Río de carne y río de huesos
abriste el Gran Cañón
en las laderas de tu
carne.
Asistí
encantado
a todos los meandros de tu
cause
y en la desembocadura
te esperé hecha música de luces
al final del verano.
Para Eugenia,- incansado de mirarle.
En el principio fue la semilla
bajo los terrones rotos en el surco de la vida.
Tras el principio fue la semilla rota descuartizada
y la tierra abierta de fauces
dando paso al cadáver
resucitado al quinto mes.
Luego fue la explosión de colores
la empinatriz del tallo
la sublime verdad de las primeras hojas batidas
por el viento solano
despeinadas todas en los largos labrantíos
del otoño.
Entonces fue la formación del tallo
expandido orgulloso
domando la campiña con su copa sonora
y el follaje sexual
oliendo a campanillas blancas .
Hombre y mujer en la madera desbocada.
Hermafrodita sugestión de frutos.
Y cuando el divino misterio amenazaba
con repetir el ciclo
desde los bajos cielos se escuchó una orden.
Stradivarios acuñado en Florencia.
Porque las artes tienen su paraiso
donde las musas copulan con los lirios dormidos.
Después sería el violín exacto
exhuberante y curvilíneo
femenino y atroz
morboso y musical
casi obseno sobre los hombros elegidos.
Hermano menor de la guitarra
en su hogar de sonidos desbordados
templable hasta el dolor
el violín es la palabra poseción
y es el amor del plañidor del alba.
Yo pude ver tus cuatro fases
pude ver al misterio acechando por repetir el ciclo
desrepitiéndolo en tu temprana edad.
Desde el árbol bonzai hasta el violín invicto
te has hecho una mujer violín tremendamente recordable.
Un violín que camina y que sonríe
que se contorciona y se ladea
que se ofrece como el magma a la pendiente fácil
y transita el escenario de la vida
con aquella ingenuidad atemperada.
Aquí tienes mis manos y mi hombro
déjate templar y déjate tocar
y pare toda la música del Universo
en mis dedos calmados.
Vibra y late entre mis cosas
encanta mis oídos y ennoblece mi corazón
enróscate en mis piernas y sueña a paraiso recobrado
con notas inexploradas en cada pentagrama.
Dame una noche de fiesta
cualquier madrugada
y estaremos solos
gestando la canción futura
de los amantes,
Eugenia.
Providencia.
Santiago de Chile.
Abril 19 del 2005.
Luis Eme Glez.-
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