Saturday, April 26, 2014

APUNTES PARA CINCO MUERTES PROMETIDAS.-





Tomado de Grandes Nostalgias.


Para Gabo Márquez. In memorian.

Maestro, ya usted sabe que no me he tragado ese cuento de su muerte. Permítame decirle que cuando vi a Merche custodiando "sus" cenizas en Ciudad México he pensado en las cenizas de los pescaditos de Aureliano en el crisol y en las cenizas del galeón español en los tremedales de la Ciénaga. Así que coja estos apuntes y déjese de vainas y escriba usted la crónica si considera que el asunto es interesante. No olvide que las muertes que le ofrezco, más que "anunciadas", fueron "prometidas".

Apunte 1.

Hombre de la Ciénaga Junior estaba guataqueando arroz Dos Provincias en compañía del Tío Neno cuando sintió los resoplidos de la yegua prestada en el fondo del último surco de caña. No esperaban al Hombre de la Ciénaga. Así que se desencorvaron para mirar. El sudor se les desplomó por el cuerpo en el centro de Julio. El Hombre de la Ciénaga se desmontó de la yegua y haló la soga que le sujetaba el pezcuezo y el animal le siguió hasta uno de los postes de la cerca que separaba la tierra de cultivo del Camino Semirreal. La amarró de modo que la yegua pudiera alcanzar hasta la última yerba de guinea fresca y darse la hartera de la mañana. El Hombre de la Ciénaga regresó por entre el sembrado de arroz, levantando cada pies sobre los surcos para no estropear a las plantas. Se agachó para arrancar un metebravo que se le había quedado a Neno en el tronco de un plantón. Gumercindo Sijú hizo una carnicería esta madrugada en casa de su querindanga, dijo. El Junior y Neno se miraron y abrieron los ojos y encogieron los labios. Sabían de qué hablaba el Hombre de la Ciénaga. Ese tipo está quemao, dicen las lenguas que están regresando de Guayabales que le dio un millón de machetazos a Fotingo, que le cortó la cabeza a Betty y que después  de que no encontró a los niños se subió a una mata de aguacate y se ahorcó. Sabes si ya lo bajaron, preguntó Neno. Qué va, dicen que tiene que venir la policía y dicen que hay un gajo de aguacate en el suelo y aseguran que el tipo se subió en ese para quitarse la pluma y parece que se partió porque no pudo resistir y entonces Sijú se volvió a subir y se ahorcó del gajo de más arriba, dicen que el viento lo está moviendo como si fuera un péndulo de reloj sin cuerda y dicen que la carretera está llena de vecinos, de curiosos y que todos los carros paran frente al ahorcado para verlo pendulando. El Junior dijo que se podía decir lo que se quisiera de Sijú pero que se trataba de un tipo de palabra que solo había cumplido lo que había prometido. Y qué volá con los niños, Papi, preguntó. Parece que Betty los mandó para la casa de una vecina la tarde antes porque dicen que no le gustaba que los niños vieran u oyeran sus escarceos de cama con Fotingo aunque otros juran que lo hizo porque aunque no creía en las amenazas de su querido creyó que era mejor tomar precauciones por si las moscas.Tú piensas ir, inquirió Neno. No, no, yo solo vine para hacerles el cuento, me duelen mucho las piernas, tengo la reuma revuelta. Pero sí deben haberse llevado a los cadáveres, no. Claro, dicen que el mismo chambergo que lo encontró tasajeado y desangrándose en el patio se dio cuenta de que estaba vivo y que enseguida se percató de lo que había pasado y entró al cuarto de la mujer para ver el espectáculo de una cabeza cayendo hacia abajo desde el borde de la colchoneta solo enganchada de un pellejito de nada en el pezcuezo y que salió volando hacia la carretera y que se le metió delante al primer camión que pasó para que se detuviera y se los llevaran para el hospital. Bueno, yo sí pienso ir a Guayabales, dijo Neno, el arroz puede esperar, hay demasiada sequía. El Hombre de la Ciénaga Junior, ahora, no estaba interesado en espectáculos de esa índole. Aparte de que la vívida descripción del padre le había actualizado sobre un asunto que había terminado como tenía que acabar.Y eso que Papi  solo estaba contando una historia de oídas, se dijo. Porque el hijo del Hombre de la Ciénaga acababa de cumplir veintiséis años y todavía estaba celebrando su victoria en el casting de Yaguajay para postular a estudiante de Dirección Teatral en Sancti Spíritus y cualquier otro evento lo tenía sin cuidado. Un viejo cojonudo, con ligeros problemas mentales y contrimás metido hasta las ingles con una chamaquita, es peligroso, sobre todo si sabe que lo están corneando, pensó mientras se volvía a agachar, guataca en manos, entre  los surcos de arroz.

Apunte 2.

Gumercindo Sijú se levantó poco antes de las cuatro de la madrugada, se tomó una tasa de café bien fuerte y envolvió al machete chino Gallito en tres o cuatro vueltas de papel amarillo. Estaba despalmado hasta el cabo encerado y tenía por lo menos una pulgada de filo. Lo metió en la jaba de saco que siempre usaba para forrajear. Salió de su casa y cuando llegó a La Guira saludó a los guajiros que cada mañana cogían la primera guaga Caibarién - Morón. Sin embargo no se unió a la conversación y prefirió sentarse en el muro de hormigón que cercaba a los jardines del bar. No estaba nervioso. Era un hombre maduro de sangre fría que había luchado contra la tiranía de Batista y que se consideraba un tipo de vuelta de todo. Durante varios días había pensado muy bien en la acción que iba a realizar esta madrugada y cuando se acostó la noche antes había decidido que no tenía opciones. Se sentó  en el asiento posterior  de la guagua y cuando caminaba de espaldas por el pasillo uno de los guajiros se burló de él levantando sus manos en arco sobre sus orejas y cabeza haciendo la pantomima de un par de cuernos. Veinticinco minutos después se levantó del asiento y caminó hacia la puerta de salida. Parada, dijo. Era noche cerrada todavía. Caminó por el andén de tierra en el lado sur de la carretera hasta la ranfla que bajaba hacia el bohío de Betty Garmendola. En silencio. Como en los tiempos en que era un alzado contra la tiranía de Batista en la Sierra de El Caramelo.No había perros en casa de su amante y las aves de corral tiraban el último sueño de la noche en  medio de un sopor de muerte. Llegó a la pared norte y se agachó contra el tablado de palma real. Esperó. Atengolio Fotingo no rompería esta madrugada la tradición madrugadora del guajiro cubano. El otro amante de su amante se despertaría, estaría un rato compartiendo calores, le daría un beso en la mejilla y saldría al patio en calzoncillos para mear, estirar el cuerpo y entrar en ritmo hasta regresar a la cocina para hacer el café de rutina. Sijú sentía como si un gran molino de piedras le triturara los huesos y los celos lo mataban en el misterio del amanecer. Ahí detrás de esas paredes de tablas de palma, debajo de ese techo de guano de palma, sobre ese piso de tierra y sobre esa pobre colchoneta el hombre al que iba a matar estaba acostado con su amante a pesar de sus advertencias explicadas detalladamente dos días antes. Cuando escuchó a la cama crujir supo que Fotingo acababa de despertarse. Entonces lo pensó abriendo y cerrando los párpados en la niebla de habitación, contorcionando el cuerpo, cerrando y expandiendo los nudillos, resoplando de satisfacción tras la noche perfecta, sentándose en la cama en silencio para no despertar a la mujer, levantándose y caminando a tientas hasta encontrar la chismosa sobre el tarimaco de la sala y prenderla con un fósforo para ayudarse a llegar hasta el comedor, ponerla sobre la mesa y abrir la puerta del patio, con la vejiga a punto de reventar y posiblemente con la pinga parada. Sijú dio tres pasos hasta donde terminaba la pared norte y sacó la cabeza para cerciorarse de que el hombre al que iba a matar estaba de espaldas a él. Ya tenía el quimbo desempapelado en su mano derecha y apretaba su cabo como si fuera el pescuezo de Atengolio Fotingo. Entonces sacó todo el cuerpo desde detrás de la pared norte y observó al hombre que orinaba a unos seis metros suyos. En el atisbo del amanecer dio un primer paso. Después emprendió una carrera corta y veloz y dejó caer el primer machetazo.

Apunte 3.

Betty Garmendola era una chica bonita y de cuerpo sugestivo. Tenía un trasero antológico y una facilidad increíble para no rechazar pretendientes y para quedarse preñada. Cuando los padres de sus dos niños escurrieron el bulto y ella no pudo acudir  más a la benevolencia de los suyos y la Seguridad Social la sacó de sus Listas de Ayuda entonces tuvo que aceptar ofertas de hombres mayores que estaban en los tiempos en que sus billeteras eran más importantes que el poco de potencia que les iba quedando. Gumercindo Sijú la conoció en la Parada de la Guira una tarde de lluvia y cuando ella le contó las penurias por las que estaba pasando él se ofreció para darle una mano en la medida de sus posibilidades y la invitó a su casa de hombre separado que vivía solo. El sábado siguiente Betty acudió a la invitación. No sospechaba que Sijú había quedado obnubilado con su juventud florida y su trasero de ánfora. Dos semanas después se acostó con él y él le prometió mantenerla a cambio de que no le fuera infiel. Gumercindo Sijú tenía una pensión de Combatiente, era un buscavidas de primer nivel y tenía un hermano escapado al Diablo que a veces le daba una mano desde sus negocios campesinos en el propio Guayabales. Aunque no eran amigos Betty conocía sobradamente a Mengo Sijú. Pero a la madre soltera no le alcanzaba con los royalties de su amante. Tampoco estaba encantada con una diferencia de edad que trasvasaba los treinta años. Le había confiado a algunas amigas que "todavía era un buen amante" pero que "estaba haciendo de tripas corazón" y que lo sentía muchísimo pues el tipo se desvivía por ella. Sijú creía que ella estaba enamorada de él y en verdad pensaba que estaba viviendo una segunda juventud. Hasta una tarde  de Septiembre. Regresaba de Yaguajay en la guagua local y como no podía quedarse esa noche con su chica se cambió para uno de los asientos del lado izquierdo del ómnibus de modo que pudiera saludarla desde la ventanilla con su mano encantada en caso de que ella estuviera afuera y en caso de no verla pues llevarse la adorable visión de un hogar en el que estaba siendo brutalmente feliz. Betty estaba en el patio del comedor y había un hombre con ella. El hombre sonreía y le daba nalgadas y ella trataba de escapar de sus palmadas hasta que el hombre la agarraba por un brazo y la atraía contra su cuerpo y la besaba. Sijú no podía creer lo que estaba viendo y solo atinó a mover la cabeza de un lado para otro. Pero no se bajó de la guagua. Esa noche no pudo dormir. Al otro día, cuando ella llegó, le dijo lo que había visto en el patio de su casa desde la ventanilla de la guagua. Betty se echó a reír con tanta alegría como  la que mostraba el hombre de ayer mientras reía y trataba de agarrarla por el  brazo. Le dijo que era un hombre del barrio, que podía ser su padre y que a veces también le ayudaba. Qué era una excelente persona. No pude verle la cara, lo conozco, preguntó Sijú. Claro, es Atengolio. Atengolio Fotingo. El mismo que viste y calza. Atengolio no era su amigo pero por supuesto que sabía quién era. Uno de sus hermanos era amigo de su amigo Heriberto Carretón Viejo, con quien salía a cazar venados prohibidos en La Loma. Así qué eres amiga de un Fotingo. Sí, hay algo malo en eso. No sé si lo habrá, la verdad, no te alcanza con lo que te doy. Sí, pero nunca está de más contar con  cualquier ayudita extra. No podría soportar ver otro juego como el de ayer y ni siquiera sospechar que me traicionas. Ah, por favor, no seas celoso. Deseo repetirte que no voy a perderte jamás y que esta pasión que me provocas no es compartible. Lo sé y descuida, eres mi hombre y yo soy tu mujer. Dos meses después ella tuvo que admitir que se había acostado con Atengolio pero que no eran amantes y que ni por asomo estaba enamorada de él. Qué solo tenía que hacerlo porque necesitaba  más ayuda para criar a sus hijos y que en un final ellos no tenían ningún compromiso. Le dijo, además,  que "eso" no se gastaba. Como le había ocurrido desde la ventanilla sur de la guagua, Sijú no podía creer lo que estaba oyendo. Muy bien, le dijo, desde este mismo momento estamos comprometidos. Prométeme que no volverá a ocurrir. Betty Garmendola lo pensó dos minutos. Prometido, dijo, a sabiendas de que no podría cumplir su promesa. Quiero mantener nuestra relación por dos motivos. Sé que soy un viejo y tal vez tenga que estarte agradecido de que me entregues tu carne joven a cambio de vaciar mi billetera y porque estoy enamorado de ti. No me puedes dejar porque yo no te dejaré. Sabes que te quiero. No, ya no sé nada, soy  un hombre inseguro que duda de su amante. Solo sé que no puedes dejarme, no debes olvidar eso nunca. Cuando dijo "nunca" su mirada le llegó por debajo de las cejas y ella pensó que se trataba de una amenaza. Yo no olvido nada nunca Gume, lo sabes, definió, conocedora de  que, como decía Laniña, "tenía la memoria del gallo".

Apunte 4.

Poco después Betty Garmendola le perdió el respeto a Gumercindo Sijú y aunque seguía llevando con él la misma vida de los albores su relación con Fotingo se consolidó por el simple motivo de que vivían en el mismo barrio y no podían dejar de verse. Fotingo era un poco más joven que Sijú pero su condición de amantes no pasaba por su capacidad tigrezca en la cama sino por la magia de la compañía garantizada y la capacidad aglutinante de sus billeteras. Llegó un momento en que Gumercindo tuvo que aceptar compartir su cuerpo, que para él, tanto como su cuerpo, era su amor. Fotingo no estaba enamorado. Solo hacía gala pública de sus posibilidades sexuales con una chica a la que doblaba la edad y de su machismo extemporáneo. Porque Atengolio Fotingo tenía su pareja a seis caballos amarrados de la casa de su querindanga y se complacía con el sufrimiento de una mujer que no podía competir con una joven adorable. Cuando Sijú se cansó de oírle decir a Bety Garmendola que no tenía nada con Fotingo, que solo eran amigos que se querían como hermanos y que cuando no podían aguantar más echaban un palito sin importancia en cualquier sitio del bohío donde les sorprendiera la pasión le dijo a rajatabla "si no le dejas tendré que matarte". Betty sabía que había sido un hombre de guerras, que había manejado armas y que por lo menos había disparado buscando matar. Sabía, además, que había estado en manos de sicólogos y de siquiatras y que era un hombre ensismismado e introvertido y según sus padres un hombre así, enamorado contrimás, era capaz de cualquier cosa. Cómo me matarías, le preguntó Betty, tratando de mostrar seriedad en el tono de sus palabras. Era la primera vez que oía una sentencia de tal categoría en sus labios veteranos. Te cortaría la cabeza y después me ahorcaría. Betty le dijo que estaba bien, que se sentía derrotada ante su amor y que le prometía que nunca más vería a Atengolio Fotingo. Después de coabitar sobre el piso de la casa Gumercindo Sijú terminó encharcado en sus propias lágrimas. Para la próxima tarde el calor corporal de Betty Garmendola la estaba matando en el sopor del verano inclemente y se fue hasta el monte donde Fotingo cortaba madera para hacer un horno de carbón y allí mismo le despedazó la ropa con arañazos de hiena en celo y se lo templó con rabia de mujer avisada. Cuidado niña, que me estás enamorando, jadeó Atengolio Fotingo mientras trataba de sacar el machete trabado entre sus pantalones y sus botas de goma. Dice el anciano que me cortará la cabeza y luego se colgará de un gajo si no te dejo. Atengolio Fotingo terminó de acomodarse el pantalón y cuando iba a atacar los botones de la portañuela se dio cuenta que no podría meter la tranca porque todavía la tenia parada y Betty le dijo, sonriendo, "guarda eso, fauno insaciable". Ese viejo me está cansando, sabes. Lo único que él va a cortar será esta cabeza - se sobó la corniza de la pinga - y el gajo desde el que se guindará será este gajo hermoso y duro - se acarició el yerro como si se masturbara -: estará medio loco pero sabe muy bien lo que hace, así que olvídate de amenazas y sigamos con lo nuestro. Está bien, amor, tú sabrás lo que dices, mejor deja que te la baje porque parece que no hay manera de que pierdas la erección. Fotingo la volteó contra el algarrobo que esperaba para ser cortado, la atrabancó contra el tronco y la sembró hasta los tuétanos mientras ella se quejaba como si acabaran de caerle mil pesos desde el aire húmedo que soplaba cobardemente entre la foresta del bosque.

Apunte 5.

Betty Garmendola no quería decir nada a nadie acerca de la amenaza de Sijú. Excepto a una o dos amigas y a su madre.  Una de las amigas aseguraba que solo se trataba de celos de viejo compartido y de envidia por la diferencia de edad que lo hacía perdedor ante el empuje de Fotingo y le decía que se olvidara de amenazas y que siguiera haciendo lo que su conciencia y su  cuerpo le dictaran. La otra consideraba que debía tener mucho cuidado y hacer todo lo posible por ocultarle su relación con Fotingo. Que nadie podía adivinar de lo que era capaz un viejo enamorado. Que ella había leído historias horripilantes de relación que habían acabado en un baño de sangre. En tanto la madre, muy molesta, le pidió que acabara con  las dos relaciones y que se buscara un hombre de su edad y que se estuviera tranquila y que se comprometiera aunque solo fuera por sus hijos, los cuales estaban recibiendo una segunda educación muy dudosa. Tú padre está que echa chispas y lo sabes, sentenció. Betty argumentó que nadie se haría cargo de una madre con dos hijos y que la desgracia de ser una mujer deseable la había condenado a la prostitución enmascarada. La madre le ladró que ese solo era su pretexto para abrir las piernas porque ella sabía que podía escapar muy bien, decentemente, con la ayuda que ellos le estaban garantizando. Eres una sucia perra en celo permanente, mejor búscate una yuca larga y gorda y date gusto tú sola pero deja de abochornar a la familia. Betty salió de la casa de sus padres llorando a moco tendido pero cuando abrió la puerta de la suya Fotingo estaba sentado en un taburete cojo, empalmado y ella se sembró en su yuca larga y gorda para no tener que darse el gusto "sola".

Apunte 6.

Todo el mundo terminó por saber en Guayabales - y en los barrios adyacentes - que Gumercindo Sijú había amenazado a Betty Garmendola con matarla y matarse él mismo  si no acababa su relación vergonzante con Atengolio Fotingo y le dedicaba todo su tiempo. Los puntos de vistas estaban compartidos. Había quienes pensaban que solo eran guaperías de viejo embollado y que tendría que aprender a compartir un cuerpo joven. Los demás calculaban que sí podría muy bien  cumplir sus amenazas porque era un viejo que ya había vivido su vida y al que probablemente no le interesaría seguir viviendo si es que la mujer de la que se había enamorado como un adolescente no lo quería como él quería que lo quisiera. Algunos le dijeron que solo tuviera cuidado, que estuviera en alerta constante y otros que singara como una gata ardiente porque eso era lo que se iba a llevar incluso el día en que él le cortara la cabeza. Su padre había enfermado del estómago - el salto del padrejón lo tenía casi al enloquecer -  y cada vez que debía cruzarse con Fotingo en las veredas tomaba otra dirección. Sin embargo no tenía nada contra el viejo Sijú. En un final había sido el primero, técnicamente era su yerno y por tanto era a quien le estaban pegando los tarros. Casi que lo compadecía.

Apunte 7.

He cambiado de opinión, le dijo Gumercindo Sijú una tarde en que habían templado sobre un telón de trillar frijoles en el cuarto de desahogo de su casa. Betty Garmendola respiró hondo y  se sintio sedada. Calculaba que su vejete le diría que finalmente había aceptado su condición de mujer promiscua y que no le importaba para nada su relación con Fotingo siempre y cuando le siguiera dedicando parte de su tiempo. Betty simuló desatención y le preguntó  que de cuál opinión había cambiado. Sijú comenzó a recoger el telón de sacos de yute en silencio, lo dobló en seis partes idénticas y lo puso sobre una mesa de descaparachar cangrejos. Ven, le pidió. La tomó por el brazo y la llevó a uno de los sillones de batientes de la sala. Siéntate y escucha, ordenó. Estaba serio y en calma y a ella le pareció que también estaba cansado y no por la faena terminada. Se sentó sobre el piso de cemento espolvoreado de azul, le puso sus dos manos abiertas en las rodilas y le miró, ausente. Mira, mujer, si no vienes mañana por la noche y te quedas para siempre conmigo voy a hacer lo siguiente. Voy a matar a ese hijo de puta, te mataré a ti, mataré a tus hijos y terminaré ahorcándome del aguacate de tu patio. Quiero que sepas que estoy hablando en serio y quiero recordarte que no puedes dejarme. Solo ven, quédate, y no pasará nada. Betty se quitó sus dedos abiertos de su rodilla y se paró. Tendré que denunciarte a la policía, dijo. Puedes hacerlo, ya lo tengo contemplado para que nada ni nadie evite lo que te acabo de decir. Yo creo que estás loco, Gume. Claro, estoy loco por ti y lo sabes  muy bien y sabes que no se puede jugar todo el tiempo con un hombre enamorado. He esperado demasiado por tu rectificación y ya se acabó. Lo tomas o lo dejas. Mira, mejor me voy. Si a las doce de la noche de mañana no has llegado a mi casa para quedarte asumiré que no lo harás y tendré que cumplir mi promesa. Cuándo piensas hacer esa carnicería. En cualquier instante a partir de que no llegaras a las doce de la noche. Cuando Betty Garmendola salió a la calle apenas podía aguantar la risa. Qué de disparates se le ocurren a estos abuelos embollados, pensó. En la Parada de La Guira estaba una de sus amigas. La que le había dicho de que él podría hacerlo. Le contó de la conversación reciente. Yo tú tendría cuidado, amiga. Pero, de hacerlo, cómo y cuándo lo haría. Para eso tendrías que meterte en su mente o encontrar su Agenda. El fue del Ejército, no tendrá un arma. No lo creo, todos saben que ha padecido trastornos del cerebro. Acaso no sabes que cuando estaba quemado en el pueblo se tuvo que alzar en El Caramelo y que cuando estaba casi cazado en el monte se fue pidiendo botella hasta Oriente y que cuando pensaba subir a La Sierra para unirse a la gente de Fidel Castro se enteró en Baire que la Revolución acababa de triunfar y entonces sí pudo unirse allí a las tropas victoriosas y llegar con ellas hasta La Habana. Sí, me lo ha contado. Entonces, qué carajo te pasa, chica, ese tipo ya lo ha visto y vivido todo y no debe importarle un pepino hacer lo que se le venga en ganas. Está bien, lo tendré en cuenta. Esta vez la madre se lo contó al padre y aunque este consideraba que la locura de amor de Sijú no daría para tanto y afirmara que "peo que suena no rompe calzoncillos" dijo que era preferible que los niños durmieran en la casa que ella estimara conveniente por si acaso y que estuviera alerta. Atengolio repitió que ya le había hablado de la única cabeza que podría cortar el ocambo y del único gajo en que podría ahorcarse y que ya sus tiempos de matar habían pasado porque estábamos viviendo los ochenta y que seguro su última muela era prueba de que estaba viviendo sus últimos estertores de viejo desechado en el camino de las sábanas. Agregó que estaría prevenido si ella lo quería así, que sacara a los niños de la casa si lo consideraba oportuno y que se mantuviera atenta a todo si eso le parecía bien pero que él no le iba a dar coco a las amenazas estúpidas de un viejo que ya no podía con su alma y que llevaba la caja a remolque. Que además, el campo era infinito y que lo podrían ver por donde quiera que llegara y de esa manera poder enfrentarlo. Que si ella tenía miedo de verdad que fuera a las doce de la noche a su casa,  que se lo templara bien templado y que le pidiera que por favor no la hiciera comprometerse con él y que deseaba continuar la relación como había sido siempre. Que en caso de que él no mordiera el cordobán pues todavía quedaban algunos días de ganancia porque no la iba a matar a ella sola y tampoco creía que fuera a secuestrarla. Ahora bien, él creía que lo más recomendable era que ella lo dejara definitivamente si de todas maneras lo que le estaba dando no le alcanzaba ni para comprar condones rusos. Pero, concluyó, tú eres mayor de edad, tú haces lo que creas más conveniente y te repito, no me parece buena idea avisar a la policía porque de esa manera sí que todo se iría a la mierda. Entonces salió al patio y se cogió todo el paquete con las dos manos y miró para el Oeste de Guayabales. Zarandeó sus cojones y se apretó la tranca y gritó "esta es la cabeza que vas a cortar viejo maricón". Regresó para celebrar en grande y la abrazó por los pechos. No, no podría ahora. Está bien, entiendo.

Apunte 8.

No hará nada, es un tipo tarrú y lo seguirá siendo. Mejor compartir que quedarse sin nada. Preferiría que no se hable de esas cosas en esta casa. Creo que la matará a ella y a nadie más y que no tendrá cojones para ahorcarse. Posiblemente lo mate a él también, se siente burlado. Está descontrolado, pienso que si tiene acceso a los niños los liquidará igual. Me parece que hará todo lo que le ha dicho porque ha tenido tiempo para pensarlo y no dará marcha atrás. Ella es la culpable, no sé si es una puta natural, si lo hace por necesidad ciertamente o si está tan reloca que lo hace sin el mas mínimo pudor y a la vista de todo el mundo, qué se cree esa tipa, que los hombres pueden ser vacilados así como así, claro que le tasajeará la cabeza si no se pierde del barrio para siempre. No, si sabemos como son Los Fotingo, echados para alante, se piensan guapos, se creen tipos duros capaces de hacer lo que les salga de la pinga, muy buena gente pero tienen esas características. Apuesto a que Atengolio no le ha dado ningún coco a esas amenazas. Y ella. Ella tal vez sí pero en el fondo tampoco lo cree, así que pienso que no irá a Caibarién, que regresará otro día como si nada hubiera escuchado de labios de Sijú y que la cosa seguirá como hasta ahora, con este trío tan atípico en el barrio de Guayabales. Alguna precaución tendrá que tomar ella. Sí, es posible, pero ya saben, perro que ladra no muerde. Por favor, no absoluticen nunca con los perros.

Apunte 9.

Hombre de la Ciénaga Junior estaba sentado en un taburete recostado contra la pared en el portal de la segunda casa. Hacía fresco y había luna de cuarto menguante. A cada rato miraba para su reloj Poljot. A las doce en punto  se levantó del taburete, lo metió en la sala, tomó aguazuca con limón y se tiró en la cama. Si Betty no ha llegado todavía él los matará a todos y claro que se ahorcará, pensó.

Apunte 10.

Cuando el amigo cruzó por entre los pelos de la cerca de alambre comenzaba a amanecer. Tenía la costumbre de llegar hasta la puerta de la casa de Betty Garmendola y empujarla sin llamar porque sabía que Atengolio estaba haciendo el café en la lata de pera tiznada de siempre sobre el fogón de leña. Ahí esperaban los dos a que terminara de estar el brebaje mágico y el amigo le preguntaba la pregunta de cada mañana "cuántos le echaste esta noche" y Tenguy sonreía para decir "tres, como siempre". El amigo no había bajado la cabeza hasta que tropezó con algo que estaba cortando su paso en el camino del patio. Allí estaba, tendido bocabajo con veintitrés cortes de machete en todo su cuerpo, desangrándose, Atengolio Fotingo. Las ideas se agolparon en la mente del amigo de manera providencial. Así que el viejo lo hizo, compadre. Le tomó el pulso y notó los latidos y sintió la piel todavía caliente. Atengolio se desangraba pero tenía que ver qué había pasado con los niños y con Betty. La puerta estaba semiabierta y entró como una exhalación llevando la lámpara en su mano derecha. La mujer estaba bocabajo sobre la sábana blanca, con una mano extendida hacia la derecha y con la otra cayendo hacia el piso de tierra. La mujer no tenía cabeza y el amigo pensó en qué lugar pudiera estar aquella mata de pelo negro que hacía las delicias de mujeres y de hombres. Así que dio la vuelta a la cama para ver a la cabeza contra el lateral de la colchoneta, inmóvil y con la cabellera barriendo el piso enrojecido. Todavía goteaba sangre por el gran tajo que la había separado limpiamente de su cuello y la carne se ofrecía viva y rosa y al hombre le dieron ganas de vomitar por la impresión indescriptible pero todavía pudo mirar hacia el casi invisible pellejito sobre su tráquea que la mantenía pegada al cuerpo. Dios mío, por lo menos creo que se salvaron los niños. La mujer estaba muerta. De modo que corrió hacia Atengolio y se lo echó sobre los hombros y se lanzó, desesperado, hasta la carretera después de haber chocado y trastabillado con lo que le pareció un gran gajo en el medio del camino y cuando logró subir la ranfla se paró en el centro de la vía y comenzó a zarandear una de sus manos libres para que el próximo vehículo tuviera que parar de todas maneras y salir volando hacia la dirección que llevara y ver si aún quedaba alguna posibilidad de salvar a aquel hombre completamente macheteado que se desangraba poco a poco en medio de una recia constitución que lo mantenía vivo de milagros. Llévelo al hospital, por favor, que tengo que quedarme con la mujer a la que han cortado la cabeza. Casi mudo, el chofer aceleró al tope en el centro del alba y debió asistir a los borbotones de la sangre que  salía del cuerpo de Atengolio Fotingo y que le manchaban el cojín  y  que casi lo rozaba con cada estertor. El amigo bajó corriendo la ranfla y cuando se topó de nuevo con el gajo de aguacate medio seco en el camino miró hacia arriba por reflejo y por convicción y cuando vio al cadáver de Sijú balanceándose en el aire pensó que se estaba tratando de una acción perfecta. Cojones, el tipo es un duro de verdad, mira qué subir otra vez después que el primer gajo se parte. Una hora después todo el mundo sabía que Gumercindo Siju había cumpido su amenaza y se comenzó a repletar la casa, sus alrededores y la carretera de familiares, de amigos, de curiosos y de choferes que se detenían para asistir, obnubilados, a una historia tipo de la que solo tenían referencias a través de las novelas radiales y de los relatos de contadores de hechos espeluznantes.
El cuerpo delgado pero fibroso de Atengolio Fotingo resistió más de un mes en la Sala de Cuidados Intensivos del Hospital Provincial de Santa Clara. Dicen que mantuvo el conocimiento por casi veinte días pero que jamás habló de lo que había pasado ni preguntó por su amante, sus hijos ni por el agresor. Hombre de la Ciénaga Junior estuvo en el velorio en su casa de Cambao y  pudo ver como las cicatrices de las heridas del cuello y de la cara estaban perfectamente cicatrizadas. Le pareció que no tenía cara de muerto y que todavía se burlaba de las amenazas destiempadas del hombre con el que compartía el cuerpo peregrino de trasero único de  Betty Garmendola. Mientras conversaba con uno de los sobrinos de Atengolio Fotingo, sentados sobre el borde del piso de cemento del portal, por la yerba del patio pasaron dos muchachas hermosas y la luna de cuarto menguante descubrió sus rostros. Una tenía labios llenos y el pelo casi caoba y el hijo del Hombre de la Ciénaga se quedó mirándola. Hacía dos años que Margarita lo había dejado, cansada de oirle decir que deseaba terminar la relación porque tenía otros proyectos que no la incluían y además su situación económica era terminal. La tarde en que ella le escribió la notica en donde le decía que estaba bien, que ya no tenían nada, él se sintió vacío pero no supo que contestarle y recordó las miles de veces que ella le dijo que lo quería y que lo demás era primario más que secundario. Desde entonces - y sus proyectos no acababan de fructificar - no había mirado a ninguna mujer con miradas hormónicas establecidas. Esta chica de velorio, con sus cabellos casi caoba y sus labios llenos, le provocó el desorden de grillos azules que estaba esperando se manifestara. Es la novia de Rigo, le dijo el sobrino de Atengolio. Hombre de la Ciénaga Junior encogió el tórax y tragó en seco. Sabes por si acaso si hay alguna mata de aguacate en su casa. Seguro, en todas las casas hay. No tendrás una buena lima por la tuya. Posiblemente, siempre tengo dos o tres metidas en jugo de limón para quitarles el óxido y reutilzarlas. Mañana iré por ella. Y eso. Tengo que amolar el viejo Colling de Papi para chapear los desorillos. Cuándo te vas para Sancti Spíritus. En Enero próximo. Bueno, no habrás podido estudiar Periodismo pero con tantos estudios a tus espaldas acabarás siendo periodista algún día.Ojalá. Te gustaba Betty Garmendola. Claro. La viste descabezada. No, cuando llegué ya se la habían llevado. Cómo están los niños. Bien, son inocentes y todavía saben muy poco de casi  todo. Pero sí viste al ahorcado. Sí, hasta que lo bajaron, ya tenía peste a muerto volador para entonces y me llevé la soga para amarrar a la vaca. Es verdad que parecía un péndulo de reloj  de esos con números romanos. Es posible, solo sé que se balanceaba como si el viento del sur no lo dejara quieto y parecía que la soga se partiría con el próximo bamboleo.
Hombre de la Ciénaga Junior se unió a la comitiva de Platero que regresaba a pie por la carretera  sobre las tres de la mañana. Cada una de las historias de Llylle Lara serían  pura mierda si la comparáramos con esta, decidió. El padre estaba despierto cuando él empujó la puerta de la calle para mover el taburete que la madre le colocaba detrás para no tener que cerrar la puerta desde adentro y entró a la sala.Te fijaste si ya estaban cicatrizadas las heridas de la cara. Estaban perfectamente cicatrizadas. Sabes si la familia guardará el gajo de aguacate como recuerdo. El hijo del Hombre de la Ciénaga giró a la izquierda y separó del marco de madera de la puerta del cuarto de sus padres el lateral derecho de la cortina barata que dividía a las dos habitaciones. No olvides que los únicos Ferrer puros en la zona somos nosotros.


Glosario mínimo.

-Metebravo....Yerba mala de los campos.
-Quemao.... Se dice de alguien que está medio loco.
-Chambergo....Ave desocasional en los campos. Pequeña. La palabra se usa para denominar a una persona poco cercana a la familia o las amistades.
-Tasajeado....Muy cortado, con heridas graves provocadas por armas con filo.
-Jaba....Bolsa, generalmente de yute. Bolsa de saco.
-Guajiros....Campesinos cubanos.
-Pinga....Pene.
-Quimbo....Machete. Sobre todo si es viejo.
-Guagua....Omnibus.
-Echar un palito....Hacer el amor.
-Bohío....Casa humilde campesina.
-Horno....Construcción de madera para hacer carbón vegetal.
-Templar....Hacer el amor.
-Tranca....Pene.
-Yuca....Raíz comestible de planta. Por su tamaño y forma, asociada al pene en la verborrea sexual.
-Embollado....Se dice de alguien enamorado hasta la locura, que no puede olvidarse del "bollo" (vagina) de la mujer con la que anda o vive.
-Singar....Hacer el amor.
-Trillar....Descascarar las cajetas de los frijoles en tiempo de cosecha. El trabajo se hace echando las plantas sobre una tela de saco y golpeándolas con largas ramas de madera hasta que las cajetas de rompen y salen los granos.
-Descarapachar....Quitar el carapacho del cangrejo y dejar solo su masa.
-Coger botella....Hacer dedo en la carretera.
-Caja a remolque.... Llevar la caja a....Persona en estado grave que está por morir.
-Cordobán....Cinta de cuero, resistente y flexible.
-Lima.... Instrumento de hierro que se usa para afilar machetes y cuchillos.
-Chapear.... Cortar con machete  la yerba de los límites de los campos.





Westchester, Miami, USA.
Luis Eme González.
Abril 26 del 2014.



1 comment:

  1. hay muertes anunciadas, otras prometidas, nunca ignores las premeditadas; a los hombres heridos la muerte los huele...

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