Saturday, September 17, 2011

LA TIERRA PROMETIDA.- (31)

Cuando termina el Puente Internacional una pequeña explanada con un breve Paseo arbolado y bancos da paso al edificio de una planta con portal en donde está el torniquete. A pesar de la seguridad con la que me estaba moviendo por Texas no estaba confiado del todo y mis pasos eran medidos y largos, mis miradas esquivas, y tengo que admitir que no me hubiera extrañado que algún policía americano me hubiera detenido y devuelto al Sur. Mi temor era otro: pero temor al fin. Por eso apenas alcancé a ver a dos patrulleros encaramados en la defensa de un Ford clásico en el sitio donde comenzaba el Paseo, descansando de la inactividad y de la rutina de un sitio por donde cada día salían y entraban cientos de personas allende la Frontera. En realidad la tarde incipiente adolecía de mucho tráfico peatonal. Tal vez, además, fuera la hora de la siesta "latina". Calculé que la ciudad de Hidalgo - todavía pensaba que Hidalgo era, tanto como el Condado, el nombre de una ciudad conurbada con Mc Allen - estaría al Noroeste del lugar donde acababa el Puente.
Penetré al portal del edificio nave y no tuve que indagar por el torniquete. Se veía a mi izquierda, enclavado en un espacio poco mayor que él y custodiado por un hombre simbiótico entrado en la segunda edad. Además, otros pasantes me precedían. No atiné a depositar las tres monedas en el orificio  a la primera intentona. El hombre me ayudó.Solo cuando empujé con mi vientre la cruz giratoria y percibí la detención del último vástago fue que me sentí en los Estados Unidos y respiré hondo y tranquilo al fin. Olvidé mirar el reloj pero no debía pasar de la una de la tarde del 15 de Junio del 2010.
Un pasillo custodiado por breves áreas verdes,muy corto y sin techo, conducía a otra puerta que daba al Salón de Entrada. Este era el Sitio Oficial donde los funcionarios americanos escuchaban lo que deseaban quienes iban llegando. Cuando entré un mosaico de colores sorprendió a mis ojos. Hombres y mujeres hablaban un español con acento y sus pigmentos iban del cetrino al castaño, del ámbar al beige, del café al cartón, pasando por pieles indefinidas y estaturas dispares. Disciplinados, todos hacían la cola para acceder al funcionario de pie que escuchaba y ordenaba dirigirse al sitio estipulado. Yo pensaba que ninguno de ellos estaba en mi caso y por tanto me acerqué a otro funcionario que estaba también de pie recostado a una ventanilla encristalada. Le saludé e intenté recitar la letanía que llevaba preparada y ensayada desde Santiago de Chile. Me cortó sin protocolo para enviarme a la fila única. Porque las colas no son prioridad del Socialismo.
Mas cerca de los enfilados pude escuchar un español mejor expresado y saber qué muchos se dirigian a visitar familiares en Estados Unidos o volvían a sus hogares después de trabajar o hacer diligencias en Reynosa y su área metropolitana. Había muchos hombres con tejanos y botines café, cargando enormes maletines repletos, acompañados de mujeres gruesas con ropas de domingo. Observé que pocas parejas andaban con niños. La fila adelantó rauda y me presenté al funcionario. Aunque se trataba de un hombre joven con entradas, castaño y muy alto, hablaba el español sin acento. "Buenas tardes, soy cubano, acabo de pasar el Río y deseo acogerme a la Ley de Ajuste Cubano y poder demostrar que he sido perseguido ideológico". Dije "perseguido ideológico" porque para mí es un concepto especial, muy distanciado del concepto "perseguido político". El hombre no habló una sola palabra, me entregó una planillita en la que escribí algunos datos mínimos y me ordenó seguir hasta donde estaba el tipo de la ventanilla encristalada. Cuántas veces habría tenido que escuchar la misma letanía, me pregunté.
Este señor solo leyó el breve texto que le entregué, dijo "ok" con acento marcado y me pidió dirigirme al Este, a donde unos asientos tipo Terminal de Trenes se morían de desolación en la tarde de Junio. Agregó "espere allí". Era un poco menos castaño que el otro, joven también, y exhibía una estatura de yudoka. 
Estaba cansado y con mucha hambre. Me tiré en uno de los asientos plásticos y me comí una vienesa "dulce" con un panecillo de los adquiridos en el almacén de Colonia Ejidares. Lo bajé con lo que me quedaba de la gaseosa de limón comprada en Ciudad Victoria. Necesitaba con urgencia una cama para dormir veinticuatro horas seguidas y al despertar poder gritar Viva Estados Unidos Pareja de Indios de la Migra Hijos de la Chingada.
Entonces, como un osezno acabado de salir de su madriguera, observé el entorno físico de las instalaciones migratorias de Hidalgo. Un espacio amplio, con columnas sujetando a un falso techo que de seguro terminaría en tejados a dos aguas. Promociones de Inmigración por doquier, gráficos explicativos bilingues, otra sala con sillas, la puerta gigante de lo que pensé era el baño y al Norte, detrás de las cabinas encristaladas, otro espacio similar con el mobiliario stándar donde trabajaban alrededor de veinte funcionarios, algunos de los cuales eran mujeres y podría asegurar que alrededor de un veinticinco por ciento negros.
Al Sur, detrás de los vitrales de puertas y ventanas, carros de la policía, ambulancias y autos migratorios pasaban y se detenían de improviso como si los malecones del Río y el Puente Automovilístico les parara la carrera. Por mucho que miré no pude ver al puente pontón que llevaba a los automoviles hacia los dos lados del Río y que había mirado de soslayo cuando el gordofante me traía.En algún momento debí ir al baño. Jamás había visto espacio mas impecablemente limpio y cuando tuve que descargar la tasa no encontré la manigueta ni el botón y solo por intuición moví una palanca plateada y la descarga fue tal que el "toilet" se vació en segundos. No me avergoncé en desconocer el sistema a pesar de haber visitado tantos baños públicos y privados excelentes en Chile.
Como evidentemente yo era el único "asilado" este día, calculé que me habían dejado para el final. Desesperado por el tiempo transcurrido y por lo rematadamente mal que me sentía, estuve a punto de dormirme. No me atrevía a preguntar por "mi caso". De modo que me paré y di algunas vueltas por la gran sala y miré un pasillo por donde salía la gente que terminaba sus gestiones y que daba al Este. Sin embargo el pasillo hacía una curva y no pude ver a donde llevaba. Calculé que daría a la periferia oriental de la "ciudad" de Hidalgo. Me pregunté en qué lugar estaría Mc Allen, ciudad que tenía entendido estaba conurbada con "aquella".Porque todavía desconocía que Hidalgo es solo el nombre del Condado donde está la ciudad de Mc Allen.
Regresé a mi asiento. Los viajeros hablaban con mucha confianza con los funcionarios, se contaban aventuras y realizaban sus trámites entre risas y alegrías, con harta rapidez. No pude definir si era por este lugar por donde también se tramitaba la entrada a México. Pero en honor a la verdad, el Puesto Fronterizo de Hidalgo parece un ente burocrático por donde circula gente conocida a la que no se le da mucha importancia. Acaso porque no es una Frontera "priorizada"?.
Como dos horas después un hombre cuarentón, trigueño y con acento, me llama a una de las ventanillas cercanas. Me entrega una planilla para que la llene. Cuando la hojeo me doy cuenta de que es casi idéntica a las que envía la SINA desde La Habana a los cubanos que quieren aplicar para viajar a los Estados Unidos como ex Presos Políticos, excepto que hay que poner el nombre y el teléfono del patrocinador en el país. De modo que la lleno velozmente y la devuelvo. No quiero perder tiempo. Puede cogerme la noche y aunque eso no importa deseo tratar de comunicarme con mi amigo para informarle que "ya estoy aquí". Siento que estoy feliz pero no puedo catalogarme como "contento". Sé que ya no me impresionará tanto, a estas alturas, Estados Unidos y su american wai. No porque considere que he llegado demasiado tarde (lo que es verdad hasta cierto punto) sino porque he vivido casi  diez años en una ciudad casi del Primer Mundo, he tenido acceso a Internet y a la Televisión Cable y he podido convertir en imágenes reales un descomunal sueño de imaginaciones paradisíacas. Además, ya "estuve" en Buenos Aires - el oxígeno de los aeropuertos es la esencia de las ciudades que los circundan - y en parte de Ciudad México. Soy, técnicamente, un tipo con muchas horas de vuelo, un personaje internacional, un trotamundos, aunque tal definición pueda provocar la risa. Estados Unidos, lo sé muy bien, sigue siendo el país "más grande" del Planeta, el verdaderamente big country, pero no es, ni por asomo, la nación de mi infancia que mi padre ayudó a concebir. La modernidad, paradógicamente, ha hecho de Estados Unidos la capital de la aldea global en la que todo se repite hasta el cansancio.
Cuando desfallezco, lacerado por todas las alimañas del tedio en la Sala Descomunal de Hidalgo, el hombre de la planilla calcada me ordena pasar por la puerta principal. Llevo mi bolsa mexicana. "Por aquí", me dice. Camino al Oeste y entro en un cubículo agregado. Un joven en el límite de las razas, con acento, me dice que me siente en una silla stándar y que ponga las yemas de los dedos sobre una lámina. Me toma las huellas dactilares con brusquedad y tal parece que estrangula mis dedos en tanto me pide que me deje conducir porque percibe que estoy muy rígido. "Disculpe", digo. Al hombre que miraba la accion "biométrica" se le agrega otro y me doy cuenta que estoy rodeado de un trío de hombres jóvenes que aunque norteamericanos hablan un español muy solvente. Son chicos de la Frontera, decido. Están de civil y solo sus credenciales sobre el bolsillo de las camisas les identifica.
De pronto el tomador de huellas me ordena ponerme de pie. Habla como si yo fuera el Destripador de Oklahoma y lo hace alejado de mí."Pon las manos contra la pared y abre bien las piernas", ruge. Antes de hacerlo pienso que todavía tengo que demostrar lo que aseguré al entrar y que estoy en un país en donde todavía están tratando de encontrar a Osama Bin Laden para hacerlo papilla. Estoy en "su país". Así que callo, luego otorgo, y me preparo para un cacheo de película en horario especial.
En la casa de los bravos.


Septiembre 17 del 2011.
Miami, North West,  USA.
Luis Eme Glez.

No comments:

Post a Comment