Saturday, February 4, 2012

SUENO DE UNA NOCHE DE INVIERNO.-

Madre hoy no me levanto es, quizás, una canción menor del baladista español Manolo Galván. Digo "menor" porque está ritmada sin grandes pretenciones si tenemos en cuenta el depurado rigor de sus baladas antológicas. A veces Madre hoy no me levanto me ha recordado a los temas de José Feliciano relativos a bares y a copas rotas y a puñetazos en la media madrugada. También a una bellísima canción cubana que cuenta el dolor de una madre que ve partir a su hijo desde los muelles del Surgidero de Batabanó, al sur de la provincia de La Habana, hacia la Isla de Pinos, a donde irá a cumplir una condena dictada por un Juez que lo encontró culpable de consumo de estupefacientes.
Madre hoy no me levanto cuenta una historia simple. Una mañana, tras el sonido del reloj despertador, un chico le dice a la madre que "ese día no irá a la escuela". Asombrada, la madre riposta para preguntarle "qué estás diciendo mi niño y a santo de qué te quejas". El responde que el día anterior "el hijo del Alcalde" le llamó "hijo de ramera". La madre "queda pensando" en "recuerdos y en verguenzas" y se dice "sabía que pasaría, lo sabía con certeza". Poco después le llama a su lado porque "debe contarle una historia que pasó hace unos años muy cerca". Ocurrió que "en un pueblo junto a este hubo una hermosa doncella que tenía quince años y una belleza muy fresca, se bañaba junto al río en un rincón de la alberca". Mientras ella se bañaba, sola, "tres mozos llegan" para "sin ser vistos verla". Finalmente se exitan "ante esa flor rebozante de pureza" y  "entre los tres, a la fuerza, destruyeron en la niña la mas grande de sus prendas". De acto "tan salvaje", lleno de " horror y violencia", nació él, "un niño bueno", que llegó para "calmar su tristeza". Enseguida ella expresa "solo viví para tí, no me entregué, fue a la fuerza". Y concluye  "si esto es una ramera que venga Dios y lo vea". Emocionado, el chico hace silencio hasta que ella sentencia "vete a la escuela mi niño, pero vete sin verguenza, con la cabeza bien alta y subidito a la acera". El chico le agradece por "ser una madre entera" y le asegura que "regresará a la escuela"  y que "si a Pedro se le ocurre" repetir la ofensa  "le escupirá a la cara." Manolo Galván extiende las palabras "por ser una madre entera" con su hermosa voz desgarrada y uno piensa que acaba de contar una historia que muy bien pudo haberle pasado a él mismo.
En 1982 llegué a la ciudad de Sancti Spíritus, Cuba Central, para estudiar Dirección Teatral. Se trataba de un Curso Especial Emergente que pretendía formar Instructores de Arte e incluía Danza, Artes Plásticas y Música. Mi gran amigo Alexander Zerquera era la voz prima de un dúo llamado Ensueño especializado en Trova Cubana. Alexander estudiaba Teatro y Juan Tardío, música. Eran de Trinidad, una ciudad colonial muy turística, situada al sur de la provincia espirituana. Sin embargo tenían un repertorio variadísimo y generalmente en las actividades extradocentes descargaban de todo. Fue aquí donde le escuché a Ensueño interpretar Madre hoy no me levanto en la voz de Jhon Alex. Jhon Alex- como le aseudonimé mas tarde, cuando me cantó algunas pésimas versiones de baladas contemporáneas que incluían a Los Beatles y otros pocos textos que yo me atrevía llamar canciones en mi orfandad de compositor inmediato- jugaba con el tema desde su desgarro vocal y lo hacía más lento y por tanto más sentido. Yo conocía todas las baladas famosas de Manolo pero no esa. En realidad Madre hoy no me levanto  apenas se radiaba y estábamos debutando la época de los primeros videos en tevé y recuerdo como Michael Jakson, KC y ABBA se estaban robando toda la sintonía.
Madre hoy no me levanto es un poema clásico con una melodía fácil, muy hermosa. Entre tantas otras cosas por eso me encantaba y cuando Ensueño no la tenía en agenda siempre les obligaba a descargarla. Solo pude ver y oír el tema en el año 2005 cuando tuve acceso a Internet y por supuesto lo hice en You Tobe. Después de eso no podría enumerar las ocasiones en que he visto a Manolo Galván cantándolo en cualquier escenario, medio calvo, peinado hacia atrás, con trenza y barba crecida. Siempre vuelvo a la canción y no me cuido en afirmar que en cuanto a sensación auditiva es muy superior a Te quise, te quiero y te querré, Deja de llorar, Pregúntale al manzano y a Abuelo. Que, por demás, es mucho decir.
Gracias a mi amor por el tema del español muchas mujeres con hijos lo han escuchado y disfrutado así como varios melómanos que no sabían de su existencia. Madre hoy no me levanto es una de esas canciones "menores" capaces de hacerse mayores cuando algún oído buscador las saca de su aparente intrascendencia. Y para ello no es necesario deambular por los bares de Nueva York ni por los ranchos de Jalisco.
Durante años me pregunté qué pasaría al otro día cuando el chico regresó a la escuela. Volverían a gritarle la ofensa. Habría escupido la cara de Pedro el del Alcalde, antes de caerle a puñetazos. Se habría convertido  el Acto de la Alberca en una zaga familiar eterna llena de sangre derramada en la suerte de los descendientes.  El improperio habría sacado, definitivamente, a la luz, un secreto muy bien guardado por la madre pero imposible de enterrar del todo.  El caso es que jamás pude escribirle a Jhon Alex una segunda parte al estilo de los boleros de Orlando Contreras que relatara el desenlace de la historia. Cada vez que disfrutaba el tema me desbarataba la mente tratando de hilvanar un posible epílogo del acontecimiento acaecido en lo que se me antojaba era un pequeño pueblito de la España andaluza. Hasta que el cerebro se encargó de soñarlo. Y lo soñó a partir del instante en que el chico sale de la casa con su mochila al hombro y una sonrisa feliz como si la voz de la madre le hubiera vuelto a poner los pies sobre la tierra y caminara listo no solo para ensalivar una cara atrevida sino para romper mandíbulas de muchachos de su edad, incapaces de disernir entre ofensas baratas y eventos valóricos de alta intencidad. Porque no dudé nunca de que Pedro el del Alcalde era solo uno mas de quienes gritaban al chico y que este lo había citado únicamente por la connotación social del padre.
El chico se apareció en el amplio espacio donde formaban los estudiantes antes de pasar a las aulas en el minuto justo del timbrazo. Pedro el del Alcalde le dio un leve empujón a sus dos amigos y lo señaló pero no le gritaron nada.  El chico se había decidido por un plan que, de momento, no contemplaba golpes. Durante el recreo abrió un emparedado de jamón ibérico y cuando estaba tratando de destapar el refresco oyó la voz por detrás suyo "seguro recordarás que ayer dije algo relacionado con tu madre, eh, chaval".  El chico se volvió. La voz era tan conocida que le parecía la había escuchado desde el útero de su madre a través de un cordón umbilical inextinguido. "Lo recuerdo muy bien, Pedro, pero la verdad no sé por qué me has dicho eso". "Los hijos de ramera tienen que saber algún día que son malnacidos si sus propias madres no se lo dicen". "Creo que tengo dos años mas que tú y que tus amigos, así que no me explico por qué ustedes saben de eso y yo no". "Las madres putas se cuidan mucho de decir verdades como esas".  El chico sintió que el estómago se le encogía y que una ventolera de magma le subía hasta la garganta. "Qué pasaría si yo te gritara lo mismo". "Eso no es posible porque mi mamá podrá estar separada de mi padre pero todos saben que soy hijo legal  y reconocido de ambos"."Supón que te lo gritara a pesar de eso". "Entonces tendría que golpearte, chaval". "Te has preguntado por qué yo no te golpeo". "Por dos motivos. Porque eres un cobarde o porque debes agradecerme que haya sido el primero que tuvo valor para decirte algo que quizás nadie jamás te hubiera contado". "Hagamos una cosa, Pedro, por qué esta noche no le pides a tu mamá que te cuente todo acerca de lo tan puta que es mi madre, y ustedes también muchachos". "No tenemos que preguntar nada a nadie si todos conocen que eres un hijo de ramera". "Es que una noticia tan tremenda requiere ser ampliada y te aseguro que si pudiera confirmarla abandonaría la casa o me suicidaría". Pedro el del Alcalde vio como trataba de sacarse una brizna de pan de entre sus dientes separados y vio también como sus ojos se aguaban. Hizo silencio. "De acuerdo, hombre, lo haremos, te prometo que durante el resto del día nadie te gritará hijo de ramera". "Hsta mañana", trató de bromear uno de los amigos de Pedro. Pedro le taladró con su mirada como si tratara de recordarle que el Jefe era él y que las bromas también tenían sus momentos de cuarentena. El chico necesitó otra vez hacer de tripas corazón. Era más alto y mucho más fuerte que ellos y consideraba que podía enfrentarlos a los tres juntos y salir airoso de la prueba.
El timbre anunció el fin del recreo y en el apuro por no llegar tarde al aula a Pedro se le cayó una revista de toros que llevaba enrollada en la mano. Cuando se agachó para recogerla el chico vio, bajo la camisa levantada, una mancha gris oscura que se extendía de norte a sur en el fondo de su columna vertebral con forma de media tajada de melón y pensó que el hijo del Alcalde no se bañaba desde la Temporada anterior. "Prometido", dijo, y escupió por entre sus dientes delanteros separados como si fuera un viejo mascador de tabacos en los criaderos de cerdos de Huelva.
Mientras pasaban los créditos del filme taurino la madre de Pedro comenzó a llorar. "Por qué lloras, mamá, pareciera que tú eres la ramera". "Ay, hijo, tantas veces las madres pensamos que nuestros hijos son demasiado pequeños para conocer ciertas cosas". "Qué cosas, mamá". Entonces la madre de Pedro le contó toda la verdad. Toda la verdad lorquiana que nadie desconocía en el pueblo a pesar de que la mamá del chico jamás dijo nada a nadie tapiando la historia con una losa blindada sacada de los sitios mas soberbios de su corazón. Cuando sus padres la descubrieron embarazada no le permitieron marcharse lejos a tener al bebé como ella quería y le perdonaron que no contara  la manera en que había quedado esperando ni le exigieron que mencionara el nombre del padre. Para ellos su hija- su única hija- había cometido un desliz como tantas mujeres en el mundo y no veían deshonor alguno en que se convirtiera en una madre soltera y silenciosa. Ellos serían un par de abuelos chochos, tan chochos como eran todos los abuelos del mundo. Todos sabrían alguna vez lo que había ocurrido en la alberca pero sobre el episodio se había tejido una maraña impenetrable de silencio. Hasta que alguien habló en voz alta sobre la verdad. Lo realmente curioso era que el Alcalde- de quien ella estaba separada hacia seis años- la había embarazado a los diecisiete y la había desposado por amor cuando él había nacido. La madre estaba conciente de que su exmarido fue el primero en violar a la "ramera"  y por eso siempre pensó que el hijo de la joven era suyo. Ella no tenía, sin embargo, basamentos científicos para probarlo pero se le antojaba que el semen de su ex había fecundado a los primeros óvulos de la chica violada por sobre los segundos y terceros espermios de sus amigos. Poco tiempo después del nacimiento de Pedrito pudo comprobarlo. Ambos niños tenían los dientes delanteros separados y el arco de sus cejas morenas era idéntico. Pero a ella le faltaba una pieza para poder completar el rompecabezas. Una tarde se fue a las inmediaciones de la alberca donde los chicos se bañaban y esperó a que el hijo de "la ramera" saliera del agua. Con el pretexto de andar recogiendo flores para un ramo de niversario, les sorprendió. El hijo de "la ramera" siempre se bañaba con pulóver y nadie le había preguntado por qué. El solo obedecía a su madre que le aseguraba que el agua de la piscina estaba contaminada por el estiércol de los toros de lidia que pastaban en las fincas cercanas y que debía cuidar su piel joven. Cuando el chico salió del agua y se disponía para la próxima zambullida ella se acercó y muy asustada le dijo que tenía un bicho subiéndole por la espalda y con la misma le sacudió el pulóver y se lo levantó. El muchacho tenía una media tajada de melón gris oscuro en el fondo de su columna vertebral. La tajada maldita y sagrada, pensó, aguantando las lágrimas. "Es tu hermano, Pedrito".
Pedrito bajó la cabeza y se pasó la lengua por el reverso de sus dientes separados. "Los padres de tus dos amigos son los otros dos violadores". Pedrito se rascó el lunar amelonado del fondo de su espalda. "Mientras la ramera no lo niegue tu padre y sus dos amigos la violaron porque pensaron que era tan bella que sus padres la tenían destinada para los tablaos de Sevilla y para los señorones de los toros malagueños y por tanto jamás tendrían oportunidad de conquistarla, Cuando dejó de ofrecer resistencia al acoso la tomaron con ternura si el término fuera permitido en casos como estos y no hubo un solo golpe o rasguño en su cuerpo perfecto y cuando acabaron le juraron que lo habían hecho por lo que te cuento y le pidieron perdón y le aseguraron que si era capaz de elegir a uno de ellos se casaría con ella esa misma tarde. La chica escupió con desprecio hacia el agua y les dio la espalda mientras se mordía los labios y cerraba los puños llorando con lágrimas que ninguno pudo ver. Hijo mío, como nada es secreto bajo este cielo, un buen día se supo lo que había pasado y de nada valió el profundo respeto que se  tenía por ella y por su familia orgullosa porque al fin se había hecho la luz en el Affaire de la Alberca". Su propio marido le había contado la verdad y fue entonces que supo que él había sido el primero. Por supuesto que sus amigos conocían que el chico era del Alcalde y por eso la familia de la "ramera" había hecho todo lo posible por involucrar al Alcalde en asuntos de cohecho y corrupción. "Acabas de escuchar la verdad, hijo. Ahora tú sabrás qué hacer. Ese joven es todo sangre caliente y desbordado orgullo por parte de la madre y es dueño de toda la belleza y el encanto que tienes tú también y que los hará consumados seductortes. Mírate al espejo para que veas como son idénticos, hostias".
Pedro el del Alcalde tiró un espejo de bicicleta en su mochila y esperó al bus escolar en la esquina de la cuadra. Sus amigos habían montado antes y les saludó con frialdad. Como era el Jefe del Piquete no dijeron ni esta boca es mía. Cuando se bajaron frente al portón de la entrada de la escuela Pedrito les pidió que no le gritaran nada al chico. El chico estaba solo, recostado contra una columna, leyendo la crónica del último partido del Betis. Pedrito se estaba acrercando para decirle que había hablado con su madre a manera de promesa cumplida y agregar que deseaba hablar con él después de terminada la jornada de clases. Unos diez metros antes de abordarlo un chaval pecoso pasó corriendo despavorido por su lado y le gritó hijo de puta y siguió corriendo como un loco por el patio central. Pedrito se percató de que el chico lo ignoraba y calculó que no haría nada hasta no haber hablado con él. No pudo aguantarse y lo siguió, no obstante. El pecoso suponía que Pedrito estaba corriendo para agregarse a la marathon y hacerle el coro en el grito de "hijo de ramera". Sin embargo, el hijo del Alcalde lo tomó por el cuello, apretándolo muy fuerte y lo arrastró hasta el estrado donde había un micrófono con pedestal desde el que el Director hablaba a los alumnos. "Oiganme muy bien todos". La voz resonó en el Gran Patio Central como si hubiera sido ampliada con una de las trompetas clonadas de Jericó que muchos aseguraban descansaban en un compartimento secreto del Alcázar de Granada. "Desde este mismo instante quien se atreva a gritar hijo de ramera al chico tendrá que vérselas conmigo". Una de las autoridades llegó para requerirlo por su atrevimiento de usar el audio pero él se disculpó con urgencia y el evento no pasó de ahí. El "hijo de ramera" le observó desde detrás de su periódico y pensó que solo se trataba de una nueva "sorpresa" del hijo del Alcalde y sus compinches y se preparó para regalarle la tunda mas endemoniada que alguien había propinado jamás a un desalmado de Andalucía. Pero se escuchó el timbre y entraron a las aulas.
Para el primer cambio de clases Pedro el del Alcalde lo buscó. "No me preguntes ahora por qué lo hice, hablé con mi madre y quiero que nos veamos al salir". "Sea", dijo el "hijo de ramera", desenroscando los puños dentro de los bolsillos de su pantalón. Poco después de las doce y media se fueron a la alberca. Sabían que el invierno estaba en su cota máxima y que nadie osaría visitarla. Pedro el del Alcalde se colocó sobre un rectángulo de yerba en el noroeste de la piscina y señaló con el dedo como si martillara una herradura de caballo. "Fue aquí", dijo. "Qué te contó tu madre". Pedro extrajo el viejo espejo de la mochila. "Mirémonos en él". Los rostros refulgían de adolescencia en el centro del invierno inclemente. El "hijo de ramera" pensó que se estaba viendo doble. "Joder, por qué demonios tenemos los dientes separados, las cejas igualitas y los ojos renegros". "No sé", dijo el "hijo de ramera". "Veamos si nuestros cuerpos también se parecen". Pedro se sacó la camisa. El chico se bajó el pantalón. "No, quítate el pulóver, los hombres se parecen, si es que se parecen, en la complexión del tórax". "No debo". "Puedes hacerlo, porque este pedazo sagrado de yerba no está contaminado por la mierda de los toros".  El "hijo de ramera" se dio cuenta de que el hijo y la madre habían hablado, en verdad, de cosas profundas. Se quitó el pulóver. "Tú sabes que tienes un lunar como tajada de melón en tu espalda"."Sí". "Qué te parece esto". Otra vez el "hijo de ramera" pensó que se estaba viendo doble en las ondas expansivas de la alberca pero el odio y el dolor que sentía eran tan inmensos que bloqueban su inteligencia. "Mi padre fue el primero que....perdóname....que estuvo con tu mama y para mi madre fue quien la preñó". Entonces el "hijo de ramera recordó la manera casi "humana" en que habían violado a la reina del pueblo y de un sopetón se le abrieron todas las entendederas. "O sea.....". "Dame un abrazo, joder".
Mi sueño termina con un grupo de personas que ríen y bromean y se abrazan y lloran mientras están saliendo de una sala de hospital. Pedro el del Alcalde rodea los hombros de su hermano en tanto sus dos amigos fastidian al pecoso recordándole lo cerca que estuvo de la asfixia en el Patio Central. Los dos amigos del Alcalde charlan, al fondo, con los padres de la "ramera" y estos solo asienten con sus cabezas venerables como si estuvieran resignados a las sorpresas de la vida.  El Alcalde se inclina y besa la mano de la "ramera" y en sus labios puede leerse la frase "todavía estamos a tiempo" mientras la madre de Pedro el del Alcalde sonríe lánguidamente, resignada a terner que ser la segunda en el orden de sucesión al trono. Las esposas de los dos amigos del Alcalde están esperando para presentar en sociedad a tres chicas morenas que no pasan de los once años. Cuando las personas se van perdiendo en un gran plano frontal aparece un cartel en lo alto de una puerta de cubículos de hospital que dice ADN Paternidad.
Lamento mucho este final edulcorado, holliwodense y corintelládico pero si estoy contando un sueño al fin expulsado de los mas recónditos escondrijos de mi cerebro tengo que ser real. Mi amigo Jhon Alex está relejos y hace milenios que no sé de él. Pero conozco que sigue viajando y cantando por Cuba y por el mundo siendo parte de solventes Brigadas Artísticas. Veremos si después de este sueño azucarado se me ocurre alguna letra segundapártica que él pueda interpretar con su voz rasgada y el ritmo menos lento. Por lo menos ya tengo el título.
Madre hoy sí me levanto.


Diciembre 31 del 2011.
Miami, USA.
Luis Eme Glez.
















1 comment:

  1. MMADRE HOY NO ME LEVANTO,,,EN SI,, UNA CANCION QUE CALO MUCHOS CORAZONES DE ESPAÑA AL MUNDO,,,PERO VAYA SORPRESA,,ENCONTRAR ,,,SU SEGUNDO DIA,, SEGUNDA PARTE. EN CUBA ,,EN CHILE,,,MAIMI,,,EN ESE CEREBRO BRILLANTE DE LUIS EME,,,,,CUANDO UNO VA AVANZANDO EN LA LECTURA,,LOS VELLITOS COMIENZAN A LEVANTARSE LENTAMENTE COMO CURIOSEANDO. ESE SENTIMIENTO QUE VA AVANZANDO COMO. UNA DULCE DUCHA TIBIA POR EL CUERPO,,,,,A LA VEZ QUE ALGO TE APRETA LA GARGANTA,,,,,,

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