Sunday, June 5, 2011

LA RESPUESTA ES "SI". (16).-

La Señora Invitante suponía que la Embajada mexicana demoraría al menos un mes en otorgar una visa de turista. Teniendo en cuenta que yo "debía" esperar la llamada del Funcionario, me pareció lógico su punto de vista. Además, para ese entonces el concepto "prisa" estaba perdiendo su valor de cambio. Recuerdo que el Gurú de Santiago Centro me llamó varias veces para pedirme que "llamara" a la Embajada por si mi visa estuviera lista. También lo hizo luego la Señora pero a veces soy insoportablemente testarudo. En un final pensaba que el Gurú solo estaba desesperado porque acabara de pagarle lo que faltaba del convenio.
Un mes mas tarde llamé a la Sede charra en Santiago de Chile. "Y ahora cómo viaja si se le pasaron las vacaciones y la fecha de vuelo". El Funcionario me aseguró que "jamás" me había dicho que él me llamaría pues eso lo hacen "los interesados". Vaya usted a saber. Tendría que hacerme un examen de audición o mejorar mis conocimientos del chileñol. Sin embargo, se echó a reír. "Tranquilo, hombre, solo tráigame, en el plazo mas breve posible, una carta de vacaciones nueva".  Cuando quise saber si ello equivalía al otorgamiento de mi visa volvió a sonreír y agregó "tráigame lo que le pido nomás".
El Gurú de los Resolvimientos me palmeó el hombro como si dijera sin hablar "no te lo decía, porfiado", y prometió la nueva carta de vacaciones para "mañana mismo". Esta vez cumplió casi con exactitud y me personé en la Embajada con toda la urgencia del mundo. De nuevo llené una gran planilla que reincluía el acápite "usted piensa viajar a la frontera Norte del país" y otra vez puse "no". No marqué "jamás" porque parece que este vocablo es muy poco protocolar y sigue bastando con el manido monosílabo. No faltaron las miles de fotos de todos los perfiles y la toma de huellas dactilares. Finalmente me visó el pasaporte por seis meses, me dijo que volara cuando lo "estimara conveniente" y me deseó feliz estancia en tierras mexicanas. Debo decir que durante mi viaje en Metro sufrí tal dolor de cabeza y tal apretazón en el pecho y tanto fogaje general que pensé me daría una sirimba tropical matutina. La "seguridad" de mis papeles legales no me garantizaba nada en un tercer país. Tenía miedo a que me cogieran in fragantti.  Después del terremoto este momento físico en el Metro había sido el más complicado de mi vida en Santiago de Chile. Deben ser problemas de hipertención arterial, pensé, recordando la taquicardia quedada tras el Armagedón de Febrero. Pero cuando salí a la calle me pellizqué los antebrazos y me dije "ahora sí". Bajé a la Estación del Metro sin darme cuenta del ajetreo rutinario de las palomas ni de los tonos invernales de la Precordillera. "Esta vez sí, cojones", me repetía, mientras el supertrén me llevaba a Poniente  e iba pensando en las cosas que tendría que resolver antes de volar.
Mi Jefe y los peruanos me felicitaron por la noticia. Me metí en mi pieza e hice una lista de prioridades para los próximos días. Finalizaba Mayo y deseaba volar en la primera semana de Junio. Si las cosas marchaban bien con mis "amigas" charras y hacía buenas migas con el señor del Df que me había contactado la Señora creía poder pasarme un mes en México antes de seguir a la "negada" frontera Norte. Te mereces esas vacaciones y más, Luis Manuel, me habían dicho la Señora Arabe y su hija.
Para ese entonces ya había intercambiado muchos mails con el amigo de la Señora y nos tratábamos de "hermano" y creo que hasta una vez le dije "acere, que volá". Había prometido tenerme una "recámara" lista en la capital e ir a buscarme al Aeropuerto, así como darme algunos recorridos por la megalópolis en la que vivía con su mujer y dos hijos. Parece que el charro era un tipo viajero nato y Cuba estaba en su Agenda de países visitados. Según la Señora se ocupaba de la atención a una gran cantidad de Sindicatos por todo el país. Decidí que esa parte del Gran Viaje estaba resuelta.
Como hacía unos días que había tenido la última conversación con mi querida michoacana del Df  solo le imelié para decirle "vuelo en cualquier instante". No respondió. Con el lenguaje cifrado de siempre le había dicho que "alguien necesitaba un auto para ser trasladado del Aeropuerto al lugar de residencia en la capital y que me parecía que si ese auto fuera el suyo pues encantado ya que ello significaba que el costo del pasaje se quedaría en sus manos". Dijo que jamás haría eso por la "seguridad suya y la de sus hijos"' y que, además, por las mismas razones no podría "alojarlo" en su casa. Agregó que el "señor turista podría usar el "taxi de sitio" de que tanto le había platicado". Aclaré que estaba equivocada y que no me había entendido. Contestó "estoy muy clara y te entiendo perfectamente". Recuerdo que tras un sorbo de alguna sustancia láctea con galletas me dijo, seria, "dame un solo motivo para que tenga que verte en Ciudad México". Se trataba de una frase difícil y evidentemente no pude contestarla. Solo dije "los motivos son obvios y no pueden apellidarse". Sonrió con sorna como si estuviera ensayando para Mona Lisa en su Coro Magistral y sentenció "no existe ningún motivo para creerte nunca más, y te lo puedo decir ahora, la otra vez sí te esperé". Un chileno me hubiera espetado "por qué te hacís el webón, poh Luchín". Y no hubiera podido responder. Evidentemente, la chica de los ojazos michoacanos me superaba en algunas materias de la vida.  De todas formas estaba seguro que plantado en el Df nada me impediría contactar a mi queridísima mexicana de escalas en Guatemala, en Guajaca y  con planes a corto plazo para visitar España.
Hacía tiempo que las diatribas valóricas con mi otra amiga mexicana habían quedado sepultadas pero solo le avisaría de mi viaje cuando arribara. Contactarla en el Df y salir con ella por la ciudad eran cosas descartables pues ella misma lo había asegurado en varias ocasiones. En su caso quedaba la incertidumbre de la sorpresa porque ye he dicho que nunca tuvimos ni una sola sesión de web cam ni de audio y apenas contaba con dos  o tres fotos espectaculares de torso en su portal de MSN. Recordaba - en ocasiones, con humor negro - los casos en que encuentros de esta índole se convertían en extrañas frustraciones que a veces tocaban los fondos mas tenebrosos de la condición humana.
Durante la semana dije a mis dos amigos de Florida lo que acababa de ocurrir y cuando pensaba volar. Entonces marqué en mis notas "pasaje de avión". Desde mis primeros planes para salir vía México consideré que un pasaje Santiago de Chile - Df no debía pasar de 600 us. No sé por qué pensaba eso, la verdad. Quizás porque siempre se trató de una posibilidad supraonírica. Junto con la Señora y su hija en Miami tratamos de resolver un pasaje vía Internet pero no resultó. No entendíamos bien el sistema. Así que me fui a una Agencia de Viajes en el Centro Moderno de Santiago a donde había ido en alguna oportunidad con la Señora Invitante. Mi Jefe autorizó a uno de los peruanos a que me acompañara pues andaba con "harta" plata y ya sabemos lo peligroso que es la capital de Chile a cualquier hora del día. La adorable rubia que me atendió me dijo que no tenía nada en menos de 1500 us si quería viajar directo. Era demasiado para mí. No porque no me alcanzara  sino porque eso podía estrucar mis planes de estancia en el DF así como  agrandar la posibilidad de llegar con menos casch a USA y de no tener que aceptar nada de mis amigos y familiares. La muchacha siguió buscando y nada. Entonces me sugirió una idea. Viajar a Buenos Aires, hacer la escala y seguir en otra Compañía de Aviación. Cuando me explicó la diferencia en costo y las horas "perdidas", acepté. Además, aunque Ezeiza esté a casi cincuenta kilómetros de la Capital Federal luego podría contar que "también estuve en Argentina". Sin embargo quedaba una dificultad. En caso de que la estancia en Buenos Aires pasara de doce horas tendría que pagar visa de tránsito. De modo que llamó al Consulado argentino para cerciorarse. Tenía razón. Suerte que la estadía solo sería de once horas. Así que compré mi billete, le di algo de propina y supe que viajaría hasta Buenos Aires con Lan Chile y desde allí al DF en Mexicana de Aviación. Unos once mil kilómetros y poco menos de mil doscientos us. Volaría el seis de Junio a las nueve de la noche.
El Jefe me autorizó a no trabajar la última semana de mi estancia en Chile y aunque trató de pagarme igual "para que tengas más platita, Luis", lo rechacé.
Revisé mi Agenda y vi que me quedaban algunas cosas por resolver todavía. La Señora Invitante me llamó una noche. "Ven para que te despidas en casa y luego te acompaño al Aeropuerto".
La casa "heredada" de Nuñoa parecía muy proletaria pero en ella se respiraba un calor especial. No sé por qué la Señora me pareció mas árabe que de costumbre. Me pensé un Mesías que llegaba a dar las buenas nuevas in situ y que me esperaba una María de Magdala con ancestros galileos sin ánimos de lavar pies. Junio era el mes en el que habían nacido mi madre y me hermana. Por tanto era un mes bueno. Busquemos un Pisco, dijo la Señora.
Nosostros los de entonces ya no somos los mismos.


Junio 5 del 2011.
Miami, Nort West, USA.
Luis Eme Glez.

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