Muchas veces he pensado que si pudiera disponer de todo el papel empleado en el envío de currículums a las instituciones chilenas podría convertirme en uno de los Emperadores del Reciclaje. De igual manera si me devolvieran todo el dinero gastado en estampillas, sobres y envíos certificados quizás pudiera comprarme una computadora de alguna generación mas reciente. Enviar currículums pro trabajo en Chile es algo así como un negocio que dirige el Ministerio de Comunicaciones en contubernio con las empresas u organismos receptores. El porciento de respuestas que garantizan una entrevista es tan bajo que muchos han optado por abandonar el método. No puedo asegurar que los extranjeros fueran los mas perjudicados porque mis encuestas "amateurs" jamás discriminaron nacionalidades. Pero ya se sabe que las Bolsas de Trabajo pecan de nacionalistas.
En Abril del 2005 me hice una Auditoría. Tenía dinero para pagar Mayo en la Casa y para comer hasta mediados de ese mes. Nunca había pedido ni un peso a nadie en Chile. Pero, en cambio, había prestado mucho dinero y no siempre me "cancelaron" en tiempo y cantidad. Como excepción, ahora era mi turno. Así que una noche llamé al Inca a mi pieza. Inca había conseguido un trabajo milagroso en Entel PCS y le iba bastante bien en la venta de teléfonos celulares e incluso estaba haciendo muy buenas relaciones.
Le dije que estaba dispuesto a dedicar cuatro o cinco meses de mi vida a buscar un trabajo profesional pero que necesitaba - de no encontrarlo - me prestara alguna plata, sobre todo para pagar el arriendo hasta que apareciera una pega cualquiera. Sin ningún problema, respondió.
El curso escolar acababa de comenzar. Entregué, personalmente, decenas de currículums en escuelas de todas las categorías, credos, niveles e inclinaciones políticas. Para ese entonces algunos programas de televisión habían alertado del peligro de elaborar currículums muy "cargados" porque las Instituciones temían no poder pagar las exigencias de los postulantes. De modo que mis planillas ahora parecían breves oraciones afirmativas. Entregué, además, en algunas Universidades Humanísticas y en Plantas Radiales y Televisivas. Conste que cada currículum era llevado a los lugares que el diario El Mercurio citaba en sus Clasificados. Dejé muchos más en diversos organismos no precisamente intelectuales. Me afeité y corté el pelo y llegué hasta pensar en ponerme ternos para algunas visitas que consideraba de mas alcurnia. Lo que era un sacrificio supremo para alguien que hace de la informalidad casi una coartada. El 30 de Abril no había recibido una sola respuesta para entrevistas.
Previsor, me fui a ver a mi Empleadora porque se me estaban terminado las vacaciones. Le expliqué la verdad. Y le pedí que me concediera un mes con cualquier pretexto para ver qué podía resolver. Hecho, me dijo, no creas que no deseo un trabajo digno de tu talento para ti. Pero cuando cancelé el arriendo de Mayo me quedé con tan poca plata que no pensaba me alcanzaría para completar el mes. Seguí viajando a cualquier lugar que ofertara plazas vacantes profesionales con mis resmas de planillas pautadas. Y tuve que bajar de los dos mil pesos al día necesarios para alimentarme y comenzar a viajar a pie por gran parte de la ciudad. Adelgacé y a veces mi pie derecho me avisaba que lo estaba tratando mal. Decidí prolongar mi calvario hasta el 30 de Septiembre. Cinco meses. Era como mantener una huelga de hambre por tiempo "definido". Incierta.
Inca había conocido a dos personas en su mesa de trabajo en Entel. Les habló de mí. Todo el mundo alababa mis "capacidades" profesionales. La chica le contó de una amiga que era estudiante de Periodismo en alguna de las varias Universidades que hay en Santiago y ensalzó a un Profesor cubano en su nombre. De modo que se llevó mis récords para entregarlos en la Alta Casa de estudios. Pocos días después llegaría la comunicación a través del peruano. Tendría una entrevista. Al fin. Me vestí como si fuera a dar una Conferencia en la ONU y me fui en bus hasta el Oeste de la Carretera Panamericana. Durante una hora conversé con el Decano de la Facultad de Periodismo y con el Profesor cubano - un mulato cojo, cuyo nombre me era muy conocido del radioperiodismo antillano- de los temas mas suculentos del ambito intelectual. Había una plaza para Profesor y la posibilidad de escribir en la Página de la Universidad porque quien la cubría iba a tomarse un año sabático. Entre sorbos de café instantáneo y charla amena con "colegas" de estirpe la velada fluyó correctamente hasta que cité algunas de mis "actividades" contestatarias protagonizadas en mi país. Me despidieron "lamentando" que el profesor sabático "aún" no hubiera decidido si se iba o no y me prometieron "indagar" por algún trabajo disponible en la Educación Secundaria. Después me enteraría, oficialmente, de la inclinación "ideológica" de la connotada Universidad - ARCI - del Poniente de Santiago. Me había nokeado mi lengua. Por culpa de la Democracia: qué es relativa. Rafael Verástegui, al parecer, todavía sabía vivir con la carga de la doble moral.
Uno de los clientes del Inca trabajaba como Director de una de las grandes librerías de Providencia. Quería conocerme y charlar conmigo. Esta vez me fui vestido con mas sobriedad pero en condiciones de asistir a alguna velada de los premios Altazor. El hombre vagaba entre Ultimas Ediciones y bellísimas vendedoras en un ambiente de lujo. Le "fasciné" y me aseguró que personas como yo no "podían "desaprovecharse". La Feria Chilena del Libro me "necesitaba". De modo que me envió a ver a una persona de mas calibre en el Ramo. Estaba en Satiago Centro en una gran oficina de menor calado, entre trabajadores que movían libros y montones de faxes y computadoras. Le "impacté" tanto que allí mismo me preparó un currículum "especial" para el hombre fuerte de la Feria Chilena del Libro y me "demostró" cómo se lo faxeó en vivo porque "eso de dejar currículums" no "funcionba". Después de mas de una semana de estar "reuniéndome" con ambos, tiré la toalla.
En la Casa vivía una señora de mediana edad, muy encachada y según su memoria fabulosa había recorrido medio mundo y se jactaba de conocer a personas muy importantes en la capital de Chile. Fanática del flamenco le llamaba "La Flamenca" y "La bailaora". (1). Nos estimábamos mucho e incluso me había comprado algunos números de la Lotería por si me "tocaba" la suerte. Me contactó con un canoso cincuentón que era personero de alto vuelo en una Editorial cercana a la Casa. Durante tres sesiones conversamos como excelentes amigos - tenía un hijo haciendo clases en la UNAM - y me aseguró que las puertas de la Editorial estaban abiertas para una persona tan "capacitada" como yo. Incluso me dijo que un cubano estaba el frente de una de las Librerías de la Empresa. La cuarta "entrevista" nunca se realizó porque para ello debía esperar su "llamada" telefónica.
Mediante la Señora con pasado de alcurnia tuve una entrevista con la Secretaria de otra Universidad Humanista a una cuadra de Casa a la que dejé mi currículum. Y me reuní como diez veces con un Profesor de Matemáticas de una Escuela Superior que se encargaba de preparar estudiantes para hacer la Prueba de Ingreso a la Universidad. Este señor era capaz de levantar el teléfono cuando le llamaba y explicarme el por qué de la" demora" en la apertura de los Cursos en los que yo sería profesor "estrella". Hasta me contactó con alguien de la Cátedra de Arte Dramático al que entregué unas diez hojas tipeadas que contenían Programas completos para la creación de Brigadas Artísticas en las escuelas primarias, medias y en las Universidades. Recuerdo que el hombre me miró como si yo fuera algún descendiente de Eurípides y que me dijo "usted tendrá su espacio en Chile, despreocúpese". Cuando los teléfonos dejaron de responder nos enteramos de que el ilustre Profesor de Matemáticas estaba en Arica "haciendo" clases y el "dramaturgo" fue tragado por la tierra volcánica de la Región Metropolitana. La Señora volvió a obligarme a aceptar tres números más de la Lotería Chilena pero no resultaron premiados y acabé pidiéndole me bailara una rumba flamenca.
Un domingo el Mercurio ofreció un Clasificado que me pareció muy razonable y diseñado para mis aptitudes pedagógicas. Y lo mas importante, era un Clasificado "convocatorio". Se trataba de una "Transnacional" de la Educación que estaba buscando trabajadores estrellas para sus instituciones en Chile y en América Latina. Volví a vestirme como Patricio Alwin para una recepción de Embajadores en La Moneda y me fui a los bajos de un gran edificio en Vicuña Mackena casi esquina con Plaza Italia, pegado al Paradero de mi bus de Corona. El local estaba lleno de personas trajeadas cuyas edades estimé en el rango que pedían los anunciadores: entre 30 y 55 años. Mi experiencia como Profesor en Cuba me decía que todos los aspirantes eran profesionales con ínfulas de ascención. Al fin me llamaron. Me entrevistó una elegante mujer de unos treinta y cinco años y después de alabar la gran "clase" de la Pedagogía cubana y de asegurarme que tenían a muchos profesores cubanos en México y Ecuador me pidió mis documentos. Mis papeles estaban en regla excepto la Permanencia Definitiva, demorada por otros inconvenientes. Pero tener esta actualizada era lo mas esencial porque ser aprobado en el casting de las aulas equivalía a ser contratado en cualquier nación de América Hispana. Me dijo que lo sentía pero que estuviera al tanto para una próxima entrevista con mi Residencia Definitiva lista. Casi me desmayo. Era la única posibilidad real que había tenido de acceder a un trabajo rofesional en casi seis años de permanencia en el país y se me desmoronaba por falta de solvencia económica. Mi Residencia Definitiva estaba Prorrogada en Inmigración porque cada vez que se me vencía el plazo yo iba allí para explicar mi situación financiera y ellos me concedían la prórroga.
Ocurre que para obtener la Residencia Definitiva en Chile hay que vencer una serie prolongada de trámites burocráticos que en honor a la verdad son muy correctos y relativamente rápidos. Recuerdo que los cubanos eran los mas perjudicados en cuando a costos de papeleo y nunca nadie pudo explicarme por qué, si descontamos al funcionario que me dijo "creo que porque ustedes son todos profesionales y ganan más". Se trataba de una falsedad "piadosa". En Abril del 2004, recién entrado a trabajar en Corona me citaron de Inmigración para comenzar el último trámite hacia mi Permanencia Definitiva. Ya había pagado las dos Visas de Tránsito: 132 000 y 143 000 pesos. La última costaba una nimiedad - sobre 14 000 pesos- pero para acuñar el pasaporte se necesitaba tenerlo "activo". Mi pasaporte estaba vencido y cuando fui al Consulado Cubano para prorrogar su validez como había hecho dos años antes- costaba 50 us- se me informó que "ya no prorrogaban pasaportes" sino que "los hacían nuevos" en México y su costo era de 200 us. O sea poco mas de 400 000 pesos chilenos en momentos en que apenas podía pagar mi pieza y alimentarme. Por eso a finales del año 2006 mi Permanecia Definitiva en Chile estaba prorrogada. Podía pedir dinero para lo que estaba haciendo como excepción. Pero no para obtener una Residencia que pensaba no me afectaría para nada, sobre todo cuando aún seguía considerando mi estancia en el país como "provisional".
Podría contar montones de casos en los que estuve a punto de conseguir un trabajo profesional. Pero quisiera cerrar con uno emblemático. Un señor cubano, católico confeso, me había presentado a una mujer chilena muy bien contactada con personeros importantes del Gobierno de Ricardo Lagos y con la muy bien ranqueda Michelle Bachelet. Recuerdo que vivía en Avenida Matta, Santiago Centro, altos. Y que su esposo era minusválido y lo cuidaba con mucho celo. El compatriota me dejó solo con ella porque tenía que trabajar esa noche. La charla, amena y llena de puntos focales, se prolongó hasta la madrugada. La señora - aseguró - había trabajado nada menos que en la casa de Jorge Mas Canosa en Miami y era amiga cercana de la Ministra de Educación, Mariana Alwyn. Me aseguró que yo era "su caso" y que solo la esperara un "tiempito". Dos semanas después, y cuando habíamos tenido prolongadísimas conversaciones telefónicas que tocaban temas muy ajenos a mi "trabajo" desapareció del mapa metropolitano. Recuerdo que esa noche salí muy tarde de su casa y que al filo de las 3 de la madrugada no había pasado ni un solo taxi. Aunque la zona no era un lugar de top peligro en Santiago estaba preparado para cualquier contratiempo. Cuando al fin un taxi se detuvo a mi lado respiré tranquilo . Solo que a la hora de pagar el chofer no tenía vuelto para 20 000 pesos y no eran tiempos en que yo pudiera alardear de mi manía compulsiva de dar propinas. El hombre montó tremendo enojo y se fue sin esperar a encontrar una solución razonable.
Me sentí casi nokeado pero no pedí a mi manager que tirara la toalla. Insistí. Cuando me convencí de que el trabajo profesional bien renumerado seguiría siendo una utopía bajé las aspiraciones y traté de competir en la divisiones medias y bajas. Perdí de nuevo. Un currículum, incluso lastrado de las posibilidades reales del solicitante, nunca será un pituto. A menos que sea excepción y uno no sea extranjero.
El peruano cumplió su promesa de ayudarme a paliar la crisis pero su próxima entrega la hizo en partes que consideré muy magras. Me apreté el cinturón y el hambre aumentó. Me dolía el estómago de tanta gaseosa y de tanto arroz con salsa de tomate. Cuando apenas podía dormir latigado por mis vísceras vacías mandé a buscar a la Poetisa Irreverente - Poetisa estaba trabajando ahora en Entel y como El Inca, vendía celulares -, que ya me había traído algunos regalos alimenticios sin respetar mi orgullo de cubano que siempre cancela aunque su pareja sea solvente. Me "prestó" el pago del mes para el arriendo y me dijo "sigamos buscando". En Entel no "había nada" para mí.
Sin embargo no pude pagar Agosto y no quería pedir ni un solo centavo más. En la Casa había un pequeño cuarto cerca del comedor que a veces se había usado como pieza de desahogo e incluso como habitación stándar. Conversé con la Señora y le expliqué mi situación. Quedamos en que me cambiaría para allí de la manera en que pudiera, en que no pagaría Agosto y en que el valor de esa pieza, "para mí", sería de 25 000 pesos. Ella solo estaba correspondiendo a un inquilino porfecto que jamás dejó de saldar sus cuentas y con el que se llevaba excelentemente. De modo que comencé a trasladar mis pertenencias y a tratar de acomodarlas en un espacio que era un quinto del mío, habilitado a estas alturas con suficiente mobilario como para no dejarme transitar de frente. Dos horas después, la Señora se acercó. "Quédese en su pieza, Luchito, cómo se va a ir de ahí con todo lo que tiene y lo bonita que está". No me dejó hablar. "Viva este mes gratis y después veremos". No tenía lágrimas pero algo se saltó de mis ojos. Así había sido siempre. Pero conseguir trabajo profesional era otra cosa. Porque la decencia y el buen diseño no requieren de currículums.
Antes de intentar regresar a las Vaineras - no me quedaban dudas de que en las Fábricas de Cuchuflís siempre habría un trabajo esperando por mí - visité a mi ex Empleadora del Subcontrato. Estudiaría la situación con calma y decidiría qué hacer. Solo que la Señora me dijo que "el mes" que le había solicitado había expirado y ya era, técnicamente, baja de Multitiendas Corona. Al parecer habría que esperar algún aviso de la Tienda buscando personal. Quedamos en seguir en contacto y regresé a la Casa.
Recuerdo mi dilema shakespeareano ante el teléfono. Tantas veces quise timbrar a mi amigo el Yerno, que ahora rellenaba y vendía cuchuflís con cierta solvencia e incluso había agregado el rubro "alfajores" a su stok. Tenía un socio con una Van muy vieja que llevaba los renglones a las playas y los repartía por toda la ciudad. Recordaba cuando le visité y ambos me dijeron que podían ayudarme a comenzar vendiendo cajas de cuchuflís por Santiago y hasta aseguraron me darían algunos clientes. Pero mi temor escénico y la nula capacidad de vendedor me habían hecho rechazar el ofrecimiento a menos que me enviaran con el producto y me pagaran un salario por ello. No podemos hacer eso ahora, Luis, me dijo Yerno.
El caso es que no deseaba volver a la Tienda. Me preguntaba en qué Sección me colocarían ahora y temía que el pie volviera a fallarme cuando lo sometiera a muchas horas de rueda. Sin embargo una mañana me levanté dispuesto a contactar al Gerente de Corona. Llamé. Me salió una de las Secretarias y cuando pregunté su nombre y me identifiqué me recordó enseguida. "Una persona como usted siempre tendrá las puertas de Corona abiertas". Era como una maldición. Como estar condenado al patíbulo de los regresos triunfales a los lugares en donde el profesionalismo no impera. Por qué, me preguntaba, no me llamaban del Diario Electrónico si mis cronintarios habían sido tan bien recibidos y ya disponía de una computadora desde donde enviar los trabajos. Porque la pega de Periodista es profesional, Luis Eme, respondía mi eco.
Sin embargo esa tarde ponché el número de mi amigo Yerno. Le conté que estaba al borde del caos total. Le pregunté si conocía a alguien que tuviera una Fábrica de Vainas o algún contacto en las Fábricas conocidas de Santiago y si me podía recomendar. Recuerdo que le escuché una risita como la del detéctive que sabe el asesino siempre regresará al lugar del crimen y me dijo "llamaré a alguien y te aviso". Dos horas después me llamó. "Comienzas mañana". Me dio un nombre y una dirección en la Comuna de San Joaquín, Sur de Santiago, y me explicó cómo llegar en bus y en Metro. Solo respondí "gracias, mago".
Descontando movidas fortuitas o esperas pautadas fueron los únicos cinco meses en que no trabajé en Chile durante mis casi diez años de permanencia en el país. Pero mi Título y mi Expediente "cargado" casi se mueren de infertilidad entre tanta telaraña en las gavetas de mis muebles.
Abriendo Septiembre del año 2006 había bajado como siete kilogramos y tuve que comenzar a usar cinturón por primera vez en mi vida. Mi billetera no contenía mas que lo justo para pagar la locomoción colectiva y comer frugalmente hasta tanto no recibiera mi nuevo salario. Pero no todas las personas que me conocían en Santiago de Chile ni mi familia en Estados Unidos ni mi hermana supieron de este calvario hasta mucho tiempo después. Fruto del período son miles de notas literarias, un Diario "comentado", poemas extraños y cuentos periodísticos marcados por una desbordada fantasía capaz de tocar todos los delirios permitidos.
Por la noche llamé a la persona que me dijo el gran Yerno."Señor, esté aquí a las ocho en punto".
Y te pareces a la palabra melancolía.(1). Gloria Rencoret.
Marzo 3 del 2011.
Miami, USA.
Luis Eme Glez.
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