Saturday, December 18, 2010

Ciudad y escuadra.-

                                      Acaso viste en mi derrotero
                                      algún vestigio malvado
                                      que se enredaba en tu pelo.

                                                                                     Pedro Luis Ferrer.





Mujer
en cuántas esquinas de Santiago te he encontrado
cada estación de mi destierro.
Qué acera no curvó su geometría para tus pies
de siemprevivas.
Qué maraña de cables telefónicos no aplaudió desde el espacio
la sorpresa cierta de tu encanto.
Qué taco atardecido de poniente no detuvo su máscara brutal
en el stop sin almanaque de tus pasos.
Qué aves despistadas no cantaron aleluya
por tu presencia amanecida.
Qué summun de noctámbulos parlantes no gustó de tu plañir
de bienllegada.
Mujer
en cuántas esquinas de Santiago te he encontrado
cada estación de mi destierro.
Cada primavera de verdes tropicales en el fondo del mundo
cada verano de sol itinerante en el centro de Chile
cada invierno de grises escapadas a la vera del monte
cada otoño de cartas amarillas en Parque Forestal
cada eco tremendamente repetido
en la dulce caracola de tu vientre
mujer.
Mujer
en cuántas esquinas de Santiago te he encontrado
cada estación de mi destierro.
Deportiva y fugaz
protocolar y ecuánime
sublime y pertinaz
hilárica y melancólica
puntual y complaciente
indecisa y segura
asombrada y conspicua.
En cuántas esquinas de Santiago te he encontrado mujer
cada estación de mi destierro.
En cuántas esquinas de mi Patria te pensé
en cuántas aceras reencarnadas
en cuántas calles imaginadas al azar
en cuántas geografías por venir
en cuánta ciudad irrepetible.
Dónde no te encontré mujer ambivalente increíble y sonora
dónde digo en todo espacio de este globo de brújulas esquivas
dónde te encontraré mañana
o la próxima centuria
o dos milenios luego
aunque"las flores no florezcan en esta primavera"
te encontraré cuando florezcan"en la otra primavera".
En qué nueva esquina de la vida
en qué yerba mojada
bajo qué árbol enemigo de serpientes falsas
cerca de qué sábanas gloriosas
en qué ducha sin música de fondo
contra qué pared golosamente dura.
En cuántas esquinas de Santiago, mujer,
me has tenido
te he tenido
en cuántas hemos dejado pasar al último auto trasnochado
mientras los parapetos sujetan nuestros besos.
Mujer, en cuántas esquinas de Santiago 
habremos de reencontrarnos para entonar
el himno de la razón ganada
con un coro de cisnes azules 
y un atrio inovidable.
Mujer,
escucha mujer.
Cuando la ciudad prescinda de semáforos y de carretoneros
de señales insulsas
de la noche y del día
de crepúsculos y de madrugadas
cuando la ciudad no sea más que un diminuto punto 
en la llanura
y el punto sea casi un invisible átomo en la arena
y el átomo no sea otra cosa que la Nada material y vibrante
entonces, mujer,
habremos de encontrarnos en esa estación
como dos libélulas que se funden "locamente en la noche"
arropados del mito.
Mujer, en cuántas esquinas de Santiago te he encontrado
en cuántas esquinas de Santiago te he encontrado
cuántas esquinas de Santiago te he encontrado
esquinas de Santiago te he encontrado
de Santiago te he encontrado
Santiago te he encontrado
te he encontrado
he encontrado
encontrado
mujer.




Febrero 4 del 2007.
Providencia.
Santiago de Chile.
Luis Eme Glez.





1 comment:

  1. Parece una historia que yo he vivido o viviré en esta vida o en la otra

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