Monday, September 30, 2013

POETA.-

Para Ivón,- una y mil veces.


                        ...curvatura del rombo.

Nunca importó ser un viajero sin retorno
para comer los prados de otras estaciones
ni convocar a los jugos hormónicos para masticar la soledad
de los insectos que se aman
en la desnudez de las guitarras
jamás se hizo necesario que las maracas
sonaran en las madrugadas despertando a las sábanas
chorreando esperma de luna satisfecha
en un desesperado escarceo de chirridos y rumba de palenque
y mucho menos fue urgente
que las pieles sopetearan al sol desde  las playas humanas
para morder la verdad exacta de los encantos
aparentemente prohibidos
acaso alguna ocasión se hizo realidad la razón del telescopio
para acercar remotas constelaciones
de manzanas azules
aves erguidas
cometas impertinentes
y lejanas nebulosas preñadas por soles  megafálicos
capaces de poseer a las ingles menos democráticas
y a los puntos críticos más atolondrantes
en toda verguenza de satines orgásticos
jamás se esperó por la luz para deglutir
la invitación de las caderas
ni fue necesaria voz alguna para llamar
a las libélulas noctámbulas
tampoco se demostró que los gatos aullaran a la luna
en busca de sinsontes
a pesar de la biología de los cerdos ignotos
quién dijo nunca que hacía falta el calor para encender la carne
ni textiles ligeros para  la vestimenta del trópico
desodorante para las axilas enviadas de galaxias risibles
bocas imaginadas para besar las bocas deseadas
en el sopor de las guayabas
olfato para sentir el aliento del moribundo envenenado
por claveles jurídicos en las noches hambrientas
pectorales para soportar las más oligárquicas acometidas
piernas para el peso de las tortugas en celo
molares para triturar la esclavitud de las sombras pélvicas
enfadadas de rojo
quién dijo alguna vez que los sombreros podían destapar
a los vegetales del silencio
para el tremendo coito de las lechuzas asombradas
en sus alféisares viudos
en cada medianoche de luceros sin rumbo
y gorriones marxistas
no se recuerda que uno solo de los carnívoros
de la plantación escarlata
añorara la carne seca de las lagunas abrazadas y terrosas
ni que los glotones de los adjetivos prehistóricos
publicaran sus sueños en las revistas de piedra
después de la tormenta y los caprichos enlatados
nadie jamás se acostó por necesidad
en una cama inexistente
ni improvisó la almohada en la mitología obesa
de la presencia ecuánime
tampoco nunca se supo de barcos varados 
en el mar de los zargazos
de aviones reptando sobre la vía láctea
ni de mujeres gimiendo con placeres reales 
sobre colchones fascistas
a ritmo de cruces gamadas y suásticas baratas
reflejadas en los escaparates destornillados y vacíos
acaso se conoce de la verdad de los poetas
en su búsqueda de la certidumbre del símil
de la gracia sublime de los amantes tasnochados
del enredo del perro hecho mayor
del poder maravilloso del caballo posesivo
de la inverosímil sinrazón de la mula
muriendo su muerte olímpica
de agonía desvulvada y bastarda
del chillido de la gata amarilla
del excelso encanto de las aves en todo pajar prometedor
del misterio opaco de la creación
de la rara verdad de la filosofía
del sabor de dos bocas infectadas por los microbios indefensos
de dos bocas ventosas inflamadas de néctares
por eso acaso no haga falta conjugar al verbo
-dices, Ivón.


Caibarién, 1991.

Wechester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Septiembre 29 del 2013.

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