barren las memorias
y el próximo Sol
solo es
un abanico de recuerdos.
Damas y caballeros que compráis horizontes
por las calles compactas de las otras infancias
que mendigáis amor por las Alamedas vivas
de cualquier mocedad.
Señores que escucháis el clamor de la Tierra
retumbando silencios en los ecos del Tiempo.
Escuchad esta arenga gritada desde el atrio
más irreversible de la soledad.
Os brindo la tribuna y regalo la plaza
y comparto el espacio
para viviseccionar el galimatías
de los ayeres commutados.
Si prefiriérais menjunje o amalgama
mezcla
o eclecticismo de razones
no importa.
Cada vocablo es apenas un chip eternizado
abierto a los paradigmas de la semántica aplicada.
Prestad atención aquellos que sorprendieron
al amanecer
con la tenue transparencia de las espaldas olvidadas.
A quienes dominen el diapasón de los horarios
no dejad de escuchar
por si en la remota incongruencia de sorpresas
un huracán de nieve falsa le barre a retaguardia
y les muta en eclosión de aurora calcinada.
Porque se trata de algo que sobrepasa las memorias
y cabalga el corcel de lo pretérito
hasta la propia nada virgen.
Oíd, pues.
Y si algún forastero que vendéis horizontes
pasa y se detiene
sujetadlo.
Las campanas no tienen preferencias en su doblar.
Una arenga ecuménica está lista
para transitar caminos desandados.
la sonora certidumbre del recuerdo latente
acercar el pasado desde el estribo de la vida
recrear cada instante con los ojos cerrados
en un sueño conciente de águilas rotas
repetir el slogan retórico
todo tiempo pasado fue mejor
siempre que cada hoy nos decepcione
aceptar que al final del camino
todo es memoria emotiva de languideces.
La mención sublimada de cada antepasado
capaz de reír y de llorar en sus marcos de oro
Reolfatear cada textura cada fragancia única
cada locación enclaustrada en el placer de ser
y de estar.
Poner a la derecha y poner a la izquierda
y situar en el centro
al amor inolvidable
(el olvido es la resignación de lo imposible)
la caricia perfecta la carne compatible
el summum del cariño.
El sembrado calor del beso de mamá
la macabra elocuencia de las despedidas
el soberbio espaldarazo de papá
graduándonos de hombre
el respeto pautado (y pausado) al jefe de la tribu
que alguien llamó abuelo.
El palmetón oportuno del amigo
que siempre anduvo rompiendo tempestades a la par
la poderosa suavidad de la inocente mejilla del bebé
el viento barriendo cada clima
con su cohorte de hojas blancas
el sonido de campos y ciudades
chantado en la eterna espera del jamás
el perro lamiendo pantorrillas con sus belfos jadeantes
el gato acurrucado en el breve remanzo de las aguas
las aves albergadas donde otro canto les inmortalice
el polen como palomas chasconas
en la cárcel de flores custodiadas de hormigas
una mujer eternizada en la lluvia de mayo.
Donde la lengua es cripta tapiada
y la saliva es arenisca impotente
y las cuerdas vocales son arpegios truncos
en el dorremí de las guitarras españolas.
Cerrad los ojos.Ved.
Especie de halo verdeazul
sublime humo divino
magia sin vara en mano alguna
la nada retrotraída por entre el viento
que se queda.
Se trata
damas y caballeros que compráis (y vendéis)
horizontes
de un dolor necesario
con el que vivimos inexorablemente.
Unico alimento reconocido.
Partad a la cena
sufrid y vivid
disfrutad
alejadse
volver a oír la voz del mandamiento propio
preparaos
escuchad he dicho.
La nostalgia.
Mayo 6 del 2004.
Santiago Centro, Santiago de Chile.
Luis Eme Glez.
Escuchad la nostalgia,,,, que ella hará comprender la sensibilidad de LUis, Que vive con el dolor prendido del alma como tantos de nosotros que no compramos esperanzas pues no tenemos presupuesto. De ilusiones....
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