En los últimos tiempos siempre que se habla de Japón se prioriza su poder tecnológico, la descomunal conurbación Tokío - Yokohama, sus resultados asombrosos en el beisbol de alto rendimiento y a veces del desplazamiento hasta la tercera o cuarta potencia económica mundial a que lo ha condenado la pujanza forzada de China. Un sunami con sello bíblico también puede centrar la atención. Ya ni siquiera se promocionan pelícuas japoneses y cuando se habla de cine asiático oriental todo el mundo piensa en las artes marciales chinas y nunca en espadachines de antología. El Camino de Edo se ha sustituido por el Camino de Hong Kong o por el Camino de Seúl. En Miami todavía nos queda el sueño de comprar un Toyota casch, un Acura a plazos de Dealer o el de arrendar un Honda. O quizás adquirir una Kawasaki de última generación. En Estados Unidos los lanzadores japoneses, cada cierto tiempo, se roban todos los titulares de prensa, hasta que sus brazos se retuercen en la noria de la extensa Temporada de Beisbol de las Grandes Ligas. En honor a la verdad yo me he seguido ocupando de la infalible impronta japonesa en el mundo contemporáneo. Pero, paradógicamente, no tanto de su marca histórica. Hasta que comenzaron los incidentes en el mar, agudizados en el año 2013.
El encumbramiento económico de China - siempre ha de ir convollado con la pujanza militar - le ha hecho desempolvar su nacionalismo. Y tratado de apretar algunas tuercas mal engrasadas en la maquinaria de su Mare Nostrum. Y probar a sus enemigos del pasado. Beijing comenzó rediseñando una zona de exclusión aérea que incluía al Archipiélago Senkaku, un grupo de islas administradas por Japón, que China reclama. Japón avivó la llama cuando habló de "pasar de la administración a la compra". Surcorea activó sus alarmas y Japón redistribuyó su Presupuesto. Nadie - incuido los Estados Unidos - prestó mucha atención a la "zona de exclusión aérea china", pero todos sabían que se estaba sentando un precedente. Nadie desconoce tampoco que las estadísticas económicas son relativas. China puede ser la segunda potencia económica mundial en términos macro. Pero todo el mundo conoce los verdaderos números que hablan de las inversiones japonesas en China y de las inversiones chinas en Japón, balanza comercial aparte. Todavía los beneficios no son "mutuos". Aunque sí relevantes. La "escalada del mar" fue atizada por el Primer Ministro nipón Shinzo Abe el año pasado cuando decidió visitar al Santuario Sintoísta de Yasukuni.
Entonces se activaron mis alarmas. Yo sabía lo que era el Santuario Yasukuni y muy pronto me cercioré de que Abe había ido allí por motivos coyunturales. Así que me preparé para su respuesta cuando el mundo periodístico le preguntara sus motivos. Porque yo también sabía lo que iba a responder el Señor Abe. Muy pronto me vi metido en mis años de Estudiante de Licenciatura en Historia y recordé, nítidamente, que una de las preguntas del examen de Historia Moderna 1 tenía que ver con Las Reformas Meiji en el Japón de la segunda mitad del siglo XIX. Recordé, además, que mi nota había sido 5, la mayor puntuación. Ocurrió que durante el Gobierno de Yoshinobu Tokugawa - tiempos del Emperador Mutsuhito Meiji - se decidió que los extranjeros residentes en Japón merecian tratos mejores y que el país necesitaba realizar una apertura definitiva hacia el exterior. Lo que llevaba la contraria a los sueños nacionalistas del Emperador, que jamás hubiera osado quebrantar las reglas del juego. Japón y su modo de vida significaban pureza y ningún extranjero podría, nunca, manchar tal pulcritud. La juventud samurai y los nobles respondieron a Tokugawa con la Guerra Boshin en apoyo a su Emperador. Muy pronto la contienda dejaría 1500 muertos y el Emperador decidió erigir un Santuario en 1869 para honrarlos "a todos". En 1874 lo visitó. Aseguró que "sus nombres vivirían allí para siempre". Si bien es cierto que el Emperador derrotó a los "modernistas" de su Primer Ministro, no le quedo más alternativas que recoger el batón de los chicos de Tokugawa e implementar algunas medidas innovadoras que la Historia conoce como Las Reformas Meiji. Las mismas que abrieron Japón al mundo y que habrían de modernizarlo definitivamente. Tanto que sus sucesores lograron elevar al país a primera potencia asiática para 1939.
El Santuario Sintoísta de Yasukuni está en Tokío. Entre sus paredes sagradas descansan casi dos millones y medio de japoneses, taiwaneses y coreanos, que murieron mientras defendían a su Emperadores entre 1869 y 1945, año en que colapsa el Imperio debajo de la radiación de las Dos Bombas Famosas. Entre los fallecidos hay 1668 criminales de guerra de la Segunda Guerra Mundial. También descansan allí 14 criminales Clase A que tuvieron en sus manos el destino del país hasta 1945. Y lo hace, además, el Primer Ministro Hideki Tojo, el hombre que dio la orden de atacar Paerl Harbor en 1941.
Para los monjes que controlan el Santuario - y seguramente para millones de japoneses - Yasukuni es un lugar de paz. Porque el Sintoísmo no diferencia entre amigos y enemigos. Las personas pueden o no pueden ser culpables. Pero sus almas siempre son inocentes. En 1969, las autoridades del Gobierno y las del Templo decidieron que "los espíritus - kami - de los criminales de guerra podían ser honrados allí". No fue una decisión pública. Pero se supo. Como también se sabría que nueve años después los 14 Criminales de Guerra Clase A fueron consagrados "mártires": los "mártires Showa de Hiroito". Desde que cerró esa página, "adentro solo hay tranquilidad". Las estadísticas dicen que la ocupación japonesa de Asia ocasionó mas de veinte millones de muertos. Cuyas almas descansan en otra parte. Porque las Reformas Meiji no tuvieron tanto alcance.
Quines penetran al Santuario han de respetar ciertas normas. Tienen que hacerlo descalzos, con las manos y la boca purificadas, saludar a las almas mediante una reverencia al altar, dar dos fuertes palmadas para despertarlas, beber sake a manera de honra y ejecutar alguna que otra reverencia de oficio. Eso lo hacen unos cinco millones de japoneses al año. Los monjes aclaran que "nada debe cambiar, la historia ha de contarse correctamente y no repetirla, Japón ha pagado con creces y ha cumplido". Montones de encuestas dan cuenta de la disparidad de criterios que trae aparejado la existencia del Santuario. Muchos temen que tanta veneración hacia los kamis continúe lastimando la sensibilidad de los vecinos y afecte a las magníficas relaciones que hoy existen. Sin embargo las opiniones parecen ser bastante homogéneas en cuanto a la existencia del Museo Yushukan que está en el interior del Santuario. Tal vez porque allí también descansan miles de documentos, mapas de conquista, armas, joyas de la Gran Guerra al estilo del Caza Zero, del Bombardero Suisei o del Torpedo Humano Kaiten. Cuyas almas son demasiado materiales.
La visita de Abe al Santuario el año pasado congestionó el frente y los alrededores de las embajadas japonesas en Beijing y en Seúl. China llegó más lejos y emitió una nota oficial de protesta. La visita fue considerada una provocación y un intento de frenar las buenas relaciones entre Japón y el resto de Asia. Abe fue allí a lo que van todos los japoneses que visitan el Santuario. Suponiendo que él sea uno más de los cinco millones habituales. Pero dijo "fui para prometer a las almas que jamás sufriremos a causa de la guerra". Porque la diplomacia y el protocolo son otra cosa. Ambos Gobiernos saben que las tensiones continuarán en medio de sus eternos altibajos. Lo que también saben es que el intercambio comercial tiene que ser salvado a como dé lugar. Sobre todo ahora que China está ralentizada y Japón está imbuido en un mar de reformas en medio del intento eleccionario de Abe, a dos años de concluir su Mandato, en donde busca una especie de Referendum que lo deje en la Casa de Gobierno el tiempo sificiente para poder implementar su plan de reformas económicas que el mundo conoce como Abenomics. Abe ha prometido la creación de una Comisión Especial que estudie a fondo la esencia del Santuario. El sabe "a fondo" cual es la esencia. Pero con las Comisiones se gana tiempo, las aguas se calman un poco y se reactivan los puertos. El Monje Iguchi - el Monje Duro de Yasukuni - ha expresado que "se puede nombrar a cuanta Comisión se decida, pero se debe saber que el Santuario es independiente y no hay por qué escuchar a ningún tipo de voces, las almas se quedan aquí, digan lo que digan".
Las encuestas dicen un par de cosas en relación a la elección adelantada de mañana en Japón. La abstención sera proverbial. La Coalición de Gobierno - Partido Liberal Demócrata, de Abe y Budista, Nuevo Komeito, barrerán a todos los contrincantes. La Abenomics estará garantizada por los samurais de la Cámara Baja del Parlamento. Y el Nacionalismo. Y Yasukuni?. Muy bien, en Tokío, listo para recibir a las próximas almas.
Con o sin Comisiones.
Westchester, Miami, Usa.
Diciembre 13 del 2014.
Luis Eme Glez.
El encumbramiento económico de China - siempre ha de ir convollado con la pujanza militar - le ha hecho desempolvar su nacionalismo. Y tratado de apretar algunas tuercas mal engrasadas en la maquinaria de su Mare Nostrum. Y probar a sus enemigos del pasado. Beijing comenzó rediseñando una zona de exclusión aérea que incluía al Archipiélago Senkaku, un grupo de islas administradas por Japón, que China reclama. Japón avivó la llama cuando habló de "pasar de la administración a la compra". Surcorea activó sus alarmas y Japón redistribuyó su Presupuesto. Nadie - incuido los Estados Unidos - prestó mucha atención a la "zona de exclusión aérea china", pero todos sabían que se estaba sentando un precedente. Nadie desconoce tampoco que las estadísticas económicas son relativas. China puede ser la segunda potencia económica mundial en términos macro. Pero todo el mundo conoce los verdaderos números que hablan de las inversiones japonesas en China y de las inversiones chinas en Japón, balanza comercial aparte. Todavía los beneficios no son "mutuos". Aunque sí relevantes. La "escalada del mar" fue atizada por el Primer Ministro nipón Shinzo Abe el año pasado cuando decidió visitar al Santuario Sintoísta de Yasukuni.
Entonces se activaron mis alarmas. Yo sabía lo que era el Santuario Yasukuni y muy pronto me cercioré de que Abe había ido allí por motivos coyunturales. Así que me preparé para su respuesta cuando el mundo periodístico le preguntara sus motivos. Porque yo también sabía lo que iba a responder el Señor Abe. Muy pronto me vi metido en mis años de Estudiante de Licenciatura en Historia y recordé, nítidamente, que una de las preguntas del examen de Historia Moderna 1 tenía que ver con Las Reformas Meiji en el Japón de la segunda mitad del siglo XIX. Recordé, además, que mi nota había sido 5, la mayor puntuación. Ocurrió que durante el Gobierno de Yoshinobu Tokugawa - tiempos del Emperador Mutsuhito Meiji - se decidió que los extranjeros residentes en Japón merecian tratos mejores y que el país necesitaba realizar una apertura definitiva hacia el exterior. Lo que llevaba la contraria a los sueños nacionalistas del Emperador, que jamás hubiera osado quebrantar las reglas del juego. Japón y su modo de vida significaban pureza y ningún extranjero podría, nunca, manchar tal pulcritud. La juventud samurai y los nobles respondieron a Tokugawa con la Guerra Boshin en apoyo a su Emperador. Muy pronto la contienda dejaría 1500 muertos y el Emperador decidió erigir un Santuario en 1869 para honrarlos "a todos". En 1874 lo visitó. Aseguró que "sus nombres vivirían allí para siempre". Si bien es cierto que el Emperador derrotó a los "modernistas" de su Primer Ministro, no le quedo más alternativas que recoger el batón de los chicos de Tokugawa e implementar algunas medidas innovadoras que la Historia conoce como Las Reformas Meiji. Las mismas que abrieron Japón al mundo y que habrían de modernizarlo definitivamente. Tanto que sus sucesores lograron elevar al país a primera potencia asiática para 1939.
El Santuario Sintoísta de Yasukuni está en Tokío. Entre sus paredes sagradas descansan casi dos millones y medio de japoneses, taiwaneses y coreanos, que murieron mientras defendían a su Emperadores entre 1869 y 1945, año en que colapsa el Imperio debajo de la radiación de las Dos Bombas Famosas. Entre los fallecidos hay 1668 criminales de guerra de la Segunda Guerra Mundial. También descansan allí 14 criminales Clase A que tuvieron en sus manos el destino del país hasta 1945. Y lo hace, además, el Primer Ministro Hideki Tojo, el hombre que dio la orden de atacar Paerl Harbor en 1941.
Para los monjes que controlan el Santuario - y seguramente para millones de japoneses - Yasukuni es un lugar de paz. Porque el Sintoísmo no diferencia entre amigos y enemigos. Las personas pueden o no pueden ser culpables. Pero sus almas siempre son inocentes. En 1969, las autoridades del Gobierno y las del Templo decidieron que "los espíritus - kami - de los criminales de guerra podían ser honrados allí". No fue una decisión pública. Pero se supo. Como también se sabría que nueve años después los 14 Criminales de Guerra Clase A fueron consagrados "mártires": los "mártires Showa de Hiroito". Desde que cerró esa página, "adentro solo hay tranquilidad". Las estadísticas dicen que la ocupación japonesa de Asia ocasionó mas de veinte millones de muertos. Cuyas almas descansan en otra parte. Porque las Reformas Meiji no tuvieron tanto alcance.
Quines penetran al Santuario han de respetar ciertas normas. Tienen que hacerlo descalzos, con las manos y la boca purificadas, saludar a las almas mediante una reverencia al altar, dar dos fuertes palmadas para despertarlas, beber sake a manera de honra y ejecutar alguna que otra reverencia de oficio. Eso lo hacen unos cinco millones de japoneses al año. Los monjes aclaran que "nada debe cambiar, la historia ha de contarse correctamente y no repetirla, Japón ha pagado con creces y ha cumplido". Montones de encuestas dan cuenta de la disparidad de criterios que trae aparejado la existencia del Santuario. Muchos temen que tanta veneración hacia los kamis continúe lastimando la sensibilidad de los vecinos y afecte a las magníficas relaciones que hoy existen. Sin embargo las opiniones parecen ser bastante homogéneas en cuanto a la existencia del Museo Yushukan que está en el interior del Santuario. Tal vez porque allí también descansan miles de documentos, mapas de conquista, armas, joyas de la Gran Guerra al estilo del Caza Zero, del Bombardero Suisei o del Torpedo Humano Kaiten. Cuyas almas son demasiado materiales.
La visita de Abe al Santuario el año pasado congestionó el frente y los alrededores de las embajadas japonesas en Beijing y en Seúl. China llegó más lejos y emitió una nota oficial de protesta. La visita fue considerada una provocación y un intento de frenar las buenas relaciones entre Japón y el resto de Asia. Abe fue allí a lo que van todos los japoneses que visitan el Santuario. Suponiendo que él sea uno más de los cinco millones habituales. Pero dijo "fui para prometer a las almas que jamás sufriremos a causa de la guerra". Porque la diplomacia y el protocolo son otra cosa. Ambos Gobiernos saben que las tensiones continuarán en medio de sus eternos altibajos. Lo que también saben es que el intercambio comercial tiene que ser salvado a como dé lugar. Sobre todo ahora que China está ralentizada y Japón está imbuido en un mar de reformas en medio del intento eleccionario de Abe, a dos años de concluir su Mandato, en donde busca una especie de Referendum que lo deje en la Casa de Gobierno el tiempo sificiente para poder implementar su plan de reformas económicas que el mundo conoce como Abenomics. Abe ha prometido la creación de una Comisión Especial que estudie a fondo la esencia del Santuario. El sabe "a fondo" cual es la esencia. Pero con las Comisiones se gana tiempo, las aguas se calman un poco y se reactivan los puertos. El Monje Iguchi - el Monje Duro de Yasukuni - ha expresado que "se puede nombrar a cuanta Comisión se decida, pero se debe saber que el Santuario es independiente y no hay por qué escuchar a ningún tipo de voces, las almas se quedan aquí, digan lo que digan".
Las encuestas dicen un par de cosas en relación a la elección adelantada de mañana en Japón. La abstención sera proverbial. La Coalición de Gobierno - Partido Liberal Demócrata, de Abe y Budista, Nuevo Komeito, barrerán a todos los contrincantes. La Abenomics estará garantizada por los samurais de la Cámara Baja del Parlamento. Y el Nacionalismo. Y Yasukuni?. Muy bien, en Tokío, listo para recibir a las próximas almas.
Con o sin Comisiones.
Westchester, Miami, Usa.
Diciembre 13 del 2014.
Luis Eme Glez.
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