Para Chilentino Brituentes: borrador para poema cumpleañero.
Hoy cumplo cuarenta y siete años.
Es un tiempo muy largo muy largo.
Me aprieta mi biografía
casi no me cabe en los zapatos.
Puedo decir que he vivido
pero tal vez no pueda expresar
que no he muerto un poco cada vez.
He sido guaguariego y niñariego
cabrariego y minariego.
He sido adorador de mujeres del tiempo
y me he prostituido en el diván de sus encantos.
Las amé y las huevié
y pido perdón si acaso les hice algún daño irreversible.
Cogí peces blancos en las aguas putrefactas
del Río de la Plata.
Mordí labios bonaerenses en cada uno de los recovecos
de la Plaza de Mayo.
Me persigné ante el lunfardo en Sausalito
y apreté la voz de Gardel con mis dientes de fuego.
Aplaudí cada gol en los stadiums congestionados
y corrí con Fangio las 500 millas de Comodoro Rivadavia.
Me bebí toda la cola de cometa matesada de Evita Perón
y masturbé mis sueños con el garbo irresponsable
de Rita Haiwort y una tarde sorprendí a Montevideo
en la Plaza de Artigas.
Deglutí los exilios
mientras el vuelo farandulero de mis padres
me volteaba las amígdalas
sin que mis jugos adeénicos asumieran la herencia
de las tablas.
Me trastornaba la carne de mujer
- admito no ser un macho de excepción -
pero siempre sin segundas intenciones.
Recorrí los malecones del norte del Gran Río
y vacié mis testículos en las sábanas de Paisandú
y de Maldonado.
Amé al Peñarol y a Quiroga
y porfié con las minas de Punta del Este
en el sopor de sus mates perturbados.
Delmira Agostini me trastornó
con sus orgasmos poéticos
y poseí a la mar que también olía
a las caderas de Alfonsina.
Detesté a Benedetti por seudotipo
pero aplaudí la prosa hombruna de Galeano.
Y un atardecer de cordillera nevada
irrumpí en Santiago como Emperador Trashumante
de caballo brioso.
Aquí estaba la otra mitad de que hablan
los cultivadores de naranjas.
Santiago fue el Destino Manifiesto
de un viajero sin retorno
que afinó al oleaje incitador del Mar Pacífico
por sobre las cópulas atlánticas.
Asantigué en Chile
y la enamoré con todos mis cabales
la tomé por su piel ( 1 ). ( 2 ).
( 1 ).
Este poema tenía la intención de ser una Oda o una Elegía. No recuerdo por quá no terminé el borrador. Chilentino se pasaba horas enteras hablándome de su biografía. Chilentino Brituentes aparece varias veces en este Blog y por tanto no abundaré. Solo decir que para mi llegada a Santiago de Chile estaba separado de su esposa, la misma que lo había amarrado en el poste del amor del otro lado de La Cordillera. En el año 2001 una de sus hijas estaba casada y tenía un niño. Las otras tres andaban solteras pero ya despuntaban por su precocidad antológica. Pocas veces he conocido a cuatro chicas tan rematadamente bonitas y atractivas, tan simpáticas y tan cariñosas. Debo admitir que una de ellas logró trastornar mis sentidos pero de alguna manera pude detenr la explosión y seguir tomándola como "la bella hija" del mejor amigo que tuve en el Cono Sur en los primeros años. Recuerdo que cuando le decía que "no me quedaría otro remedio que convertirme en su yerno", ripostaba con una sonrisa difusa y me advertía "desalmado". Las cuatro bellezas ya lo hicieron abuelo y todos están en mi página de FB subiendo fotos y haciendo chistes todo el tiempo.
( 2 ).
Cuando digo "guaguariego", "niñariego", "cabrariego" y "minariego" se debe entender como una variante de la palabra "mujeriego", toda vez que Chilentino me aseguraba que "tuvo novias" desde que era una "guagua" (bebé), desde que era un "niño", desde que era un "cabro" (jovencito) y que superó sus récords en relación con las faldas cuando fue un hombre y tuvo montones de "minas" (chicas). "Matesada", al citar a Evita, se refiere al "mate", la infusión típica de los rioplatenses y evidentemente es un adjetivo inventado. "Huevié" es una manera verbal de citar al pasado del infinitivo "hueviar", cuyo sustantivo clásico es "huevón". Tambien he hablado del significado de la palabra en este Blog. En el caso que nos ocupa Chilentino quiere decir que las "vaciló, las fastidió, se burló de ellas". Siempre escribo huevón - los chilenos prefieren, a veces, "ueón" - así: webón.
Recoleta, Santiago de Chile, Chile.
Luis Eme Glez.
Julio 26 del 2001.
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