Sunday, September 28, 2014

FELIX VARELA: LO QUE VA DE AYER A HOY. (9).-



El primer año de mi estancia en los Estados Unidos fue una época en la que me consideré un saltimbanqui. Terminé por adorar a Picasso. Trabajos ocasionales, cambios de domicilio y gran parte del tiempo dedicado al infinito mundo de la documentación migratoria. Hasta que comencé a trabajar, con todas las de la ley, en Universal Greens. De modo que para mi segundo año pude ajustar mi agenda y ponerle nombre a los fines de semana, a los días feriados y a las vacaciones. Siempre me ha parecido que una semana de vacaciones es muy poco pero casi que se me dijo, en silencio, "lo tomas o lo dejas". Así que tuve que "tomarlo". En un país del "segundo mundo y fracción" como lo es Chile tenía tres semanas anuales. Y en verdad mi agenda nunca se quejó. Lo que no quiere decir  que 21 días de asueto laboral pudieran sacarme nunca de mi condición de eterno varado en Santiago de Chile.
Visitar San Agustín estaba, por supuesto, en mi Diario de Campaña. Pero sin ninguna fecha precisa. La gente que había estado allí regresaba hablando maravillas de la pequeña ciudad de la costa Este de La Florida. Pero no hablaban jamás de la impronta de Félix Varela allí  aunque fueran cubanos. Sino de la bahía, de las playas, del fuerte español y de la arquitectura "extraña" de la ciudad. San Agustín era un buen lugar para desconectar de los avatares de Miami. Sobre todo porque daba la impresión de que sus playas y su eterna foresta eran otros. No importa que San Agustín estuviera a más de 300 millas de la urbe sureña. Como ya he dicho en alguna parte, mi prioridad era visitar Cuba. De modo que la ciudad de Varela solo era una posibilidad del "tour del mañana". Incluso visitar Cayo Hueso punteaba en mi colimador.
Yo sabía que mis tíos iban cada domingo a la Ermita de la Caridad del Cobre, en la costa Sureste de Miami. Que entraban al sitio, entregaban algún diezmo y a veces compraban una botella de agua bendita en la puerta. Sabía, además, que mi tía era una mujer católica por reflejo ancestral y que mi tío, a sus casi ochenta años, le acompañaba buscando un relax diferente. Los alrededores de la Ermita están colmados por grandes edificios, hospitales, casas parroquiales, prados hermosos, vegetación profusa y la eterna brisa de un mar diáfano y plácido rematado a lo lejos por las rascacielos de Miami Beach y el encanto de Cayo Biscaíno. Después de asistir a todo lo que pasaba dentro del recinto - liturgia vestida de Patria - mis tíos se iban hasta el césped del Este, se sentaban en alguna silla de ocasión debajo de los cocoteros y miraban al mar. Como había un viejo muro que paraba el embate cobarde del Atlántico, ellos - como todos los cubanos - pensaban que estaban en el malecón de La Habana. Al regreso - aseguraban - una paz especial les colmaba. Vente una tarde con nosotros, Luisma, me dijo mi tía una noche en que hablábamos de nuestra infancia en la sala de la casa de Switwater.Yo sé que tú no crees en nada pero de esa manera conocerías a La Ermita y te recrearías frenta al mar, agregó. Hecho, dije.
Así que un domingo les acompañé. Recorrí todo el entorno, entré a La Ermita, asistí un poco a la liturgia, observé con calma al gran mural histórico - religioso que corona el fondo Este, me tendí en la yerba recortada del malacón, miré al océano y pedí a mi tío que me tomara algunas fotos en los alrededores fotogeniquísimos con una cámara desechable que había comprado en Wallmart. Y regresamos a casa. Poco tiempo después, mi prima me telefonea. Le tengo una sorpresa a mi papá, me dice. Y, agrego. Tú sabes que él cumple años el 1 de Marzo, continúa. Claro, concedo. Hay un viaje a San Agustín, organizado por la gente dura de La Ermita y quiero invitarlo, claro que incluye a mi mamá y quería saber si estás interesado. Dame los detalles, aunque parece que sí, digo. A ver, salida el 1, a las 6 de la mañana y regreso el 2, a las 10 de la noche. Viajaremos en guagua, son unas cinco horas y fracción, garantizados los dos desayunos, un tour por la ciudad y la habitación de hotel, el costo sería 200 us por la habitación pero si la compartes con mi papá baja a 120 us y creo que esta sería la opción correcta, Bien, digo, cuenta conmigo. Ok, ya, nos vemos.
Antes de Marzo 1 mi tía abundó en otros detalles del viaje a San Agustín y fuimos preparándolo con calma. Lleva algo para el frío porque aunque sea Marzo, dicen que allá pela en esta época del año, me advirtió.También me regaló el libro del que ya he hecho referencia y que al parecer estaba incluido en el paquete litopatriturístico, y una hoja con el Itinerario. Poco después de la 5 de la mañana pasaron a recogerme en el auto de mi prima. Porque según la Hoja de Ruta, la salida sería a las "7 de la mañana". Los autos de los viajeros quedarían resguardados en los alrededores del Hospital Mercy. Fuera de algunos caramelos mi tía decidió no llevar nada de comer. Las cosas relacionadas con "el Señor" tienen que ser perfectas, consideró.
Transitamos Coral Way dentro de la oscuridad. Recovequeamos en Coral Gables casi amaneciendo. Enfilamos la calle que lleva a La Ermita en plena mañana de Marzo. Ya había algunos carros aparcados en los espacios del Gran Hospital. Nos desmontamos. Caminamos hacia la puerta enrejada que da paso a la acera ascendente que lleva, entre prados, jardines y palmeras, a la escalinata de La Ermita. Listos para abrir con los preparativos del viaje. Por cada diez viajeros había 9.5 personas de la tercera edad. Porque viejo sería Matusalem.
El sol era un disco naranja sobre la playa.



Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme González.
Septiembre 28 del 2014.

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