Saturday, October 12, 2013

MALALA DE PAKISTAN EN EL DESPACHO OVAL.-

Ciertamente las opciones para resultar famoso en Pakistán son muy limitadas. Hoy día a nadie le importa que el país se hubiera separado de la India a mediados del siglo XX debido a conflictos religiosos capaces de asentar al Islan en el noroeste del Subcontinente. Escición es una gran palabra pasada de moda. Los turistas adinerados y los deportistas rebosantes de testosterona prefieren otras rutas para intentar escalar algunos de los picos más imponentes del Himalaya.  La Corte Imperial Internacional de Osama Bin Laden anda descabalgada después de que las tropas élites de Estados Unidos lo depositaron en el fondo de algún océano luego de haberlo cazado en su búnker pakistani entre videojuegos, planes contra Occidente y pornografía barata.
Parece que las opciones para degustar la fama en Pakistán pasan por tres encrucijadas. Primero, poder jactarse de tener el apellido Buhtto, segundo, alcanzar la cúspide en un deporte que es primo hermano del béisbol llamado crícket - por demás, deporte nacional - y tercero, ser baleado en algún bus escolar por un miliciano talibán al que no le cabe en su cabeza enfundada en los trapos sagrados que una mujer desee estudiar y superarse. Vale decir, reinterpretar al Corán. En el Pakistán de la hora contemporánea Malala Yousarfzai es una adolescente famosa. Tal vez necesariamente famosa.
Esta tarde he visto a Malala en el Despacho Oval de la Casa Blanca custodiada por un cuadro de Lincoln, una cesta con frutas a manera de naturaleza viva y parte de la familia del Presidente de los Estados Unidos. Malala ha estado defendiendo un derecho humano básico y ha tenido que pagar por ello en una nación tremendamente vinculada a Washington a pesar de los diferendos valóricos. Después de haber recibido una notabilísima retahila de premios internacionales Obama no ha tenido otra alternativa que invitarla a la Casa de Gobierno y atenderla en un sitio reservado a dignatarios de rango especial. Barac Obama considera que solo en Estados Unidos se puede premiar de verdad a alguien que defienda los derechos humanos a costa de su propia existencia. Quizás porque no todos puedan exhibir tal constelación de Padres Constructores, profetas de un Dios que decidió hacer una Segunda Elección Sagrada en el Octavo Día.
Mientras observaba el gran cuadro de La sagrada familia incompleta con invitada me fui hasta el  Pakistán de nuestro tiempo, al país segregado en donde los talibanes de Afganistán son dueños de territorios imponentes y en donde siembran sus leyes enmendadas del Libro Sagrado en tanto puedan regresar a Kabul, al país en donde los drones fabricados en algún complejo militar sofisticado de Maryland hacen doble  trabajo  cada día y en donde la tremenda dicotomía de un feudalismo a ultranza y el átomo domado se unen para mostrarnos la sutil paradoja del destino. Pakistán, la nación que Sir Arthur Conan Doyle nos dejó grabada en nuestras mentes a través de las palabras del Doctor Watson hablando de sus tiempos en "la guerra de Afganistán" en tanto nos pintaba al genio analítico de Sherlok Holmes por debajo de su geografía explícita.
Durante gran parte de la primera  década del  siglo XXI el territorio que ocupa el Valle del Río Swat estuvo sometido al control talibán. Control talibán es casi una frase algorítmica. En su acápite "educación" no está contemplado "educación para las niñas". Su interpretación del Coran es harto sui géneris y tienen una devoción particular por las enseñanzas del Profeta. Las niñas solo deben saber que están destinadas a ser esposas y madres: fuera de tales labores  el mundo no existe. Contradecir las enseñanzas de Mahoma es una blasfemia de tal magnitud que fácilmente  puede pagarse con la vida. A los trece años ya Malala hacía mucho tiempo que venía contradiciendo los postulados de quienes controlaban el Valle del Río. Tal vez no porque fuera una niña prodigio o demasiado valiente. Sino porque sabía que ella también había nacido con libre albedrío en una tierra también santa desde los albores del nacimiento de la razón humana. Malala deseaba estudiar y superarse y no entendía ni aceptaba que personas como ella, intrusos en una tierra de nadie, se lo impidieran.
Malala estaba al tanto del enorme poder de las máquinas que gobernaban el ciberespacio, de los vínculos históricos de su país con Londres y consiguió que la BBC la incluyera en sus espacios para Blogs. De tal manera el mundo pudo conocer de sus peripecias y de las peripecias de sus hermanas de género en Gul Makai. El Blog de la chica del Valle del Río se convirtió en uno de los más visitados del mundo cíber y cuando dos periodistas del New York Times le dedicaron un documental llamado Pérdida de clases, mas que una bloguera de alcurnia  Malala se volvió una personalidad influyente a nivel mundial y las principales publicaciones la comenzaron a incluir en sus  ranking de cada año. Creo que el nombre Malala y las fotos Malala han permanecido tanto tiempo en las planas clásicas de los diarios y en las páginas cíber como cualquier otra personalidad que mueva los resortes del panorama mundial contemporáneo. O tal vez más. Porque Malala ha sido la actriz principal de uno de los más connotados Reality Show de la hora que nos va tocando vivir. Cuando digo reality show la frase debe entenderse en sentido literal. En la vida de la niña pakistaní la palabra ficción  parece ser - otra vez -  una palabra reinterpretada del Libro Sagrado.
El año pasado un miliciano talibán se subió al bus escolar en el que iba Malala junto a sus compañeras de clase. Nadie le pidió subir. Nadie estaba pensando en hacerle un favor. Las niñas lo miraron como se mira a un intruso. Si las niñas no podían estudiar en tierra controlada, pensaban, un milico controlador tampoco podía acompañarlas. En realidad no podía acompañarlas pero sí podía violar su libertad individual con la patente de corso que  le expedían sus superiores. El hombre iba armado como si se hubiera preparado  para matar a una manada de camellos con rabia.Las chicas rodeaban a Malala, tanto como porque era buena amiga y mejor estudiante, porque era famosa y necesaria para la causa que estaba defendiendo. El fundamentalista del Valle del Río disparó sobre Malala. Y se fue hacia la tierra arrazada de Mingora.
Hoy mismo Malala se rehabilita en Inglaterra en donde cursa sus estudios secundarios. Ya es una jovencita hermosa que muy bien puede llamar la atención por otras cosas diferentes. Porque las balas del arma del hombre homicida afectaron su cuello y su cráneo Malala vive con un dispositivo auditivo y una placa de titanio, aditamentos que no le impiden llevar una vida normal, atender su Web Malala Usafzai, viajar para recibir los más importantes galardones internacionales dedicados a la defensa de las  causas justas y pensar en el futuro de Pakistán. Malala sabe que los talibanes han jurado reintentar su empeño y sacarla definitivamente del juego occidental de los infieles. Sabe que está en una ciudad insegura y en un país inseguro pese a disponer de los más sofisticados sistemas de seguridad. Sabe, además,  que su casi asesino hace rato está identificado por las autoridades de Islamabad y no desconoce que por cada kamizaze talibán que cae otro está listo para recoger el batón y no permitir que nadie ose modificar los postulados del Gran Libro. Pero no tiene miedo. Y no tener miedo es, tal vez, la mayor riqueza que puedan atesorar los ciudadanos de cualquier país. 
Mientras Michelle Obama le observaba con mucha atención desde su vestido bahamés y Maya la estudiaba con detenimiento - posiblemente admirada del temple de una contemporánea lastimada por el enemigo - Barac le oía decir de sus agradecimientos por el apoyo a la educación en Pakistán. El Presidente le comentó de la reciente captura del pakistaní Latif Rehsud en Afganistán, un pez muy gordo que nadaba en el Mar del Terrorismo y que fue quien falló  en Times Square en el 2010.Malala expresó que se trataba de una noticia genial pero dejó claro que se debía tener mucho ojo con el uso de los drones en el país porque al parecer sus logros estaban equiparados con sus fracasos en cuanto a las categorías de las víctimas. Maya le observó con mayor dedicación después de escuchar esta aseveración. Cuando agradece a Dady su apoyo a la educación es Malala, la del Blog y la de la Web, piensa, pero cuando habla de los drones es Benazir Butho y es la niña que ya suena con llegar a ser la Primera Dama de Pakistán.
Los Obama le obsequieron con una cena vegetariana porque hasta tanto no resuelvan el asunto  del techo de la deuda con los recalcitrantes republicanos no hay carnes rojas ni delicatessen para altos dignatarios a la vera del Despacho Oval. Extrañando la presencia de la más pequeña de las chicas Obama en el Despacho Oval,  Malala preguntó por ella. Pero cuando Michelle le iba a decir que ellos también habían reinterpretado el concepto de Sagrada Familia dos miembros del Servicio Secreto entraron para decir que el tiempo de la conversación había terminado.
Esto no lo pondré en mi Web, pensó Malala Yousarfzai. Mientras liberaba su cabeza del género aturbantado que usan las mujeres en el Valle del Swat se dio cuenta de que lo había pensado en pastún.


Wechester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
Octubre 11 del 2013.




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