En 1832 Europa se sigue volcando hacia las oportunidades que brinda el Nuevo Mundo. La tentación que provoca Nueva York es irresistible. La ciudad les acepta pero apenas les puede asimilar. No les promete un presente promisorio porque quienes dirigen las riendas de la urbe siguen pensando en la gran ciudad que será. La hacinación y la pobreza extrema crecen en proporción directa al número de inmigrantes que arriban cada día. La despiadada promiscuidad está acechando y lista para cobrar sus nuevas víctimas. El cólera hace su entrada en Nueva York. Las banderas de la muerte comienzan a ondear. Los neoyorkinos se preparan para huir. El Padre Varela se prepara para quedarse. El éxodo es masivo. Apenas se puede combatir a la enfermedad. Los rezos imperan sobre los medicamentos. Dios, tú que nos has enviado este flagelo, dinos cómo erradicarlo. Cuando el nombre del Padre Varela aparece en los medios informativos de la ciudad, la gente que se ha quedado puede leer que "vive en los hospitales y en los barcos". Atendiendo a los enfermos a tiempo completo. Padeciendo junto a ellos. No importa que no sean católicos. El cólera no discrimina.
Mientras se logra ir venciendo poco a poco a la ponzoña del cólera Varela participa en las encendidas polémicas que está protagonizando el mundo religioso de Nueva York. Mediante demostraciones eruditas intenta silenciar a los protestantes que hacen uso particular de las enseñanzas de la Biblia. Demasiadas traducciones, demasiados textos bíblicos usados, tan variados que no pueden ser revelación divina, Dios es la Biblia y es lo único divino, declara. El Padre Varela no puede hacer otra cosa contra la intolerancia de sus hermanos díscolos que tratar de convencerles de que cada una de sus interpretaciones bíblicas han aparecido después de que el Gran Libro fue canonizado por los primeros estudiosos. Reinventar a la Biblia, decide, es una manera de sembrar cizañas y una manera extraña de sobrevivir. Corren los tiempos en que los grandes exégetas de los estudios bíblicos se están preparando para asaltar los fundamentos de Las Escrituras. Pero el cubano, encaminado - involuntariamente - hacia la santidad -, no les está diciendo que no reinterpreten ( lo cual sería intolerancia ) La Biblia. Sino que no rompan su esencia.El Libro Sagrado siempre será Uno. Lleno de parábolas, - las parábolas son anteriores a las palabras de Jesús - cada lectura puede mostrar una arista nueva de sus mensaje. Sin lastrar el núcleo.
Un año mas tarde El Padre Varela tiene la oportunidad de demostrar hasta donde llega su infinita capacidad de perdonar. El Obispo Fenwick, de Boston, le llama para pedirle ayuda "en idioma español". La ciudad tiene dentro de sus cárceles a diez piratas españoles que están condenados a muerte. Fenwick desea que El Padre de Nueva York les brinde consejo espiritual. Seguramente los pobres diablos del mar no son ni monárquicos ni cristianos. Apenas españoles por nacionalidad. Son hijos del Señor y han pecado. De modo que se va al noreste de la nación americana, les regala sus consejos espirituales, les acompaña hasta el patíbulo y les dice, poco antes de que la guillotina caiga sobre sus cuellos, "españoles, vayan al Cielo". En la mente de los piratas, el Cielo del que les acababa de hablar El Padre Varela era otro, muy diferente al Cielo del que seguramente les habían hablado sus carceleros bostonianos. Por ello, tal vez, el Obispo Fenwick había pereferido a un religioso católico que hablara español, por encima de los religiosos bostonianos, quienes, descontando su incapacidad para hablar español, seguramente serían protestantes. Y, por supuesto, les hubieran hablado de otro Cielo.
Durante años El Padre Varela ha estado preparando algunos textos con el objetivo de convertirlos en libros de consulta en el futuro. Ha trabajado sobre tres de los temas que, considera, mas afectan a la personalidad del individuo. Para 1835 tiene listo el primer tomo. Elaborado a manera de cartas - ensayo, una "guía para la juventud cubana, en donde pueden aprender a hacer uso de la libertad, armónicamente vinculada a la religión". Estas primeras seis cartas - ensayo abordarán el tema de la impiedad. El segundo tomo se ocupará de la superstición en cinco cartas - ensayo. Un tercer tomo, que estudiaría el tema del fanatismo, nunca fue escrito. Las cartas - ensayo tienen el título de Cartas a Elpidio. Con toda intención El Padre Varela utilizó a "elpidio" como destinatario "oficial" de sus cartas - ensayo.No olvidar que "elpis" significa "esperanza" en griego. Tampoco descartar la poca venta que tuvo el segundo tomo en la Cuba censurada. Eran épocas de vacas gordas en la isla, en donde solo cotizaban, a máxima capacidad, "el precio de los sacos de azúcar y el de las cajas de café". Cuando El Padre Varela fallece, entre sus propiedades había 243 ejemplares de La Superstición. A propósito de Cartas a Elpidio el Doctor Humberto Piñera Llera acota "ensayo de fundamentación de la vida moral sobre la creencia en la religión revelada, acatamiento a su principio de autoridad, son un tratado de ética teológica".
La década de los años treinta ha de marcar al Padre Varela para el resto de su vida. En 1832 nuere su amigo, profesor, consejero y preceptor, el Obispo Espada y Landa. Tres años después lo haría uno de sus maestros mas influyentes e inolvidables, el Padre José Agustín Caballero. Mientras ora, con y para los pobres, les incluye en sus oraciones porque no puede hacer otra cosa. Existen un par de anécdotas de su accionar en los tiempos del cólera. En un día de mucho frío, regresa de visitar enfermos. Una mujer, con un bebé en su regazo, está a la interperie y pide limosna. El Padre Varela no dispone de un solo centavo. De modo que se quita su abrigo, la cubre, la bendice y sigue su camino. Una mujer toca a la puerta de su casa, clamando por ayuda. Varela no dispone de metálico alguno. Pero posee algunos cubiertos de plata y se los da para que los venda.La policía captura a la señora y le acusa de haber robado la platería. La señora les pide que regresen a la casa del donante para que este certifique la verdad. El Padre Varela certifica el hecho.El Padre Varela se comporta esos años como lo hacía el Obispo Myriel, de Los Miserables, según palabras de Rafael B. Abislaimán, escritor cubano radicado en Miami, cuyo libro Peregrinando a San Agustín me ha servido de mucho para escribir estos textos.
Para cuando abre la década de los años cuarenta El Padre Varela ha rechazado la posibilidad de regresar a Cuba pese a que una Amnistía, recientemente promulgada, se lo permite. Sus amigos mas entrañables le piden que se acoja a la Ley. No - dice - solo regresaré cuando Cuba sea independiente Sus discípulos se están disputando el futuro. La Habana es una gran olla de anexionistas, de autonomistas, de reformistas y de separatistas. El Padre se "maravilla" con todos aquellos que no desean la independencia para la isla. Pero jamás les niega su amistad. Perdónalos, Señor, pues no saben lo que hacen, parece pensar. Durante su tiempo neoyorkino ha visto los cambios de presidentes en Washington, el gran "disparo" tecnológico que ha protagonizado la nación y el boom literario nacional. Ha asistido a la competencia desbocada entre las religiones de siempre y las nuevas religiones. Ante su mirada comprometida han pasado los Shakers de la Madre Ann Lee, los Adventistas de Ellen G. de White, la Ciencia Cristiana de Mary Baer, los Mormones de Joseph Smith y de Brighan Joung, los Discípulos de Cristo de Barton W. Stone. El ser humano siempre busca - concede - pero la religión, natural o rebelada, es una e inalterable. Su pluralidad - define - es el mayor absurdo filosófico.
Jhon Delmónico es un amigo del Padre Varela, suizo y dueño de un restaurant. Conoce del sueño de su amigo con edificar una iglesia.Un día le sorprende comprando una propiedad en Chamber st. Toma, es para ti, he puesto la mitad del depósito, le dice. El Padre Varela le agradece infinitamente pero sabe que el resto del depósito que falta y las deudas contraídas con La Transfiguración le habrán de perseguir para siempre. CuandoDelmónico muere, en 1842, durante una cacería en Long Island, ya El Padre Varela es Párroco de su iglesia. Al fondo, en el número 23 de Reade st., compra una casa en la que habría de vivir el resto de su vida neoyorkina. Muy cerca de donde vivía Pierre Toussaint, el Gran Apóstol Negro de la época, hoy Siervo de Dios. Su iglesia de La Transfiguración sería el Centro Espiritual de los irlandeses. Tanta es la pobreza que la rodea que los fedeicomisarios (trustees) tuvieron que rentar los asientos en busca de algún efectivo. Organiza la Sociedad del Rosario y servicios de oración de la Cofradía del Inmaculado Corazón de María por la conversión de los pecadores.
Un acontecimiento del período destaca la gran capacidad de conocimiento y de convencimiento del Padre Varela. La New York Public School Society es una organización privada protestante que maneja fondos públicos de la ciudad. El Padre Varela les alertó varias veces de sus prejuicios anticatólicos y finalmente pidió revisar los textos.Cuando les gana el pulso comienza a trabajar con ellos. El Obispo Dubois, enfermo desde 1838, muere en 1842. Le sucede Jhon Huges, al que había pedido como Auxiliar. Para el instante en que el Gobierno deja de dar fondos para las escuelas católicas, el Obispo protesta y El Padre Varela abandona la Organización. Finalmente la NYPSS muere y da paso al Scholl Board de Nueva York, que elimina la religión de las escuelas públicas de la ciudad. Entonces la Iglesia Católica crea un nuevo sistema privado de escuelas públicas. El Padre Varela lo estrenaría en el sótano de La Transfiguración.
En 1846, asiste como teólogo al Sexto Concilio Provincial de Boston. Pío IX ha relevado a Gregorio XVI después de su muerte. Desconoce que será líder de los católicos por 35 años. Ahora no hay piratas españoles que aconsejar en Boston. Sino ideas que expresar. Cuando regresa a Nueva York un amigo le está esperando. Gaspar Betancourt Cisneros -"el lugareño"- acaba de llegar, deportado desde Cuba. Como Saco está de nuevo en Nueva York se juntan para conversar del eterno tema Cuba y para escribir en La Verdad, el diario que dirige El Lugareño. Muy pronto, sin embargo, la tendencia anexionista de La Verdad le hace marchar, con todo respeto. José Antonio Saco tampoco acepta dirigir el diario cuando Gaspar se lo propone. Amigos como siempre. Pero las ideologías dispares habrán de separarlos en el camino que conduce al status futuro de la isla.
Cuando el siglo XIX marca su centro epocal ya El Padre Varela ha visto pasar por Washington a 9 presidentes, ha visto como la nación americana se ha extendido hasta la costa Oeste y ha asistido a cada uno de los "récords" históricos del Presidente James K. Polk. Bajo su Gobierno (1845 - 49), aupó la política del Destino Manifesto, se anexó Texas, ocupó Oregón, definió los límites con Canadá, arrebató California y Nuevo México, mediante una guerra de dos años, cuando el país limítrofe no quiso venderle sus poseciones, obteniendo mucho mas que lo que buscaba en primeras instancias, incluido el reconocimiento, por parte del presidente Antonio López de Santa Ana, de que el Río Bravo sería la frontera natural entre ambos países y nunca más el Nueces. Ofreció 100 millones de us a España por la isla de Cuba. Pero España tampoco quiso vender. Tal vez porque sabía que el asunto Cuba no incluía una guerra nacida en Washington. En la Isla, la retahíla de Capitanes Generales Españoles no han podido impedir la creación de Comisiones, Juntas, Conspiraciones ni Viajes de los hombres que tratan de resolver los problemas nacionales. Ha habido, por tanto, cárcel, tortura, destierros, garrote vil, ahorcamientos, paredón, suicidios y muchos mártires.
El Padre Varela no da para más. Está enfermo y su salud va cuesta abajo. Sus amigos le aconsejan que viaje al sur para reponer fuerzas en otros climas. Así que visita Charleston, en Carolina del Sur, y a su añorada San Agustín, en La Florida. Efectivamente, el cambio de aires lo recupera y regresa a la gran ciudad. El Lugareño dice "habla por siete y da gusto ver la manera en que se ríe y bromea". Sin embargo el crudo invierno de 1850 casi que lo mata.Tiene que retornar de urgencias a San Agustín. Deja en manos de Jhon Huges La Transfiguración, propiedad incluida.
Enfermedad. Deudas. Cuba Incógnita. Pobreza Extrema.
La segunda mitad del siglo XIX abre muy gris en la ciudad de San Agustín. El Padre Varela dispone de muy pocas fuerzas. Pero habrá de usar las que le todavía le quedan.A veces piensa que gran parte de sus amigos y discípulos en Cuba lo han olvidado.Tiene, no obstante, intacta, su gran capacidad de perdonar.
Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Septiembre 21 del 2014.
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