Sunday, January 16, 2011

Mujer translúcida.-

                   ...noche de ronda.

La mujer estaba apoyada en el marco inferior de la ventana, de espaldas a la habitación y miraba a las palomas en la Plaza de Armas.Abandonada al sopor del verano, inmensamente satisfecha y siempre seductora, parecía el último daguerrotipo de Lummiere. La mujer estaba desnuda. No fumaba porque quería ser original y apenas hablaba porque sentía una atracción fatal por el sonido del silencio.
El hombre solo miraba sus muslos separados,los huesos perfectos de sus homóplatos y las lianas del cabello amarillo desbocadas hasta la curva excelsa de sus ancas.
El hombre era un maestro del control de erecciones y lo dejó flácido y cabisbajo, saltarín y brillante, tras la faena concluida.
Se puso de pie y se acercó. Tomó sus pechos como si balancera dos pequeños planetas y apoyó su mentón en el hombro derecho de la mujer que miraba palomas en la Plaza de Armas.
Sin frotarla.
Nunca me sentí tan llena, tan ahogada en tus aguas invictas. Tan desesperadamente abierta y empujada de entrañas. Fue como asistir en carne propia a los envaretamientos de las brujas medievales, como vivir la simpar fantasía de sexear con el toro dionisíaco en las bucólicas de Virgilio remakeadas por Bocassio siendo vaquilla virgen. Quiero filmarlo la próxima vez. Me pregunto qué espacio de perineo quedará cuando plantas tu árbol en mi surco y tu cofia portentosa se roza en mis entrañas. Deseo pongas un chip inteligente en tu corola para mirar como queda el cuello de mi bolsa tras las embestidas de tu furia. Cuánto se dilatará, amor, cuando pasas como coyote de pradera, indetenible y triunfal. Cada acto es la sublime sensación de que paro para dentro y veo al bebé naciendo por la boca y veo a mi otro cuello dilatado también y a mis vísceras todas inundadas de tu esperma sagrada. Siempre que acabamos puedo morir porque ni la muerte ha de quitarme lo sentido y lo gozado. Una mujer tiene que soñar despierta esta sinrazón de lujuria agradecida para que pueda sonreír luego cuando escuche musitar de pasiones exactas.
El hombre se adhirió a sus nalgas como pulpo de arrecife y mordió el coral de sus lóbulos.
El atributo tomó poseción de la cálida bahía de su retaguardia y alfajoreó la pieza. Casi en sus rodillas, la bandera parecía el péndulo del Big Ben en el Londres embarrizado y barroco.
Como subes mi ego, querida.
Sabes qué, amor. Tantos héroes dotados navegando la Literatura Universal. Tanto héroe ficticio y tanto héroe real. Pareciera que solo hombres con penes gigantes pueden comandar destinos. Cuando Destino es Mujer, entonces el Morbo es el héroe, digamos el Negro Faruc, de Jorge Amado. Santander, Ibáñez, Sucre, el rey Faisal, Iddi Amin, son Comandadores de Destinos. Pero si Destino es el Arte entonces es la curiosidad quien pasa por la desnudez pública e impone las pautas. Para una de las pololas de Lian Nessen, el actor es, simplemente, un arma de destrucción masiva y no me extraña que haya protagonizado La "lista" Schindler. Long Dan Silver no pudo ser otra cosa que actor porno. Y Frank Sinatra, al decir de Ava Gardner, tenía mas de setenta por ciento de su peso en el miembro.No me explico por qué Mario Puzzo no dijo de Jhonny Fontane qué era "el falo".Antes de conocerte, amor, siempre que oía Extraños en la noche se me encogían las entrepiernas.Después del aguinaldo de tu ser, no envidio a Ava.
Hermosa mía.
La mujer se volteó. Le puso las palmas tibias de sus manos en las tetillas y mordió el mentón deslizando los dientes como si acariciara a un quiwe.
Hombre mío.
Se arrodilló con calma budista, deslizando sus palmas abiertas por sus laterales fibrosos, degustando la curva hercúlea de las caderas perfiladas en los Gimnasios de Barrio Alto, doblando como Porche en Costanera, navegando sus muslos como imagen de Sala de Bilogía Humana, arropando con suavidad casi maternal las bolsas impolutas de sus testículos inagotables. Mordió su pubis café y lengueteó sus ingles misteriosas. Le observó desde abajo porque los consejeros sexuales solo habían hablado de ello mucho después de que la alucinación del Norte  de los hombres había sido descubierta en las cabezas desmadejadas de las mujeres.
No controles tu erección ahora, amor.
Cuando ciñó la base con la zurda él se encogió liberando la libido y el animal en reposo turgió como esas serpientes de ilusionista oriental que se estiran dentro de las cajas mágicas y los niños dan un paso atrás para mirarlas en la encantadora ilusión de las selvas tupidas. Ella agregó la otra mano como para pulsar un palo de hokey, se sentó con los pies entre los suyos y abrió la boca hasta donde se lo permitieron sus mandí1bulas. Para el instante en que sintió sus amígdalas tocadas quedaba suficiente espacio como para dotar a un Comandador de Destinos.
Solo quisiera que pudieras trasvasar mi tráquea para besarte el pubis con ella dentro, pero no debo ser tan exigente. Te amo porque no me exiges me la tome y no me dices "sabes que alimenta". Lo hago porque forma parte del embrujo y porque el verdadero amor es el summun de la inconciencia, la fusión divina en el punto cero. Tomo de tí todo y me lo bebo bien porque el sol no da de beber.
Querida.
La mujer terminó de tragar sobre la alfombra persa con motivos desérticos. Sentada en posición fetal, depositó el mentón en sus rodillas y lo miró de manera humana. De nuevo flácido, él no se había despegado de la ventana y miraba el despliegue de las palomas ante la irrupción de los pintores callejeros y los magos de ocasión. Parecía una momia viva recortada contra el cubo clásico del edificio de Correos.
He leído que el gringo Holmes fue el hombre mejor dotado de la Historia. Que vivió de sus atributos cuando lo descubrieron los magnates del negocio porno. Tantas mujeres dijeron que solo durmiendo con un varón de su talla una hembra podría graduarse de mujer. Los yanquis viven para    tener el primer lugar en todo. Pero si hubieran dado una vuelta por Africa o el Caribe el récord hubiese quedado hecho tiras en los anales de la Historia y el pobre hombre no hubiera consumido drogas ni se hubiera visto envuelto en tanto affaire desagradable ni hubiera muerto tan joven. No hay récords totales. Cada récord es una poesía parcial, trunca. Holmes no te serviría ni para poner condones.
Lo dices porque me deseas.
No, es que no es posible superarte.Las demás son solo historias que seguro fueron tergiversadas. Yo estoy viviendo esta epifanía de lo portentoso.
Acaso has viajado por las geografías que mencionaste.
Lo he hecho. Pero si no bastaría con la maravilla de los promedios. A qué voy mi principe.
No insistas.
Insisto. Lee El rastro, "nuestro Rastro" publicado en un país tan conservador. Compacto de anuncios de toda índole, prensa libre. Ellos se anuncian al igual que las mujeres. Todo vale, todo está permitido. Si ahora estás desempleado, por qué no, a ver.
No fastidies.
No fastidio. La libertad pasa por experimentar. Descartemos jovencitas menores de diecisiete para no quebrantar las Leyes. Descartemos cualquier posibilidad que no pase por viejas menores de cincuenta y cinco, separadas, de vuelta de todo, enloquecidas por vivir experiencias nuevas, porque algo o alguien les haga olvidar sus adorables 
menopausias falsas.Es solo una edad que se me ocurre. Podríamos verlo en el camino.
Estás bromeando.
Para nada. Caerían en tus piernas montones de mujeres fascinadas por la tremenda apología contemporánea de lo grande, de lo frondoso, de lo exhuberante. Tienes una pieza de soltero, limpia y bonita, íntima( qué es mucho mas que privada), coiteadora, séxica, orgásmica.
Y cómo me anunciaria.
Déjame eso.
El hombre le guiñó un ojo y ella  se paró. Siempre delante, se fue a la habitación gimnasio. Los aparatos de bajo costo, paredes impecablemente blancas, alfombras rojas y un techo plano con araña plateada. En la esquina sur un diminuto banco de cuatro patas destorneadas y un breve cojín de falsa piel de visón. Ella puso su trasero de ensueno allí y él se acercó. Tomó su pierna derecha, la levantó y la ató por los tobillos a un arnés descolgado del techo. Repitió el acto con la pierna izquierda. Detrás, otra banqueta alargada permitía que la mujer depositara sus manos vueltas como si intentara saltar de espaldas en un mortal olímpico. Allí mismo estaba el tarro rojo y ella lo cogio. Allí mismo estaba la hoja de navaja y ella sacó la tapa y la colocó contra la pared, empujándola con una de sus manos. Introdujo dos dedos. El se acercó y le masajeó una oreja. Enseguida estuvo listo.Maravillada de su poder de control, la mujer, Oceanógrafa profesional, pensó a su gran Pieza el palo mayor de un barco gasífero en Valdivia y la pértiga gigante con que los Onas cazaban pichones de ballena en el Canal que luego sería Paso de los Vientos y el remo proverbial conque los hombres de las islas sin nombre combatían tormentas para hacer el negocio de las pieles con la gente del Continente. Y ella era el Océano y era el Espacio y era la Gente donde penetraría aquel Palo Mayor, aquella Pértiga, aquel Remo sagrado,el Unico Ente Transitorio para otorgar la libertad de las pasiones. Embadurnó su tope con la yema de los dedos y con la uña recorrió el surco divisorio como si marcara la circunferencia de un planeta indescubierto. Desde el vacío de sus espaldas se inclinó y expandió sus glúteos. Cerró los ojos y apretó la boca y se dispuso a escuchar La Consagración de la Primavera  en do mayor.
El hombre ensalivó sus manos y acarició las palmas como si se untara algún elíxir extrasensorial. Ella le alcanzó el tarro y él mezcló el gel en sus palmas abiertas. Trasladó sus dedos allí y era como si perforara un pozo joven para encontrar petróleo en las quebradas de Temuco.Sobre sus coyunturas, la vulva parecía una papaya del Valle de Elqui lista para ser devorada en los mercados de Coquimbo.
Qué tipo de gel es.
Descuida, mi amor, solo quiero que Marlon Brando no se quede con la primicia. Porque estamos viviendo el penúltimo tango en Santiago.
Empujar, abrir, expandir, transitar los pliegues de los sueños. Aplastar el pubis contra la tersura infantil del trasero y sentir el alocado vaivén de los testículos porfiando en el vacío mientas diez dedos conquistan cada átomo de su cuerpo encantado. En su doble sensación de universos disfrutados la mujer imaginó la certidumbre de un acorazado entrando al túnel del Paso de los Libertadores, registrando planicies infinitas hasta Buenos Aires para un deslumbrante orgasmo internacional. Entonces decidió que era casi obligado creer en Dios si la vida podía definirse en un par de palabras ordinarias, dicha suprema. Expirando la póstrer bocanada de un aire inexistente dijo las brujas medievales también eran envaretadas por detrás porque en el martirio y en el amor no existe un delante ni existe un detrás. En el amor la palabra existencia es un espasmo interminable custodiado de mariposas blancas.
Tres meses después el hombre abrió una cuenta corriente a nombre de ella y arrendó una casa en Lo Curro. Compró un Lamborginni usado al nieto de Lusik y los reconstructores de Discovery se lo dejaron como nuevo. Cambió de vitaminas y de concentrados y se suscribió a tres  nuevas revistas de fisiculturismo. Leonardo Farcas le gestionó con el Capitán danés de uno de los barcos chinos que transportaba el hierro de sus minas una bodega para que regresara con un Gimnasio completo de última tecnología.Se convirtió en una persona solvente que aspiraba ingresar en el Jet Set internacional en los próximos tiempos.
Su colección de monedas foráneas repletaban la Sala Plata y se jactaba de ello y de los olores de medio mundo impregnados en sus ingles inagotables. Jamás se anunció porque ella le regaló los primeros clientes y después vivió la buena nueva de la calidad anunciada voz populi. Era su amante predilecta y lamentó mucho haber fallado en un casting que ella le consiguió para postular a la actuación porno en una industria que estaba dando los primeros pasos en el país.Nunca pudo erectarse en presencia de terceros y de solo pensar en las cámaras sufría tal flacidez que le costaba ejercer el mismo día.Cuando estaba en los hielos antárticos tenían sexo virtual o se masturbaban por teléfono. El le decía estoy penetrando ahora mismo una papaya de Copiapó y ella siente como me introduzco una colonia de algas perfumadas de Isla Dawson. El agregaba si vieras como chorrea esta chirimolla en mis bolas y como voy soplando las semillas por mi pecho y como tengo las manos empapadas de carne blanca y en el piso no se sabe qué es semen y qué es pulpa de la fruta y ella ripostaba eldorado amor tengo el rojo cochayuyo acariciando mi cuello y estoy abierta como las puertas del Edén antes del pecado original y entre mis pechos dos consoladores de krill y en mi chico un gran tentáculo de pulpo patagón y en la boca un manojo ácido de plancton puntarénico. Cuándo vienes. Cuando deje finiquitada la organización de la Regata Internacional. Demasiado embarcaciones y gente y no se puede permitir que contaminen nuestra maravilla virgen.Tenemos que ser tan exigentes y profesionales como los colegas del Hemisferio Norte.Disculpa, amor, pero no me gustó que abrieras tu propia cuenta bancaria. Pensé qué era hora de llegar al fifti fifti. Recuerda que soy tu mánager, querido. Hasta cuándo. Hasta siempre. Tú trabaja que yo gestiono y cotizo. Es por eso que no respondes como antes y que el mar se lleva casi todo tu tiempo. No seas cruel. Esto es amor pero ahora también es un negocio. Entiendo. Regresaré en cuanto pueda. Trata como se merece a la escultora. Y no olvides que va por la casa aunque ella no lo sepa y la sorprendamos. Te amo. Un beso.
La escultora llegó como a las diez de la noche de un sábado. El había trabajado por la mañana, leído por la tarde un análisis sobre la incapacidad sexual de Holmes después de su adicción a las drogas y vuelto a ver la película americana American Pie. La artista se identificó. Acababa de llegar de Viena. Su última Exposición la había repletado de florines convertibles y quería dedicarse ahora a lo que de verdad le interesaba: la fotografía digital. Recién convertida a la Fe Balhai, aspiraba a concluir el catastro de todos los Templos del país, exponer en Bellas Artes y ver de qué manera lograba una muestra suficientemente interesante para llevar a Haiffa el año entrante.En asuntos de alcoba su  agenda estaba marcada arma letal amigo de mi amiga. El hombre acostumbraba mantenerse solo con el jeans y descalzo mientras ellas se desnudaban con calma e iban cumpliendo sus exigencias. Le encantaba que las mujeres disfrutaran su cuerpo esculpido antes de tener la soñada visión del hombre ideal. Ella lo sabía. Comenzó a desvestirse. Arropada, el hombre la pensó una mujer delgada. Como esas de que hablaba su amiga íntima devenida mánager, anoréxicas, bulímicas, tablas de surf, museodeséricas, sublimes flacas de siglo XXI. Pero en la medida en que se desropaba, sus huesos emergían como senderos altiplánicos en el valle de sol falseados por su propia cámara. No había carne y la piel se mantenía a duras penas sin quebrarse, apergaminada e incolora. Desnuda, con su metro cincuenta y cinco y los hombros caídos y la boca angosta y los pechos como caracolas fósiles y el pelo ralo y los ojos saltones la escultora parecía una momia viva esperando la muerte a las puertas de la octava pirámide. O una mujer licántropa recién amanecida en el inframundo capitalino.
Soy un hombre selectivo y exigente.
Lo sé.
No cohabito con todo tipo de mujer.
Lo sé.
Entonces por qué has venido.
Porque soy una  mujer libre y voy a pagar.
Eres amiga de ella.
Lo soy.
Pero puedo negarte mis dotes.
No lo creo.
Por qué.
Porque eres tolerante y amoroso.
No seas fome ni filosofees que eso me carga.
Cuál es tu precio.
Mucho si es que decido hacerte el favor.
Dí una cifra.
Quizás el décuple de lo que pagaría una mujer normal.
No trates de ofenderme porque nada puede lastimarme.
Estás segura de que tienes vagina.
...
De que tienes vulva.
...
Qué distancia hay hasta tu cuello.
No sé. Acaso eres periodista y trabajas para una publicación morbosa?.
No se trata de que seas una mujer flaca, es que tienes una sola orilla. Si te miro de frente parece que estás de lado y si te miro de lado no te veo.Ocurre que si te tragas una aceituna comenzarán a hablar mal de ti.
En materia de humor estás muy mal dotado pero no me importa ese aspecto. Imagino tengas razón en tus apreciaciones.
Cuántos centímetros quieres.
No seas vanidoso.
Desnúdate como desees. Quiero salir rápido de esto.
El sabía que tenía que complacerla sin cobrarle, por tanto no perdió tiempo y comenzó a desvestirse.Hoy no era su día. Se sentía frustrado. Sus amigos no le habían ocupado para el secuestro de la patinadora millonaria y le acababan de telefonear  desde la costa que todo había rsultado excelente.  Tendría que hacer una donación suculenta.Trabajas mucho,dijeron.
Te la levanto o es tu problema.
Generalmente con otras él estaría listo. A menos que quisiera jugar el seductor torneo precoital de los placeres.
Soy una mujer sincera, jamás vi nada de esa magnitud en estado de flacidez.Dios mío, eres humano.
No fastidies y no me toques, voltéate.
Ella pagaría pero él siempre era  amo de la situación y podía arrepentirse. Ella se volteó.Ordeñando hacia el sur de sus caderas y soltando rítmicamente, estuvo listo.
Mira.
Mi Dios.
Te pregunté por lo que deseas.
Eres un fauno, déjame hacer una foto.
Si coges tu asquerosa cámara te la romperé en los huesos y te irás como llegaste.
Qué orgulloso y jactancioso eres, amigo.
Nací con una gracia y la exploto para vivir de ella.
Asi dicen todos. Dónde me coloco.
Donde quieras.
No sé como no me  salgo de esta aventura, madre mía.
Hazlo y aplaudiría.
Sabes que no me moveré de aquí sin probarlo.
No sé que probarás con ese choro de cabra chica.
Te repito: soy una mujer libre y pago por mis derechos.
Ponte en la cama.
Posición.
Bocabajo. Prefiero ver tus huesos que tu cara.
Déjame besártela.
Olvídalo.
Déjame jugar con ella.
Parece que eres sorda.
Te pagaré extra.
Tírate en la cama, por favor.
Imagino jamás te hayan humillado.
Por lo menos no una mujer esqueleto,no una mujer escobillón, no una mujer cadáver, no una antimujer.
Continúa, ya dije que nada me ofende, estoy vacunada contra todo improperio, me lo enseñó George Buch, amigo mío.
No soy tu amigo.
Eres mi amante.
No quiero ser acusado de asesinato en primer grado. Cuántos te introduzco.
Uno.
Cómo uno.
Pago, por tanto exijo.
Crees que podría moverme. No sería ni una brocha. No webees, cuántos.
Uno te dije.
Estás rematadamente ida de la cabeza.
Uno. No dices que soy una niña.
No hay que exagerar.Entonces ponte contra la ventana.
Una hora.
No se qué podría hacer en sesenta minutos sin penetración real.
Yo pago mis gustos y mis íntimos placeres. Qué sabe nadie. Sí, señor superdotado, yo quiero un solo centímetro de tu palo de rosa.
Muy bien, salgamos de esta pesadilla.
Un centímetro.Pero del tronco.
Cuando ella le llamó desde una de las bases de la Regata Internacional por la madrugada, la escultora parecía una promoción de bikinis Scarlett tirada en la cama al descuido. Revisaba fotos digitales. El se acercó con el celular y se recostó a su lado. Ella abracó su animal con fuerza y acercó la pantalla digital buscando el alma gemela. Mi Dios. Entonces él ponchó la tecla. Aló. La pregunta de ritual llegó tras una risa cómplice. Cómo te fue. El miró cómo la vienesa ordeñaba su ubre dura como los petroglifos insulares, recogió sus cabellos pobres y la haló. Su cabeza impertinente estuvo a la distancia de un beso real. Se acercó y chupó con ansias de vampiro enrejado. La chica de las esculturas y de las fotos digitales  saltó como una liebre y le tumbó sobre la sábana. Se ahorquilló en sus almenas, se apoderó de la ballesta y la puso en la puerta del castillo.
Estás pensando que no soy Ana Swan ni Zeng Jinlian ni Sandy Allen, que debo ser sietemesina y que pesé al nacer lo que pesa una mariposa adulta.
No pienso en eso pero podría.
Cuántos centímetros.
El respondió con una sonrisa.
Desde la Antártida una voz insistió Aló.
Mientras sentía como sus tropas rompían las murallas e invadían el castillo real casi al amanecer respondió cagaste.
Esa tarde puso un cartel en la puerta de su residencia que decía Vacaciones. Pero en los interiores fornicaban sin parar y el teléfono se cansaba de timbrar desde el lejano Sur sin que nadie contestara. La mujer translúcida era una mujer sui géneris en la cama. Solo en la quinta acometida sus humedades progresivas se volvían manantial torrentoso. Jadeaba como si se le fuera la vida en cada golpe de pelvis, contorcionaba sin parar y entonces su caracola
quedaba reseca y tan ajustada que él no podía extraerla de ninguna manera hasta que tres minutos después llegaba la segunda andanada de sus jugos y podían recomenzar el acto. Podía repetirse sin interrupción horas enteras como si se tratara de algo programado hasta que en algunas de sus instancias áridas él la extraía, flácida como una espiga de camote en invierno y no podía lograr otra erección. Entonces ella le mordía las tetillas y decía suave, amor, sin prisa, estoy tan satisfecha, esperaré, eres mi Rey, mientras él la escuchaba, ausente, sumido en atroces divagaciones que tal vez solo podían ser resueltas desde los hielos australes. Una madrugada ella no mordió sus tetillas y apenas le acarició los cabellos con un pase de dedos que no parecía de amante. Un viernes no apareció y él la llamó, intrigado. Jugaba con las pastillas azules y dudaba entre tenerlas disponibles o tirarlas al lavabo.Padecía una extraña confusión ególatra. No me esperes más, amor. Diagnóstico confirmado. Padezco ninfomanía involuntaria y orgasmulación precoz, eres libre.Esa misma tarde tomó un vuelo con destino a Seúl. Iba a demandar a la Clínica sudcoreana del Punto G.


Septiembre 18 del 2005.
Providencia, Santiago de Chile.
Luis Eme Glez.





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