Monday, December 13, 2010

La antigravedad tú.-

                             Poema 20.-


                             Puedo tener mis dudas acerca de Jesús.
                             Desconfiar de ese pan multiplicado
                             de la red desbordante de peces
                             del muerto glorioso empinado
                             tras el epílogo
                             del sermón montuno.
                             De la piedra extraviada y la ascención.
                             Me gusta dormir con la duda a mi lado
                             en las mañanas tibias.
                             Despertar y tomarla con furias agnósticas
                             bajo el sol imposible.
                             Después que te vi caminar 
                             las veredas del día
                             la Duda (casi) se despeja.
                            Caminando
                            el Señor
                            sobre las
                            aguas vírgenes
                            danzando
                            la eternidad de su Misterio.


Para Yasmín,- levitando a su vera.

Existe una música que nadie oye
miles de carillones inaudibles
perdidos entre las pautas de las flores.
Sonidos viudos de decibeles
explosiones dulces vagando en la patagonia del eco repetido
ruidos difusos en la brisa impaciente.
Una música para la danza sibarita de los cuerpos
sobre la tierra estremecida.
Nadie puede bailar esa música de querubines elegidos
brotante voz del pentagrama olímpico
eco y corazón tras los pasos perdidos.
Porque es aria y sonata
vals atemperado y zarzuela a destiempo
mazurca y polka
cueca y tango
balada y rok
polvo de espigas en la orquesta pautada.
Se trata de un colapso de címbalos
noviando con las cornetas del antiapocalipsis
de otra desbordada sinrazón iónica
en las olas porfiadas.
Terrible indisciplina de una sinfonía
domada por la magia del genio
para la danza genial
abrumadora.
Existe una música que nadie oye y nadie ve
excepto el cuerpo elegido en las notas del tiempo
una música elástica
violácea y maleable como ciertos metales
del fondo de los mares.
Extraña música desconocida
infinita
casi antimúsica entre sus claves únicas.
Yo sé que no puedo escuchar esa música
porque soy exiliado de ángeles trasnochadores.
Pero me fue dado (por suerte o por decreto)
ver la cadencia corporal de una sílfide alada
levitando en el éter del vacío incorpóreo.
Ver los fuegos fatuos incendiando los pasos
al ave fénix ascendiendo al Olimpo
al polvo de cenizas del viernes
perforando la atmósfera incolora.
Me fue dado (por decreto o por suerte) 
asistir a caminares únicos
extasiarme en la soberbia de los pies despreciando
a la tierra marchita
contemplar la cadencia hembra
en el summum del movimiento
volar un cuerpo a ras de superficie
caer con toda la parsimonia de la calma pensada
levantarse otra vez
bailar
contorcionarse
retroceder
avanzar
detenerse
seguir la danza delirante
ladearse ser equilibrista de circo cantonés.
Danzarina medieval retrotraída
al fondo de la célula
corifea galáctica
collage de la danza inmacabra
en la tabla andaluza.
(Dúctil caleidoscopio de las eras).
Cada gesto es simbiosis
de todos los pasados
de todos los presentes
del exquisito porvenir en que te bailas.
Me fue dado (por suerte y por decreto)
- en el invierno esmorecido que diluyes -
tender mis manos al vacío
hacia el beso del baile
expandir mis ojos abismados
enroscar los labios asintiendo en la tarde
después de la mañana
y en la nostalgia de la noche.
Desropar mi cabeza (me fue dado) aprobando lo eximio
sentir los colibríes del gusto
en el lugar de siempre
verte despegar
diciendo no a la gravedad
verte alunizar diciendo no a la antigravedad
copulando en el Norte
orgasmeando en el Sur
nadando el Ecuador de tus espacios
infinita y cruel en tus movidas de danzarina cruel
(anesteciada crueldad sin calendarios).
Después de ti, mujer,
se borró de mis archivos
Eva bailando tras la hoja de parra
Safo abandonada
Isadora perdida en la tabla ecuménica
Marianela inconclusa
Ana Povlova en los capiteles del Kremlin
Nureyev el hombre hembra piloteando los lirios
la magia flamenca y el areíto primigenio
el misticismo de Oriente y el misterio semita
Eneida flotando en las riberas del lago.
Después de ti, mujer,
la salsa se hizo nieve en mis rodillas
y el reaguetón es apenas un acoplamiento del siglo que nos toca.
Eres el Océano hecho danza
cada bailarina sinóptica en su lecho de roles.
Después de ti, mujer,
todo es un amasijo de colores
y no hay danza protodanza o danza antigua
danza protoarcaica
danza cristiana o medieval
danza contemporánea ni moderna
no hay danza virtual o postmoderna.
Después de ti, mujer,
la danza eres tú
prismática y sensual
entusiasmable y tremenda en la pasarela de la Tienda.
Yo sé que no puedo escuchar la música que dije
pero puedo adivinarla porque me fue dado
(por gracia divina)
conocerte en este siglo de las megaluces
verte levitar delante mío
naufragar los pentagramas elegidos
en el piélago inmenso de mi tarde.
Después de ti, mujer,
las coreografías son monotemáticas.
Una diosa danzando los cielos
Jesucrista llegada en la cometa azul
el mundo es tu propio escenario
eres tú bailando tu baile inabarcable
para el mundo a tus pies
encendiendo sus sueños con tus fumarolas grises
puente de luz para la horrenda oscuridad de los mortales
tierna hipsipila "que dejó la crisálida"
una ola
una hoja
una pluma
una brisa de beso en una boca blanca.
Voy a tomarte de tus cabellos que serán otra noche
mantenerte al vacío
adorarte
morder las contorciones de tu carne
como el gran partenaire que apeteces.
Te dejaré caer alejado de ti
para pintar
el movimiento
sujetado en tus pechos
y mordiendo tu ombligo.
Después
después
hablaremos del
pas de deux,
Yazmín.





Providencia.
Santiago de Chile.
Abril 12 del 2005.
Luis Eme Glez.-

































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