Sunday, May 12, 2013

Sprint final. ( Cuarta etapa ).-

Emerge de mis piernas y córrete hasta el ecuador de mi cuerpo agradecido. Toma poseción del vértice mío y riega tus rayos desde ahí, arrodillado y dócil como los amantes insondables. Mi vientre es una planicie de trigo siempre  ondulando y es una mar en calma y es un cristal acuoso instransparente y es una lámina de fuegos atrevidos y ahora, amado mío, no hagas otra cosa que no sea descansar sobre él y permite que sienta tu mejilla sonora y tu oreja de plasma y tu pelo abrasivo y tus manos de buganvillas bajo mis pechos y en el alero de mi pelvis, así amor, como si auscultaras mis pasiones de entrañas soberanas y retransmíteme el calor de tus ojos dormidos en la tersura perfecta de mi vientre. Quédate ahí mientras Roberto va de la mano de Dalí otra vez a la ciudad encendida por las luces de su pasado y estrecha la mano de Andre Breton que es como saludar, enternecido, a  la  Primera Diestra Surrealista en la primera mitad del siglo y cuando Andre mira sus dibujos y sus partos temáticos le dice "bienvenido al Movimiento" y Mata confiesa, como si todavía fuera  el niño de la Casona Santiaguina, que "no lo sabía" y Andre agrega "eso pasa pintor americano, te declaro tremendo surrealista y te abro las alamedas del paraíso parisino y te permito cenar acuarelas y bocetos con el pincel gigante y surreal de quienes te aceptan en el Gremio". Cuando se entera de que ha de exponer en Galería Gradiva apenas puede asimilarlo y da gracias al cielo porque compartirá paredes exclusivas con Eluard y con Duchamps y solo lo interioriza de verdad cuando la gente acude en tropel a ver a los genios del veintecentos mostrando sus nuevas  creaciones en la Ciudad Luz. Montado ya en la carroza de los grandes es custodiado por los fantasmas del Louvre y la marca de David le señala el querido antro de la Perspectiva donde habita el hombre que el mundo conoce como Le Courbussier  y que ha venido inundando los espacios disponibles con una arquitectura de vanguardia  donde el universo cúbico se dirige, bello y disciplinado, apolíneo y esbelto,  hacia el sol. Desde París las miradas convergen a favor de los meridianos. Del otro lado de Los Alpes España agoniza y las fuerzas del bien se vuelcan por toda la península ibérica. Las campanas doblan por Miguel y por Federico mientras el mundo intelectual y el mundo artístico juegan las últimas cartas de su album de paz. Al Oriente del Rhin las marchas pretorianas hablan de otra raza y de revanchas y de cierto milenio ario a la vera del Tercer Reich. En Roma alguien va matando la euforia del otro Renacimiento como alumno desventajado, y muy lejos, donde la gente cena con arroz, pescado de río y vinos adulterados en medio de sables permutados por metralla, se cuece otra versión de Imperios. París es un oasis todavía. Pero los caravaneros que viajan en camellos futuristas le han tirado el ojo a la poca agua disponible en un mundo convulso. Convulso es mi ombligo y haz algo para que toda tu lengua se meta dentro suyo y yo pueda sentir el corrientazo que traspase mis vísceras y me llegue al corazón y a todas las zonas donde sus latidos sean realidad. Míralo, es una perla perfecta, hermosamente trucidada en el momento justo en que mamá se despidió del fruto de sus entrañas, misteriosa  y enigmática, mete tu dedo hasta el fondo mientras muerdes mi vientre y empuja como si debieras taladrar mi carne y sacarlo por mi espalda descansada, gira dentro suyo, intenta meter dos dedos, tres, tómalo como punto de compaz y haz círculos concéntricos en mi piel, baja tu boca y mantén tus manos en mi planicie rosa y succiona hasta el delirio, más y más, chupa como si fueras a halar mi dermis para formar una campanita de carne y suéltala para que yo sienta como rebota en desbandada, hazme marcas, libera tus dientes, muérdeme mi brujo de caverna, santo cielo, trae tus manos al fondo de mis pechos, ponlas con el dorso hacia arriba, deslízalas lentamente como si quisieras cortar mi vientre en rebanadas, así, baja por mis laterales, vence el parapeto de mis costillas antológicas, aprieta, soba, araña, haz yoga en mi carne, mete tus pulgares en el ombligo y apoya tus coyunturas en mi piel y hala como si intentaras desgarrarme jugando al acordeón de las locuras, extrae tus dedos, ten listas tus uñas, bájalos hasta donde abre mi pubis de catedral y hazme sangrar y si la lluvia roja corre que sea como un mar de sangre buscando otras fuentes y se haga el milagro de una menstruación introvertida.  Tritúrame, amor, porque Roberto es parte, ahora,  del cotizadísimo Team Internacional Surrealista y es, nada menos, que su Ilustrador. Es la hora de las Grandes Transparencias. Vivan tus manos y tu boca de anaconda, querido. Yo padezco, consciente, la segunda acepción de la mujer usada. Nunca abusada. Usada por tus extremidades, masticada por tu boca y deglutida por tus ojos. Dominada y vencida en una guerra con cuartel en donde la paz está firmada de antemano. Desplázate una pizca más y levanta tus manos sobre mis pechos como si realizaras un media elipse y desciende en mi cuello de tráquea equidistante y músculos recios bajo mi piel de lontananza. Mi cuello elegante y libre, delgado y personalísimo, tronco en que descansa mi cabeza erguida, mi cuello angosto, puente que separa la vastedad de mis valles meridionales de los sitios en donde la razón se poza, detenida, para gobernar las sombras. Haz una curva, véncela sin prisa, entra de lleno en la carretera de mi cuello todo y vence esta otra Meta Volante en tu carrera contra el tiempo y en mi carrera a favor del tiempo que amanece y en los meandros de la Ruta desvíate hacia las transparentes colinas de mis orejas encantadas, campanas sin forma previsible, caracolas en una playa ignota, retazos de ecos repetidos en la absurda geometría de los ruidos. Ahora casi que te veo y tu respiración me quema y el aliento tuyo es humo demorado en las fogatas y azahar de hogares en el centro del invierno que se esfuma, ponme tu mano en el pescuezo y aprieta como si debieras estrangularme y siente el hueso cartílago de mi tráquea al medio de tu mano acariciando la eme que se arruga en tus palmas gloriosas, acaríciame, mete los dedos de tu otra mano en mis oídos, caracolea mis tímpanos, golpea mis martillos y mis yunques, pellizca mis alveolos y muerde la membrana exterior y métela toda en tu boca tibia y mojada y chupa hasta el dolor, mi cielo, libera tu mano de mi cuello y ponla sobre mis orejas para que yo me piense una solista grabando su primer sencillo y juega con mis lóbulos y besa mi cuello y mastica mis nervios, lléname con tu saliva cálida todos los vericuetos de mi cuello y pasa tu lengua lentamente desde abajo y vuelve la cabeza y besa el sur de mi mentón, asi, como si fueras un colibrí náyade, tan amoroso, máma mía, suelta mis orejas y que tus manos se adueñen de mi cuello todo para que tus dedos froten la carne concentrada bajo tus yemas de alquimista y permíteme contarte cómo es que se va a organizar la caza del ladrón o de los ladrones en la Casa Museo Minimata y es así que se exige secreto absoluto y se decide sea la Inteligencia Comunal quien conforme el Equipo Investigativo y cayendo la noche se sabe que lo integrarán un Jefe, oficial de edad media y alto rango, liberal y muy abierto de entendederas, profesionalísimo y experimentado, que alguna vez fue capaz de resolver, en tiempo récord,  un caso similar con artesanías líticas en el puerto de San Antonio. Dos ex alumnos de Mata que preparaban su primera exposición y algo así como subdirectores de la Casa Museo del amigo. Una alta esfera de Cultura Comunal.  Una periodista, por demás hija de mi madrina y único motivo de mi conocimiento de esta historia. Mete tu lengua ahora en mi oreja derecha y tus dedos en la izquierda y sujeta mi tráquea con tus dedos inquietos y bésame el traspatio de mis mandíbulas, ahí donde una planicie breve conduce al oeste de mis orejas y entonces te digo que la periodista no era otra que la que compartió el asombro por el robo perfecto, no pares mi Rey, no te detengas, no, por favor, muérdeme debajo del mentón, así, que yo levanto la cabeza para que la tuya se acomode mientras Roberto traspasa sus Grandes Transparencias al otro lado del Atlántico después que considera Europa le ha dotado de gran parte de su acervo y desea completarlo en América donde los aires europeos se combinan con el pujante arte estadounidense, repletos de variantes y de maneras de ver la sociedad y la vida que la signa. Cuando Mata desatraca en Nueva York, ya Europa está en llamas y el fuego se llama Segunda Guerra Mundial y de ahora en adelante serán tiempos de Humanismo Comprometido, lucha desde las Trincheras de la Voz y de las Telas, desde el corazón de las Grandes Multitudes, escalón próximo, quizas, a las Grandes Transparencias. En otra mesa  bien servida el pintor cena la nueva técnica que marca al arte norteamericano y que los expertos nombran Automatismo y entonces inicia una carrera alocada y prístina que habrá de durar hasta finales de la próxima década en la que sondea cada una de las aristas del hombre y su impaciencia de artista diferente le conduce hasta los enigmas de la Patafísica y el gusto por todo aquello que está en el límite de la certeza y sojuzga sus Espacios Dinámicos y la creación pura ahora se denomina Semejante a Dios y bucea en los recovecos del Romanticicismo Moderno para sentar las bases del Expresionismo Abstracto y aquellos inolvidables - e imprescindibles -  Sábados de la Gran Manzana, cuando de la mano del genial "encharcador" de paredes con brochas desbancadas Jakson Pollack inundó la Novena Avenida. Década neoyorkina y tiempo americano que acabaría con la exclusión temporal del Surrealismo y anunciaría una cuasi convencida Insatisfacción Experimental. Así, mi duende, no te salgas de la postura que reflexiono tan bien si tu boca está tan cerca de la mía cuando la década cuatro se esfuma y los tiempos huelen a mundo bipolar y se libra otra guerra que los  analistas llaman Fría, desordenados los políticos tras la caída de Berlín sin saber que hacer con los nuevos arsenales aventajados en sus hangares nostálgicos. Roberto, en plena madurez, bien surtido de los tiempos que corren, experimenta la vieja sensación del emigrado y decide retornar a la semilla donde una Casona misteriosa languidece de nostalgias en la magia afrodisíaca de sus paredes garabateadas por unos dedos imberbes que ahora se han convertido en manos maestras. Roberto Mata regresa a Chile y es, en la mitad del siglo, un artista renombrado y un hombre artista comprometido con cada uno de los movimientos pictóricos pasados y con los que habrán de sorprender, pero sobre todo comprometido con el amor a la vida y al ser social que la transcurre. Ahora, mueve tus manos una nimiedad para que puedas orlar esta faz de primaveras que te entrego, sin pastiches, sin maquillaje, sin maybelline, solo acariciada por las aguas de las fuentes conque la naturaleza nos enseña la asombrosa trigonometría de las más puras humedades. Mi faz es mi rostro y es mi cara y es el espejo donde se miran las libélulas antes de sonrerír a las playas ignotas. Conquístala ahora.

Wechester, Mayo 12 del 2013.
Miami, USA.
Luis Eme Glez.

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