Ayer por la tarde estaba lloviendo macondianamente en el Downtown de Miami. En algún instante me dio la impresión de que el mar se desbordaría porque el viento soplaba de la playa con potencia de tifón. Las gotas de lluvia parecían esquirlas contra el macadam y las paredes y los semáforos se rendían ante el torrente de oscuridad y de silencio.Me refugié en una Terminal de buses locales y debí subirme a los asientos porque el rebote de las aguas inundaba mis pantorrillas empantalonadas. Yo no era más que un hombre mirando caer la lluvia. Hasta que llegó la pareja de brasileros, casi corriendo, bajo un paraguas verdeamarillo que los desbordaba. No me gusta para nada esa neumonía extemporánea para un genio que se ha ido del siglo de vida, dijo la muchacha, que no era morena ni culona ni parecía bailadora de samba. El chico calló mientras recogía la copa del paraguas. Y para colmo esta horrenda paradoja de edificios cúbicos en una ciudad insípida, tan altos como torres neoyorkinas, dijo luego. Yo soy tu edificio y eres tú el dueño absoluto de todas mis concavidades. Lo sé, querida.
Detesto asistir a conversaciones que no me incluyan. Excepto si llueve y la promiscuidad se apodera de todos los entornos. Así que desde el oprobio de mis piernas entumecidas les escuché su dulce parloteo carioca con acento. El instante se prestaba para la deducción sino para la fábula.Mas que un hombre mirando llover en Miami, me había convertido, ahora, en Chevalier Auguste Dupin. De modo que la nostalgia cierta por el puerco frito y las botellas de ron que encantan en mi Patria los días lúgubres de Mayo se mutó análisis.
Una pareja de brasileños habla de un hombre muy viejo - tal vez también con unas "alas enormes"- , que convalece de neumonía mientras escapa del aguacero frente a edificios en donde los ángulos rectos juegan a lo sobrio y a lo funcional. La muchacha coquetea desde los meandros atípicos de su cuerpo y yo me pregunto de qué se tratará. Todavía, por entre los breves intersticios que me deja la remembranza, veo a mi padre, acompañado ( al fin ) por mí, al lado del Doctor Silva, en Caibarién. Silva - que fue mi compañero de cursos preuniversitarios- observa una muestra de Rayos X al trasluz. Sonriendo, mi padre se adelanta. Artrosis generalizada, eh, pregunta. Siempre le decían eso. No, Rafael, tienes una neumonía del carajo y debes cuidarte tres pocos más, aclara, mientras le muestra la sombra oscura en sus pulmones. Mi papá no lo puede creer y baja la cabeza, dubitativo. Yo me estremezco. Oh, madre mía, los pulmones, pienso. De nada valieron los cuidados intensivos y la cooperación inesperada de un campesino que pensaba en la muerte como en una cosa rara que les llegaba a otros. Unos meses después la neumonía se volvió cáncer de pulmón que le destrozó una vértebra y el malvado se lo llevó en un santiamen. Pero mi padre tenía 67 años y cuando sus amigos hablaban de él nunca mencionaban arquitecturas sosas ni mi madre le ofrecía unas curvas suficientemente conocidas en las noches del trópico.Están hablando de Oscar Niemeyer, deduje.
Oscar Niemeyer se estaba recuperando de una neumonía en Brasil y según los partes médicos en cualquier momento saldría del Hospital Samaritano de Rio de Janeiro para reintegrarse a sus labores de rutina.104 años era solo una jugarreta de los almanaques. Sus proyectos futuros no cabían en sus carpetas elípticas. Aún quedaba mucho por erigir en el mundo. Y sus teléfonos seguirían sonando hasta la última línea, ofreciendo contratos y solicitando proyectos. La arquitectura era su vida. Sus edificios daban vida en su conato de solaz para la vista. Después de tomarse un jugo de maracuyá vertido en un vaso ovoidal se durmió. Muy pronto comenzó a gesticular y a mover su boca. Sus ojos y sus labios pasaban de la compostura adusta a la hilaridad más inocente. La enfermera fue por el Doctor de turno. Déjalo, esta soñando en voz alta, dijo.
no soporto esta habitación de enfermo no porque no sea digna de mí sino por sus ángulos de noventa grados me parece que estoy en un palomar de esos que instalan los niños de las favelas en río caramba albert cómo demonios es que la gente no se da cuenta de que tu universo es curvo y se olvidan de la línea recta en tanto no fuera imprescindible tanta plástica única hay en el hormigón armado que aupó le corbussier en el hormigón maleable y obediente me lo dije cuando me gradué de arquitecto no me gusta la arquitectura de río de janeiro y me juré cambiarla deseaba transformar la gran ciudad en la que nací sacándola de sus palomares prendidos en los cerros elevada hasta el dios elíptico que nos deja con nuestro libre albedrío destiempado malviviendo en las cajas tradicionales de hormigón y acero tal vez mi obra hubiera demorado años si no es por aquel gran alcalde de bello horizonte que conociéndome apenas me ofreció la construcción de la iglesia y del casino en las orillas del lago pampulha caramba que tanto furor despertó en los que se dicen especialistas pues la novedad en sus líneas hizo que le llamaran suceso arquitectónico pero no creo que estuviera listo todavía para expandir mi universo curvo cuando le corbussier me incluyó en su proyecto para levantar el complejo arquitectónico de naciones unidas podría hablar de ello sí señor cuatro años mas tarde cuando el ahora sí mi amigo jucelino kubitschek ha llegado a la presidencia del brasil y le pide a lucio costa que me incluya en el equipo que habrá de iniciar el trabajo faraónico de construir una nueva ciudad en el centro del país para que funja como la nueva capital de una nación que anda en crecimiento indetenible lucio había ganado el concurso que buscaba al constructor de brasilia y me acepta cómo no y me encarga todo el proyecto de los edificios administrativos y residenciales en tanto roberto burle se haría cargo de la parte paisajística y él mismo de la sección urbana como para mí el tiempo no corre sino que apenas repta entre sus horas tediosas no sé si cuatro años es mucho o es poco para levantar una ciudad desde la selva y ponerla a funcionar pero el caso es que jucelino es el padre de brasilia y nosotros los hijos que obedecimos a una orden suprema que ha hecho de la nueva capital del brasil una de las ciudades mas modernas del mundo una urbe extendida al sudeste dispuesta como si fuera un gran avión con las alas extendidas una ciudad perfecta interior como la quisieron el marqués de pombal y josé bonifacio llamada Brasilia compulsiva quizás pero invicta en el corazón de goias yo pienso que todavía necesitaba ver mas eventos sociopolíticos en mi patria para dar a luz las creaciones que los especialistas dicen marcan mi rumbo de genio arquitectónico como si la arquitectura necesitara de genios y no de visionarios que bebieran en el universo curvo de einstein imaginen regresar de un viaje a israel y encontrarme un gobierno encabezado por mi amigo joao goulart un hombre comprometido con el pueblo muy liberal abierto a todas las relaciones internacionales que por tanto incluían a la unión soviética y al pacto de varsovia despotricado por unos golpistas militares que obedecían dictámenes de estados unidos y el comienzo de las persecusiones y de los registros y el no dejarme hacer en mi propio país castigándome por mi idealismo nacido de los entuertos de la segunda guerra mundial por mi veneración hacia la urss y por mi integración al partido comunista en 1945 antes de exiliarme en francia estuve a punto de devolver la ilustre membresía que me había entregado la junta de arquitectura norteamericana en 1963 pero desistí de ello porque se trataba de una institución privada
Oscar abrió los ojos, se levantó como empujado por una fuerza superior y señalando a la enfermera con sus dedo índice expresó "sabe qué dijo el Ministro de Aeronáutica, que el mejor lugar para un arquitecto comunista era Moscú". La enfermera recordó que una de las invitaciones de alcurnia protagonizadas por Goulart había sido para el Primer Cosmonauta del Mundo, Yury Gagarin, y aplaudió que los vuelos espaciales tuvieran que ver con los Universos Curvos de Albert Einstein y de Oscar Niemeyer.
El joven de 104 años se dejó caer de nuevo en su cama ortogonal. No cambió la posición de bocarriba. Cerró los ojos y recomenzó con sus movimientos bucales.
No está en coma, los genios sueñan diferente, pensó la enfermera, que sabía que su responsabilidad también era "diferente". Porque Dilma Rouseff le había encargado al hombre de la Cama Incurva.
Mayo 20 del 2012.
North West, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
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