Sunday, March 3, 2013

DE PASO EN CASTEL GANDOLFO.-

Se ha escrito demasiado - no sé si suficiente - acerca de la renuncia del Papa Benedicto XVI y sus multiples motivaciones para tomar tan trascendental decisión. Parece que el mundo católico  se está debatiendo entre agradecimientos y denostaciones para con un hombre destinado por Dios a guiar los rumbos de  millones de corderos hasta el último minuto de su vida. Porque los Papas no renuncian. Los papas mueren en el Vaticano. Pat Ratzinger no es, sin embargo, el primero que protagoniza una huida de la Ciudad Sagrada. Posiblemente tampoco será el último en protagonizar desencuentros valóricos entre fieles y estudiosos laicos de las Ciencias Divinas.
A Castel Gandolfo se va a descansar. Para ello fue diseñada la locación en las afueras de Roma por Carlo Maderno en el siglo XVII. Al Castillo sacro - y extraterritorial - no se va de paso. Si estás allí tienes que regresar al Vaticano como todo líder que tomó y culminó vacaciones. Regresar a gobernar hasta un nuevo período de relax. Benedicto XVI no ha hecho eso tras haber anunciado la noticia del No Sigo. Está en el Castillo solo por un tiempo, después del cual se instalará en el monasterio Mater Ecclesiae. Como un católico más, sin tiaras ni obligaciones pontificias. Dice que orará el resto de su vida, acción que es lo que solamente le  permite su cuerpo viejo y agotado. Quizás escribir.  Los hombres de su séquito, con absoluta seguridad, saben de que se trata esta renuncia imprevista para los millones de católicos en todo el mundo. Y cuando haya otro Papa en el país vaticano Pat Ratzinger no quedará en la historia  extramuros  por sus logros o desaciertos desde la Silla de Pedro sino como el Papa que renunció a la Orden Irrenunciable.
Mater Eclesiae es un monasterio ordenado construir por deseo expreso de Juan Pablo II en 1992 para monjas de clausura. Erigido en una zona apartada de los Jardines Vaticanos es un sitio exclusivo para la vida contemplativa en donde las monjas de todas partes del mundo habrán de rezar por el Papa y por la Iglesia. No por protestantes, otras congregaciones ni por ateos. Allí han pernoctado monjas clarisas, benedictinas y visitadoras. Como quiera que hoy mismo se trabaja en la remodelación del monasterio las monjas se han mudado provisionalmente y no será hasta que el trabajo esté terminado que Benedicto se instale. En todo caso parece que el Gran Cónclave debe haber elegido al nuevo Papa antes de la culminación de las obras. Posiblemente ya el Humo Vaticano tenga color desde mucho antes del Convite Cardenalicio. Las monjas han realizado lo que saben hacer. Pero Benedicto XVI no es una monja. Y  a estas alturas de su vida no está para trasvestizar su existencia. Mas allá de las buenas intenciones.
Como excepción a Castel Gandolfo también se va a morir. Solo que la muerte papal en el castillo constituye el único  valladar que prohibe el regreso al Vaticano. Pío XII y Pablo VI murieron allí mientras descansaban de sus dolores físicos. Pero los diagnósticos relativos a la salud de Benedicto XVI - incluso los publicados últimamente - no hablan de gravedades extremas. Está muy lejos todavía de tener que soportar el  escarnio público a que fue sometido Juan Pablo II en los años postreros  de su Apostolado.
Posiblemente Benedicto haya recibido algún Llamado Celestial que le ordenaba dejar el trono porque su mente aria no daba para tanto despilfarro sacro. Seguramente oyó que se fuera al Castillo como Casi Abdicador porque allí recibiría una muerte digna que no le permitiera regresar al monasterio. Alguna vez la iglesia  también tendrá su Libro Guinnes y él abrirá sus páginas como el Primer Papa Renunciante que murió en Castel Gandolfo. Porque del Castillo se regresa a gobernar. No a orar.
Por demás ya sabemos que no siempre las voces del Más Arriba son todo lo proféticas que desearan los mortales. Además, nadie ha dicho que un ex Inquisidor de la Modernidad se vaya a fiar de sonidos volubles. Sobre todo cuando ya no porta en su dedo el Anillo de Pescador.
Monjas de Mater Ecclesiae, estén alertas. Miren que jamás han tenido a un Papa Renunciante entre sus paredes. Agilicen la confección de limonadas. Tal vez los limoneros de los jardines vaticanos sean el mejor antídoto contra los ditirambos de la presión arterial.
Por si acaso.


Wechester, Miami, Marzo 3 del 2013.
Luis Eme Glez.

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