Leí en alguna publicación oficial que hay unos quince mil cubanos en Chile, gran parte de los cuales viven en la capital del país. Y que llegaron después de la estampida de 1973. Porque parece que no es difícil obtener una visa de turista en el Consulado Sudamericano en La Habana ni mucho menos contraer matrimonio con ciudadanos(as) de ese país. Tampoco es complicado radicarse e incluso las autoridades de Inmigración son tolerantes y benévolas con los casos que no pueden cumplir las reglas legales "como corresponde".
Excepto enamoramientos "humanos", necesidad de instalarse en un país "diferente y casi desarrollado" si se cuenta con cierto capital o el "support" de amigos o familiares en Estados Unidos, los cubanos que llegan a Chile lo hacen pensando que solo se trata de un "puente" hacia Miami, que están de "paso". Existe una cantidad considerable que arriban contactados desde Cuba, sobre todo si son profesionales, y logran adaptarse y hacen su vida sin que el sueño de continuar el viaje les provoque pesadillas. Esos son los que reciben salarios suculentos, adquieren uno o dos autos, pueden rentar un buen apartamento en Barrio Alto, viajar por el mundo e incluso ser visados por la Embajada estadounidense si aceptan que algún miembro de la familia permanezca en el país. Educación, Arte y Cultura y Salud son las ramas en las que los cubanos profesionales han podido triunfar en Chile. Es cierto que tienen que revalidar títulos pero la solvencia y la capacidad técnica les lleva a trabajar mucho antes de que los procedimientos burocráticos les autoricen. La baja cantidad de médicos chilenos y las urgencias de la Salud Pública abren tantas puertas como sus probadas aptitudes. Los cubanos son admirados y respetados en Chile y no solo porque bailen salsa, sean "amorosos" y las fantasías les colmen el alma. De la misma manera en que les decimos "ustedes hablan otro idioma", ellos ripostan con aquello de "ustedes son de otra raza". Un cuarenta y nueve por ciento se la pasa ironizando con Fidel Castro y retrotrayendo su impronta de los setenta. El cincuenta y uno restante los invita a los carretes de fin de semana y les entregan sus números telefónicos.
El equivalente cubano de la "palanca" es el "pituto" chileno. Desconozco como se llamaría ese mago de las soluciones antes de que Newton pidiera una "palanca" para mover el mundo. Pero no dudo de que existiera. En Chile un pituto no es uno más que puede darte una "paleteada": allí es una Institución. Un pituto - que también puede significar realizar una "peguita"- no es quien te dice "lo llamo después" en relación con un trabajo post entrevista. El pituto te dice "comience altiro". Tener acceso a uno de ellos es como poseer montones de llaves maestras y montones de puertas listas para batir en tu honor. Sin embargo, la categoría "pituto" tiene sus escalas. El pituto "medio" y el pituto "mínimo" lo mas que pueden lograr es un trabajo "ordinario," que te permita pagar una pieza y tratar de no morirte de hambre real. El "hambre real" no es la que te mata con la "guata" repleta. El hambre real es la que te "hace tiras" cuando no puedes adquirir las delicatessen que te encantan en los Supermercados Primermundistas. No obstante - y teniendo en cuenta la dieta frugal de los chilenos y la capacidad del cubano de comer "hasta piedras"- se debe ser honesto y admitir que en Chile no hay hambre, con todo respeto por aquella aseveración apocalíptica de la hija de mi prima en La Habana del 2001.(1). Las ciudades y pueblos chilenos están compactos de "almacenes" en donde puedes adquirir productos esenciales a todos los precios e incluso con facilidades de pago. Por eso no tuve necesidad de extrañar a nuestras "bodegas" de barrio.
Llamé por teléfono a cada uno de los amigos de mi amigo académico. En todos los casos dijeron maravillas suyas y prometieron "insertarme" en el mundo universitario dadas mis capacidades "intelectuales". Parecían pitutos top. Les creí. Jamás pude recontactarlos. Algunos de sus presentes se morirían en los mausoleos del olvido. Respondieron dos. Una señora jubilada en cuya Residencia mi amigo había vivido, gran amiga de ciudadanos cubanos y que andaba en la etapa de viajar por el mundo a través de Paquetes Turísticos.(2). Ese año estaba "conviviendo" con un Profesor Universitario cubano que admitió haber sido de los que "revisó" mis exámenes en La Habana cuando yo era estudiante de Historia en la Universidad Central. Recuerdo que me dijo "eras tan buen estudiante que cuando leíamos tu nombre en el examen ni lo revisábamos y te aprobábamos y por eso no podías coger 5 siempre". Se jactó de haber llevado a mi amigo académico a la "altura" en la que estaba en el Departamento Cultural de la Universidad y cómo no, prometió "resolverme" una "pincha" en el mundo de la Educación. Nunca más le vi y cuando logré cazarle una llamada habló de cosas intrascendentes. Para ese entonces se había separado de la chilena y uno de sus hijos acababa de llegar al país.
Mi relación con la Señora dura hasta hoy. Pero desgraciadamente, su capacidad como " pituta" no alcanzaba ni la categoría "mínima".
La segunda respuesta llegó de un "extranjero" en Chile. Un hombre en la tercera edad, muy bien conservado y para el 2001, millonario.(3). Mi amigo le conseguía tabacos cubanos de calidad e incluso le envió conmigo una cantidad razonable. Vivía en Zona Oriente y su yerno estaba tratando de montar una fábrica de Confites en la Comuna de Recoleta en compañía de dos socios. Me llevó a varios lugares por un trabajo cualquiera pero en realidad no era un pituto. Estaba retirado de los negocios y oteaba, con calma y "sabiduría", un panorama muy difícil para reinvertir pues estaba "sacando" mucha plata de sus Arcas sin "meter" nada desde que los negocios textiles quebraron por la irrupción asiática y los restaurantes habían colapsado. Finalmente me presentó al yerno y a toda su familia. La fábrica necesitaba a una persona de confianza. Siete días después de llegar a Chile comencé a trabajar como "operario" en una máquina de hacer vainas para cuchuflís. Como no habíamos conseguido nada acequible en materia de rentas la Señora Invitante consideró "buena" la opción para "empezar". Porque trabajar con el yerno y sus socios incluía una habitación anexa a la Fábrica. Ganaría 120 000 pesos al mes y me harían un Contrato desde que Inmigración me lo permitiera pues para ello necesitaría pasar de la fecha de regreso a Cuba y demostar que me quedaría residiendo en el país. Me "cambié" de Curicó en Santiago Centro para Santos Dumont con Schiavetti en Recoleta y entre algunos miembros de las nuevas "relaciones" me "amueblaron" una pieza muy pequeña que era, en realidad, el cuarto de desahogo de la Fábrica. Agradecido, comencé a trabajar, a conocer la ciudad, a hacer amistades, a entregar y enviar currículums a cuanta Institución Educacional hubiera en la capital y a estudiar la posibilidad de seguir a los Estados Unidos en el plazo más corto posible. Las palabras "de paso" y "puente" alcanzarían, muy rápido, connotaciones "harto" complicadas.
Solo cuando la Fábrica se mudó para la Comuna de Providencia dos años después y comenzaron a pagarme 160 000 pesos me di cuenta de que me habían cobrado 40 000 por el arriendo de la pieza.
Mi amigo el millonario se pasó ocho años tratando de invertir en algo que resultara. Nunca se decidió. No tengo dudas de que si hubiera logrado acceder a dos o tres puntos de venta de la Polla Chilena de Beneficiencia - qué era y es su sueño - uno de ellos hubiera sido para mi. La Polla es la Lotería, también conocida como Quino. Me tenía tanta confianza que llegó a ofrecerme la dirección de una pequeña Fábrica de cuchuflís. Pero para ese entonces yo no quería responsabilidades de Comando y el trabajo de vainero me tenía regresando a las antípodas. En el año 2009 me juró que apenas le quedaban ahorros y que se estaba ayudando con la magra Jubilación y la ayuda oficial que le entregaba el Gobierno de su país de origen. La muerte de su hija con apenas 43 años - la esposa del yerno - lo dejó en shok. Cuando salí de Chile estaba llegando a conclusiones difíciles acerca de un cáncer de páncreas que se la llevó en un santiamén. Lo recuerdo "hablándole" en el Parque del Recuerdo, junto a su esposa y nieta y finalizando "ahí estaremos todos los tuyos contigo luego, hija". Dijo "tuyos" como si tratara de entrecomillar la palabra con doble simbología.
Cuando la Fábrica de cuchuflís quebró a finales del año 2003 mi amistad con la Señora Invitante y su familia se mantenía intacta. Para esa época habían tenido que mudarse a la torre de un edificio en Las Condes porque tuvieron que desistir de pelear un jucio por estafa que los había bajado a Clase Proletaria, convirtiendo el negocio de Helados en una palabra mala en los anales financieros. Los hijos debieron congelar sus carreras universitarias y el padre continuaba fuera del país. Sin embargo, la Señora podía considerarse un pituto medio. Nunca he podido explicarme por qué cada posibilidad de contactarme con personeros de rango alto se quedó en albores de gestión. Por lo demás, hay tantas cosas inexplicables en un país cuya idiosincracia puede enaltecerte o llevarte hasta los fondos más perversos de la incredulidad.
La quiebra de la Fábrica acabó con todos mis pobres ahorros y cuando los dueños vendieron el equipamiento para liquidar a los pocos trabajadores nos encontramos conque los cheques eran falsos. Pasarían semanas en esperas de espanto y llantos sublimes de chicas separadas y con hijos. Los compradores me aseguraron que sus cheques tenían fondos - fuí yo quien les llevó las máquinas y se las dejó medio instaladas- pero tal aseveración chocaba con la tosudez de los exdueños. Ese año mi amigo viudo ya no estaba en la Sociedad. Que ahora era Comandada por uno de los antiguos, su primo y un grandulón que había vivido en Estados Unidos. Y cuya "gestión" mancomunada primera consistía en pasarse los días en la Computadora fumando con las piernas cruzadas y explicar, "con mucha verguenza," que "no había plata para el pago". Recuerdo como botamos millones de pesos en "mercadería" pasada para tiempo de consumo en los días finales de una Fábrica que me había acogido con sus fauces abiertas en Marzo del 2001.
Entre deudas pasadas, finiquito legal y vacaciones me debían cerca de un millón de pesos. Equivalente a unos dos mil dólares. Cuando los demás trabajadores concluyeron que no serían finiquitados denunciaron el Caso. No sirvió de nada. Los abogados no defendían contra Empresas insolventes. Entonces hubo que recurrir a un Sistema de Ayuda Judicial que representa gratis y está conformado por Estudiantes de Derecho. Hice mi denuncia por reflejo. El Líder del Triunvirato -que hasta cierto punto había "demostrado" ser mi "amigo" - me dijo "haz la denuncia, Luis, te juro que no tenemos ni un peso". De modo que nunca supe si en verdad los compradores no pagaron ni por qué no se llevó a un Síndico de Quiebras para que investigara en terreno y fuera quien vendiera las máquinas y liquidara a la plantilla. No he descartado que la susudicha quiebra fuera provocada y mucho menos la posibildad de que hubiera sido estafado. Este golpe ecónomico me había llevado a superar cualquier liturgia relacionada con el Gallo de Morón. No podía cacarear porque carecía de plumas.
Comenzando el año 2004 no tenía ni un centavo, los dueños de la casa donde vivía en Eudoro Garín, Comuna de Nuñoa, estaban pidiendo su Casa y me acababa de convencer de que jamás obtendría mis casi dos mil us con los que hubiera amortiguado el golpe hasta conseguir otro trabajo. Comencé a pasar hambre "irreal" y cuando estaba literalente desesperado hice una llamada a los Estados Unidos aún cuando esa acción me costó poner mi orgullo a la altura de la ajadísima alfombra de mi pieza. Casi simultáneamente la Señora Invitante me hizo otra llamada.
Se me agiganta un gran dolor.
(1).
Janet Valdivia, doctora. Hija de mi prima hermana María Elena Hernández y "de Valdivia". Durante años parte del "Sistema", en La Habana. Hoy residen en Argentina, son gente de negocios y viajan por el mundo.
(2).
Irene Pezoa.
(3).
José Poch, catalán de Carme, que había recorrido medio mundo y experto en paellas. Casado con una chilena, tenía dos hijas, una de las cuales - y esposa del yerno, Alejandra -, murió en el año 2008 debido a un cáncer de páncreas.
Se me agiganta un gran dolor.
(1).
Janet Valdivia, doctora. Hija de mi prima hermana María Elena Hernández y "de Valdivia". Durante años parte del "Sistema", en La Habana. Hoy residen en Argentina, son gente de negocios y viajan por el mundo.
(2).
Irene Pezoa.
(3).
José Poch, catalán de Carme, que había recorrido medio mundo y experto en paellas. Casado con una chilena, tenía dos hijas, una de las cuales - y esposa del yerno, Alejandra -, murió en el año 2008 debido a un cáncer de páncreas.
Marzo 29 del 2011.
Miami, USA.
Luis Eme Glez.
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