión en que íbamos a volar. Con un dólar estadounidense en los puestos de expendio del Aeropuerto Internacional de Miami no hubiera podido ni comprar la atención del vendedor. Vaya usted a saber.Los altavoces confirmaron que, efectivamente, el avión aterrizaría en breves minutos. Ojalá que para cuando regrese a Cuba, hayan eliminado el vuelo de la tarde, o en su defecto la Compañía Chatarra - si es que continúa volando para entonces - haya optado, al menos, por hacer mas corta la espera.Porque alcanzar pasaje para otros vuelos a Santa Calara parece un acto milagroso. Y de verdad, no quisiera volar hasta Cienfuegos.
Como en cada vuelo el Boeing 737 viajaba a media capacidad. Mi asiento estaba en el lado del pasillo, a la derecha de un matrimonio que, nada mas caer en sus butacas, se durmió. Esta vez tampoco pedí cambiarme para alguna de las ventanillas. Todavía bregaba con el Síndrome de las Luces Debajo, enfermedad que me había sorprendido durante aquellas casi diez horas nocturnas del vuelo de Cubana Habana - Santiago de Chile en Marzo del 2001. Los altavoces no dijeron nada acerca del  cinturón de seguridad ni de la prohibición de usar celulares durante el vuelo. La misma microgaseosa de siempre. La misma sonrisa estereotipada de siempre del aeromozo de turno recogiendo los vasitos plásticos en una bolsa de Supermercado. 42 minutos después el incendio infinito de Miami debajo, los pasajeros desesperezándose y llamando a sus gentes para avisar del arribo y para pedir que tuvieran sus autos listos. Las cámaras flascheando detrás de las ventanillas y las de video tomando las primeras imágenes que después aguien subiría a You Tobe bajo el  pomposo título de "aterrizando de noche  en Miami".
Esta vez no hubo ómnibus ni trencito que nos llevara hasta las primeras trampas de Inmigración. Salimos del túnel directo a la Primera Sala, después de caminar unos trescientos metros por los interiores de la Terminal. Eran casi las once de la noche.  Casi dos horas después, reventados debido a la posición de pie y a la larga espera, y cuando habíamos pasado montones de supercontroles inéditos, llegamos a la amplísima Sala de Chequeos de Equipaje. No importa que todo el mundo regrese con apenas un bolso de manos o cuando más con una maletica mínima de rueditas, como yo. El registro es obligado. Una mujer joven, adustamente seria y étnicamente indefinida, me pidió el documento de rutina en donde, entre otras cosas, debe declararse lo que se introduce al país. Yo solo había marcado un cuadradito como "positivo": trae alimentos. Tal vez mi sinceridad me haya salvado. Porque también traía dos bolsitas de papel con talco facial, selladas. O sea, "polvo". La mujer me volteó la maletica rodante sobre el mostrador y preguntó por los dos paquetes congelados. Fisch, dije. Ok, aceptó. Y esto qué es, preguntó de nuevo, sopesando las bosas de talco. Talco facial, dije. Ok, aceptó. Advocado no, dijo. Lo siento, está bien, concedí. Un hombre joven, de aspecto y acento centroamericano, estaba leyendo el documento declaratorio. Hiciste muy bien en declarar los alimentos, apuntó, pero el "advocado" no puede pasar. Entiendo, no hay problemas, dije. Después miró para el centro de mi cuerpo. Por qué usas un  short  tan grande, es tú talla, qué traes debajo de la hebilla del cinturón, inquirió. Es solo un short ancho, mira, respondí, y le di vuelta a la hebilla del cinturón. Bien, puedes continuar, cerró.
Tal vez haya demorado media hora en lograr salir del interior de la Terminal.Tanto pasillo enrevezado, tanta puerta sofisticada por abrir, tanto elevador, tanta estera plana y tanta estera inclinada, tantos pasos a nivel hasta la calle en donde están los taxis "del aeropuerto". Los "taxis de sitio" de  Miami, el equivalente de los del Df , aquellos de los que me hablaba la chica capitalina en los tiempos hermosos. Era la primera vez que hacía ese largo viaje interior. Desconozco por qué, pero el primer viaje - por un laberinto que hubiera enorgullecido a Dédalo - me resultó más breve. Ya saben que no me esperaba nadie y lamenté que la taxista hondureña no pudiera venir por mí. En la calle había una hilera como de diez taxis de diferentes marcas. Me dirigí a un chofer negro. Le dije lo que quería en "inglés". Respondió con acento francés. Es haitiano, supuse. Dijo que no podía. El segundo intento fue copia fiel del anterior. Un chofer blanco, canoso y sesentón, me gritó, con acento bonaerense, desde adentro de su taxi "tenés que ir hasta el primero". Entonces comprendí que la fila marcaba la prioridad. El "primero" era otro argentino, que respondió "está bien, montá, che". Abordé. Le di mi dirección cuando preguntó. Como hablando conmigo mismo expresé "estos haitianos no entienden nada o se hacen los estúpidos". De qué hablás, indagó. Le conté de mis dos intentos fallidos con los haitianos del volante. Hijos de puta, hijos de la gran puta, diablos, claro que te entendieron muy bien, lo que pasa es que no quieren hacer un viaje de veinticinco o treinta dólares, tú vas a ver, esperáte, estalló. Parqueó frente al Policía de Taxis. Mirá, che, tengo a este testigo, los putos haitianos no lo quisieron llevar hasta su casa porque están buscando un viaje largo, hasta le dijeron que no le entendían, ya te informé, casi que le gritó. Yo iba a decir que solo había ilustrado una actitud y que no pretendía ser testigo de nada. El mastodonte, con acento cubano tardío, metió la cabeza por la ventanilla derecha. Te creo, viejo, le dijo, pero no lo he visto con mis propios ojos, así que  lo analizaremos, dale, anda. Todos son iguales, unos hijos de la gran puta, remachó el emigrado.
El gaucho, muy parecido al Favio de los últimos tiempos, condujo maldiciendo a haitianos, a kirschneristas, a Castros, a policías de aeropuerto y a madrugadas vacías. Sabía que el viaje me costaría poco menos de treinta dólares pero pensaba premiar a cualquier chofer con 20 us de propina, vale decir 50 us. Tendrás 50 us por ahí, pregunté. Deja ver, no lo creo, ha sido una noche pésima, dijo. Sacó un bulto de billetes estrujados del bolsillo de su camisa. Los contó frente a la Roja de Avenida 87 con Flagger. 43 es lo que tengo, aseguró. No me interesaba que se estuviera "haciendo" el argentino. Había 50 us para cualquier chofer que me llevara a la casa al filo de las 2 de la madrugada. No importa, dije, coge estos 100 us y dame lo que tengas, hermano, gracias, sentencié. Gracias a ti, che, cerró el caso.
Poco antes de las 2 de la madrugada arrastré mi maleta con ruedas sobre el asfalto del parqueo de mi pieza, abrí la puerta de madera que da al pasillo, caminé entre la vegetación de la cerca divisoria y la ventana enrejada, doblé en el patio enlosado, sentí el batir suave de las hojas de las matas de mango y metí la yave en la cerradura. Abrí. Prendí la lámpara del techo. Otra vez el aire acondicionado.El olor a Miami. Las puertas y ventanas herméticamente cerradas. La limpieza casi opresiva. La pulcritud exacervada. El refrigerador repleto. Las decenas de Canales de Cable. Internet Conquistada. El teléfono libre de impedimentas no satelitales.  Westchester, Miami.
MALDITA SEA.


Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Septiembre 13 del 2014.






1 comment:

  1. Gracias, chico, por estas viñetas. Ya veo que fue otro viaje de carreras. Por qué no cuentas como la amiga que te dijo que estaría soltera para cuando regresaras se creyó el cuento y como no supo mas de ti se volvió a juntar con alguien.jjajaj. Qué hacemos ahora?.

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