Del otro lado del bosque
están las praderas salpicadas de tallos.
Muñones mustios en la yerba quemada
despedazadas hojas huérfanas
y un polvo inocente chamuscado pugnando contra el viento
que le transforma en vendaval nocturno
le zarandea le arremolina
lo levanta tan alto
que despeina a Dios en su trono de tules
y hace una Revolución en las alamedas del Edén.
Mas allá del cénit el viento libera al polvo
y lo deja caer en picada
sobre las praderas que están del otro lado de las praderas
salpicadas de tallos
estéril semillero en la tierra sedienta
donde tú
con tus belfos caídos
aún masticas las flores
de los prados que fueron alfombrados piélagos de siempreverdes
aquel atardecer.
Agosto 26 del 2004.
Santiago Centro, Santiago de Chile.
Luis Eme Glez.
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