Thursday, December 9, 2010

A la sombra del Cuzco.-

                                          Poema 2.-


                                          Haré un monumento a la Diosa
                                          Equivocación.
                                          Habré de venerarla.
                                          Cuando pensé que eras azúcar de
                                          copihue
                                          tendida entre valles y qurbradas
                                          resultaste algodón y canela
                                          nacida de la Flor.
                                          Cuando te vi flotando en el
                                          Mapocho
                                          debí adivinarte 
                                          veraneando en el Rímac.
                                          Estamparé en la base (del monumento)
                                          quizás estas palabras.
                                          Mujer
                                          de la Casa Común
                                          circunavegando
                                          amores compartidos.


Para Carola,- en la Frontera.


Quiero pensarte la princesa imperial de los Incas
la virgen del algodón y de la papa
la ninfa del marisco y del salitre
la amazona de la selva y del monte y del desierto
de la mar y del río.
Quiero pensarte la mujer del callpulli y del aillú
la que cocinó exquisitos manjares
en cada parada del Camino del Inca.
La amante del chasqui
la hacedora de ladrillos para el Templo Sagrado.
Quiero pensarte en los Observatorios
dominando al Sol
requiriendo a los Astros
enjaulando a la Luna
en tus trampas del Sur.
Quiero pensarte
aconsejando al Gran Inca en el mismo intervalo
en que el Dios Blanco eructó su Artimaña
a la vera de Cajamarca
vivaqueando entre las cohortes de Túpac
musitando amaru o catari o capac o yupanqui.
Quiero pensarte fugaz en las calles de Machhu Picchu
olfateando los efluvios de Sipán
expandiendo en las sombras los ditirambos del Imperio.
Quiero pensarte viajera iconoclasta en Panamá
y casi en Venezuela
en el Alto Perú y en las remotas pampas
en el desierto grande y en todos los altiplanos del progreso.
Quiero pensarte parte
de los proyectos asombrosos
de la ignorancia por los caballos desbocados como venidos
del ocaso del Sol
desadivinando futuros inclementes
en tu quietud de arenas eternas
siguiendo los poderes de Nazca y las rutas asiáticas
con tus secretos de regia arqueología.
Quiero pensarte esclava y concubina
señora y amante
pacífica mujer y hembra arropada de guayabas maduras
y guanábanas dulces en la tibia
desnudez del Marañón.
Quiro saberte Chabuca jugando
con las olas del Callao
masticando coca enloquecida
drogándose de amores con su lengua canela.
Quiero quererte sin que fueras morena
café adulterado
sin la gracia ancestral en que la belleza es otra
divorciada de los moldes grecolatinos de lo bello.
Así
sin la mandíbula obsesiva ni los dientes porfiados
sin el antropomorfismo de las etnias megalíticas.
Deseo aceptar
las excepciones que me ofrece tu estampa.
Sobre todo
la palidez fantasmagórica de tu piel exportada.
Ya yo escuché tu voz
limpiamente limeña
tu voz de Virreinato
tu voz pacífica y telúrica y serrana
perfecta voz arpegial
entre las tumbas de Cervantes y Garcilazo
del otro Garcilazo de tus lares
tu voz como retrotraída del caballero Alfonso.
Tu adorable voz signada por Vargas y Vallejo.
Tu parloteo de llama alada y alpaca imprevisible.
No aspiro a ser tu Haya de la Torre
ni tu Mariátegui
tu Solano o tu Farfán o tu Roque.
No quiero ser tu Toledo
mucho menos tu Belaúnde o tu Fugimori
ni tu Alan o tu Bayly.
Quiero ser, sí, algo en tu hoy,
una esquirla de tí
un fixo en tu entorno
una estampilla en la encomienda de tu simpatía
una almeja enquistada en tu carne descompuesta.
Un reguero de manos moldeando tu embelezo
un alud de saliva lubricando tu dermis
un extracto de nervios
dislocados
sin fin
abruptamente desbandados en la sinrazón.
Quiero que te arrodilles a mi lado
y brindes tus cabellos a mis piernas
y abraques mis muslos con tus ojos
y beses mi sexo con tus manos
y duermas la somnolencia de tus dientes
en mi pecho abrasivo.
Para ti
no seré porquerizo peninsular
delincuente navegador de lo imposible
exiliado infamoso
vasallo de reyes principiantes.
Quiero ser para ti el otro Picasso
el que no pintó góndolas abstractas en tu tela
el otro Pizarro que te adoró en la paja de tu estadio.
El desnudo de cuerpo
quien te afrezca su espada
para que puedas cercenar los martirios de tu magma ancestral.
La única espada permitida
para conquistar
a una mujer,
Carola.





Providencia.
Santiago de Chile.
Abril 12 del 2005.-
Luis Eme Glez.































     




























                                         







































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