No sé si Heinz Dieterich está hoy en su residencia de Ciudad de México, en su oficina del tercer piso del edificio dependiente de la UNAM donde trabaja, en algún lugar de Alemania o compartiendo con los Socialistas Chinos del Siglo XXI. Ni siquiera conozco si estará siguiendo la Jornada Electoral en la Venezuela que tanto ama si descontamos a los varios "trepadores" que pululan allí a la vera de las migajas del chavismo. Desconozco todo lo anterior, y más, pero si me obligaran a precisar lo que estará haciendo el pensador alemán esta tarde no me quedaría otra alternativa que decir "está siguiendo el panorama electoral venezolano como cualquier persona que haya estado vinculada a Hugo Chávez en los últimos años". Heinz Dieterich no solo ha estado "vinculado" a la Era Chávez sino que ha sido parte de la misma, rupturas aparte. De modo que se me antoja imaginarlo relajado, en su oficina, mirando la televisión, pulsando estadísticas, esperando el final del partido y un resultado del que no tiene la más pequeña duda: Maduro ganará por diferencia notable. Posiblemente, entre parte electoral y entrevistas de rutina, heche un vistazo a la foto de su amigo encarcelado Raúl Isaías Baduel, allá, dejada al descuido sobre el sofá de la oficina, y le convide a una taza de té chino hasta tanto llegue la sirvienta michoacana con el tekila añejado en una botella elaborada en Bohemia Central.
Dieterich está recordando la madrugada en que el Ministro de Energía, Alí Primera, le presentó a Hugo Chávez. El pensador alemán ya era famoso en 1999 porque para la fecha había publicado, a dos manos con Noam Chomski, La aldea Global. Su obra cumbre, El socialismo del siglo XXI, estaba revolucionando el panorama sociopolítico de la Izquierda Universal. Mientras Hugo cumplía condena a raíz de su intentona golpista de 1992 y trabajaba en la filosofía que soñaba para el futuro de Venezuela se había empatado con algunos trabajos de Heinz que le parecieron sugerentes. Todavía no se sabe si fue una suerte que los descubriera siendo absolutamente virgen del marxismo leninismo. Heinz recuerda que la química que emanaba del bisoño Presidente le irradió como si Oppenheimer estuviera colaborando en el encuentro desde los laboratorios del Masallá. Le cayó muy bien y por eso quiso saber si el proceso que protagonizaba habría de significar un cambio real o a la larga resultaría más de lo mismo. Para entonces Chávez era un "arao" prehistórico que solo se basaba en su carisma híbrido y desconocía cómo enrumbar un proceso que imaginaba largo y complicado a la vera del martirologio histórico y del cristianismo socorrido. Heinz admite que Hugo "aprendió mucho luego" porque era un hombre "más dialéctico que burocrático" y eso siempre ha de constituir un plus para cualquier estadista que aspire a modificar su software. El golpe de estado que intentó descalabrarlo en el año 2002 fue una bendición. Dietereich está seguro de que ese acto le convirtió en un gran político y que mató casi todo el romanticismo tropical que le cobijaba y le abrió los ojos y las entendederas para siempre.
Heinz Dieterich está recordando que él concibió y dio a luz al Socialismo del Siglo XXI como una manera de dar un vuelco al Socialismo del siglo XX que habían protagonizado naciones como la URSS, Norkorea y Cuba. Para Enero del 2005 Hugo Chávez estaba ilusionado con las cuatro palabras mágicas del ario y trabajaba a tiempo completo en el guión que pensaba desarrollar en cualquier momento. Las palabras sonaban hermosas en sus oídos mestizos y cuando el sonido se traspasaba a sus ojos sabanéticos le hacían ver a una Venezuela Unica, primer actor en un escenario geográfico donde se urgía de cambios que fueran capaces de sepultar al siglo pasado sin que por ello la tumba debiera quedar totalmente sellada. Pero Dieterich nunca pensó que su discípulo fuera a publicitar el concepto antes de tiempo. Por eso casi le mata el asombro cuando Hugo Chávez, durante el Quinto Foro Social Mundial de Porto Alegre, Brasil, aseguró que "Venezuela comenzaría a construir, desde ya, el Socialismo del Siglo XXI".
Mientras la tele está pasando comerciales Heinz recuerda la pesadilla del año 2007. Su noviazgo con Chávez y sus adláteres era demasiado joven y adorablemente sólido y ni por asomo sospechaba que el idilio pudiera romperse debido a temas de criterios colaterales. Entonces mira de nuevo a la fotografía de Baduel. Raúl Isaías había sido uno de los cuatro que en 1982 fundó el Movimiento Bolivariano Revolucionario bajo la batuta de su amigo Hugo Chávez. Es verdad que no participó en la intentona golpista del 92 pero fue una pieza clave en el engranaje que evitó el Colapso del 2002.Tal vez por ello fue que el Presidente le entregó la Cartera de Defensa entre el 2006 y el 2007. Sin embargo habría de cometer un craso error de socialista de siglo XXI este último año al criticar una propuesta de Reforma Constitucional que a la postre sería derrotada en las urnas. La Cúpula Chavista no se lo perdonó. Heinz sonríe como seguramente lo haría Carlos Marx ante las diatribas de los falsos prolerarios de Londres poco después de la publicación de El capital y se ve intermediando por su amigo Baduel ante sus amigos del Poder Venezolano. Grave error. Imperdonado también por la Corte de Caracas cayó en desgracia. Hugo Chávez seguiría siendo su amigo a "título personal" y todavía hoy mantiene la convicción de que el fallecido Presidente jamás habló nada sobre él que lo hiciera sentir decepcionado. Baduel sería enjuiciado y condenado por "corrupción" a ocho años de cárcel. El Hombre Fuerte de Venezuela, que un día fue uno de los Flamantes Cuatro no dio ni un solo espaldarazo para evitar la prisión del Enjuiciador Constitucional. Lo que forma parte de aquello que no enterró en la tumba del Socialismo del Siglo XX y que es muy típico de la Cúpula de la Habana.
En esencia, reflexiona Heinz Dieterich, ahora desde la ventana del tercer piso en la dependencia de la UNAM, sus conceptos relativos al Socialismo del Siglo XXI no han cambiado. Solo pretenden reemplazar las teorías clásicas de la sociedad burguesa por una sociedad democrática, directa y participativa en donde el Estado es todo el Cosmos Social que no se rije por la propiedad privada y el precio de las mercancías sino por la matriz de la Economía Clásica medida por el trabajo y que conyeva servicios o productos creados y nunca signada por la Ley de la Oferta y la Demanda. El teutón sabe que para muchos "académicos" la idea "urge de detalles" y que para la Izquierda Radical no es más que "una pobre máscara de la democracia capitalista". Pero a él no le interesan opiniones de rutina. Porque sus alumnos están en la Línea Industrial del Este de la China y nunca tuvieron necesidad de enterarse de sus postulados en cárceles confinadas al sureste de la Gran Muralla.
Heinz regresa a su butaca porque oye que la televisión está anunciando el último Parte Electoral. Por qué insisto en que ganará Nicolás Maduro, se pregunta. Dieterich conoce muy bien al Presidente Encargado y aunque sabe que la Constitución ha sido violada tanto como adaptada para no frustrar un Ascenso al Poder solicitado por Hugo Chávez cuando no le quedó otra alternativa que aceptar su muerte, el asunto carece de significado. De todas maneras hubiera ganado en unas Primarias, decide. Heinz considera que es cierto que Maduro mantiene los patrones chavistas pero cree que poco a poco ha ido perfilando un estilo propio y que hace rato dejó de ser el hombre nostalgiado por los ómnibus y por lo demás cargos gubernamentales para centrarse en conquistar el Poder Absoluto. Como el sistema está muy bien estructurado pues será un buen Presidente aún cuando le falte la garra de los "otros" y no ve "sombras" en Miraflores. Diosdado Cabello se autoinfligió una derrota irreversible cuando desconoció la voluntad de Hugo de dejar a Maduro al frente. No importa que siga siendo un tipo duro del Aparato y que pueda resultar el Segundo incluso. Para Heinz Cabello tiene un aura eterna de Segundón. Como un cernícalo está picoteando su ventana Heinz vuelve a la carga con su sonrisa aria. El "pajarito" también carece de importancia. Estos son personajes de Macondo: la Selva Negra es otra cosa. Heinz piensa que para el instante en que se anuncie la victoria de Maduro toda Caracas será un interminable canto de pájaro. Como si Doña Bárbara estuviera comandando las huestes del Llano Indomable, escapada de la pluma de Rómulo Gallegos. Porque los venezolanos aprendieron a pensar por sí mismos asimilando los postulados del Socialismo del Siglo XXI: los hombres y mujeres que vivieron bajo la bota roja de los Socialistas del Siglo XX recibían órdenes.
Heinz Dieterich está convencido de un par de cosas. Nicolás Maduro ha de gobernar bajo otras sombras que no provengan del Palacio de Miraflores. Sin que las palabras "caudillo" o "cesarismo americano" tengan rezón de ser. Porque Nicolás Maduro tendrá que seguir siendo Juan Domingo Perón, Getulio Vargas, Lázaro Cárdenas, quizás una pizca Fidel Castro. Qué lo seguirá diferenciando de aquéllos?. Solo que su Modelo no es Corporativo. Su Estado respetará gran parte de los cánones burgueses y seguirá llamándose "democrático" por ello. Excepto "respetando" los entramados claves para el funcionamiento del Sistema. Digamos, el petróleo y los medios de comunicación. Acaso George Buch, presidente de la nación "más democratica de la tierra" no lo controló casi todo en algún momento de sus mandatos?. Ahora bien, Heinz Dieterich está absolutamente seguro de que en la práctica el Socialismo del Siglo XXI no puede aplicarse a la Economía. Por un simple motivo. Toda la Izquierda Mundial cree que una Economía "no capitalista" solo puede ser efectiva colocando una bandera roja en cada fábrica y metiéndole un tanque dentro.
Heinz Dieterich vuelve a la ventana para mirar al cernícalo que ahora está picoteando en la ventana inferior. No se ha sentido molesto jamás porque desde Los Olivos nadie le haya pedido consejos o amistad. Sabe que el Gobierno Mexicano transita por otros derroteros aunque no descarta que algunos espías anden tras sus clases magistrales y sus conferencias "subversivas". Por eso regresa a su butaca, sonríe de nuevo a la foto de Baduel y como la tele está otra vez en tiempo de comerciales se dirige a su escritorio y coge unas pocas cuartillas que están debajo de una escultura de Eva Braun jovencita y comienza a hojearlas antes de repantigarse en espera del resultado final de las elecciones presidenciales en Venezuela.
Socialismo del siglo XXII, dice un letrero rojo sanguíneo en el centro del primer folio. Como no tiene firma Heinz Dieterich estampa su nombre en el ángulo izquierdo.
En pantalla Tibisay Lucena se prepara para anunciar al Ganador.
Y Heinz Dieterich comienza a marcar el número telefónico del amigo que cumple ocho años en alguna cárcel venezolana por haber discrepado de una ordenanza gubernamental en materia legislativa.
Abril 14 del 2013.
Wechester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
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