Sunday, June 29, 2014

TEXTOS DE ANIVERSARIO.-




Sociedad de Naciones.
                                   El mejor chiste de entreguerras.

Me gustan los años de aniversario. Me encanta recordar lo que los hace especiales. Disfruto los textos de los periodistas y de los investigadores y de los testigos vivos del acontecimiento que retuerce a las memorias agradecidas. O a las desagradecidas, en el peor de los casos.En esos minutos para honrar al ayer mi cerebro se descontextualiza y es capaz de hacer un viaje retroactivo hasta los escenarios donde fue. Esta frase puede sonar perogrúllica y hasta jactanciosa. Porque seguramente a todos los humanos les ocurra lo mismo. Pero igual deseo rubricarla.
Cien años después, La Primera Guerra Mundial regresa a la palestra pública aunque solo fuera para no dejar sucumbir la impronta de la tambaleante Europa, siempre levantada desde sus  más estrepitosas caídas históricas. No comparto la numerología hechológica que trata de hacernos partícipes de que solo hemos asistido a dos Guerras Mundiales. Por un motivo simple: no siempre el mundo que hoy conocemos fue el mundo conocido de la Prehistoria Clásica. Y para entonces los Grandes Imperios llegaban hasta los confines del mundo conocido detrás de los mismos objetivos que buscaban los Imperios de la Historia Romántica en  los confines estratégicos del Mundo Cartografiado. De modo que La Primera Guerra Mundial puede haber sido la Gran Penúltima Guerra Mundial. Pero en ningún caso una de las dos que ha tocado padecer al género humano. Y conste que llamar "mundial" a una guerra que apenas implicó a una parte ínfima del Planeta puede parecer anfibológico.
Por estos días las plumas de  periodistas e historiadores se han trasladado hasta Los Balcanes. Todavía me cuesta demasiado hablar de desintegración balcánica y de limpiezas étnicas en lo que fue la Yugoslavia que nos entregó el Gran Mariscal Tito inmediatamente después de que se acabó la "última gran guerra" y que con  su muerte y con  la verdadera desintegración del Bloque Moscovita y Anexos llevaría a la debacle innombrable que la humanidad conoció en los años noventa del siglo XX. Otra vez hemos oído hablar de la ciudad de Sarajevo y de nuevo hemos visto la esquina maldita en donde el Heredero del Imperio Austrohúngaro, Francisco Fernando, fue víctima de la bala de Gravilo Princip , un chico "balcánico", que para muchos no es mas que un terrorista de pacotilla y para otros un adalid de las libertades nacionalistas. Se nos ha dicho que el crimen - o el ajusticiamiento? - fue el detonante que desencadenó la Primera Guerra Mundial sin que tal afirmación descalifique a  las ansias de las grandes potencias por el nuevo reparto del mundo, una maratón en donde Alemania llevaba tres pasos de desventaja a pesar de su golpe de efecto en la Guerra Francoprusiana y en sus fueros tecnológicos que estaban minando la dignidad de ciertos europeos del norte que todavía malvivían con los restos gloriosos de la revolución industrial y con las bondades de las hiladoras sofisticadas. Incluso personalidades respetables de Sarajevo se han atrevido a expresar que cada reanálisis que se haga de los motivos que abrieron el telón para mostrarnos a una Europa rocosa en llamas no son otra cosa que una justificación alemana para escurrir el bulto a su culpabilidad de doble derrota militar y tratar de esconder sus preparativos de Ultima Guerra Mundial, ahora incubándose en el campo económico. Es una buena frase y no debe perderse de vista. Aunque la Señora Merkel se atragante hablando de coexistencias pacíficas, normas legales y motores que andan a ritmos diferentes por las autopistas de la  Vieja Europa.
Ocurre que la parte verdaderamente humana de los titulares de prensa históricos son los detalles. Y estos muchas veces desatan el morbo. La esposa del Hederero estaba embarazada y una bala rebotante le quitó la vida. Así que la acción de Princip se llevó a tres vidas en la esquina macabra de Sarajevo. El chico serbio pertenecía a la Célula Terrorista - la palabra no es "nueva" - Mano Negra y se convirtió en asesino ( o justiciero?) de manera casual porque no esperaba ser protagonista. Se salvó del paredón porque era menor de edad. Pero su jefe fue linchado. Años después se arrepentiría de su acto. Declaró que no había sido capaz de imaginar los hechos desencadenantes. Quién podría convencernos de que la bala "de repuesto" que estrucó al Heredero y a su esposa embarazada no tenía como objetivo primero expulsar a los jerarcas del Imperio Austrohúngaro de Serbia?. Cualquier otro Heredero o Rey que estuviera visitando el Reino de Serbia  sobre las once de la mañana del Día A, hubiera pasado apercibido, sí, pero entre vítores. No creo que Mano Negra fuera una Organización Fundamentalista en el sentido ortodoxo. Gavrilo era un chico muy joven, tal vez de gatillo alegre, pero casi seguro dueño del sentido histórico que proclamaban los nacionalistas de su patria.  Sin embargo, ahora no pretendo hablar de "nacionalismos".
El gran escritor austríaco Stefan Sweig llamó a la época del Emperador Francisco José - tío del Heredero - la "epoca de la seguridad" y se vanagloriaba de la paz bucólica que se disfrutaba ente los límites del Imperio hasta que la Guerra desató la pandemia de la "inseguridad" y él debió convertirse en un humanista comprometido con su querida y vieja Europa hasta que el detonante de la Segunda Guerra lo autoexilió en Petrópolis, Brasil, en donde se descerrajó un tiro en la cabeza y le ganó la confesión a su esposa de que haría lo mismo. Sweig tal vez no fuera un adalid de las Causas Imperiales, pero la marcha estable del Imperio que le gobernaba le ofrecía la seguridad de que urgía para establecer una familia y continuar escribiendo sus biografías monumentales. Si el genio de Salszburgo hubiera vivido para los tiempos en que Kennedy fue colapsado en Dallas de seguro hubiera tenido material para otra obra inigualable y el convencimiento de que las épocas de la seguridad se habían acabado para siempre.
Las planas de los diarios mejor ranqueados nos recuerdan de que con el desarrollo de la Guerra fueron apareciendo metodologías de destrucción masiva que hasta entonces solo habían estado en la mente de Julio Verne. Las batallas se desarollaban ahora en la tierra y en el mar y en la periferia de los cielos. La fuerza y el alcance de la metralla bombardeada no tenía parangón en la historia de los anales militares y las bombas comenzaron a caer desde arriba y las ciudades desaparecían del mapa después de cada razzia. Los gases venenosos se robaban tantas vidas como la descarga de los mejores obuses y los dirigibles volaban como gigantescos dinosaurios sobre los combatientes, vigilando y matando sin contemplación. En 1918 habían desaparecido cuatro Imperios y ello obligó a reformar las fronteras en las tierras beligerantes. Rusia se destapó como República Bolchevique y Alemania fue humillada en Versalles. Los hombres que anhelaban la paz del futuro se reunieron muy pronto para dar vida a una prometedora Sociedad de Naciones que buscaba evitar otra hecatombre de tal magnitud pero que no logró otra cosa que reavivar los nacionalismos, parir al monstruo fascista engendrado en una cervecería y recordar que los nueve millones de muertos serían la nada misma si la guerra continuaba porque daba la impresión de que no había habido fin de la contienda sino solamente una tregua forzada hasta que Alemania se rearmara y estuviera lista para limpiar Europa de judíos y para sacudirse las humillaciones que le había endilgado la Conferencia Cobarde.
Hace algunos años que estamos combatiendo en los campos de batalla de la Ultima Guerra Mundial. Pero lo hacemos en otra dimensión. Con protagonistas recién agregados al Convite de los Ruidos. Las fronteras están cambiando de nuevo: pero ahora los países y los imperios dados a luz bucan engrozar sus cajas fuertes mientras compran deudas soberanas y repletan al mundo conocido de mercancías "lai" y desbaratan los iconos occidentales con fuerza de tifón. No se avecinan Conferencias Terminales ni las Humillaciones son tan explícitas ni el nombre de las nuevas Formaciones Socioeconómicas posee suficiente rimbombancia como para tener que hacer cambios en el Diccionario. Se trata de una Guerra Extraña y a largo lazo. Sin prisa. Por lo menos hasta que ciertas Casas Impolutas cambien de inquilino. 
Yo conmemoro los cien años que cumple el fin de la Gran Guerra releyendo textos de antología. Ya lo hice con Adiós a las armas. Ahora estoy metiéndole ojos a una de las novelas emblemáticas del período. Me siento en las trincheras. Escucho el ruido monótono de los aparatos imberbes que ayudaron a concebir los hermanos Wright y veo el humo de sus deposiciones entre los huesos de los cadáveres que se desparraman por el campo de batalla, miro a las moles aterradoras del Consorcio   Krupp y veo cómo las estructuras saltan en pedazos detrás de sus estampidas infernales, observo a las grandes ballenas perezozas que luego harán famoso al Conde Zeppelin a la vera de los "pájaros de acero" oteando el mejor blanco o centrando sus colimadores impolutos en las trincheras del otro contendiente,  sufro con las toses de ahogo que  provocan los engendros de las fábricas químicas, padezco la desazón de ver cómo mis compañeros mueren de a poco en esta trinchera condenada al  cadalso y presiento que mi epitafio dejará bien claro que mi muerte solo será una muerte más en la ruleta de la guerra interminable y escribo yo mismo la noticia "sin novedad en el frente".

Westchester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
Junio 29 del 2014.

2 comments:

  1. Sin noveda,,,, no es ninguna novedad, que nos metan en una urna y el mundo siga girando ,,,y junto con la tierra que nos cubre, no va cubriendo lentamente una capa de olvido, ,y es mas a veces la capa de olvido,, ya nos va cubriendo mientras caminamos,,sin darnos cuenta como nos vamos quedando solos,,,y los gusanos se ponen servilleta y babean de gozo..

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  2. Luis Eme, estoy aquí para despedirte. Para despedir tu ausencia, debo decir. Leí el libro de Remarque y claro, es genial. Digo, además, que este cronintario es para un Pullitzer, en serio. El último párrafo casi que me hace llorar: pprque yo SI tengo lágrimas todavía.

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