Su segundo apellido es Goldschmith y nunca me he explicado por qué su nombre no incluye la hache ni por qué no le llaman Tom. Tomás es un ingeniero civil (sin diploma) nacido en 1956, descendiente de una familia judeoalemana escapada del Holocausto. Es un hombre de la clase media, evidentemente influenciado por los grandes "humanistas" iberoarios de la contemporaneidad. Enemigo de los partidos tradicionales, siempre trabajó en pos de alguna variante que lo acercara más a los "seres humanos" de la Base. Fue uno de los abanderados del No porque dar una patada por el trasero a Pinochet era cuestión de desideologías. En 1986 fue "deportado" a Calama a raíz de su protagonismo en la Campaña "Que se lo lleve el Halley". Por entonces el paso del famoso cometa cerca de la Tierra hacía furor y mucha gente no encontraba nada más "arrazador del mal" que aquel monstruo de alta peligrosidad armagedónica. Cuatro años después sería premiado por Don Patricio Aylwin con el cargo de Embajador en Nueva Zelanda. El año anterior había fungido como Coordinador de la Campaña para Diputada por las Comunas de La Reyna y Peñalolén de la Presidenta del Partido Humanista - el primero legalizado en Chile - Laura Rodríguez. En 1993 Laura fallece y Hirsch no puede soportar el golpe. Deja la Embajada de las Islas Pacíficas y regresa a Santiago. A rendir tributo a su amiga y a preparar el camino de la ascención a los poderes del Estado.
Discrepancias con la Concertación le hacen separarse de los que están gobernando Chile. Solo que un pez tan microscópico intentando nadar en el gran océano tradicional de la política chilena no llama la atención de casi nadie. El Partido Humanista parece ser solo una migaja de la Democracia. Tomás lo sabe. Pero sabe también que si su familia pudo escapar de la zarpa fascista nada es imposible. Su participación en las elecciones de 1999 parece simbólica. Había llegado a ellas con el estigma de perdedor nato: sus dos intentos por alcanzar el cargo de Diputado ( 1993 y 1997 ) se habían estrellado ante el pedigree de otros postulantes. Sus electores le premiaron con el 0.51 % de los votos. Aplastado por derrota tan contundente decide no retomar las riendas del Partido - que había dejado debido a su candidatura presidencial - y crea la Fundación Laura Rodríguez en lo que parece ser otro homenaje póstumo a su amiga entrañable.
Cuando el Partido Humanista se integra a la Alianza "Podemos" quienes llevan ahora la batuta de la Organización le piden que regrese a tiempo completo porque están unidos con otras agrupaciones de la izquierda extraparlamentaria y cuentan con la adhesión del Partido Comunista. Hirsch es obediente y retorna al redil para comandar lo que es en realidad un pacto político que la historia conocerá como el Pacto Juntos Podemos Más. De modo que para el año 2004 están listos para competir en las Municipales. La gran sorpresa de los "humanistas pacteros" de THG se llama 5.89 % de las Alcaldías y 9.17 % de los Consejales. Es casi nada en el Concierto Nacional pero la gente de la Concertación se pone en guardia porque los cupos arrebatados han pasado hacia las manos de alguien que hasta hace muy poco tiempo era un concertacionista más. Cualquier signo porcentual puede hacer la diferencia alguna vez. Las cifras envalentonan a Tomás y a sus acólitos. El chileno de ascendencia judeoalemana se lanza de nuevo a las Presidenciales. No olvida que ha sido un perdedor tradicional en las pistas electorales y sabe que su comando del Partido Humanista desde 1994 no es garantía para logros mayores. Tampoco olvida aquellas elecciones de 1999 ni a la gente importante de la política susurrando "Partido Humanista, qué es eso".La celebración de la reunión de la Internacional Humanista en Chile aquel año electoral no le había servido de nada. Para el 2005 no se avisora ningún evento impactante en el universo humanista. Y los oponentes son pesos superpesados que lucharán en un ring aparentemente inalterable en la mente de los electores, acostumbrados al tradicionalismo político de un país que vive los tiempos megapolarizados de una democracia insomne.
Para este su segundo intento de alcanzar La Moneda Tomás Hirsch Goldsmith se preocupó un poco más de que los otros electores conocieran las esencias de su movimiento humanista. Porque si bien Tomás competía bajo el nombre de un Pacto Político en el fondo era el mismo humanista de la otra elección rodeado de fuerzas aparentemente más vivas que según sus adalides podrían hacer que el electorado diera un giro de 360 grados hacia "las nuevas formas de percibir al mundo". De esta manera muchos ciudadanos chilenos se enterarían de que el Movimiento Humanista fue una idea del argentino Mario Luis Rodríguez nacida en 1969. Y que como Mario gustaba de usar el seudónimo Silo pues el movimiento también era conocido como Movimiento Siloísta. Hirsch les recordó a la gente que "no podía haber nada por encima del ser humano, ningún ser humano por debajo del otro". La doctrina de Tomás parecía demasiado socorrida y alguna gente me dijo que lo veían más como un predicador moderno, como un socialista vociferante y utópico que como un candidato a la presidencia. Casi nadie entendía que se pudiera ser de otro bando diferente a la Derecha o a la Izquierda. Tal vez pudieran aceptar que alguien fuera del Centro. Hirsch no era nada de eso: era "humanista". Qué es ser "humanista", se preguntaban tantos. En América los humanistas eran mirados como personas decentes que buscaban la felicidad del ser humano y hasta les perdonaban la cerrazón grupal de sus miembros, a veces descontextualizados del momento vivido y de otros seres humanos por quienes se jugaban la vida. Me parecen masones, me decían algunos. Son algo así como la Iglesia Maradoniana, me preguntaban otros. Es protestante en todo caso, aseguraban los católicos. Los "humanos" siempre serán minoria ante los "deshumanos": por eso no tienen posibilidades, argumentaban los más.
Para entonces yo sabía que en 1995 una Comisión Conservadora de la Asamblea Francesa había definido al Movimiento Humanista como una Secta. Pero no decía nada a mis interlocutores porque entonces hubiera tenido que dar una conferencia acerca de la Revolución Francesa. Tomás Hirsch - que parece un profesor universitario de Tel Aviv - siempre miraba a las cámaras con ironía y no ocultaba su acento chileno de Barrio Alto. Siempre se me antojaba que pensaba, preguntándose, "una secta, acaso todo no es sectario en esta Humanidad".
Creo que Michelle Bachelet lo hubiera querido tener en su Bando mas allá de su insignificancia como contrincante serio. Pero Tomás Hirsch era un chileno de ascendencia judeoalemana para quien las vueltas atrás no están contempladas en su Agenda. La Derecha es incompetente. La Concertación es incompetente. El Humanismo es bueno. El electorado es ignorante. Desconozco si estos postulados son sectarios. Pero son interesantes.
Wechester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Marzo 9 del 2014.
Cuando el Partido Humanista se integra a la Alianza "Podemos" quienes llevan ahora la batuta de la Organización le piden que regrese a tiempo completo porque están unidos con otras agrupaciones de la izquierda extraparlamentaria y cuentan con la adhesión del Partido Comunista. Hirsch es obediente y retorna al redil para comandar lo que es en realidad un pacto político que la historia conocerá como el Pacto Juntos Podemos Más. De modo que para el año 2004 están listos para competir en las Municipales. La gran sorpresa de los "humanistas pacteros" de THG se llama 5.89 % de las Alcaldías y 9.17 % de los Consejales. Es casi nada en el Concierto Nacional pero la gente de la Concertación se pone en guardia porque los cupos arrebatados han pasado hacia las manos de alguien que hasta hace muy poco tiempo era un concertacionista más. Cualquier signo porcentual puede hacer la diferencia alguna vez. Las cifras envalentonan a Tomás y a sus acólitos. El chileno de ascendencia judeoalemana se lanza de nuevo a las Presidenciales. No olvida que ha sido un perdedor tradicional en las pistas electorales y sabe que su comando del Partido Humanista desde 1994 no es garantía para logros mayores. Tampoco olvida aquellas elecciones de 1999 ni a la gente importante de la política susurrando "Partido Humanista, qué es eso".La celebración de la reunión de la Internacional Humanista en Chile aquel año electoral no le había servido de nada. Para el 2005 no se avisora ningún evento impactante en el universo humanista. Y los oponentes son pesos superpesados que lucharán en un ring aparentemente inalterable en la mente de los electores, acostumbrados al tradicionalismo político de un país que vive los tiempos megapolarizados de una democracia insomne.
Para este su segundo intento de alcanzar La Moneda Tomás Hirsch Goldsmith se preocupó un poco más de que los otros electores conocieran las esencias de su movimiento humanista. Porque si bien Tomás competía bajo el nombre de un Pacto Político en el fondo era el mismo humanista de la otra elección rodeado de fuerzas aparentemente más vivas que según sus adalides podrían hacer que el electorado diera un giro de 360 grados hacia "las nuevas formas de percibir al mundo". De esta manera muchos ciudadanos chilenos se enterarían de que el Movimiento Humanista fue una idea del argentino Mario Luis Rodríguez nacida en 1969. Y que como Mario gustaba de usar el seudónimo Silo pues el movimiento también era conocido como Movimiento Siloísta. Hirsch les recordó a la gente que "no podía haber nada por encima del ser humano, ningún ser humano por debajo del otro". La doctrina de Tomás parecía demasiado socorrida y alguna gente me dijo que lo veían más como un predicador moderno, como un socialista vociferante y utópico que como un candidato a la presidencia. Casi nadie entendía que se pudiera ser de otro bando diferente a la Derecha o a la Izquierda. Tal vez pudieran aceptar que alguien fuera del Centro. Hirsch no era nada de eso: era "humanista". Qué es ser "humanista", se preguntaban tantos. En América los humanistas eran mirados como personas decentes que buscaban la felicidad del ser humano y hasta les perdonaban la cerrazón grupal de sus miembros, a veces descontextualizados del momento vivido y de otros seres humanos por quienes se jugaban la vida. Me parecen masones, me decían algunos. Son algo así como la Iglesia Maradoniana, me preguntaban otros. Es protestante en todo caso, aseguraban los católicos. Los "humanos" siempre serán minoria ante los "deshumanos": por eso no tienen posibilidades, argumentaban los más.
Para entonces yo sabía que en 1995 una Comisión Conservadora de la Asamblea Francesa había definido al Movimiento Humanista como una Secta. Pero no decía nada a mis interlocutores porque entonces hubiera tenido que dar una conferencia acerca de la Revolución Francesa. Tomás Hirsch - que parece un profesor universitario de Tel Aviv - siempre miraba a las cámaras con ironía y no ocultaba su acento chileno de Barrio Alto. Siempre se me antojaba que pensaba, preguntándose, "una secta, acaso todo no es sectario en esta Humanidad".
Creo que Michelle Bachelet lo hubiera querido tener en su Bando mas allá de su insignificancia como contrincante serio. Pero Tomás Hirsch era un chileno de ascendencia judeoalemana para quien las vueltas atrás no están contempladas en su Agenda. La Derecha es incompetente. La Concertación es incompetente. El Humanismo es bueno. El electorado es ignorante. Desconozco si estos postulados son sectarios. Pero son interesantes.
Wechester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Marzo 9 del 2014.
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