Cuando llegaron todos la mujer dijo que iba a la cocina y que regresaría al instante. Desde el vitral transparente de la pared divisoria los miró.Había hecho un semicírculo con las butacas porque decidió recordarlos en contra de las manecillas del reloj. Un Carabinero de rango medio.Su abogado. Un miembro interino de la Corte Suprema. Un Detective privado. La amiga del alma. El caribeño.
Les trajo un cerveza Pilsen a cada uno. Para ella un vaso de vino del Rhin con una etiqueta que nadie vio y que decía Siqta. Le preguntó al abogado si tenía consigo todos los documentos. Le dio la mano a cada visitante y un abrazo a la amiga y un beso al caribeño. Se levantó, puso el CD clásico y ponchó El vuelo del moscardón.
Silencio absoluto. Recogió los vasos donde había brindado la cerveza y regresó a la cocina. Corrió las cortinas del baño y miró la cima aplastada del Manquehue. Meditó y cerró la ventana. Se desnudó y entró a la tina. No se mojó las palmas de la mano ni la cabeza.
Entre la pared y el borde exterior de la tina estaban las pistolas. Una Jerikó y una Makarov. Israel y Rusia. Las estirpe gloriosa y los años románticos. Introdujo el cañón de la Makarov en la boca y puso el de la Jericó en la sien derecha. La voz, la mente, el odio. Disparó al unísono.
El Carabinero dijo está muerta. El Detective privado sonrió y prendió un cigarro.La amiga del alma se mordió los labios y vertió una lágrima mientras apretaba un pañuelo en su regazo. El miembro interino de la Corte Suprema se despidió y dijo nada que aportar.El abogado dijo que leería un breve texto de la occisa.La amiga tenía que esparcir sus cenizas sobre el Aconcagua.Todas sus propiedades eran para el amigo de Cartagena de Indias.
El abogado le entregó las llaves de la residencia. A dónde vas, le preguntó. A casa.
Acabas de saber que tu casa es esta. La ocuparé mas adelante. Más adelante cuándo. Cuando pueda asimilarlo. Tendrías algo que agregar. Me lo dijo muchas veces y me lo dijo anoche, pero no le creí. Yo le creí. Cómo entender la etiqueta del vaso, es alguna clave. Sí. Sqta. El abogado le extendió una nota. Solo sé que no sé nada y lo que sé me lo reservo Otra manera de asegurar la muerte. Una mente tan lúcida debió haber sufrido más allá del tope para llegar a este extremo. Y conste que era atea, los ateos no se quitan la vida. Ni siquiera era agnóstica. Todos somos un tanto agnósticos. La Duda, caramba. La Gran Duda.
El caribeño se tendió en la cama cuando acabó el cigarro que sigió al café auténtico de las montañas de Armenia. Se abrió la camisa y cerró los ojos para mirar la bóveda apaisada del techo. Haría tres cosas. Soñar despierto. Rebobinar toda la película vivida con la mujer, en cámara lenta. Las películas que había vivido con ella. Incrustarse toda la memoria emotiva de que fuera capaz. Porque la mujer no había dejado un solo documento escrito ni una sola pizca de voz grabada y le había asegurado que solo él era depositario de todas sus vivencias.
En Bariloche la emigración turística era mas que tal. Se trataba de un éxodo. Los últimos turistas internacionales abandonaban la estación de esquí porque el deshielo traía la primavera y había que prepararse para asaltar los patinaderos del hemisferio norte. O regresar a casa tras las vacaciones blancas, los vinos de Mendoza, la cerveza Quilmes y el fuego junto al hogar escuchando a Gardel entre mate y mate. Alcanzó el último tren a Comodoro Rivadavia y cuando penetraron a la pampa se durmió. Aunque huía de su Patria no se sentía perseguida ahora. La Gran Cordillera era la póstrer paradoja. Detrás estaba la libertad aparente, el puente hacia el exilio. Dos veces había salido de Santiago en medio de los abrazos familiares y las despedidas promisorias de las casas diplomáticas y otras tantas había regresado entre la bienvenida y los proyectos. Unas semanas antes navegaba en un mar de sueños infinitos y caminaba sobre agendas compactas que incluían su vida y rebozaban de notas por la Patria nueva.
El tren se detuvo en la estación poco después del medio día. Almorzó un bistec con papas fritas y se tomó media cerveza Cristal. Con el magro equipaje se dirigió a la Legación Militar Cubana. Una mujer de Inteligencia se la llevó a su hotel. Se trataba de la última empleada cubana de la Embajada en Santiago que aún quedaba en el Cono Sur. La mujer la trasladó solo después de confirmar identidades en La Habana. Tras el once de Septiembre la paz de las nuevas alamedas se había convertido en tinieblas de sepulcros y la seguridad y la confianzas quedado en un ayer tan fiero que podían reinar en el olvido. El hombre era el lobo del hombre y no era una frase manida. La mujer era la hiena de la mujer y tampoco lo era. Un plumazo macabro se encargó de plantar a la Historia en un fosa común y de erigir una estatua a la maldad. Quienes frenaron el curso de la vida habían violado una simple regla. Si se optó alguna vez por el fracaso en la creencia libre de que no sería así al menos se debía esperar por las reglas del juego y sus desenlaces en aras de estamentos mas renovadores. Para eso eran las urnas. En ningún caso la fascistocracia era la opción aunque la Geopolítica criolla jugara a los Ejes Ejemplarizantes bajo la batuta de un Director Técnico vestido de pragmatismos atávicos.Deslizados sus adláteres sobre las calles ensangrentadas y vacías de una ciudad insomne, obnubilada y hosca en la horrenda mañana que le tocó vivir.
La mujer viajó hasta Mar del Plata en un barco científico y lloró por última vez ante el dulce espectáculo de las ballenas preparando sus nupcias de verano al borde del Atlántico. Parecían delfines gigantes y el Capitán le dijo están enamoradas y ella agregó no, mas qué eso, son libres porque la dictadura en el mar es darwiniana y no reina el más fuerte sino el que sobrevive. El Capitán expresó que la parecía no era ese el sentido exacto de la Teoría del inglés y ella ripostó que acababa de perder su libertad individual pero no su capacidad controversial. El Capitán se volvió desde los cinco metros y ella le aclaró no crea que estoy loca, solo espero sus pitidos. Pitaremos al entrar en la rada del puerto. Me refería a las ballenas.
La Embajada cubana fue un trámite corto en Buenos Aires y pasó a Montevideo en ferry y voló a Brasilia. Subió por el Amazonas hasta Perú y en la sede diplomática cubana en Lima dijo algo que le ganó una interrogación de incredulidad. Gracias, pero no deseo ir a La Habana ni a Moscú. Agradezco cada puerta abierta de cada país socialista pero la respuesta es no. Cuál es tu elección, le preguntaron. Dinamarca.Tendrás un epitafio. Se han preguntado por qué la Unión Soviética intervino en Hungría y frenó la Primavera de Praga y continúa apuntalándose en La Habana. Quieres decir que no hizo...que no hicimos nada por evitar el septembrazo en Chile. Es otra pregunta que me haré en alguno de los malecones de Copenhawe. Estás pecando de pesimista, camarada. No lo creo, ciudadanos.
Dos días después partió a Escandinavia vía Madrid y en diciembre de ese año estaba trabajando con la sección danesa del Alto Comisionado de la ONU para los refugiados.
El cartagenero se levantó y quiso ser fiel. Anhelaba otro café fuerte como tinta y otro pitillo recio como fogata aborigen.Pero ella no fumaba y el oro gris era solo una postal hermosa en el barrio colombiano de Santiago. Se tomó un mote con huesillo y estrenó un chíclet de fresa.Cuando ella no hablaba o no reía mascaba goma americana. Mascaba chíclets gringos porque el invento " no era imperialista sino otra mas de las ingeniosidades insondables del hombre". El era liberal sin tocar extremos pero le fascinaba aquella convicción tan radical de alguien que estaba mas cerca de Mariategui que de Salvador.Tras las rejas dos palomas bailaban la cueca nupcial en sepia. En Bellas Artes había un cuadro de Botero con palomas y él lo miraba cuando ella tropezó con algo y le chocó. Tres días después ella diría que nunca había chocado con un colombiano y él, riendo, que aún le dolía el costado izquierdo y ella, muy seria, que él podía ser muy Curador de Arte pero en materia de choques tenía nivel neandertálico, sobre todo choques clásicos. El aceptó ser un chofer pésimo pero aseguró que podía llegar a ser brillante después de aprender a sortear algunas curvas. Ella dijo que tal vez no fuera tan mal conductor de las cavernas pero que necesitaba cruzarse varias veces en el camino de un hombre al volante antes de compartir accidentes.Cada quien ha de conseguir un auto, le dijo el día cuatro por la madrugada, alegre y desenfadado, tras el primer beso profundo contra un tronco centenario de Parque Forestal.Chocaremos de frente. No seas anticuado, chocaremos de la manera en que nos sorprenda la noche. Creo que no disponemos de tanto tiempo para convalecer. Oh, la convalescencia después del accidente, volver a chocar. Sus ojos se llenaron de lágrimas y como las palomas alzaron el vuelo, fecundadas, regresó a la cama de su casa y cerró los párpados. Mientras, volvió a verla en la Sala Colombia del Palacio de Bellas Artes y entonces sus lágrimas rompieron fuentes e inundaron sus mejillas.
Vivía en un laberinto y cuando creyó encontrar la salida optó por el exilio temporal. Zarandeado entre el último semestre de Historia del Arte, la voluble política de los gobernantes en Bogotá y de los Capitanes del interior del país, la dudosa actitud de los Paramilitares y la mascarada eterna de una Guerrila insolvente y sin Programa, consideró que los caminos estaban tapiados y aún tenía que dominar Mata y la pintura Ona y dirigir Exposiciones en Galerías Libres, escribir sobre Plástica y pintar algún día si fuera posible y las musas esquivas le visitaran en algún paraje de este mundo desagradecido.Si bien se decía que el faro de América estaba en Cuba desde 1959, Chile constituía el gran Lucero del Sur, la estrella del vértice del triángulo americano y era mas aleccionador bajar a la semilla que subir a la espiga porque el hombre tiene que estar siempre en el último escalón de la Nueva Escala.Había llegado con visa de estudiante pero se consideraba un perseguido colombiánico. Tomaba notas para un ensayo mínimo sobre el impacto de Botero y sus Gordos adorables en los cenáculos artísticos de Santiago de Chile y esperaba conseguir la mitad de los cuadros para exponerlos en las sedes diplomáticas de algunos países europeos.
Y Mata, dijo ella. Mata es mi segunda etapa. Gordos cilíndricos y abstracciones cúbicas. Rembrandt y Dalí.Cualquier español, cualquier holandés. Cuando el comenzó el ataque tierno y ella vio su boca en las paredes y sus caderas en los amplios pisos y su pelo en los techos altísimos y sus pechos en su boca golosa y quemada como los granos de su café imperial, lo detuvo. Dijo que sabía Cuba estaba también en el Caribe del mundo y que no era la primera ni la cienava vez que un hombre de esas latitudes había concluido una conversación trascendente con una sarta de requerimientos amorosos. Estoy siendo artistícamente respetuoso. Estás siendo sobrelatino y obvio y no eres escultor, por demás.Me decías de ese gordo "cambodiano".El miraba los amplios cuadrados del piso de la Sala Caribe y ella simuló ofenderse. O estás adivinando sobre tu compatriota para impresionarme. El cartagenero levantó la mirada y celebró la bóveda bizantina del techo. No, te decía de esa mandolina chilena que sabe tanto de hombres califas. Pero tranquila, no hemos chocado ni coincidido, no hemos nada, fue un placer. Ella lo observó marcharse y cuando él se volvió esperaba para decirle todo choque en mi vida ha sido siempre una señal. Toda señal en mi muerte ha sido siempre un choque. Ella le tendió una tarjeta. No es para que me llames, es para que vayas. El regresó y fue a abrazarla. Cuidado, nuchacho, solo una serie continuada de choques llevan a un accidente no forzado. No iba a abrazarte. Y. Pensaba medir la amplitud de tu soberbia. También calculaba medir la magnitud de la tuya pero mas adelante.No deseo me tildes de impaciente. Ni a mi de demorada. Los tildes van sobre las íes. Vez, otra vez anticuado, los tildes han de ir donde sorprenda el punto. Qué demonios eres mujer. Documentalista a punto de graduarse.Terminaron en otra Sala y en la despedida ella le permitió rodear sus hombros y cuando el quiso acercarse para besarla se separó. Acaso no te dije que fueras y no que me llamaras. El se arrodilló, le hizo un pase de verónica y simuló entregarle un ramo de rosas. Está bien, majadero, párate. Como un resorte de última generación al instante estuvo a dos milímetros de su boca. Toma mi nariz y si te equivocas de sitio devuélveme la tarjeta.
Con los ojos anegados él sacó la tarjeta y se vio entrando a su casa de Barrio Alto, precedido por la señora elegantemente proletaria que dijo ah usted es el amigo colombiano pase nomás. Ella estaba en el columpio del patio, sentada con las piernas cruzadas, chalas hawaianas, un jean pesquero deshilachado y un trozo de polera descotada y la fronda de cabellos regados en desorden por cada espacio de su tronco. La mecedera del frente es tuya. Pensé que me prestarías tu nariz. De eso nada, la segunda vez los caribeños pierden la puntería, deseas mi mano. Para ser tan proletaria te comportas con fundamentalismos. No lo veo así. Vistes como las americanas y ofreces tu mano como una dama burguesa. Neandertálico Dios mío. Mujer de las cavernas con luz eléctrica Dios tuyo. Me da risa pero no reiré. Primero, no digas nunca americanas, dí siempre gringas, segundo, este short no es Levy Strauss y me parece que la polera es colombiana, observa.Mostraba una canoa río abajo capitaneada por dos negros enormes y cargada de montones de racimos de plátanos y decía Magdalena.Se paró apoyándose en sus rodillas y sin esperar que la mecedera se detuviera se bajó. El patio era un césped rectangular con árboles frutales y la gran parra de ocasión, una pequeña trastienda, la caseta para el perro y una piscina discreta con una sombrilla verde y dos asientos de madera en forma de semicírculo.El leyó el letrero sobre el bolsillo de su short:Taíno. A la vuelta se sentó a su lado y admitió que lo había extrañado.Eres hermosa, dijo.Pero no movió sus manos.La madre trajo jugo de durazno en vasos floreados y prometió los sandwisches para dentro de poco.El comerá empanadas, mi esposo demorará pero estará para el almuerzo.
Tras dar las gracias él dijo que si no le permitía besar algo de su cuerpo le parecería que no había llegado.La mujer, sonriendo, le tendió la mejilla.
El padre tenía una vieja cámara y se jactaba de haber fotografiado todos los puentes de Chile. Durante las vacaciones ella había aprendido a hacer fotos en el Maule. Pero como era pequeña él solo la dejaba fotografiar los puentes de madera de los afluentes y las pértigas que ponían los lugareños para pasar sobre las corrientes angostas. A veces las postales traían vacas del otro lado de los puentes o algún árbol orillero con las ramas quebradas pero él siempre las celebraba premiándola con un beso en la punta de la oreja. La tarde que logró captar una pareja de perros copulando en la rampla de un puente de fierro le regaló la Nikon y se compró una Minolta de medio uso. Ella dijo que pensaba se trataba de dos mariposas cantando pero que sabía qué hacían los galgos sobre el puente. Esta confesión le valió otro regalo mejor cotizado. Una vieja cámara filmadora de la época de Chaplin, jamás usada porque él conocía de sus escasas posibilidades en el mundo de la imagen profesional en movimiento.Le pidió a Littin que la enseñara y el cineasta encontró tiempo en su agenda cargada para tutorear a la hija consentida del amigo.Creció haciendo fotos de ferrocarriles, quebradas y sinagogas. Su idea era montar una gran exposición con sinagogas y llevarla por todo el país y terminar con un Salón Universal en Haiffa. El padre, mitad judío, le insuflaba respeto por sus ancestros y le ayudaba en la extraña comprensión del mundo judeocristiano pero siempre le recordaba que ella era chilena y occidental. Cuando ella comenzó a sentir admiración y respeto por la lucha palestina él la entendió y le dijo que lo importante en esa Intifada no era la guerra contra quienes, supuestamente, habían destrozado a Jesús, sino la capacidad de Yasser Arafat para tratar de conseguir un Estado Independiente y lograr un paz duradera y la posibilidad de vivir en armonía. La llegada de la Unidad Popular a La Moneda consolidó su teoría de la sociedad, llevó al padre a una Cátedra Universitaria donde impartió Geografía Política y a la madre a la Dirección Sindical y a ambos a la actividad socialista comprometida y consciente. Tenía algunos rollos de cinta filmados en playas con lobos de mar y albatros dormidos cuando irrumpió de sopetón, como una ráfaga, el cine documental del cubano Santiago Alvarez y sus antológicos Noticieros Latinoamericanos. Matriculó en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Chile y abandonó de momento la fotografía para dedicarse a tiempo completo al cine documental.No estaba apurada. Eran tiempos de libertad, tolerancia intolerante y relax artístico. Santiago era confluencia de las culturas latinoamericanas y ella decidió estudiar y observar. Se decía que ese año había casi treinta mil cubanos en Santiago de Chile. El influjo de la isla, todavía con el aroma romántico de los hombres y mujeres de la Sierra, esparcido por América y el mundo, intoxicó también a Chile a la hora del Doctor Salvador Allende. Todos decían que la bien cotizada Inteligencia cubana asesoraba al mundo de las altas esferas y las relaciones internacionales esgrimidas en La Moneda pero la gente intelectual bien nacida y los sectores medios y el pueblo llano bailaban con el fenómeno isleño de la Nueva Trova y los nombres de Silvio, de Pablo, de Nicola, de Sara, de Leo el popular mas qué el clásico incipiente, aplastaban cada una de las viejas nomenclaturas de la Nueva Ola y de la Década Prodigiosa. Buddy Richard y el gran Lucho y hasta Los Angeles Negros y Los Cuatro Soles hacían el paso al lado para que transitaran las nuevas alamedas de que hablaría Milanés después y le cantaran a los nuevos tiempos con amores desconocidos. La gente supo que existían voces llamadas Inti Illimani, Illapu, Parras.Le gente se sembró en el alma hasta el punto de intoxicación a un chico encantador que dirigía como un Dios y cantaba como un ángel. Víctor Jara era el vicepresidente de Chile y aún podía darse el linajugo gusto de ser el dueño del Stadium Nacional. La Vieja Ola del Arte dio paso a las
Nuevas Olas Artísticas y a la Ola Arrolladora de la Nueva Era.En las paredes de su casa la magistral foto del cubano Korda retratando al Che Guevara en una pose irrepetible tenía que competir ahora con Víctor, Silvio, Gladys y Santiago. Alvarez le enseñó la esencia misma de la imagen instantánea, la pulsación latente del instante y los matices hermosos de la espontaneidad. La secuela del documentalista tenía influencias del neorrealismo italiano, el cartel soviético y toda la magia absorvente de Joris Ivens y los inolvidables documentales de la Guerra Civil española de la mano maestra de Ernst Heminway. Ella le había agregado la genialidad comptariota de Miguel Litin y una noche decidió que su sitio de consagración estaba en una ciudad caliente llamada La Habana. La madre les llevó el sanwisch de jamón con queso y tomate picado muy fino y dijo disfrute mi Sindicato y agregó no te extiendas mucho en tu relato cubano porque no podrías mostrarle al perro ni dejar que te abrace. Mi madre es tan directa como las no curvas de Los Andes. La mitad indirecta de las sí curvas del Jordán te marcan la diferencia. Solo iré a la caverna después de haber conocido todo el valle. Tengo toda la calma del mundo para esperar como un joven Robinson en la gruta. Espero tengas tu esclavo, tu cabra, tu perro y diez dedos dispuestos. Tu mamá te ordenó un abrazo. Te equivocas, se refería a un abrazo proletario. Como el que te trajo al mundo. Vine al mundo después de un abrazo de rutina. Quizás porque los abrazos proletarios demoran en llegar lo que los pueblos necesitan para madurar. Parece que lo dijo Germán Arciniegas o Gabo Márquez. Tengo muchos años menos de soledad.Durante el almuerzo el padre le ofreció un Curso Mínimo de Economía Política que él aceptó y le hizo un café de verdad en una cafetera huasa. Le pronosticó que el futuro de Colombia estaba en sus posibles Miss Universo, los inmensos yacimientos de diamantes, los cientos de miles de hectáreas sembradas de flores únicas y el petróleo en tanto la gente siguiera decidiéndose por secedáneos de Nestlé y bebidas light. La Guerrilla seguiría siendo un cuento árabe contado por una lengua sanguínea y los Gobernantes se sucederían hasta el fin de los tiempos compartiendo el poder con la selva y las plantas alucinógenas mientras los consulados entregarían visas sin límites a los personeros norteamericanos sin importar las reacciones de vecinos liberales. Sobre todo este fondo bucólico y fantasmagórico, una música enlatada con raíces vallenatas enloquecería al mundo. Sin ambargo, las grandes alamedas siempre estarían listas para ser recorridas por todos los estamentos, incluso por la burguesía si al menos hacían un poco más planas sus vergonzosas plusvalías. El conocía el Havana Club pero lo degustó con deleite bacanal y aún llevaba el vaso con motivos antárticos en la mano cuando ella lo llevó a conocer el perro.
Esperaba un gran danés o un alemán puro. Tras la puerta metálica había un can ovejero de pelambre gris, dormido. Se levantó cuando ella le pellizcó el hocico. No te decepciones prque lo supongas una semimascota, nos gustan los perros pero en las otras casas.El intentó acariciarle una oreja pero gruñó enseñando un colmillo y se lanzó a su cinturón. Cree que traes un rollo de película. La mirada de él la hizo hablar. Si ya le había enseñado al perro la mamá no tendría nada que enjuiciar.
Se trataba del último perro de una camada patagona de dos meses. Vacacionaban en el Sur y el padre fotgrafiaba praderas mientras la madre posaba como imagen de primer plano. Ella filmaba ovejas descarriadas y perros citadinos con la vieja cámara de la época de Chaplin. El anciano ovejero apareció tras la colina ondulada y discreta. Paseaba a una madre con seis cachorros. Le permitió filmarlos como quien no da importancia a un acontecimiento curioso y para dejar divertirse a la gente de la capital que gastaba su plata en eventos de esta naturaleza. Mientras buscaba ángulos exactos y posiciones correctas de sol la perra se abalanzó sobre la cámara seguida de la camada y la destrozaron en un ataque inusual de rabia. Cuando la jauría estimó que era hora de desayaunar con el cuerpo de la chica porque la cámara no cedía ante la fuerza de sus colmillos el hombre ovejero apuntó su Winchester y disparó. Sin temor, ella quería seguir filmando la furia patagónica de su fauna orgullosa pero él no se arriesgó. Siempre atacan cuando se acerca mal tiempo por Poniente y ven metales, le dijo. Ella aceptó el único perro que no fue baleado y oyó que la madre tenía que ser sacrificada en manos de su veterinario y terminaron en la casa del señor de las ovejas con una cena de alcurnia. El cartagenero observaba el cielo. Tal vez vengan nublados del oeste, pero y los metales, dijo.Ella le miró, incrédula. Parece que el Gabo no te lo ha enseñado todo.Le golpeó con el dorso de la mano la parte superior del cierre. No todos los cañones son de fierro. El miró hacia la casa y como no vio a nadie intentó besarla pero ella estaba alejada, riendo.Cuidado, nada ofrezco, la autopista sigue recta y no veo posibilidad de accidente. El tenía una erección y fue a sacarse la polera. No lo hagas porque ya lo vi. Entonces marcó con el índice y el pulgar dos líneas imaginarias en el jeans por los bordes del arma letal y terminó haciendo una ce al fondo. Cuando una historia fabulosa de perros ovejeros es capaz de poner a un hombre así es criminal no acabar hablando de zorras, sentenció. No creo eso lo haya provocado mi cuento de perros.Parecía una invasión contra mujer sentada la increíble actitud de los perros patagones. Sin cañones. Siempre estarás expuesto a los asaltos si llevas cámara. No llevo. El verde fulgor de tus ojos. Vamos...colombiano.
Los padres le ofrecieron las llaves simbólicas de la casa y el Profesor les acompañó hasta la calle. Ustedes vencerán al flagelo de la droga pero será en el otro siglo. Aunque tendrán un líder omnipotente será otro el Poder y caerá en algún instante pese a la aprobación avasalladora del pueblo.Habrán de combatir en dos frentes y América tendrá la impresión de que sus ópticas no miran al Sur. Pero el problema esencial de tu país está en frenar a la Guerrilla y sentarla a conversar. Porque solo se conversa con guerrilas que nunca dejan claro qué es lo que quieren. Usted se sentaría a conversar. Con otro tipo de guerrilla no me "sentaría", charlaría"de pie", me uniría.Estamos de acuerdo, señor. El judileno le tendió la mano y dijo bienvenido a la luz y agregó es una lástima que no puedas acompañarla. Incrédulo él fue a decir algo pero el padre le palmeó la espalda y dijo hasta siempre. Ni Isaías lo hubiera expresado mejor.Ella le dijo puedes bajar tus manos abiertas hasta mis nalgas sin apretar y puedes pagarte a mis pezones y unir tu cara a la mía.
El la obedeció.Un minuto, agregó ella. Un minuto. Besa mis mejillas todo lo que anheles durante ese lapsus, pero sin succionar. El aleteó su piel y cuando faltaban diez segundos olvidó promesas y apretó su trasero y casi sus pezones le taladran el tórax y buscó su boca pero ella estaba ladeada y él tropezó con su cuello. No. Ella trasladó su mano hasta el cierre sagrado y fue como pulsar una barra de plomo cubierta con las sedas que debió vestir María Magdalena el día de la Resurrección. Estamos a punto de chocar. Veo harto lejos la próxima curva. No lo creas. El suspiró. Mañana quiero pasear por el Parque Forestal como si fuéramos un par de colegiales desinhibidos. Desconocía que practicabas sexo explícito. Qué va, no hay manera de que me entiendas. Por qué lo haría, en un final soy alumno de Vargas Vila y asisto a conferencias del Gabo y no de Pablo o de Gabriela.Mi padre se refería a Cuba cuando profetizó. Por qué. No sé, él sabrá, se cree el penúltimo profeta en esta diáspora suramericana y juro que a veces me da la impresión de qué es un mago.Cuántas veces has estado allá. Dos. Crees que puedas pasar por entre las cacerolas de las viejas renegadas. Siempre fui incorpórea. Ollas no rompen democracias. Tienes razón. Ollas contra cañones soviéticos, contra palabras cubanas, contra dignidad patria, me da risa, qué podrían hacer. Espero que nada. Qué bueno que el tiempo se detuvo. A qué te refieres. Al minuto que me diste. Majadero tramposo. Es que tú dominas el reloj y yo solo soy un payaso que espera órdenes matriarcales. Ahora él no se volteó de modo que ella debió gritarle, con voz acompasada, nada mejor para sacar la esperma de los muslos que el jabón Palmolive con harina de zapallo y vinagre de papaya. Sin volver la cara, él se volteó al fin y se apretó los genitales y levantó el dedo del medio. Oh, se acerca una curva deprisa, dijo ella, tirada de la risa. El levantó las dos manos e hizo la ola. Ella estaba de pie donde mismo y se despidieron de manos abiertas, penduladas. La madre se acercó por detrás. Entra, hija, que va a llover y ese camión de los fierros hace mucho ruido.Sabes qué es bueno para limpiar los fluídos desbordados, mermelada de cocayuyo. Mamá.
El caribeño orinó, repitió el café como tinta y se tendió por enésima vez en la cama de su casa. Tantos años de sufrimiento en medio de sus cuarenta y nueve y todavía parecía una muchacha travieza, lista para chocar en un accidente sin fin. Cerró los ojos y aplastó la colilla contra el cenicero adivinando la posición en el piso. Los cubanos no se recuperaban de la derrota azucarera del año setenta. Cuando el Líder dijo en la televisión que un sinnúmero de motivos habían frustrado la consecusión de los diez millones de toneladas de azúcar conque el mundo se había conmovido como si asistieran desde las gradas de algún Stadium a ese maratón azucarero, el país se paró en espera de que le dictaran la próxima meta. Sin embargo nada podía matar la alegría innata del isleño y aunque los barcos seguían llegando a las costas de La Florida y la escacez apretaba los cinturones las playas se burlaban del invierno y en Varadero se vivía la estela magnánima dejada por el Festival Internacional de la Canción. Silvio continuaba la zaga interminable de su genio desbordante, el beisbol apasionaba y la magia de Los Beatles iba quedando guardada en las habitaciones de los mas fieles melómanos. La chilena se bebió todo el jugo de Santiago y cenó en la mesa bien servida del Nuevo Cine Cubano y se maravilló con cada banda sonora del Grupo de Experimentación del ICAIC y pasó su trasero mixto por el Prado y por el Malecón mientas la gente miraba la corriente del golfo y se preguntaba qué sortilegio afrocubano había estancado a la Historia en un mar embravecido de zargazos inoportunos. Presentó un documental sobre Mujeres Combatientes en el Festival de Cine Latinoamericano de La Habana
fuera de concurso y Titón Alea le dijo coño, mujer, tienes ángel y talento por sacos, y Sergio Corrieri la invitó a Trinidad y ella filmó la ciudad colonial mientras él aseguraba que era una maravillosa locasión para un filme antológico histórico porque estaban en tierras de combatientes y bandidos. Filmó un accidente de verdad en el Puente de Bacunayagua y sobrepuso dos mariposas copulando y le envió una copia a los padres con una nota" no sé qué carajo están haciendo esas mariposas". Santiago le pidió filmar una Marcha del Pueblo Combatiente y la incluyó en el Noticiero Semanal. Solo te falta la ruta de Moscú, estás lista, le dijo una noche en la azotea norte del Hotel Nacional mientas comían plátanos fritos y tomaban Hatuey. Después de la Unión Soviética tendrás todo el tiempo del mundo para plasmar la historia gráfica chilena de estos años gloriosos. Qué pasará, Santiago, después que se acabe el plazo presidencial. Eso está tan lejos y tú estás tan cerca. La chica agregó ustedes...pero él le tapó la boca y dijo en silencio ha tenido que ser. Santiago se la llevó a la casa de una amiga en San Francisco de Paula y cuando pasaron por Finca Vigía dijo no, Joris Ivens no estuvo, ahí venían mujeres de alto rango y algunas putas de alcurnia a comer aguacates y a jugar con los gatos y a mirar la Corriente del Golfo. Pero a la hora de la verdad, el documentalista le dijo al oído no puedo, eres idéntica a mi sobrina.Cuando ella se despertó Santiago no estaba en la casa. Pero en la terraza había un negro con porte de la NBA. El Genio me envió, dijo.El bailarín del cabaret Tropicana la dejó desfallecida entre las sábanas a la media tarde porque tenía que irse para los ensayos vespertinos.Lo vio dos veces antes de viajar a Moscú vía Montreal y cuando lo llamó desde el aeropuerto el moreno le dijo siempre a tu disposición mami.
Moscú era la capital de un Gran Imperio al que llamaban CAME y libraba una Guerra Santa a la que llamaban Fría contra una ciudad llamada Washington desde donde se comandaba otro Imperio llamado Mundo Libre de Occidente. La gente vivía en una nube rosa y se pasaba la vida comparando estadísticas y haciendo la apología de la superioridad del Sistema. Las naves espaciales surcaban el Infinito y el petróleo se desbordaba de cada hueco abierto en la vasta geografía.Aún Siberia era solo una tierra fría y alejada y palabras como Gulá eran nomenclaturas difusas en el alfabeto cirílico. Pero ella bebía en el Bolshoi y cenaba en Mosfilm.Leía a Bondariev y a Polevoi, estudiaba a Eisenstein y a Stanislasvki y veía cada una de las películas del cine revolucionarias de la Gran Guerra, quizás perdidas en la escacez de variedad fílmica en aras del compromiso social y la denuncia, pero repletas de un realismo crudo capaz de enternecer y hacer reflexionar. Asombrada también de que una verdadera democracia marginara a talentos en ciernes solo por disentir del oficialismo. En su país los juicios socialistas no habían pasado de las diatribas liberales y la Revolución Cubana era demasiado joven. Aquí la gente admiraba más a Yury Gagarin y a German Titov que al Mariscal Shukov solo porque la Gran Guerra Patria se ganaba en la tierra y los enemigos de Occidente estaban en pañales espaciales. Salvador Allende era una buena persona que había llegado al Poder a través de las urnas y esa palabra era casi tabú desde que Lenin abrió las primeras alamedas, Stalin levantó el monumento del Rey Puesto y los continuadores de la obra se relevaban como en una carrera de cien metros en cualquiera de las Espartaquiadas de los Ejércitos Amigos. Filmó seis minutos en Yasnaya Poliana porque Tostoi era imprescindible y creyó llevarse toda la magia del hombre íntegro en el celuloide y vibró de gozo cuando fue pasado en la televisión soviética y Santiago le dijo desde La Habana está bien, envíamelo. Mosfilm era cerrado y elitista, partidista y celoso del cine comercial, tan duro como el Tanque T 33.
Santiago Alvarez tenía razón. Sin el realismo del arte soviético la Historia del Cine quedaría trunca. Eso le faltaba. Regresó a La Habana en un barco petrolero con base en Bakú que salió por los Dardanelos e hizo escala en Alejandría. Los zargazos flotaban a la altura de Canarias y ella miraba al Océano, insatisfecha. Era verdad que había aprendido un mundo pero se sentía núbil y sabía que las escalas en Cuba y en la URSS eran apenas una breve estadía en la ruta consagratoria de su intelecto artístico. Como decía Mario Kuchilán cada meta es otro punto de partida.
El segundo Capitán se acercó por enésima vez a donde ella tomaba el sol del trópico. Te seré sincera, Capitán,no he leído tus versos, no domino el eslavo, no te pareces a Gagarin ni escribes como Gorki y si eso no bastara no me gustan tus cabellos ralos y aceitosos y desteñidos ni el olor de tus axilas. El caucásico le dio un golpe de karate en la nuca y estaba comenzando a meterle el pene en la boca cuando llegó el cocinero italiano. El orine regresó con la brisa y ella resbaló. El azurri dijo arrivederchi y le ayudó a incorporarse. Llévame a tu pieza. Te duele el cuello. Me duele el alma. Aún no termino la cena.No importa, llévame igual y yo te espero. La tendió en su camarota para dos y fue a salir. Qué bien huelen tus axilas, dijo. El explicó que esa noche su compañero de litera estaba de guardia. No importa si entra, a veces quiero parecerme a la Jane Fonda que educó Vadim. No, se quedará de guardia.
El negro de Tropicana la despidió en el aeropuerto de Rancho Boyeros y poco antes de la salida del vuelo de Cubana la arrastró a una esquina donde había unos equipajes de mano y mientras la desnudaba se apagaron las luces y como se trabó el cierre de su jeans Ural él colocó el glande de su pene donde debía estar la entrada y empujó para taladrar el género y ella pensó que un Romeo de ébano había destrozado su cinturón de castidad inexistente.
El caribeño se levantó despacio y fue al cuarto. De la pared colgaba un jean de pésimo tejido como una reliquia de los tiempos tremendos. Debajo del fondo del psíper el gran hueco marcaba, exactamente, el diámetro del instrumento con que Dios obsequió a la especie humana para multiplicarse. Entonces la vio en Parque Forestal, joven y alegre, corriendo a su encuentro como una colegiala loca y desbordada, fresca y extrovertida, ajena a los eventos que el futuro pudiera deparar. Salió a la calle solo para recordar aquella despedida de manos levantadas, dedos inquietos, dobles sentidos, juegos preliminares, ironías dulces de enamorados que se castigan con el único propósito de prolongar el éxtasis y presentir el placer que habrán de experimentar en las canchas dispuestas de la carne. Cuando fundamos todas las cacerolas y Víctor le cante mas fuerte al optimismo y Salvador pronuncie el discurso de su vida todo ha de tomar su rumbo de copihues. Dame tu boca. Esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar. Te penetraré de pie. La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud. No soy un negro cubano, así que bájate el cierre. Ahí está la curva, vamos a chocar al final del camino. Bájatelo. Sí, amor. Los dos Carabineros de a caballo vieron el forcejeo. El hombre sonrió y no sintió envidia porque era joven. Pero la mujer no era joven y era conservadora. Espera. No vayas, mujer, no interrumpas al amor. No parece lo que piensas. Bueno, pero que no vayan a exitarte. El caballo casi le golpea la espalda al colombiano, pero él, con el arma desenvainada, trataba de centrarla mientras ella intentaba, sin éxito, apoyarse en la piel desnuda del árbol. Corra, que la están violando. La Carabinera se desmontó, lo sujetó por el cuello y lo haló. Su glande emergió de allí, brilloso como un cometa y cuando el Carabinero llegó y vio la mirada ausente de la mujer como si esperara una reencarnación sublime sintió deseos de violar a su colega aunque solo fuera para castigar su estupidez imperdonable.Acaba de entrar en mí, por favor.
Cuando regresaron a la realidad él estaba flácido, la chica enojada, el Carabinero apretándose sus genitales y la dama de a caballo encendida como un tomate de La Serena.
Perdonen, dijo, pero no creo Salvador aprobara esto. La chica la miró. Cómo se llama Señora Carabinera. Augusta, para servirle.Y usted, preguntó el cartaginés. Pablo Mistral, para marcharme. Ella dijo no importa, te ayudo a levantar el auto. Intentaron recomenzar en la posición interrumpida y cuando él masajeaba buscando la erección óptima ella sintió el aguacero rojo entre sus muslos, incontenible, abundante. Así no, querido. No fastidies, por favor. Te dije que no.Se separó. Tenemos que irnos. No soy supersticioso pero esto me parece de mal augurio. Se acerca otra curva en el camino, ve mañana cerca del medio día, estaré sola. Lo malo es que sigo virgen de tí y lo bueno es que mañana hablaremos acerca de si me pudieras acompañar a Cuba y rompemos la maldición de Esdras y bueno también es que no estoy embarazada del moreno de Tropicana.
A media mañana aún no había recibido respuesta telefónica de las embajadas de Suecia y de Islandia. Era raro pero decidió intentar de nuevo por la tarde. Parece que la Expo Botero iría ese mes en ambas sedes diplomáticas. Pensó que tenía que ser en Septiembre porque había dado su palabra de acompañarla a Cuba en Octubre. Allí ya no celebraban el Día de la Raza pero sí recordaban el doce y siempre alguien reencendía la polémica acerca del lugar exacto por donde desembarcó Colón en la región oriental.Santiago le había asegurado que tenía un guión casi listo y quería que ella lo acompañara a Bariay, lo que constituiría un adelanto de su prueba de grado para las infinitas horas de película que le esperaban en Chile, en Cuba y en el mundo. Serás mi caddie, le había dicho ella. Y aunque no tenía el fanatismo suyo por la aureola de la Revolución Cubana siempre habría la posibilidad de encontrarse con la rica plástica de la Isla y poder ver de cerca a un Romagnac o un Mendive. No podía descartarse el encuentro con alguna negra destripadora de cierres en algún aeropuerto con baja luz y paquetería mínima. Tomó un taxi. No era medio día aún pero no podía soportar la espera. De solo pensarse sobre sus sábanas limpias tuvo una erección.Poco antes de llegar a su casa se detuvo para ver a la mujer que filmaban con fondo de algodonales egipcios. Era una mujer imponente y oyó que alguien que parecía ser el director dijo Gloria Rencoret, regia. Frente a la residencia de su chica había grupos de personas hablando en silencio y mas allá se repetía la escena. Tocó el timbre. Retocó. Una mujer se acercó. Oyó lo que dijo, que defendería con su vida el derecho que el pueblo le entregó. Y lo de las alamedas, lo oyó. El caribeño no entendía pero la mujer parecía en sus cabales. Dijo que no había oído nada sin saber que decía y tocó de nuevo. Un anciano abrió la puerta de la calle en la residencia de al lado. No hay nadie, no insista. Está la chica. No está, acaso no sabe. El no sabía qué tenía que saber. Qué tengo que saber,preguntó. Dónde estaba esta madrugada y dónde ha estado esta mañana. Este señor tampoco parecía loco. Tocó de nuevo. Ya le dije. El anciano se guardó pero antes le dijo, quedo, es mejor que se retire,joven. Entonces la soledad de la calle permeada de los grupos dispersos se llenó de sirenas y de frenazos y la gente se metió en sus casas. Saltó la cerca y tocó a la puerta del anciano. Entra deprisa hijo. Dentro, una señora de mediana edad jugaba con dos niños en la alfombra. El anciano les señaló. También se llevaron a sus padres. Para dónde se llevaron a quién. Siéntate. Entonces se enteró del Golpe o del Pronunciamiento o de la Asonada de los militares, de todo lo que se podía enterar a esa hora del once de Septiembre .El hombre le dijo que a la chica la habían sacado por el pelo a empellones y patadas y habían destrozado la casa por dentro, qué ellos lo habían visto en silencio como hay que ver las cosas de esa índole a su edad, carcomidos de impotencia. Se trata, calificó, de un Golpe Militar post marcha de caserolas y sabotajes, nada mas, ahora a esperar cómo lo adjetivará la Historia. El no podía creerlo. Y sus padres, entonces. El anciano se paró y acercándose le puso la mano en el hombro. A esta hora la Universidad debe estar cerrada y el Sindicato debe ser un amasijo de dolor, puedes apostar a que fueron de los primeros detenidos, torturados y quizás linchados.El sabía lo que era un Golpe de Estado y parecía que la seguridad y el optimismo de ella con la buena marcha del Gobierno de la Unidad Popular era difuso. Quieres oír mi consejo, joven. No le interesaba oír nada. Usted no tiene miedo.Pregúntele a mis nietos.Mire, le he visto a usted en el patio con el perro y le he visto despedirse en la calle de ella y de sus padres.Pero también aquí detrás deben haberlo visto las señoras de las caserolas. Qué le parece si se va ahora mismo para no tener que arrepentirme de haberlo echado de modo tan imprevisto. No tenía otra cosa que escuchar. Dio dos pasos hacia la casa. Ni lo intente, hijo, dijo la señora.
En la calle otra vez los grupos estaban de vigilia y él aceleró para encontrar un taxi que lo llevara a ningún sitio sacándolo de este pequeño infierno de Comuna Oriental. El brusco frenazo llegó junto con la voz. Así que vos soi el colombiano poh webón. Esa misma tarde lo depositaron en San Antonio y lo montaron en un barco ecuatoriano que llevaba mariscos para Bunaventura. Recuerdos al tal Botero y un apretón de manos para el amigo de Castro, ese que escribe webadas. Sabís por qué te vai ileso, webón. Porque sabimos que andábai detrás de algo mas suculento que la política pero si regresai o te equivocai webón pensaremos otra cosa. Un mes después, en las selvas del Sur, bien informado, pudo hacerse una idea correcta de lo que había pasado aquel once de Septiembre en Santiago de Chile. Pero no se le ocurrió qué hacer. Excepto bañarse ahora, muchos años después, cenar y prender la tele. La Derecha no tiene futuro, decía un Candidato.
Cuando el hijo del Comandante de uno de los Regimientos del Norte la vio aún no se habían ensañado sexualmente con ella. Tirada en el piso de la celda, ajada y descompuesta,el rostro estaba intacto y el brillo de sus ojos era una acusación silenciosa todavía envuelto en los misterios de la duda y los por qué. Soy cosmetólogo, le dijo el hijo de Papá, déjame ver esa cara de frente Dios mío.El hombre tenía maneras educadas y suaves y ella le complació. Eres sencilla y primaveralmente bella, mi dios del cielo. Dí que te arrepientes y serás mi musa. De qué tengo que arrepentirme. Solo de eso que gruñe detrás de esos ojos de ensueño. Por qué. No existe belleza sin ingenuidad. Quién eres. Soy cosmetólogo y podrías ser mi cara publicitaria. Si andas con estos genízaros tienes que ser algo más. Sí, pequeña, es verdad. Soy del grupo que desbancó a quien tú apoyabas, pero no hablemos de eso.Vivirás en cualquier caso porque te ví y te aseguro que adornarás las cárceles para toda tu vida si no dices actué mal, me arrepiento, y te pones en mis manos. Si me hablas de mis padres y de un amigo podría reconsiderar eso de tus manos. Mira, chiquilla, soy profesional de la belleza y soy maricón qué es mucho mas profesional que ser gay y te quiero entre mis dedos y no entre mis manos o mis piernas y no me hagas preguntas políticas. Pero seré tan sintético como me sea posible. Seguro tu padre judío te habló del Holocausto, te habló de las Derechas,de las suásticas y de las cruces gamadas. Pero te habló acaso del cáncer sociocomunista. Te habló tu madre de gobiernos fuertes seguramente nombrados por ella Dictaduras, te habló de dictaduras del proletariado. Tu amigo cafetero era un romántico detrás de lo que busco yo en el sentido artístico. Tus padres están detenidos como todos los enemigos de un nuevo orden, tu amigo caribeño fue deportado y tu irás al norte, bien lejos de la nueva libertad lograda, por un solo motivo, mi amor. Bebiste en la fuente roja del cáncer de América y orinas azúcar de caña.Cenaste en el megacáncer universal y defecas trigo siberiano. Hiciste el gran once de tus tardes en el pequeño tumor de La Moneda y vomitas cobre adulterado. Eres intelectual, piensas, eres contestaria en formación, eres nihilista, por tanto no existes. Eres, sencillamente, peligrosa, y solo serás segura para la Nueva Era en las antípodas de la Patria recobrada, bien cubierta tras amplios muros de concreto donde tus documentales se mueran tras tus cejas y tus jugos se sequen en la perdida euforia de tus dedos. Fin de la cita, amor mío.Qué me dices. Esa lección me basta pero me arriesgaré. Oye, niña, no he sido irónico, te lo juro por todos los homosexuales griegos del Olimpo. Garantizarás la conservación de mi cara en cualquier caso. Hablaré con mi padre. A dónde me llevan. Sé que bien lejos, al Norte, en una gran caravana de mujeres rojas. No sé si deba de decir gracias. Calla y que Dios te bendiga, bella mía. Cuando el artista de la piel salió se echó a llorar. No por lo que esperaba a la beldad criolla sino porque habia tenido una erección.
Dos semanas después, un medio día, la sacaron de la ergástula con la cabeza tapada y la montaron en una Van Fiorina verdeolivo, blindada y con capacidad para seis mujeres. El conductor, Capitán principiante y elevado de rango el trece por la madrugada, la empujó al interior, cerró la puerta con doble llave y enrumbó hacia Panamericana norte. A la altura de Batuco desistió de interrogarla y mirarla por el espejo retrovisor. Dos kilómetros mas arriba, frenó en una curva y dobló hacia la quebrada con árboles ralos que estaba en su mapa de viaje. Desmontó, abrió la puerta trasera y entró al carro de la muerte. Me exito aunque las mujeres bellas no tengan voz. Sé que hay una promesa de no dañar tu rostro pero sé también que hay una promesa general de romper el resto de tu dulce anatomía. Le desabotonó el largo vestido gris cárcel. No podía sacarlo por las ataduras de sus manos y la tendió en el cojín del centro. Se acomodó entre sus muslos y le colocó tres almohadas bajo las nalgas. Levantó sus piernas y la atrajo. Era una mujer dormida, llena de hematomas, inflamada y manchada de rojo, mustia, con un rostro negado a perder la frescura como si fuera injertado en una arquitectura colapsada. No había pubis y las heridas íntimas apenas cicatrizaban en la urgencia de las violaciones. Los labios supuraban una materia amarillenta y toda la vulva se ofrecía como una herida mal atendida por un cirujano inexperto.Encontró un espacio y la penetró. La mujer se elevó y apretó los dientes y cerró las manos. Parecía un orgasmo cinematográfico en medio del dolor. El hombre acabó dentro y extrajo un pene manchado con todos los colores del oprobio. Nos quedan cinco cópulas antes de que aparezca la segunda comunista. Ella pensó decirle que no era posible copular con un hombre maní pero el vómito se lo impidió. El segundo intento del conductor falló porque faltó la erección y entonces la golpeó en la cara con las palmas abiertas. Una cachetada es permitida, ironizó.
Intentó potencializarse introduciéndose en su boca. Cuando ella comenzó con la succión se emocionó y tuvo esperanzas.Media hora después lo extrajo y era como sacar una lombriz guagua de una caverna dañada por aguas servidas. La abofeteó de nuevo.Jamás había mamado un chíclet de carne. La tercera bofetada la tumbó en el largo cojín y resbaló hacia el piso. Cuando él la requirió para el tercer intento tenía un dedo metido en algún hollo cerca de la puerta. Ahora no la golpeó y la complació en su deseo de seguir acostada. Nos desviaremos hacia Papudo y espero que el cambio de clima aumente tu temperatura. A medio camino nos toca sexo anal. Pensó decirle está bien cara de poto pero su dedo reencontró el hollo y lo auscultó al estilo de un especialista en revisión de próstatas. El sexo anal se malogró porque él debió cortar seis puntos de sutura de una herida que se elevaba hasta la espalda y la sangre manó sin contención.Con toda la urgencia del momento encontró el coagulante y paró la hemorragia porque la mujer no podía morir en ningún caso. Ahora sí logro endurecerse en su boca y sus chupadas le lograron una venida de lujo. No sabía que los gringos estaban fabricando chíclets gigantes. Acaso tu amigo colombiano tenía algo inolvidable. Tenía una gran bolsa de café como de un millón de granos y una rama inmensa. Si me sigues ofendiendo tendré que violar promesas y hacer tiras tu cara bonita. Y qué.
Sobre las dos de la tarde paró en un restorant de la carretera. La dejó sobreatada y cerró con una llave adicional. Le trajo una cassata de piña, galletas de soda y un paquete de chíclets. No pudo rechazar el almuerzo. El le ayudó como si ella fuera su mamá ingresada en un hospital y en la metida y sacada de la cucharita se exitó y extrajo su muñeco y la desató y se lo puso en las manos. Mientras degustaba el helado de piña frotaba su miembro y siempre se le salía de las manos. De modo que optó por masturbarlo acariciando el glande hasta donde le alcanzaran sus dedos. La chica sufría con cada cucharada porque tenía la boca inflamada y partida y aún no se habían sanado sus comisuras, cortadas y suturadas después de la introducción de un sinnúmero de falos. Cuando estuvo listo, tomó su pene con la mano derecha, masajeó y vertió el semen en la casata y revolvió la mezcla y le dio de comer con la zurda.No la botes, puta de mierda, que por ahí no te gestarás. De modo que ella lo tragó. Te voy a dejar zafada para que descansen tus manos y puedas jugar con mis cocos y masturbarme mejor y si se te vuelve a salir te juro que haré tiras tu cara bonita. Ella no contestó y se tiró al piso descongelando las manos y tecleando los espacios del piso de la Van como si allí flotara el piano de Rubenstein. En Papudo doblaron a la izquierda y ella vio la costa conocida por entre las diminutas rejas de la ventanilla. Vio los techos de las casas de verano y el Océano inmenso y tranquilo, absurdo e indiferente a la hora de la Patria. Por algún motivo el auto se detuvo y el hombre se apeó. Relajada por primera vez en tantos días no pudo evitar oír. A ver, ponga esas cuestiones aquí detrás y usted se acomoda aquí conmigo. Espere. Cuando abrió la puerta le pidió se levantara si podía y se sentara bien adelante, pegada a la ventanilla anterior. Ella no quería que él la tocara si podía evitarlo y lo logró. Subió una larga bolsa azul de donde sobresalían dos flechas negras con una V invertida casi al final, una gran mochila negra, cerrada, y otra bolsa pequeña. Las acomodó en el lateral oriente y cerró. Pero volvió a abrir. No cometas la estupidez de suicidarte. Con qué lo haría. No sabes qué coloqué a tu lado. Bolsas de algo y unos fierros. Prométeme que no tocarás nada. Ella sonrió. Los socialista no se suicidan. No, y qué hizo el Gran Líder del Pueblo. Morir luchando. No me dirás qué crees esa historia. Te lo digo. Cómo lo sabes. Desde que ustedes dijeron que se suicidó sabemos que ocurrió todo lo contrario. Oh, que optimista y que tan segura de los líderes. Ya ves.Prometido. Déjame desatada y déjame dormir en el piso. Bueno, está bien. Qué basuras llevas ahí en esas bolsas. Te lo diré porque tal vez te ayude a recapacitar y porque si colaboras te invitaré cuando lleguemos.Da la impresión de que trajeras codornices, faisanes de la India y perlas comestibles de Ceylan. No sé de que diablos me hablas pero se trata de dos escopetas de caza submarina, dos tanques de oxígeno y los snookers y agregados. Bucearé en la frontera con Perú y no me desagradaría estar acompañado de una sirena santiaguina en los corales incomparables del Pacífico. De dónde sacas ese vocabulario. Te asombra que uno de nosotros sea poeta,eh. Sí, en verdad. Lo saco del Inca Vallejo. De casualidad un libro suyo cayó en mis manos y leí algo mientras esperaba mi ascenso.No me extraña. Por qué demonios simulas fortaleza y quieres impresionarme con tu soberbia cuando sé que eres una bolsa de mierda casi muerta. Quizás por dignidad. El militar frió un par de huevos con sus labios, tiró la puerta y oyó que le pidió perdón a la señora.La pasajera se bajó en una playa verdosa sin vegetación y pocas casas y él abrió la ventanilla divisoria. Párate. Ella se levantó. Chuta, qué linda eres. Qué ocurre. Cuántos chiclets van. No puedo. Te duele la boca. Sabes que tengo la lengua lastimada y sabes todo, no me tengas lástima. Abrete el batilongo ese. Ella lo hizo. Separa tus pechos y mantenlos así. Los pezones eran una masa amorfa sanguinolenta y las mamas estaban cuarteadas y llenas de hematomas o cicatrizando y en la base tenían un color café adulterado y los puntos formaban surcos negros lamentables. Levanta la cabeza. Metió la suya por la ventanilla y pudo pasar los hombros y extendió una mano. Creo que lo único que te queda sano es el tabique de la nariz y no sé por qué si hasta te cortaron las orejas para las cachas mixtas. Estoy viva aún, qué más debo oír. Como vas acompañada de un hombre maní, cortaré el cartílago y te haré el amor por la nariz y sabré cómo respira una marxista con un tapón de carne en sus fosas nasales. Hasta dónde llegaremos. Hasta la última playa importante del litoral antes de Viña del Mar. Sabes que me voy a desangrar si me cortas el cartílago. Lo haré a dos cuadras del Hospital de modo que parezca un suicidio revolucionario.Cerró de nuevo y continuó al Sur.
A esas alturas ella ya sabía qué hacer. Faltaban pocos kilómetros para el montículo pelado a ras de mar desde donde su padre le enseñó los misterios del parapente y desde donde realizó su primer vuelo sola y desde donde se lanzó con el hijo del Congresista que ahora era un abogado recién graduado y resolvía problemas de mineros en Calama. El sicario del volante comenzó a cantar Quiéreme mucho y ella ejercitó los dedos y destensó las piernas y removió sus hombros. Como si fuera esta noche...Desató el hilo que ataba el bolso de las escopetas y sacó una.Se sentó de manera que le quedara entre su cuerpo y la puerta.La última vez... Extendió su pierna izquierda y la metió por entre las correas de los tanques de oxígeno y corrió los cierres hasta sentir la presión. Quiéreme mucho... La bolsa con el snooker estaba siempre a mano. Dulce amor mío... Sujetó la escopeta por el medio y miró por el parabrisas. El gran farallón estaba como a un kilómetro.Entonces el tipo comenzó otro bolero y ella oyó porque mi barca tiene que partir...Levantó la escopeta y metió la punta en el hueco del piso y sintió la piel del neumético y la levantó una pizca. A buscar otros...Oye, por qué te levantaste. Ahora el farallón estaba a cien metros y empujó con las fuerzas que pudo rescatar de sus músculos tullidos y la punta de la escopeta se metió en la goma y ambos escucharon la furia del aire que salió y la explosión del colapso y el carro militar cerrado rodaba indetenible e inmanejable hacia el farallón sobre su llanta desnuda del neumático y el hombre solo atinaba a enloquecer al timón de la Van Fiorina y no hablaba ni maldecía ni miraba hacia atrás y vio que se le acababa la tierra y solo era la Van naufragando en el vacío abisal y la mujer pidiendo a un Dios Inexistente que la puerta se abriera por milagro. Salvador, si estás muerto, muerto de verdad y te has convertido en Dios, permite que esta puerta se abra. Recordaba que ahí la profundidad era de unos diez metros y era suficiente para colocarse los tanques o emerger o esperar la milagrosa presencia de la liberación. El misterio de la vida era capaz de otorgar fuerzas cuando daba la impresión de que todas habían finiquitado y era este el momento de ceñirse a su agnosticismo y a su Duda infalible. Cuando la Van se estrelló contra las olas tenía colocados los tanques y el snookers. El militar seguía sin atinar a mirar a ningún lado forcejeando con el agua que entraba en sus pulmones inexorablemente. El carro chocó en el fondo y la puerta no se abrió. No cabía por la ventanilla divisoria. El hombre se desplomó hacia la derecha, casi ahogado. La Van dio dos o tres tumbos hasta un beril como pequeña elevación submarina y ella percibió que regresaba a la costa de plataforma accidentada.Escuchó un golpe muy fuerte contra algo y vio como la puerta se abría con aspavientos y se cerraba de nuevo y se persignó porque un ente providencial había roto los candados.Gracias, Presidente, si fue tu obra. Calculó que podia llegar a la superficie sin aire artificial y braceó con las fuerzas que le quedaban y emergió casi desfallecida y aleteó hacia la playa. Se arrastró y entró a un piscina de rocas. La soledad era absoluta. En caso de que él hubiera avisado por radio que se acercaba al primer punto de recogida de mujeres rojas aún quedaban varios minutos de ventaja y nadie se iba a preocupar de un militar que traía a una mujer en caravana destiempada sobre todo cuando a esa hora serían cientos de caravanas las que estarían surcando el país rumbo al martirio. Pero de no haber informado tenía tiempo para recuperarse y ver qué haría cuando adquiriera conciencia real de que era una mujer libre. Una gaviota voló la escena y se lanzó en picada sobre las aguas y emergió sin nada en el pico. Si hubiera intentado salvarlo tendría que haberlo dejado inconsciente para poder escapar con el único objeto de vengarse mañana. No puedo hacer justicia ni existiría un Tribunal capaz de calibrar la intencidad del oprobio.Que lo juzguen las olas y el piso de la mar. Dos horas mas tarde intentó mantener un chíclet en la boca y se sentó. Idéntica calma chicha en el litoral. Levantó la vista. Ciento cincuenta metros encima estaba el farallón rampa de lanzamiento de parapentes. Y entonces pudo ver al hijo del Congresista en las tinieblas del ensañamiento, vejado, porque él era también una roca de la Vieja Era Reciente y ellos tenían que barrer con la roja marea de la modernidad. Se levantó y echó a andar. Cerró su vestido de prisionera y percibió un refrescante alud de fuerzas nuevas que la impulsaban al sur y deseó que no fuera ironía que sus pasos la llevaran a cualquier lugar desde donde brotara la luz. Conocía de sobra qué geografía pisaba, terreno hollado por amigos y familiares, sitio hasta donde alguna vez el caribeño- que ahora estaría preguntándose por qué su casa estaba desolada en Septiembre_ llegaría con su garbo encantador y sus poemas sintéticos para hacerle un amor quedado en la extraña desolación de una Carabinera tal vez despedida a esta hora en que la Patria, mancillada, urgía de otros veladores del orden.
Con tardes alargadas en el umbral del verano el sol vagaba por Occidente sin prisa y todo era un incendio rosa en el horizonte. Tenía hambre de nuevo. Su metabolismo acababa de asimilar la libertad. El sabor del caucho chicloso ahora no era mas que un fastidio aunque chuparlo paliaba la desazón de sus salivas exigentes. Los descansos pautados le robaron el sol, caído en picada sobre los mares de la China. Sabía que tenía que pasar la noche antes de llegar al pueblo costero de alguna manera y todavía desconocía el cómo. Pero para alguien que lo conocía todo la palabra imposible dejó de ser huésped de diccionarios. Nada violó la desolación del paisaje y poco antes de que cayera la noche tropezó con un ramillete de sobras de talveces veraneantes citadinos. Había una toalla, latas vacías de bebidas, bolsas mediadas de papas fritas, botellas de cervezas con fondajes ámbar y tres manzanas, un papelillo con rositas de maíz y medio paquete de galletas de soda. Como una Robinsona se lo comió todo sin preocupación por normas de higiene y cuando casi la mataba la sed acompañó un fondaje de Pepsi con su orina y allá dentro, en su guata asombrada, los jugos volvieron a triturar alimentos con la dulce satisfacción de la voluntariedad. Recogió algas secas y las acomodó en el suelo arenoso de la piscina de piedras. El vestido ya estaba seco y como la brisa era un amor de tibieza fresca lo puso de almohada y se tapó hasta el ombligo con la toalla.No se trataba de dormir sino de abandonarse al cansancio y cerrar los ojos.No permitió que ninguna imagen retrospectiva le asaltara y cuando despertó dio gracias a un Dios inexorable por el sueño como lo diera el poeta por el fuego. La juventud no obra milagros porque la juventud es el único estado milagroso del ser humano. De modo que consideró a la noche su antibiótico y su suero de vitaminas alfabéticas y se estiró en su piscina pétrea y se levantó como si el pasado fuera solo la resaca de una excursión al Maule tras los puentes pequeños. Otra vez la nada absoluta en la mar desolada. A esta hora el militar estaría hinchado como un sapo, congelado en el cojín a punto de explotar. Y si la nueva Inteligencia no hubiera dado aún con la vieja de la costa imaginaba el movimiento de la Cúpula buscando al chofer de la caravana de la muerte y rezó un sermón marxista por la espera forzada de las otras mujeres que debían ser recogidas en las escalas del dolor. En el horizonte sin mar se veían las primeras casas del pueblo de pescadores que conocía y salió bordeando las colinas caídas en plano suave sobre la arena. Había una señora con una red bajando una cuesta y antes de que la llamara la anciana la vio y se acercó. Vio a una joven mujer vestida con una bata gris de botones maltrechos, con el pelo recogido, descalza y lastimada. No digas nada, mi hija, vamos a casa. A lo lejos, sobre el Pacífico, unos helicópteros planeaban mientras desde sus vientres se desmadejaban unos bultos casi imperceptibles. Están bombardeando también el mar, abuela. Capaz, niña.Vamos y no me mientas, sí. La señora encogió su ceño étnico y recordó la gran batalla contra los españoles cuando en el fragor de la victoria mapuche el cielo se iluminó y los intrusos dijeron ver como bajaban la Virgen y Santiago Apóstol no tanto para ayudarlos a vencer sino para ordenarles cazar a los mapuches y cortar sus manos y enviarlos como extraños barquitos de papel con cinco mástiles Bío Bío abajo hasta donde las aguas pacíficas los acogieran en su lecho de sal.
La casa de madera y techo de zinc estaba rodeada por una cerca de palos toscos con verandas de madera aserrada. Tenía un magro jardín frontal y la habitaba con la nieta. Formaba parte del pueblo pero estaba lo suficientemente lejos como para ser considerada de los suburbios. No era un pueblo. Era una aldea de pescadores. Nada de secretos entre mujeres porque deben de tener la misma edad. No me digas que llegas de un naufragio o que se te rompió el parapente o que eres bióloga marina o que estás loca porque eso sería insultar la poca inteligencia que me queda. Cualquier cosa que me dijeras antes del once podría creértelo, después no, milinda, desnúdate, que no tienes nada diferente a mí como no sea tu piel hecha tiras. Solo cuando vio una foto destenida de Gladys se sacó la ropa. Qué te han hecho, mi Niño Jesús, por Santa Teresita de los Andes.No, no hables. Tenemos radio y tevé pero está prohibido escuchar lo que han impuesto los nuevos mandamases por orden del señor de esta casa, que está de pesca desde hace tres días y respetamos su criterio. Que solo te importe que ella es mi nieta, huérfana de mi hija e hija del que pesca. Sí hay teléfono pero lo usarás cuando estés digna, mejor, quiero decir, perdón. Una semana después el hombre pescador había salido de nuevo a la mar y ellas pudieron caminar por la playa. La abuela iba detrás reparando las redes. La chica "de su edad" se fue de Valparaiso el doce y dejó la carrera de Enfermería detenida hasta que las aguas retomaran su cause de rutina aunque la corriente no fuera la deseada. No era allendista ni golpista ni era nada como no fuera una estudiante que quería salvar vidas mas allá del color de las boletas de los necesitados.Tal vez neutral en el sentido teórico pero se sentía asqueada y avergonzada por lo que estaba padeciendo el país y podía contar con sus servicios y con la promesa de mujer de guardar cualquier secreto hasta que ella le permitiera revelar toda la verdad.Sabes qué, cuando se unen yerbas, oraciones, remedios y fe no hay lastimaduras que resistan. Abuela hace maravillas con el dolor y la carne podrida, amiga, estás como nueva. Caminaron al Este y ella recogió las conchas depositadas en la arena y las lanzó de vuelta y cuando no pudo mas se echó a llorar como una niña a la que algún desalmado robó la muñeca. Te dejo sola para que desahogues porque llorar después del llanto contenido es la mejor manera de alcanzar el alta médica. La enfermera se alejó y a los pocos minutos el océano se vació de cadáveres
de grandes peces muertos. Revisó por si entre la invasión venía algún cadáver inflado y vio que solo había lobos marinos golpeados y pinchados y con un rectángulo de piel faltante donde debían estar sus genitales. Conocía el poder afrodisíaco atribuido a las gónadas de los lobos marinos en las culturas orientales y el altísimo precio que tenían en esos mercados. Esta podría ser la primera transacción de la Junta Militar vía Japón o Korea del Sur, dijo la mujer regresada a la vida. Tienes acaso una cámara fotográfica. Creo que sí pero no sé si tiene película. Búscala igual. Quedaba un cuadro y fotografió a los lobos tendidos, castrados por la codicia de los hombres y por el sueño de quienes deseaban artificializar la vida. A la vuelta un manojo de palomas blancas les sobrevoló. No es nada simbólico, son solo palomas mensajeras blancas que me regaló un médico cubano.Es solo un vuelo de entrenamiento, vienen de Reñaca. Ahorita regresarán, pero si te sirven que sean blancas, enhorabuena. La abuela tenía una cazuela de vacuno lista y tantas ensaladas que ella pensó haber arribado a un bosque tropical siempreverde nacido desde una gran fuente con motivos araucanos. Ahora puedes decirle el número, pero no dejaré que hables. Me la jugaré porque no sé si el padre de mi amiga es de la Junta,solo era militar de carrera. Si dices amiga estás diciendo hermana, llámala.La hija marcó el número. La abuela dijo no olvides la clave. La documentalista esperó. Alguien contestó la llamada. Pregunta con quién hablas. Le repitió el nombre. Es ella, dícelo. Conoces a alguna mujer que fotografiaba perros copulando no hace tanto. Dios del cielo, dónde está. En algún lugar de la costa, entre el hielo y Arica. Dónde está ahora mismo. Te dije. Puedes localizarla. Claro.Dile que papá salió el once por la madrugada para Brasil a una reunión de jefes castrenses y que no piensa volver, que mamá y mi hermano estamos aquí haciendo vida normal y que tengo un pololo de Cesna particular. Dile que dé las coordenadas y me llame altiro. Después de la media noche a cualquier hora.
El piloto era un sportman de la bohemia santiaguina recién graduado de Estomatología, con año sabático para volar en su monomotor por Chile y América a costa de las platas pesqueras del padre solvente, apolítico y con sangre balcánica en las venas. Enamorada, la amiga había tomado también su año, solo que en su caso se trataba de congelar el quinto de Arquitectura. Querían descansar y observar para calibrar el futuro. En sus planes no estaba abandonar Chile y en verdad no veían que los golpistas se fueran a eternizar en el Poder.Una tarde de domingo las tres mujeres remaban a doscientos metros de la costa cuando el Cesna acuatizó y ella se despidió con un beso y las mujeres del pueblo pesquero oyeron que el piloto y su acompañante dijeron gracias.
Una semana después supo que sus padres estaban desaparecidos, que la pieza del colombiano estaba vacía y su casa destrozada y clausurada. No tenía el teléfono del caribeño y una manotada incruenta le había regresado a la semilla. Durante el viaje a Bariloche les preguntó algo como si la interrogante se la hiciera a ella misma. Por qué nos abandonaron. Quiénes. Los cubanos y los rusos, los Partidos Amigos. El Gigoló con sesos dijo no dominar el tema. La chica tampoco pero tenía sus nociones porque vivía con alguien que sí lo dominaba y no era sorda. Papá se hizo la misma pregunta, querida. Y qué se respondió. Sabes por qué lo recuerdo. Porque lo dijo delante de mi madre y de mí a unos amigos que conocieron a René Schneider.Dijo que los soviéticos solo tenían interes en Cuba por su cercanía a los Estados Unidos y por asuntos de Geopolítica. Que los cubanos habían abandonado al Che en Africa y en Bolivia, así como el señor Monje. Por eso resolvieron la Crisis de los misiles en Octubre de 1962 y aplastaron Budapest y Praga en las primaveras nefastas.Sabremos de ti. Siempre que no se enteren de mi muerte estaré viva y eso lo sabrán. No veo nada delante mío en lo inmediato, francamente. Otra cosa y dime la verdad, tú padre es un exiliado. Dame un beso, querida, que disfrutes el sol de la media noche. Por cierto, tratarás de localizarlo. No creo, después de tanta pesadilla.
Treinta y dos años después, luchando contra la carga descomunal del pasado, sin poder continuar soportándola, considerándose acabada e inútil, telefoneó a la casa de al lado en Santiago. El anciano aún vivía. Cuando pudo contener la emoción le dijo que se había identiificado con la Junta para que le devolvieran a su familia y para que no terminaran por destruir la casa de su niña querida. Se comprometió con los militares a mantenerla cerrada para que no se volviera ejemplo del martirologio y para que no emergiera la peste roja del comunismo internacional. Solo tras el Plebiscito la reconstruyó y aireó. Lo que había quedado estaba intacto como pieza de Museo, intocable, para que no saliera la fragancia roja que un día la habitó. Ella le dijo que llegaba para el once y el Viejo gritó aleluya, él viene cada año y se sienta en la puerta de entrada y llora como un niño y cena con nostros y se va otra vez hasta el próximo Septiembre.Si llegas a las tres de la tarde le sorprenderás al seguro.
Renunció al Partido Comunista preguntándose si Beatriz lo habría hecho igual en La Habana, liquidó sus propiedades en Oslo y partió con visa de turista. Ahora la escala fue en Madeira. En La Moneda, al medio día, los carteles volvieron a enseñarle las fotos de sus padres que tantas veces había visto en la televisión con el rótulo perseguidos desaparecidos y que el movimiento clandestino nunca pudo eliminar. Solo se detuvo para observar el balcón de la salida presidencial y vio a Salvador con su bigote ralo y sus ojos miopes y su voz calmada y su ternura de niño tomado en fraganti. Un hombre así no se suicida, sufrió demasiado poco.El taxi la dejó frente a la puerta enrejada y había un hombre sentado en la acera con las manos cruzadas sobre las rodillas y gimiendo como un gato olvidado. Eran las tres menos dos minutos. Sin mirar supo que el viejo de al lado la observaba. Miró al hombre en posición fetal, detenidamente. Por algo los escritores románticos eran tan mal mirados. Nadie creía en epopeyas de amor. En amores que perduran. En idilios insondables.Nunca más un hombre tocó su cuerpo como no fueran los cirujanos plásticos que la reconstruyeron toda si exceptuaba las cicatrices del alma. Pero no sabía que se guardaba para él porque el amor se volvió palabra borrada de sus diccionarios como lo había sido en su momento el vocablo imposible. El amigo anciano no mintió y su grito de aleluya era un hombre maduro acuclillado mas de tres décadas después en la puerta de una casa a la que pensó honrar con todo el honor de un caballero andante. La gente fue saliendo a la calle y los niños se acercaron y un concierto de perros callejeros les rodeó y los autos se detuvieron y el anciano salió de la casa halando a un viejo perro ovejero que aún se arrastraba sobre el asfalto hirviendo.Los nietos del viejo trajeron una piscina sintética azul abierta en el fondo y la levantaron y la dejaron caer alrededor de la pareja detenida en el espacio y en el tiempo. Entonces todos se fueron y la calle quedó tan vacía que no era imposible escuchar el ruido de la mar rompiendo en las paredes del litoral de Cartagena. La mujer se desnudó y le lanzó la ropa sobre la cabeza. Solo el olor le hizo buscar lo imposible porque aún le quedaban diez minutos de oración por los ausentes. Confabuladas, las nubes se rindieron al Sol y ella refulgió como aquel año. El se paró como si ejecutara un ejercicio de expresión corporal. No tienes caderas de paridora pero hueles igual. Desnúdate, que hay un desfile de Carabineros y parece que van a homenajear a los mas viejos en la Institución. Para qué si no está el árbol. Pídeme que me acerque en esta curva inmensa en donde habremos de chocar hasta el delirio. Hazlo. Descuida, hombre, que ya no lluevo rojo entre mis piernas. Por la esquina apareció la Banda de la Comuna interpretando el Himno Nacional. Apúrate que son ellos. El la levantó contra los angulares de la piscina y ella le apretó con sus muslos y le rodeó el cuello. La Carabinera anciana casi se cae del caballo cuando se ladeó para mirar. Su compañero repitió no los molestes y ella, sonriendo, dijo ahora sí parece lo que piensas.
Esa noche le dijo que iba a suicidares y que había venido para eso. Y el vacío de tus años europeos. De mis años universales, querido. Cómo lo lleno. No es importante, nada es importante si no se está en la Patria en el momento justo. Fuera de ella lo importante es relativo y es solo asunto del corazón. Pensé que ya no bromearías. Siempre bromearé aunque ahora no lo hago. Te esperé todos estos años y ninguna mujer tocó ni mis cicatrices del alma. Hoy día mucha gente se casa con los muertos. Te has vuelto dura. Cómo se te ocurrió esperar por mí. No te esperaba a tí, esperaba a tu alma. No tengo alma. La tuvistes, igual me contenta un cuerpo sin alma. No dejarás nunca de ser majadero, caribeño. Quiero que vayamos a Colombia.No. Intenté ir a Cuba y no fue posible. En qué acertó el profeta de mi padre, además.Dijeron que yo era posible emigrante.Ni siquiera puedo reír pero es un buen chiste.Oh.Mira, quisiera ser la excepción de las mujeres que han sufrido y poder sobrevivir, empezar de nuevo y olvidarlo todo, darte los hijos que tal vez quieras adoptar, culminar mi carrera de Documentalista, regresar a la Cuba de hoy aunque solo fuera para denostar de las miserias, pero no puedo, sencillemente, no puedo.Vivimos una etapa híbrida y estoy diseñada para vivir etapas puras, Colombia es tambien un híbrido en espera de nadas.Ya no soy una mujer de porvenires. Y Cuba. No vuelvas a hacerme sonreír, hombre. No se pueden asesinar los encuentros de este tipo. No mates un encuentro lastimando un desencuentro. Eso no debe haberlo dicho Gabo. Lo digo yo en tus palabras de ayer. Dime que recomenzaremos nuestra vida a partir del árbol de Parque Forestal. Tienes una cuenta en Suiza a tu nombre y algunos documentos de rutina, no violes nada, no, por favor, no me toques otra vez, ya rompimos la maldición del árbol.
El caribeño amplió una foto suya de rostro, redactó un pequeño panegírico y los puso dentro de una vitrina en la sala de la casa.Entregó todos los documentos que lo acreditaban como dueño al Patrimonio Nacional y pidió un pasaje en Avianca para Cartagena de Indias.
Octubre 7 del 2005.
Providencia,
Santiago de Chile.
Luis Eme Glez.
tal como su nombre lo indica,,estas crónicas del infierno,,,tocan una época que no debería tocar a ningún país ni los desbordes abusos de autoridad,,pero yo creo que mas que un modelo polititico,esto obedece mas que nada a la maldad intrínseca del ser humano.
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