Monday, April 11, 2011

SEGUNDO ROUND EN LA HONORABLE SEDE. (15).-

Las grandes controversias con el propietario del Local de San Joaquín hicieron al Dueño buscar otro sitio para instalar la Fábrica. Lo encontramos unos kilómetros al Sur, en la Comuna de San Miguel, a medio camino entre Santa Rosa y Gran Avenida. Alrededor de quince minutos de viaje para mí con la variante de que ahora tenía que coger un bus "alimentador" desde el Paradero del Metro, muy cerca del Stadium de fútbol del Club Colo Colo. La reciente implantación del Sistema de Transporte Público Capitalino conocido como Transantiago-adorado y vilipendiado por igual- ofrecía estas "bondades". Se trataba de una nave mas grande, repleta del equipamiento  de los antiguos arrendatarios  que al parecer trabajaban fabricando renglones con metales para lo que contaban con gigantescos tornos y voluminosos tanques de oxígeno así como con extrañas máquinas cortadoras de fierros. Reacomodamos todo de manera que nuestras vaineras, coneras y espacios para almacenamiento quedaran en lugares adecuados y libres de impedimenta.
La gran nave incluía la oficina del Propietario, una pieza amplia para mi Jefe, otra sala para diferentes stoks, el patio interior parqueo con piso de ripios y una explanada trasera con un árbol de araucaria y una pluma de agua con manguera. El nuevo Señor de las Naves era un sesentón afable y muy culto que viajaba mucho a Brasil y con el que mantuve exquisitas charlas sobre relaciones internacionales. Estaba rematando todo el equipamiento y había conveniado con mi Jefe la posibilidad futura de venderle la Instalación. 
En el ala Poniente de la Nave estaban los baños con los sanitarios y una pieza mediana que usábamos como vestidor. También había allí una cocina de gas de cuatro hornillas que ocupábamos para calentar el almuerzo. Entre este lugar y el ala Oriente estaba el buró del Jefe y unas pocas mesas con maquinaria ligera. De modo que entre el buró y los baños vestuario quedaba un vacío muy amplio prácticamente inutilizado. Así que trasladamos las mesas para el Norte de la Nave y con cajas de mercadería, clósets roperos y dos o tres planchas de playwood instalamos mi sala comedor y logramos independizar la nueva zona de vestidores. Jamás había dispuesto de tanto "espacio vital". Acomodar mis pertenencias dentro de la pieza no fue tarea difícil: siempre tuve que lidiar con "metros cuadrados" muy reducidos. Es cierto que apenas podía caminar y que hice del andar de medio perfil una rutina del movimiento forzado. Trasladé la cocina para el comedor y coloqué la mía de dos hornillas en el lugar de aquella. Desarmé el ropero y lo guardé en el piso de una de las grandes mesas y usé el del vestidor. Una pared de playwood separó mi sala comedor de un espacio improvisado que comenzó a fungir como vestidor. Agradecí la paciencia de mis compañeros peruanos ante los cambios provisionales. El sitio parecía una terraza techada. Los técnicos vinieron tres días después para instalarme el Cable que nacía en la pieza del Jefe y recuerdo que pedí la inclusión de un Paquete mas de canales porque la Compañía Proveedora era otra. De todas formas perdí HBO y tres canales de filmes sin comerciales. Pero había ganado otros que no estaban en el Paquete de Providencia. Los Jerarcas de Internet dijeron que por lo menos les llevaría una semana venir para hacer la conexión y no quedó otra que esperar. Me fui a dos Cyber Café cercanos para mirar mi Correo.
Aunque podía ir al Supermercado de Gran Avenida en el Peugeot de mi Jefe opté por comprar en los almacenes cercanos, no por menos aseados menos surtidos. A esas alturas ya la Cadena Walmart había adquirido a Supermercados Líder de modo que no debí esperar llegar a los Estados Unidos para tener mis productos ofertados en la Gran Tienda de "mercaderías" al por menor, siempre con "los precios más bajos".
Técnicamente había regresado a la "semilla", entiéndase a condiciones "espaciales" similares a las que tuve en la Fábrica de Schiavetti con Santos Dumont en la Comuna de Recoleta. Solo que abismalmente mejores y más "humanas", con un salario "justo" para el tipo de trabajo que realizaba. Volví a levantarme diez minutos antes de comenzar la tarea, me acosté mucho mas tarde y a las cinco y media estaba listo para descansar. A veces comía con mi Jefe e intercambiábamos platos especiales y otras tantas compartíamos una copa de vino o un piscazo rebajado. Como nuestro Paquete de Tevé Cable no incluía al Canal del Fútbol Chileno nos íbamos a cualquier Pub que dispusiera de pantalla panorámica y entre fritangas y cerveza Cristal mirábamos el partido de turno. No estaba feliz ni estaba "bien". Solo estaba viviendo de una manera diferente, breve, hasta tanto el Hombre de la Agencia me llamara para darme la buena nueva de mis documentos listos. Es cierto que al dejar de pagar arriendo y gastar en la locomoción colectiva mejoré mi dieta no sin antes calcular muy bien lo que debía tener para el instante de volar. El Hombre de la Agencia me contactó una semana después de mi mudada para el Callejón Ovalle.
En la oficina del Piso 10 en Santiago Centro había relax. Los hermanos reían y la secretaria miraba a su alrededor con ojos de ardilla dopada. Observé mis documentos. Correctos. Me fui solo en el Metro de siempre. A mis espaldas el Zar de los Papeles había quedado con su media sonrisa de Resolvedor de Entuertos y la pregunta sin voz "ves como yo si lo haría, cubano". Entoné un "wao" interior por las noticias únicas cuando no vi a Valentino en la recepción del Consulado. No olvidaba su pregunta "usted es cubano, no" de la otra vez dicha con un tono demasidao ácido y demasiado circunspecto. El funcionario que pensaba chileno me mandó acercarme enseguida. Ojeó cada uno de mis documentos. Cuando terminó los colocó en un file, me hizo unas pocas preguntas de rutina y me entregó una planilla para que la llenara.
Ocurría que la Señora Invitante era asidua "feligresa" de la Embajada mexicana. Su hijo, al parecer complicado en alguna transacción económica dudosa,  acababa de salir de la cárcel en donde consolidó grandes amistades con mexicanos detenidos que cumplían condenas y que le había traspasado a ella. De modo que por los mas diversos motivos iba constantemente allí, tenía sus relaciones y se estaba comunicando con familiares de los amigos de su hijo en México a través del teléfono y de Internet. La querían mucho por su hermoso comportamiento con los charros en las prisiones de Santiago. Uno de sus nuevos amigos era el Director de una Agencia de Viajes en el DF pero no pudo hacer nada en mi "caso" por los handicaps que  colmaban mi status.  Su otro gran pártner en el DF era un señor que estimaba harto a uno de los reclusos y estaba manteniendo con él una suculenta correspondencia vía emails. Se trataba del hombre con el que me pondría en contacto cuando yo obtuviera la Visa de turista. El funcionario que me estaba atendiendo era su amigo, evidentemente, pero era una persona a la que no se "atrevía" a ocupar para que "agilizara o priorizara" mi caso. La amistad no daba para tanto.
La planilla era una carilla con escaques tradicionales y solo destacaba una pregunta curiosa. "Piensa usted desplazarse a las fronteras de México. Está considerando ir a la frontera Norte". No recordaba haber leído interrogación mas obvia pero en honor a la verdad no la esperaba para una persona que aspira a una visa "legal" de turista. Por supuesto que escribí "no". Esta respuesta, ante un Gran Jurado, me hubiera podido ocasionar, luego, serios inconvenientes. Admití, en cambio, que sí visitaría Veracruz y el Castillo de San Juan de Ulúa porque realizaba una investigación "sobre la estancia de José Martí en esa ciudad en el año 1875 del siglo XIX". Entonces me pasó al interior para hacerme varias fotos desde todos los perfiles y tomarme las huellas dactilares. Estaba tranquilo. Eran los procedimientos rutinarios en cada Consulado. Terminamos hablando de mis proyectos investigativos, de Cuba, del tiempo que llevaba en Chile y me deseó buenas vacaciones en México. Daba la impresión de que mi Visa estaba preaprobada. Cuando le pregunté que si era yo quien debía llamarlo para conocer de la marcha del proceso entendí que me respondió "no, yo le llamo".
Cuando salí a la calle miré de nuevo la marca de los disparos que un grupo de anarquistas habían hecho contra la fachada de la Embajada unos días antes y pedí por la buena salud del hijo del Embajador del que se había dicho en televisión, tras un extraño extravío en la Cordillera, padecía un estado depresivo muy agudo. En el centro de Abril había sol hermoso y las chicas comenzaban a desembarazarse de sus parcas de colores y de sus botas de caña alta y a enseñar sus ombligos de lujo. Me senté un rato en un asiento de la Plaza y miré al Manquehue. "Sé que no estás extinguido, hombre", le pensé. Y principié mi cuenta regresiva. Cuando bajé las escaleras del Metro de nuevo las palomas alzaron vuelo hacia ningún lugar. Pero olían a ríos.
Desde el elevado de San Joaquín la ciudad parecía una postal digna de las despedidas soberanas. A mi lado un chico descuidó su Personal y pude escuchar a Jorge González cantando su estribillo "por qué no se van por qué no se van" mientras el resto de los "prisioneros" sonaban su guitarra y su batería. Cuando entramos en San Miguel todavía Jorge descargaba con sus "chicos de San Miguel" y sonriendo le dije a su voz "lo haré, señor contestatario, lo haré, descuide".
Esa noche, cuando se conectó mi amiga michoacana, me expresé con metáforas que ella descifró con la solvencia de La Malinche ante los manuscritos falsos del Padre de las Casas.
He visto desde mi ventana la fiesta del Poniente en los cerros lejanos.

Abril 11 del 2011.
Miami, USA.
Luis Eme Glez.

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